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Fuera De La Niebla: "El Despertar De La Difunta"

Fuera De La Niebla: "El Despertar De La Difunta"

Status: En proceso
Genre:Venganza de la protagonista / Traiciones y engaños / Venganza de la Esposa
Popularitas:3k
Nilai: 5
nombre de autor: Arianna Rose

"¿Qué harías si el hombre que juró amarte te roba la vida, tu fortuna y a tus hijos?"
Valeria Estrada lo tenía todo: una familia hermosa y el control de la corporación más grande del país. Pero su mundo se volvió cenizas cuando su esposo, Adrián Montero, la traicionó de la forma más cruel. No solo le quitó su dinero y la engañó con su mejor amiga, sino que la encerró en un hospital psiquiátrico de alta seguridad, drogándola durante años para borrar su lucidez y hacerle creer que estaba loca.
Para el mundo exterior, Valeria Estrada murió. Para sus hijos, ella es solo un recuerdo borroso reemplazado por una madrastra cruel.
Pero tras cinco años de oscuridad, Valeria logra despertar de la niebla. Con la ayuda de dos aliados que el destino puso en su celda, finge su propia muerte y escapa de su prisión de pesadilla.
Ahora, Valeria ha regresado con un nuevo rostro y una identidad impenetrable
La "difunta" ha despertado... y la verdadera pesadilla para los Montero está a punto de comenzar.

NovelToon tiene autorización de Arianna Rose para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Cenizas y renacimiento

El aire en el ala de alta seguridad del Monte Sinaí se volvió pesado, saturado por un olor acre que no pertenecía a los desinfectantes habituales. Eran las 3:15 de la mañana. En la sala de monitoreo, los guardias cabeceaban frente a las pantallas, sin notar que las imágenes de los pasillos eran, en realidad, una grabación en bucle que Marcus había insertado en el servidor tras semanas de paciente infiltración digital.

Dentro de su celda, Valeria Estrada se calzó los zapatos de lona con manos firmes. No había rastro de la mujer temblorosa que llegó allí cinco años atrás.

—Marcus, ahora —susurró Valeria hacia el conducto de ventilación.

A pocos metros, Marcus apretó un comando en una tableta improvisada, construida con piezas de contrabando. Un cortocircuito masivo estalló en la lavandería industrial. Las chispas saltaron hacia las montañas de sábanas que Lucía había rociado estratégicamente con alcohol antiséptico durante su turno de limpieza. En cuestión de segundos, una columna de humo negro empezó a serpentear por los conductos, activando finalmente las alarmas reales.

El sonido ensordecedor de las sirenas rompió la paz del lugar. Los gritos de los pacientes empezaron a llenar el ambiente, creando una sinfonía de terror que Valeria usó como cobertura. La puerta de su celda se abrió con un chasquido electrónico; Marcus había logrado desbloquear las cerraduras magnéticas del sector.

—¡Muévanse! —exclamó Marcus, saliendo al pasillo con una mochila vieja al hombro—. El sistema de contención fallará en minutos.

Lucía esperaba en la esquina del bloque de servicios, sosteniendo tres uniformes del personal de mantenimiento. Su rostro mostraba una calma sobrenatural.

—Ponte esto, Valeria —dijo Lucía, entregándole una chaqueta azul oscura—. A partir de este humo, ya no existes. Si alguien te mira, no bajes la cabeza. Los culpables bajan la cabeza; los poderosos miran de frente.

El grupo se movió entre las sombras, evitando las rutas principales. El humo era cada vez más denso, dificultando la visión. Al llegar a la zona de carga y descarga, el camión de la lavandería ya estaba encendido. El conductor, un hombre que le debía la vida a Marcus, esperaba con el motor en marcha.

Justo antes de subir, Valeria se detuvo y miró hacia atrás. El ala donde había sido torturada psicológicamente estaba envuelta en llamas. Tomó el brazalete de identificación de su muñeca, el número 402, y lo lanzó hacia el fuego. En ese momento, Valeria Estrada murió legalmente.

El camión arrancó, alejándolos del infierno. Dentro de la caja oscura, rodeados de sábanas sucias, el silencio se apoderó de ellos.

—Estamos fuera —dijo Marcus, abriendo su computadora portátil—. He desviado los fondos de la cuenta de tu abuela. Adrián no podrá rastrear ni un centavo. Pero Valeria... ¿cómo piensas volver? Él te conoce, Isabella te conoce.

Valeria se miró en un pequeño espejo que Lucía le entregó. Su rostro estaba demacrado, pero sus facciones seguían siendo las de una Estrada. Sin embargo, su mirada era otra.

—Nadie me reconocerá porque nadie espera verme viva —dijo Valeria con voz gélida—. Adrián me recuerda como una mujer quebrada, con el cabello largo y descuidado, vestida con harapos de hospital y los ojos nublados por los fármacos. Esa Valeria es la que murió en el incendio.

Tomó unas tijeras de costura que Lucía llevaba en su bolso. Sin dudarlo, Valeria agarró su larga y maltratada cabellera y comenzó a cortarla. Los mechones caían sobre las sábanas sucias. Se dejó un corte bob asimétrico, moderno y afilado, que resaltaba sus pómulos y endurecía su mandíbula.

—Necesito tinte negro azabache, lentes de contacto de un color distinto y un guardarropa que grite poder, no herencia —ordenó Valeria—. No necesito un cirujano para cambiar quién soy, Marcus. Necesito que el mundo vea a Elena Rose, una experta en finanzas fría, sofisticada y distante.

Lucía asintió, entendiendo el plan.

—El porte, hija. Eso es lo que más cambia a una mujer. Valeria era dulce y caminaba con timidez. Elena Rose debe caminar como si fuera dueña del suelo que pisa.

—Lo haré —aseguró Valeria—. Adrián siempre fue un hombre visual y superficial. Se sentirá atraído por la imagen de Elena Rose antes de que pueda siquiera sospechar que está frente a la madre de sus hijos.

Mientras el camión devoraba kilómetros hacia una casa de seguridad en la costa, Valeria empezó a trazar su estrategia financiera. Sabía que Adrián quería ganar la nueva licitación tecnológica para consolidar el robo de la Corporación Estrada.

—Marcus, busca información sobre Sebastián Vogel —dijo de repente—. Es el único rival que Adrián teme. Si Elena Rose aparece como una consultora independiente vinculada a Vogel, Adrián hará cualquier cosa por tenerme cerca para espiarlo.

—Es arriesgado —advirtió Marcus—. Vogel no es un tonto.

—No busco engañarlo a él por ahora. Busco que sea mi escudo.

Al amanecer, llegaron a una cabaña aislada. Allí, Valeria pasó las siguientes semanas recuperando su salud física. Se alimentó, hizo ejercicio para fortalecer su cuerpo debilitado y practicó frente al espejo cada gesto, cada tono de voz y cada sonrisa falsa.

Cuando finalmente se puso un traje de diseñador, se tiñó el cabello y se maquilló con una elegancia impecable, Lucía y Marcus se quedaron sin aliento. Ya no había rastro de la paciente 402. Frente a ellos estaba una mujer imponente, cuya belleza era tan afilada como un arma.

—Valeria Estrada se quedó en las cenizas —dijo ella, mirándose al espejo con una frialdad absoluta—. Es hora de que Elena Rose vaya por lo que le pertenece.

Mientras tanto, en la ciudad, Adrián Montero terminaba una rueda de prensa. Se secaba una lágrima falsa mientras anunciaba un fondo de caridad en nombre de su "difunta esposa". No sabía que, a pocos kilómetros, la mujer que él creía polvo estaba terminando de afilar la guillotina que caería sobre su cuello.

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Elvia Ramona Barreto
uuuf! Cuanta tención, me pone los pelos de punta este suspenso
yanetsi izarra: 🥰👏🏻👏🏻👏🏻
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