NovelToon NovelToon
JUEGOS DE PODER Y PASIÓN

JUEGOS DE PODER Y PASIÓN

Status: Terminada
Genre:CEO / Comedia / Romance / Completas
Popularitas:3.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Jessics8 Rodriguez

Valentina Cruz es una abogada brillante, sarcástica y que no se deja intimidar por nadie. Cuando entra a trabajar para Alejandro Montero, el CEO más poderoso y arrogante del país, chocan de inmediato. Acostumbrado a mandar y a que todos obedezcan, Alejandro encuentra en ella a la única persona que se atreve a desafiarlo, corregirlo y... ponerlo en su lugar.

Entre órdenes que no se cumplen, miradas cargadas de tensión y situaciones cómicas, nace una guerra de poder donde nadie quiere ceder. Pero lo que empieza como una batalla de voluntades se convierte en una atracción irresistible.

¿Podrá el hombre que siempre controló todo aprender a dejar que ella lleve las riendas?

Una historia de amor, humor y pasión donde la verdadera dominación es amar sin miedo.

NovelToon tiene autorización de Jessics8 Rodriguez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 2: Reglas del Juego

La primera semana de Valentina en el Grupo Montero fue, en pocas palabras, un campo de batalla.

Desde el momento en que cruzó las puertas de la oficina, se dio cuenta de que Alejandro Montero no era un hombre que aceptara un "no" por respuesta, y mucho menos una derrota. Había contratado a la mejor abogada laboral del país, sí, pero en el fondo de su mente arrogante y competitiva, lo que realmente quería era "domarla". Quería ver cuánto tiempo tardaba esa mujer de mirada desafiante y lengua afilada en bajar la cabeza, en pedir perdón y en convertirse en una empleada más, sumisa y obediente como todas las demás.

Y para lograrlo, decidió usar su arma favorita: el trabajo. Mucho trabajo.

— Señorita Cruz — le dijo el lunes por la mañana, lanzando una pila de carpetas sobre su escritorio con un descuido calculado —. Necesito que revise todos los expedientes de despidos improcedentes de los últimos tres años. Todos. Quiero un informe detallado, punto por punto, con posibles defensas y estrategias para mañana al mediodía.

Valentina miró la montaña de papeles que llegaba casi hasta su cintura. Luego miró a Alejandro, que la observaba con una media sonrisa satisfecha, esperando ver nerviosismo o resignación.

— ¿Todos? — preguntó ella, alzando una ceja. — Señor Montero, son más de quinientos casos. Hacer un análisis detallado en veinticuatro horas es humanamente imposible, a menos que contrate a un equipo de diez abogados.

— Usted dijo que era la mejor — replicó él, encogiéndose de hombros con aire indiferente, aunque sus ojos brillaban con diversión maliciosa —. La mejor no debería tener límites, ¿no es así? Además, me dijo que quería un desafío. Aquí lo tiene.

— El desafío está bien, pero el imposible no sirve de nada — respondió ella con calma, pasando una mano por encima de las carpetas —. Le entregaré lo esencial, lo más urgente y estratégico, mañana al mediodía. El resto, en tres días. Eso es lo profesional y lo realista.

— Yo dije para mañana — insistió él, acercándose un poco más, invadiendo su espacio personal como solía hacer para intimidar —. Y aquí mis palabras son ley.

Valentina no se echó atrás. Se levantó de su silla, quedando casi a su altura, y lo miró fijamente.

— Y aquí mi trabajo es lo que vale. Si quiere cantidad sin calidad, contrate a un becario. Si quiere mi inteligencia y mi experiencia, aceptará mis tiempos. O ¿prefiere que le entregue un trabajo mal hecho y que luego perdamos juicios millonarios?

Alejandro apretó la mandíbula. Quería gritar, quería ordenarle que obedeciera, pero sabía que ella tenía razón. Maldita sea, siempre tenía razón.

— Está bien — cedió finalmente, aunque con mala gana —. Pero quiero ver avances cada cuatro horas. No quiero excusas, quiero resultados.

— Como usted diga, jefe — respondió ella con ironía, sentándose de nuevo y abriendo la primera carpeta con determinación.

Y así comenzó el juego.

Alejandro intentaba ponerla a prueba a cada momento. Llegaba tarde a las reuniones que ella organizaba, sabiendo que la hacía esperar y perder tiempo. Cuando ella le llamaba la atención, él simplemente sonreía y decía: "El tiempo de los hombres importantes es más valioso, ¿no cree?".

Pero Valentina no era ninguna ingenua. Un día, después de esperarlo cuarenta y cinco minutos en la sala de juntas, cuando él por fin entró con aire despreocupado, ella ya se estaba levantando para irse.

— ¿Ya se va? — preguntó él, sorprendido.

— La reunión estaba programada para las diez — dijo ella, guardando sus documentos con calma —. Son las once menos cuarto. Mi tiempo también es dinero, señor Montero, y no pienso desperdiciarlo esperando a nadie. Si quiere reunirse, me avisa con antelación y es puntual. Si no, prefiero seguir trabajando.

Se dio media vuelta y salió, dejándolo allí con la boca abierta y a todo el equipo de directivos mirándolo en silencio, absolutamente estupefactos. Nadie, absolutamente nadie, le hablaba así al Gran Alejandro Montero.

Pero lo que más le dolía (y a la vez le fascinaba) era que ella cumplía. Y lo hacía brillantemente.

A las veinticuatro horas, Valentina le entregó no solo lo esencial, sino un análisis tan completo y perspicaz que dejó a Alejandro sin palabras. Había encontrado fallos en contratos que llevaban años ahí, había detectado patrones de riesgo y propuesto soluciones legales tan creativas como efectivas.

— Esto... esto es excelente — admitió él, levantando la vista del informe, con una mezcla de respeto y frustración —. ¿Cómo demonios lo hiciste tan rápido?

— Trabajo eficiente no es lo mismo que trabajo rápido sin sentido — respondió ella, secándose un poco el cansancio de los ojos con la yema de los dedos —. Prioricé. Usted debería intentarlo alguna vez.

Él soltó una risa nasal. Estaba empezando a acostumbrarse a sus respuestas mordaces, e incluso... le estaban empezando a gustar. Era como un deporte de riesgo. Cada vez que hablaban, sentía esa descarga de adrenalina, esa sensación de que estaba frente a alguien que no se dejaba manipular.

Otra de sus tácticas era darle órdenes contradictorias o cambiar de opinión a última hora, esperando verla titubear o enfadarse.

— Señorita Cruz, cancele el viaje a Miami. Prefiero que vaya usted a Buenos Aires en mi lugar — le dijo un miércoles por la tarde.

— Ya está cancelado, y los billetes para Buenos Aires reservados en primera clase, asiento 1A, como le gusta — respondió ella sin siquiera levantar la vista de la pantalla.

— Espera... no, mejor vaya usted a Madrid.

— También tengo la opción lista. Solo diga la palabra y cambio la reserva.

Alejandro se quedó mirándola. Ella estaba tranquila, serena, un paso por delante siempre.

— ¿Nunca te estresas? — preguntó él, curioso.

— El estrés es para quienes no tienen control de su propia vida — respondió ella, mirándolo a los ojos —. Yo tengo el control. Usted debería aprender.

La oficina entera era testigo de este tira y afloja constante. Se habían dado cuenta de que la dinámica entre el jefe y la nueva abogada era... diferente. No era la típica relación de superior y subordinado. Era un duelo constante de miradas, de órdenes que a veces se cumplían y a veces se negociaban, de comentarios sarcásticos que escondían una tensión palpable.

Una tarde, Alejandro pasó por su cubículo y vio que ella tenía una nota adhesiva amarilla pegada en el borde de su monitor. Se acercó para leerla y sintió que las mejillas se le coloreaban ligeramente, no de vergüenza, sino de algo parecido a la irritación divertida.

La nota decía: "El tiempo es oro. No lo convierta en chatarra".

Y justo debajo, en letra pequeña: "P.D.: Su café está frío otra vez".

Se giró y la vio escribiendo, totalmente ajena a su presencia, con esa concentración que la hacía ver aún más atractiva. Alejandro se apoyó en el marco de la puerta, cruzándose de brazos.

— ¿Notitas adhesivas ahora, Cruz? — dijo él con voz grave.

Ella levantó la vista, sonriendo con inocencia fingida.

— Son recordatorios productivos, señor Montero. Ayudan a la eficiencia del equipo.

— ¿Y esto de "su café está frío" es eficiencia?

— Es un hecho objetivo — se encogió de hombros ella —. Si llega tarde, se enfría. Física básica.

Él negó con la cabeza, incapaz de contener una media sonrisa que se le escapaba a pesar de sí mismo.

— Eres insoportable, ¿lo sabías?

— Muchos me lo dicen — respondió ella, volviendo a su teclado —. Pero también soy la mejor inversión que ha hecho en años. Recuérdeselo a su ego cuando le dé la rabia.

Alejandro se quedó allí unos segundos más, observándola. Había algo en esa mujer que le desarmaba por completo. Podía ser la persona más autoritaria y fría del mundo con cualquiera, pero con ella... con ella siempre tenía que estar alerta, siempre tenía que esforzarse, siempre sentía que estaba a punto de perder el control.

Y lo peor de todo, lo que más le inquietaba, era que empezaba a disfrutar de esa sensación.

— Mañana tenemos cena con los inversores alemanes — anunció él de repente, cambiando de tema bruscamente —. Viene usted conmigo.

— ¿Como asesora legal?

— Como mi acompañante. Y quiero que vista algo... apropiado. Nada de trajes tan serios. Demuestre un poco de clase y sofisticación.

Valentina lo miró con desconfianza. Aquello olía a trampa.

— Voy a ir como la profesional que soy, señor Montero. Ni más ni menos. Y no espero que me dé lecciones de estilo.

— Ya veremos — murmuró él, dándose la vuelta para marcharse —. Prepárese, Cruz. Porque el juego apenas está empezando.

— Eso digo yo — respondió ella en voz baja, mientras él cerraba la puerta.

Valentina suspiró, pasándose ambas manos por el cabello para soltarlo un poco de la coleta. Sabía que Alejandro no iba a rendirse fácilmente. Él era un hombre acostumbrado a ganar, a tener el poder absoluto, y ella se había convertido en su reto personal.

Pero ella también tenía sus cartas. No era una niña ingenua, y mucho menos una mujer sumisa. Si él quería jugar a ver quién mandaba más, estaba dispuesta a jugar. Y estaba segura de una cosa: en esta partida, no pensaba ser la perdedora.

Miró de nuevo la nota adhesiva, sonrió para sí misma y siguió tecleando. Las reglas del juego las estaban escribiendo juntos, día a día, palabra a palabra, y ninguno de los dos tenía ni idea de hasta dónde los llevaría aquello.

1
Maribel Euan
m gusta sin tanto drama soluciones rápidas 🤭❤️
Jacquelyn Hernández
🤣🤣🤣🤣🤣 el CEO corriendo detras de un mapache. si la prensa se imaginara algo asi me serian la portada de revistas por años. 🤣🤣🤣
Helizahira Cohen
una historia de Sofia sería muy interesante
Helizahira Cohen
👏Excelente me gustó mucho bonita, corta y con una trama diferente
Helizahira Cohen
Esta interesante esta novela
Zuliner Chacon
Comenzaron a jugar con 🔥y se pueden quemar
Zuliner Chacon
Este se cree dueño de todo y que él es quien manda 😂 🤔 le llegó la orma de su zapato
Zuliner Chacon
Ninguno da su brazo a torcer, ambos son hueso duro de roer 😂
Zuliner Chacon
😂😂 Guerra de titanes osea Yo y Yo 😂😂
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play