Zoe Aldana despierta en el cuerpo de la chica más odiada de una novela: una joven de familia adinerada a la que todos desprecian. Según la historia original, su destino es servir de villana y terminar destruida. Pero Zoe no piensa seguir el guion.
Armada con una lengua afilada, una puntería letal y cero tolerancia hacia la hipocresía, Zoe empieza a desmontar las mentiras que la rodean. Lo que nadie esperaba es que detrás de la "princesa falsa" se escondiera una mujer capaz de poner de rodillas a las familias más poderosas de la ciudad.
Y luego está Iker Navarro: su prometido por arreglo, frío como el hielo, temido por todos… y peligrosamente empeñado en protegerla. Lo que empieza como un matrimonio forzado se convierte en algo que ninguno de los dos puede controlar.
Pero cuanto más secretos desentierra Zoe, más enemigos se gana. Traiciones familiares, conspiraciones mafiosas y un pasado oscuro que conecta a las dos familias más poderosas amenazan con destruir todo lo que ha construido.
En este mundo, la sangre no garantiza lealtad, el amor es el arma más peligrosa, y la única regla es sobrevivir.
NovelToon tiene autorización de Yulianti Azis para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
La genio que sacudió a todos
Después de que terminara la clase de educación física…
Los alumnos empezaron a dispersarse de la cancha; algunos volvían al aula y otros iban al baño a cambiarse. Zoe se secó el sudor del rostro con una toallita, dobló la chamarra deportiva y se preparó para volver a clase.
De pronto, una empleada de asuntos estudiantiles se le acercó.
—¿Zoe Aldana? —llamó una mujer de mediana edad que vestía el uniforme del personal y llevaba una credencial con el nombre "Sra. Ramos."
Zoe volteó y asintió con cortesía.
—Sí, señora. ¿En qué puedo ayudarla?
—Te solicitan en la oficina de asuntos estudiantiles ahora mismo. El examen de beca se adelantó a hoy —respondió la señora Ramos con una sonrisa breve.
Zoe frunció el ceño. Miró de reojo a Valentina, que estaba tomando agua de su botella, y luego volvió la vista a la señora Ramos.
—¿No era la semana que viene, señora?
La señora Ramos sonrió apenas, y respondió en voz baja, como si ya tuviera la respuesta preparada.
—Hubo un cambio de agenda. Se adelantó.
Zoe se quedó callada un momento, sopesando algo en su mente. Pero al final asintió despacio.
—Está bien, señora. Voy.
Cuando Zoe empezó a caminar en la dirección indicada, Valentina la llamó.
—Zoe, ¿adónde vas?
—Me llamaron de asuntos estudiantiles —respondió Zoe, escueta, sin voltear.
Valentina alzó las cejas, pero no la siguió.
A la hora del descanso, un aula especial había sido preparada para el examen de beca. Varios alumnos de distintas clases estaban reunidos, sentados con expresión tensa en sus respectivos pupitres.
Frente a ellos, pilas de preguntas y hojas de respuesta esperaban ser resueltas. Zoe se sentó en un pupitre cerca de la ventana, visiblemente tranquila, incluso relajada. Algunos alumnos la miraron con desdén.
Una chica de lentes miró hacia Zoe y le susurró a su compañera:
—Te apuesto a que no va a poder resolverlo. Seguro se rinde en la pregunta dos.
La otra, sentada dos filas atrás, se rio por lo bajo:
—La chica nueva que se las da de genio. Ya veremos.
Mientras tanto, la profesora Lisa, maestra de matemáticas y una de las supervisoras, se encontraba de pie al frente junto con otros dos profesores, la profesora Tania y el profesor García. Repartía los exámenes mientras observaba a Zoe con una expresión difícil de descifrar.
—Tienen cien minutos. Concéntrense y háganlo bien —dijo la profesora Tania mientras caminaba despacio entre los pupitres.
En cuanto empezó el tiempo, se escuchó el papel al voltearse, el lápiz al rasguñar, y los suspiros nerviosos llenaron el salón. Pero Zoe agachó la cabeza de inmediato y comenzó a trabajar; los dedos ágiles, los movimientos serenos. No pasó mucho tiempo —alrededor de treinta minutos— y Zoe se puso de pie.
—Ya terminé, profesora —dijo con cortesía.
Los ojos de la profesora Tania se abrieron de par en par. El profesor García alzó las cejas.
—¿Ya terminaste todo? —preguntó la profesora Lisa, incrédula.
Zoe asintió con calma.
—Sí. Incluyendo el ensayo.
Se acercó al frente y entregó su hoja de respuestas. Los tres profesores se miraron entre sí y empezaron a revisarla por encima. Sus expresiones fueron cambiando poco a poco.
Al poco rato, la puerta del aula se abrió. Iker entró trayendo dos botellas de agua. Su mirada se dirigió de inmediato a Zoe.
—¿Cómo te fue en el examen? —preguntó en cuanto estuvo cerca.
—Bien —respondió Zoe, ligera.
Iker le pasó una de las botellas.
—Qué rápido terminaste.
Zoe solo sonrió. Pero antes de que Iker pudiera decir algo más, la voz de la profesora Lisa se escuchó desde el frente.
—Zoe…
Todos los alumnos voltearon. La profesora Lisa observaba la hoja de respuestas de Zoe y dijo con tono neutral:
—Resolviste el examen equivocado.
Al instante, el aula se llenó de ruido. Mateo y su grupo, que justo pasaban por ahí, se echaron a reír.
Santiago fue el que se rio más fuerte.
—¿Ven? ¡Les dije! Se las daba de mucho y miren.
—Le dan la oportunidad y la desperdicia. Qué vergüenza —se burló Diego, dándole un codazo a Andrés.
Mateo y Damián se reían con sorna. Alicia solo agachó la cabeza en silencio, pero se le asomaba una sonrisa.
—Ahí la tienen, la que quería la beca. ¿Genio? Genio de la improvisación, tal vez —se mofó Santiago.
El escándalo iba en aumento; las carcajadas caían sobre Zoe como una tormenta. Pero Zoe seguía de pie en su sitio, la expresión imperturbable.
La profesora Lisa alzó la mano, silenciando gradualmente las voces. Miró a todos y habló en voz baja pero clara:
—Efectivamente, Zoe resolvió un examen distinto.
Los alumnos se miraron entre sí. Alicia sonrió con aire triunfal. Pero la profesora Lisa continuó:
—El examen que Zoe resolvió… es el de la olimpiada nacional del año pasado. Hasta ahora, nadie lo había contestado correctamente.
El aula entera enmudeció de golpe. Incluso los alumnos de afuera quedaron en silencio.
La profesora Tania añadió, la voz cargada de asombro:
—Pero Zoe lo respondió todo correctamente. Incluido el ensayo. Muy lógico y preciso.
Los ojos de Diego se abrieron enormes. Damián se quedó petrificado. Mateo no pudo articular palabra. Incluso Alicia perdió el color del rostro.
Iker solo esbozó una sonrisa leve, mirando a Zoe con orgullo.
—No me sorprende —murmuró.
Zoe siguió en silencio. Miró al frente, luego volteó brevemente hacia quienes se habían burlado de ella.
La sala seguía envuelta en un silencio pesado tras la declaración de la profesora Lisa. Pero no duró mucho; la voz grave de Diego lo rompió.
—Imposible —siseó, cruzándose de brazos—. Algo no cuadra.
Damián asintió.
—Sí, ¿cómo va a resolver un examen de olimpiada ella sola? Nosotros, que fuimos a capacitación, necesitamos semanas para entender todo el material.
Otros alumnos que también participaban en la selección empezaron a hablar:
—Nosotros también estudiamos duro, ¿y de repente ella contesta todo así?
—A lo mejor… consiguió las respuestas, ¿no?
Uno a uno fueron murmurando, acusando. Las miradas ya no eran de curiosidad sino de sospecha y desdén. Zoe permanecía de pie, serena, sin reaccionar, solo observándolos uno por uno.
Iker, que llevaba un rato conteniendo la rabia, finalmente dio un paso al frente. Su voz fue dura y cortante:
—¿Tienen alguna prueba? ¿O solo están ardidos porque no son tan inteligentes?
Mateo bufó y se cruzó de brazos.
—No los culpes. Es normal que sospechen.
Miró a Iker con desprecio, luego se volvió hacia Zoe.
—Porque todos sabemos que… Zoe siempre fue una tonta. Si no fuera por el apellido Montero, ni habría pasado de año.
Algunos se rieron por lo bajo. Alicia agachó la mirada, poniendo cara de inocente, pero en sus labios asomaba una sonrisa casi imperceptible. Una sonrisa de victoria.
—Ay, Zoe… ¿tanto así quieres conseguir la beca? —dijo Alicia, levantando el rostro con expresión cándida.
Suficiente.
Iker avanzó rápido y jaló a Mateo del cuello de la camisa, empujándolo hacia atrás. La situación se puso caótica.
—¡Repítelo si te atreves! —le espetó Iker con la mandíbula tensa.
—¡Oye! ¿Tú quién te crees para…?
—¡Iker, basta! —la voz de Zoe cortó en seco.
Iker volteó. Zoe ya estaba de pie detrás de él, la mirada fría pero calma. Puso la mano en el brazo de Iker, empujándolo suavemente para que soltara a Mateo.
Zoe miró a todos los que la observaban en silencio.
—Estoy dispuesta a repetir el examen —dijo con voz firme—. Si es necesario, en un lugar abierto. En el auditorio, frente a todo el mundo. Que lo transmitan en vivo si quieren. Como prefieran.
Todos se miraron. El aula se llenó de murmullos otra vez.
—¡Hecho! ¡De acuerdo! —exclamó Damián.
—Cuidadito si te cacha copiando o con las respuestas —agregó Diego en tono desafiante.
Santiago asintió.
—Yo voy a verlo. Esto va a estar bueno.
Andrés gritó:
—¡Mañana a mediodía, en la hora libre!
Zoe se limitó a asentir. Los ojos afilados, llenos de determinación.
—No necesito pruebas para demostrar quién soy. Ustedes son los que tienen que probar sus acusaciones. Y después de esto… ni se les ocurra volver a reírse de mí.
Diego habló de inmediato, acalorado:
—¿Para qué mañana? Que sea ahorita. Quién sabe si mañana hace trampa otra vez.
Todos estallaron al unísono:
—¡De acuerdo!