Jared es el alfa de uno de los clanes de lobos más poderosos del norte. Frío, dominante y fiel a las leyes de la manada, jamás permitiría que el clan rival jugara con su honor… hasta que secuestran a su hermano.
Marlene es la hija olvidada de ese mismo clan. Rechazada desde su nacimiento, nunca ha pertenecido realmente a ningún lugar.
Cuando Jared la toma como rehén para forzar un intercambio, cree tener el control de la situación.
Lo que no espera es que ella no le tema.
Ni que despierte algo que jamás debió sentir por una enemiga.
Entre clanes enfrentados, secretos, lealtades y deseo, descubrirán que algunas guerras no se ganan con colmillos… sino con el corazón.
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Territorio enemigo
Me fijé en el aspecto de Landon. No era precisamente un Casanova: Delgado, alto, pálido y pelirrojo... Podía llegar a entender por qué le resultaba tan épico seguir las múltiples conquistas de Tom. Sus manos temblaban ligeramente y evitaba sostenerme la mirada, como si el peso de la situación comenzara por fin a alcanzarlo.
–¿La chica es del otro clan? –La respuesta era obvia y él sólo asintió. –¿Algo más que añadir? –¿Por qué tenía que hacer aquel interrogatorio tan complicado? ¿No podía simplemente cantar como un pajarito si todos sabíamos que acabaría haciéndolo?
–Bueno, puede que haya un detalle importante. –Alcé las cejas y suspiré ante su lentitud. –Ella... Bueno, es una de las hijas de Patrick. –añadió tan bajito que deseé no haberle escuchado.
Un silencio incómodo cayó sobre la estancia, tan denso que parecía cortar el aire.
–¿Me estás diciendo que el insensato de Tom ha ido a meterse con una de las hijas de Patrick, el alfa? –Mi pregunta resonó con fuerza en el ambiente.
–Hijo. –Mi madre colocó una de sus frágiles manos en mi hombro. –Da igual lo que haya hecho o lo que tengas que hacer tú, quiero a mi pequeño de vuelta. –Ella era así. Le gustaba dar órdenes sin tener en cuenta cuán difícil era cumplirlas, y aun así sabía que haría lo imposible por verla sonreír de nuevo.
–Está bien, iremos hasta el límite del territorio. Sólo un grupo reducido. No queremos iniciar una guerra. –afirmé en voz alta, mientras mi mente ya calculaba cada posible escenario.
–Tom la iniciaría si estuvieses en su lugar. –El atrevimiento de Landon, en aquel patético arranque, no era valentía sino simple estupidez debido a su juventud.
–Yo nunca estaría en su lugar porque yo no soy idiota. –aclaré. –¡La agrupación de los cinco! –ordené en un grito.
La agrupación de los cinco era un sistema de formación algo engañosa formada en una época antigua por mi padre. Se trataba de ir pocos miembros pero pudiendo hacer frente a cualquier situación posible. El alfa y los cuatro guerreros de más valor. No había favoritismos en ese grupo, la plaza se ganaba a base de méritos día tras día, sangre, disciplina y lealtad absoluta.
–¿Y yo tengo que ir? –Landon no se caracterizaba tampoco precisamente por su valentía.
–Eres tú quien asegura que ellos se veían voluntariamente. Si estabas preparado para cubrirle y hacer de casamentera, espero que por lo menos puedas sernos de utilidad para salvarle la vida. –No podía negarse a acompañarme y no lo hizo, pero su miedo era palpable, tan evidente como el sudor frío en su frente.
Salimos al exterior para iniciar camino sin importar el metro de nieve que teníamos delante o la temperatura mortal. Éramos hombres lobo y no sufríamos las inclemencias del tiempo de una manera hostil. El viento golpeaba nuestros rostros mientras avanzábamos decididos. Avanzamos sigilosamente entre los árboles prestando atención a cualquier posible ruido. Llegamos, sorprendentemente, sin ningún problema hasta el límite de nuestro territorio. No era que esperase una guerra al llegar, pero quizá sí que estuviesen esperándonos. Tom era un irresponsable y un hermano