hace siglos la puerta unida conectaba todos los territorios en un solo mundo sin fronteras,donde humanos ,elfos,hombres lobos,magos y el pueblo misterioso vivían en paz . pero cuando una adivina advirtió que la temida oscuridad .
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la puerta unida y la profesia
Capítulo 1: La Puerta Unida y la profecía
había una vez , antes de que existieran las leyendas de muros entre razas, todo el mundo era un solo hogar. En su centro exacto se alzaba La Puerta Unida: un arco colosal tallado en piedra blanca inmortal, cubierto de runas doradas que brillaban con luz propia al amanecer y se tornaban plateadas con la luna. Sus dos hojas permanecían siempre abiertas de par en par, sin cerrojos ni guardias, porque nadie necesitaba prohibir el paso. Por ella transitaban libremente todos los pueblos: los humanos con sus carretas de grano y telas, los elfos con sus túnicas verdes y flores en el cabello, los hombres lobo que corrían en su forma animal sin ser perseguidos, los magos que viajaban compartiendo hechizos de protección, y los habitantes del enigmático Reino Misterioso, que llegaban con objetos y conocimientos que nadie más poseía. No había fronteras que separaran bosques, montañas ni llanuras; todos se sentían parte de un mismo todo, y la tranquilidad y el respeto reinaban en cada rincón.
Gobernaba estas tierras el Rey Aldric y la Reina lira, un matrimonio querido profundamente por cada uno de sus súbditos. Él era fuerte y justo, ella sabia y bondadosa, y juntos habían logrado que esa unidad se mantuviera firme durante muchos años. Pero en esos días, una alegría especial llenaba cada rincón del palacio: pronto nacerían sus hijas, y no eran una ni dos, sino siete princesas que llegarían a cambiar el destino de todos. Se preparaban cunas de madera bendecida, se tejían mantas con hilos que brillaban suavemente, los elfos traían hierbas sanadoras y los magos preparaban pequeños amuletos de luz. Nadie imaginaba que esa felicidad estaba a punto de verse amenazada por algo que dormía desde hacía milenios.
La noche en que la luna llena iluminaba el patio real con una claridad casi de día, el aire cambió de golpe. Se volvió helado, como si viniera de debajo de la tierra, y las antorchas del salón del trono parpadearon hasta quedar con una llama muy baja. Sin que nadie escuchara pasos ni viera puerta abrirse, apareció de pie ante ellos una mujer desconocida. Vestía una túnica larga de tela gris oscura, bordada con estrellas que parecían moverse solas, y su rostro reflejaba una tristeza tan profunda que heló el corazón de los soberanos. Era la adivina Mara, que rara vez se dejaba ver ante nadie, y solo aparecía cuando el destino estaba en juego.
—No me llamaron, pero he venido porque nadie más puede decirles esto —empezó a hablar, con una voz que parecía venir de muy lejos—. Escuchen bien, porque no se los repetiré dos veces. En las profundidades olvidadas ha roto sus cadenas la Oscuridad Antigua, la fuerza que intentó devorar el mundo cuando La Puerta Unida se construyó. Su deseo es simple: borrar la luz, sembrar la desconfianza entre ustedes y romper para siempre lo que han unido. Y para lograrlo, tiene un plan: su primer objetivo, lo que más desea destruir, son las siete hijas que están por nacer. Si logra matarlas, la magia de esta puerta se romperá, los reinos quedarán aislados unos de otros, y cada pueblo caerá por separado ante su sombra sin nadie que le ayude.
El Rey dio un paso adelante, con la mano sobre el pomo de su espada, buscando preguntar si había alguna forma de luchar o de esconderlas. Pero no pudo decir una sola palabra: la figura de la adivina empezó a desvanecerse lentamente, convirtiéndose en una neblina tenue que se dispersó por el suelo hasta desaparecer por completo. No hubo despedida, ni consejo adicional: solo quedó el silencio tenso y el frío que no se iba.
El Rey Aldric abrazó con todas sus fuerzas a la Reina liria, que lloraba en silencio mientras acariciaba su vientre. Miraron hacia los grandes ventanales del palacio: allá en el horizonte, una bruma negra y espesa empezaba a cubrir las estrellas una a una. La paz que habían conocido toda su vida se había roto en un solo instante, y ahora sabían que debían actuar rápido, o perderían todo lo que amaban.