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Tu Precio, Mi Deseo

Tu Precio, Mi Deseo

Status: Terminada
Genre:Romance / Autosuperación / Posesivo / Completas
Popularitas:4.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Miliarias

A sus veintiocho años, Damiano Serrano lo tiene todo... o eso cree el mundo. Es el brillante y millonario fundador de una de las empresas automotrices más prestigiosas del mercado, un hombre hecho a sí mismo a base de sudor, rabia y un pasado oscuro que prefiere mantener bajo llave. Pero detrás de los motores de lujo y las portadas de revistas, Damiano arrastra las secuelas de una adolescencia perdida en las adicciones y un rencor asfixiante hacia su padre. Está solo, atormentado por una esterilidad que hiere su orgullo, y con un vacío en el pecho que ninguna cantidad de dinero puede llenar.
Scarlett Moreno tiene veintidós años, una meta clara y las reglas muy bien definidas. Para ella, trabajar en la aplicación más exclusiva de acompañantes íntimas es solo un negocio; un intercambio frío de tiempo por dinero que le permite asegurar su futuro. No hay espacio para los sentimientos en su agenda.

NovelToon tiene autorización de Miliarias para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 1

El rugido del motor V8 del nuevo prototipo de *Serrano Motors* reverberaba en las paredes de hormigón del taller privado, pero para Damiano Serrano, el sonido apenas lograba acallar el ruido en su propia cabeza. Con las manos apoyadas sobre el capó de fibra de carbono, observaba las líneas agresivas del coche. Era una obra de arte. Su empresa, la que había levantado desde el barro absoluto a base de sudor, noches sin dormir y una disciplina espartana, era el referente automotriz del país.

A sus veintiocho años, los periódicos financieros lo llamaban «el titán indomable». Tenía el dinero, el poder, el cuerpo esculpido por el estrés y la exigencia, y una mirada gris que intimidaba a cualquiera que se cruzara en su camino. Lo tenía todo.

Y, sin embargo, se sentía jodidamente vacío.

Se pasó una mano por el cabello oscuro, frustrado, y se limpió una mancha de grasa en el pantalón vaquero oscuro que vestía junto con una camiseta negra que se ajustaba a sus hombros anchos y tatuados. Su mirada se desvió un segundo hacia el pequeño amuleto de plata que colgaba de su llavero: el último recuerdo de su madre. Ella se había ido demasiado pronto, consumida por la tristeza de vivir al lado de un monstruo como su padre. Damiano apretó el puño. El rencor hacia Héctor Serrano era un combustible negro que lo mantenía en marcha, pero que también lo quemaba por dentro.

—Si sigues mirando ese motor como si quisieras follártelo, voy a empezar a ponerme celoso —dijo una voz divertida desde la entrada del taller.

Matías Vega entró balanceando una taza de café en la mano. Mati era el polo opuesto a Damiano: llevaba una chaqueta de cuero abierta, una sonrisa de suficiencia y el cabello castaño perfectamente despeinado. Eran amigos desde la adolescencia, el único que conocía los verdaderos demonios de Damiano.

—Falta ajustar la suspensión trasera. El agarre en las curvas rápidas no es del cien por cien —respondió Damiano con voz ronca, ignorando la broma.

—Damiano, son las nueve de la noche de un viernes —Mati suspiró, dejando el café en un banco de trabajo—. La fábrica está vacía. Tus ingenieros están de fiesta o teniendo sexo real con personas reales. Deberías probarlo alguna vez. Te estás volviendo un monje de acero.

—Tengo trabajo.

—Tienes una obsesión —corrigió Mati, dándole un golpe amistoso en el hombro—. Mírate. Estás tenso. Desprendes una energía que ríete tú del uranio. Necesitas una distracción. Y no, cambiarle las bujías a un descapotable no cuenta como distracción.

Damiano guardó silencio, clavando los ojos en el suelo. La palabra «monje» había tocado una fibra sensible. No era que no le gustaran las mujeres; al contrario, el deseo crudo y la atracción física eran de las pocas cosas que lograban apagar su mente por un rato. Pero últimamente, el sexo casual de club nocturno le sabía a ceniza.

Además, estaba el peso de su secreto. Cada vez que una mujer se ponía demasiado cómoda en su cama, cada vez que la conversación derivaba hacia el futuro, el fantasma de su adolescencia regresaba. Las drogas que consumió a los dieciséis años, cuando tocó fondo tras la muerte de su madre, no solo le habían dejado cicatrices invisibles; le habían robado la posibilidad de ser padre. Su esterilidad era un recordatorio constante de que estaba defectuoso. ¿Para qué involucrarse emocionalmente si no podía ofrecer un futuro completo? Era mejor estar solo. El sexo era solo una necesidad biológica, una fricción mecánica. Nada más.

—No estoy de humor para tus sermones, Mati. Vete a casa —dijo Damiano, dándole la espalda.

—Vale, me voy. Pero te voy a dejar un deber —Mati sacó su teléfono, desbloqueó la pantalla y lo dejó sobre el capó del coche, justo frente a Damiano—. Echa un vistazo. No es una aplicación de citas barata. Se llama *Velvet*.

Damiano miró el dispositivo de reojo. En la pantalla destacaba un logotipo elegante en tonos burdeos y dorados.

—No voy a usar una app para buscar una aventura de una noche —gruñó.

—No es para citas, genio. Es una plataforma de acompañantes de alto standing. Joven, discreta, ultra exclusiva. Tú pones las reglas, pagas la tarifa y obtienes exactamente lo que quieres: compañía de primera clase, una mujer espectacular y cero dramas al día siguiente. Sin preguntas, sin pasados que ocultar, sin promesas de un "felices para siempre" que sé que detestas. Míralo. Te conviene más de lo que crees.

Mati recogió su teléfono, le guiñó un ojo y caminó hacia la salida.

—Piénsalo, Serrano. Estás a una noche de volverte loco. ¡Buen fin de semana!

El eco de los pasos de Mati se desvaneció, dejando a Damiano nuevamente en el silencio del taller.

Dos horas después, Damiano entró en su penthouse en el piso treinta. El apartamento era minimalista, frío, de líneas perfectas y acristalado con vistas a las luces de la ciudad. Se quitó la camiseta, dejándola caer al suelo de parqué, revelando el torso marcado, el pecho cruzado por un tatuaje de engranajes y alas, y los músculos tensos del cuello.

Se sirvió un vaso de whisky escocés con dos hielos. Se sentó en el enorme sofá de cuero negro, contemplando el vacío de su salón. La casa estaba demasiado callada. El silencio le pesaba en los hombros como una losa de hormigón. Su mente, traicionera, viajó a su padre. El viejo Héctor probablemente estaría gastándose el dinero que le quedaba en algún casino, culpando a Damiano de su propia ruina. La rabia ascendió por su garganta, agria y caliente.

Apretó el vaso con fuerza, sintiendo el frío del cristal contra sus nudillos. Estaba frustrado. Sentía una urgencia física, un calor en las venas que necesitaba liberar antes de que terminara destrozando algo.

Sacó su teléfono del bolsillo. Las palabras de Mati resonaron en su cabeza: *Sin preguntas, sin pasados, cero dramas.*

Tecleó el nombre en el navegador privado. *Velvet*.

El acceso requería una verificación estricta, pero usar el código de invitación que Mati le había enviado por mensaje facilitó las cosas. La interfaz era impecable, destilaba lujo y sensualidad sofisticada. No había fotos vulgares; eran retratos artísticos, perfiles de mujeres jóvenes, seguras de sí mismas, que ofrecían su tiempo y su intimidad a cambio de una alta compensación económica.

Damiano deslizó el dedo por la pantalla, sintiéndose un poco ridículo, hasta que un perfil lo obligó a detenerse en seco.

La foto principal mostraba a una chica de veintidós años. Scarlett. Tenía el cabello castaño oscuro cayendo en ondas rebeldes sobre sus hombros, una piel canela que parecía irradiar calor incluso a través de los píxeles y unos ojos grandes, almendrados, de un color avellana tan intenso que parecían desafiar a la cámara. No sonreía de forma sumisa; sus labios, carnosos y pintados de un rojo sutil, estaban ligeramente entreabiertos, mostrando una confianza que a Damiano le pareció casi insultante. Y jodidamente atractiva. Vestía un top negro de seda que insinuaba las curvas perfectas de su pecho juvenil.

Había una mezcla magnética en ella: la frescura de su juventud combinada con una mirada de mujer que sabía perfectamente el poder que ejercía sobre los hombres.

Damiano sintió una sacudida eléctrica en la boca del estómago. El pulso se le aceleró y el calor acumulado en su cuerpo se concentró en un punto muy específico. Sus ojos recorrieron la breve descripción de Scarlett: *«Discreción, conversación inteligente y una experiencia inolvidable bajo tus reglas»*.

—Bajo mis reglas —susurró Damiano, con la voz más grave de lo habitual.

Una atracción ciega e irracional lo dominó. No quería pensar. No quería recordar a su madre, ni odiar a su padre, ni lamentarse por su cuerpo estéril. Quería perderse en la piel canela de esa chica. Quería comprar su tiempo, su cuerpo, su atención, y olvidar el resto del mundo.

Con el dedo ligeramente tembloroso por la adrenalina, Damiano presionó el botón dorado en la pantalla: **[Solicitar reserva exclusiva]**.

El juego había comenzado, y Damiano Serrano no tenía idea de que acababa de adquirir el único motor que no iba a poder controlar.

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Lau
comenzando me gusta 🤭
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