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Protege Mi Corazón

Protege Mi Corazón

Status: Terminada
Genre:Mafia / Amor eterno / Completas
Popularitas:66.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Vanesa Casarino

Elena Rossi, la princesa consentida de los Rossi, tras la disolución de la trinidad, busca un nuevo comienzo académico en Manhattan. Sin embargo, el pasado de los Rossi es un lazo de sangre imposible de cortar, y las mafias locales no tardan en rastrear sus pasos en Nueva York.

Para sobrevivir en este nueva etapa de su vida, Elena no estará sola. Cuenta con el amparo constante de Christopher Sterling, un frío y letal custodio profesional encargado de su seguridad perimetral. En medio de balaceras en callejones húmedos y persecuciones a alta velocidad, la estricta relación jerárquica y el protocolo de un contrato laboral por su padre empiezan a desmoronarse.

Entre la adrenalina del peligro y la soledad de las noches, un sentimiento profundo e indomable transformará a la heredera y a su sombra en un equipo indestructible y un amor que atravesará todas las barreras que les pondrá la vida en el camino.

NovelToon tiene autorización de Vanesa Casarino para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 1

Elena …

Es increíble lo rápido que puede cambiarte la vida en un parpadeo. Ayer nomás estaba rodeada de copas de champán, trajes elegantes y las risas de toda mi familia celebrando el casamiento de Franco y Nina. Todo era felicidad, o al menos eso intentaba demostrar yo mientras saludaba a los invitados y felicitaba a mi hermano. Pero hoy, el día después, la realidad me pegó un cachetazo de frente

Me desperté temprano, como siempre, pero esta vez no había apuro. No había mensajes urgentes de Camilo en el teléfono, ni carpetas con firmas que revisar a las corridas, ni llamadas de Franco pidiéndome que le cubriera la espalda desde la central. Nada. Un silencio ensordecedor inundaba mi habitación y, por primera vez en años, me di cuenta de que no tenía absolutamente nada importante que hacer

Salí a caminar por los pasillos de esta casa enorme que ahora me queda gigante. Pasé por la oficina que compartíamos los tres. Entré despacio, casi con miedo de romper el vacío, y me quedé mirando las tres sillas vacías alrededor de la mesa principal. Se me estrujó el corazón. Durante años fuimos un bloque, una máquina que se movía junta para todos lados. Si tocaban a uno, saltábamos los tres. Éramos Camilo, Franco y yo contra el mundo, pateando las calles, cuidándonos las espaldas, resolviendo cada problema que se nos cruzaba. No había decisiones que no pasaran por nosotros tres

Pero las cosas cambiaron. Camilo encontró su mundo en los ojos de Isabella y ahora vive para sus mellizos y su nueva vida de oficina y pañales. Y Franco, mi compañero de fierro, mi hermano de sangre, armó las valijas y se fue a vivir a ese departamento con Nina. Me quedé sola. Literalmente sola en medio de un imperio que ayudé a construir con mis propias manos, pero del que ahora me siento un simple decorado

Sé perfectamente que ellos me quieren. No soy estúpida. Camilo me lo dice siempre y Franco me dio un abrazo enorme antes de irse, agradeciéndome por todo lo que hice por él. Pero el amor de ellos ya no me pertenece de la misma manera. Ellos armaron sus propias familias, sus propios refugios, y yo quedé ahí, flotando en la nada. Sentirse prescindible es una de las sensaciones más horribles que te pueden pasar. Pasé de ser la mente que manejaba los hilos de todo a ser la prima y la hermana solterona que se queda cuidando las carpetas viejas. La verdad, me siento terriblemente deprimida. Tengo un nudo en la garganta que no me deja ni respirar

Mientras daba vueltas por la casa, me crucé con mi mamá en el living. Estaba acomodando unos arreglos de flores que habían sobrado de la fiesta de ayer. Tenía esa cara de paz que tienen las madres cuando ven que todos sus hijos ya están acomodados en la vida. Al menos, casi todos

— Elena, querida, qué bueno que bajaste — me dijo con una sonrisa dulce, sin sacar los ojos de los floreros — Pensé que te ibas a quedar durmiendo un rato más después de todo el movimiento de ayer. Estuvo hermosa la ceremonia, ¿no? Tu hermano se veía tan feliz

— Sí, mamá, estuvo lindo — respondí con un tono de voz tan apagado que hasta a mí me dio pena. Me senté en la punta del sillón, abrazando mis propias piernas

Ella por fin me miró y su sonrisa se desvaneció un poco. Es mamá, me conoce los silencios mejor que nadie. Dejó las flores de lado y se acercó a mí, sentándose a mi lado y poniéndome una mano en la espalda. Su tacto estaba tibio, pero a mí me costaba conectar con el calor

— ¿Qué te pasa, mi amor? Te conozco esa cara. Es la misma que ponías de chiquita cuando los chicos salían a jugar al fútbol y te dejaban de lado por ser nena

Luché contra las lágrimas que me pinchaban los ojos. Odiaba mostrarme débil, siempre fui la fuerte de los tres, la que mantenía la cabeza fría cuando las papas quemaban. Pero ya no daba más

— Es que es exactamente eso, mamá — largué con un hilo de voz, mirando al piso — Se terminó. Ya no hay trío, ya no hay equipo. Camilo tiene a su mujer y a los bebés, Franco se mudó con Nina... y yo quedé acá. Siento que ya no le importo a nadie. O sea, sé que me quieren, pero ya no me necesitan. Si mañana me armo un bolso y me muevo a otra ciudad, nadie se daría cuenta hasta la semana que viene cuando falte una firma en un papel

Mi mamá suspiró profundamente y me acarició el pelo. Sentir su mano me ablandó un poco el pecho, pero la angustia seguía ahí, firme como un clavo

— No digas pavadas, Elena. Sos el alma de esta familia. Todo lo que somos hoy es gracias a que vos estuviste despierta tantas noches cuidando las cuentas y vigilando que nada fallara. Ellos te adoran

— Una cosa es que te adoren por lo que hiciste y otra es que formes parte de sus vidas de verdad, mamá — le retruque, mirándola a los ojos — Ayer los miraba a los dos con sus parejas y me di cuenta de que yo soy el pasado de ellos. El presente y el futuro lo están armando bien lejos de mí. Me siento un estorbo acá adentro

Pasé el resto de la tarde encerrada en mi cuarto. Ni siquiera prendí la computadora, que solía ser mi cable a tierra. Me quedé tirada en la cama, mirando el techo, escuchando el ruido de los autos que pasaban lejos por la avenida. El vacío que sentía me pesaba en el cuerpo como si tuviera toneladas de arena encima. No tenía ganas de comer, ni de hablar, ni de pensar

A eso de las siete de la tarde, escuché unos golpes suaves en mi puerta. No quería atender a nadie, pero los golpes insistieron

— Elena, soy yo, abreme — la voz baja de Camilo se escuchó desde el pasillo

Me sequé la cara con la manga del buzo a las apuradas y me levanté a abrirle. Ahí estaba él, con una remera lisa y unos jeans, totalmente relajado. Ya no tenía esa postura de jefe que ponía cuando entraba a las reuniones de la empresa. Me miró fijo y enseguida se dio cuenta de que había estado llorando

— ¿Qué pasa, pequeña? — entró sin pedir permiso y se sentó en la silla de mi escritorio, mirándome con preocupación — Te extrañamos abajo. Isabella preparó un té y quería mostrarte unas cosas de la nena, pero desapareciste de la faz de la tierra

— Nada, Camilo. Estaba cansada, fue un día largo el de ayer — mentí, volviéndome a sentar en la orilla de la cama, esquivándole la mirada

— A mí no me vas a mentir, Elena. Nos criamos juntos. Sé cuándo estás cansada y cuándo tenés ganas de mandar todo al diablo. Hablá conmigo. ¿Es por Franco?

Me mordí el labio inferior para no quebrarme de nuevo, pero la verdad me quemaba por dentro. Si no lo decía, sentía que iba a explotar

— Es por todo, Camilo — solté, y la voz me tembló — Es por Franco, es por vos, es por mí. Se terminó el equipo. Ya no somos los tres para todo. Ahora ustedes tienen sus vidas perfectas, sus matrimonios, sus hijos... y yo quedé como la tonta que se encarga de revisar que las cuentas estén en orden mientras ustedes son felices. Me siento re sola, Camilo. Siento que si desaparezco hoy, a la larga a nadie le va a importar porque ya no pinto nada en la vida de ustedes

Camilo se levantó de la silla y se sentó al lado mío. Me pasó un brazo por los hombros y me atrajo hacia él con fuerza. Ese abrazo me dolió más que si me hubiera pegado, porque me recordó todo lo que estábamos perdiendo

— Estás diciendo una locura enorme, Elena — me dijo al oído, con un tono firme pero cargado de cariño — Jamás vas a ser un estorbo ni vas a dejar de ser importante para nosotros. Sos más que mi prima, sos la hermana que no tuve y lo sabes. Si nosotros pudimos armar nuestras vidas y estar tranquilos hoy, es porque vos estuviste siempre ahí para sostenernos la estructura. Sin vos, nos hubiéramos ido al tacho hace rato

— Sí, ya sé, el trabajo — dije con amargura, zafándome un poco de su abrazo — Soy la que trabaja bien, la que cuida el negocio. Pero hablo de afecto, Camilo. Hablo de que ya no soy prioridad para ninguno de los dos. Franco ya tiene su casa y vos tenés tu ala de la mansión armada. Yo soy la que se queda sola en el medio

Camilo guardó silencio por un momento, mirando hacia la ventana. Sabía que en el fondo yo tenía un poco de razón. Las dinámicas habían cambiado y el tiempo que antes pasábamos juntos compartiendo charlas y discutiendo de negocios ahora se lo llevaban otras personas

— Las cosas cambiaron, es verdad — admitió con suavidad, volviendo a mirarme — No te voy a negar que ahora tengo la cabeza en mis hijos y en Isabella. Y Franco está embobado con Nina. Pero eso no significa que nos hayamos olvidado de vos. El equipo no se rompió, Elena, solo está tomando otra forma. Tenés que darte la oportunidad de buscar tu propio camino también. No podés vivir toda la vida cuidándonos a nosotros

— No sé hacer otra cosa, Camilo — confesé, y una lágrima rebelde me corrió por la mejilla — Toda mi vida fue esto. Cuidar la empresa, cuidarlos a ustedes. Ahora que no me necesitan de esa forma, no tengo la menor idea de quién soy ni qué quiero hacer con mi vida. Me da terror el vacío que tengo acá adentro

Él me dio un beso corto en la frente y se levantó, dándome un poco de espacio para respirar

— Piensalo, Elena. No te quedes encerrada en esta depresión. Sos una mujer increíble, inteligente y tenés todo el mundo por delante. Nosotros siempre vamos a estar para vos, aunque ahora no estemos pegados las veinticuatro horas. Bajá a tomar un té cuando estés lista. Isabella te está esperando

Salió de la habitación y cerró la puerta despacio, dejándome otra vez con mis pensamientos. Me quedé mirando el picaporte por unos minutos. El consejo de Camilo había sido bueno, pero las palabras se las lleva el viento cuando la depresión te tiene agarrada del pecho. Sabía que tenía que cambiar el chip, que el búnker de los tres Rossi se había disuelto para siempre, pero el dolor de la soledad me seguía ganando la partida esta noche.

Elena

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Veronica Araceli Salinas cabrera
al parecer este par ya decidieron estar juntos
KCCC
hermoso
mariel⚘️
linda novela 😘
mariel⚘️
🤭🤭🤭🤭😘😘😘😘hermoso bebe
mariel⚘️
😘😘😘😘😘😘😘
mariel⚘️
🤭🤭😘😘😘😘
mariel⚘️
🤠🤠😘
mariel⚘️
🤭🤭🤭🤭
mariel⚘️
👍👍
mariel⚘️
l😘
mariel⚘️
🤭🤭🤭
mariel⚘️
🤠🤭
mariel⚘️
👍
Gavy Berrío
hermosa novela la recomiendo
Geo Guzmán
muy buena historia gracias
Geo Guzmán
👏👏👏👏 bonito cap muy tiermo
Gavy Berrío
buen cap me gustó
mariel⚘️
🤭🤭🤭
mariel⚘️
😘
mariel⚘️
😘😘😘
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