Algunas personas llegan a tu vida para cambiarla.
Liam pensaba que la universidad sería solo un nuevo comienzo.
Nunca imaginó que terminaría encontrando a alguien capaz de cambiar por completo su ritmo.
Entre bailes, competencias, amistades inolvidables, heridas del pasado y sentimientos que nacieron cuando menos lo esperaban, Liam y Kae descubrirán que ciertos encuentros no son coincidencias.
Porque algunas personas están destinadas a encontrarse.
A seguirse.
A perderse.
Y finalmente…
A chocar.
Ritmos Que Nos Chocan es una historia sobre amor, crecimiento, segundas oportunidades y aquellos lazos que permanecen incluso cuando todo parece intentar separarlos.
NovelToon tiene autorización de Leamsi Espinoza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Un Nuevo Comienzo
La música sonaba por todo el auditorio.
Las luces le daban de lleno en el rostro, pero Liam apenas las notaba. Lo único que importaba era la melodía y los movimientos que había practicado una y otra vez desde que era niño.
Respiró hondo.
Era su momento.
Dio un paso al frente.
Luego otro.
Giró sobre sí mismo.
Todo iba perfecto.
Hasta que la música se cortó.
De golpe.
El silencio llenó el lugar.
Liam intentó seguir.
Pero su cuerpo no respondió.
Su mente quedó completamente en blanco.
No recordaba el siguiente paso.
No recordaba nada.
Los murmullos comenzaron a escucharse entre el público.
Cada vez más fuertes.
Cada vez más cerca.
—Liam…
Una voz sonó a lo lejos.
—Liam…
Otra vez.
—¡Liam!
Abrió los ojos de golpe.
Tardó unos segundos en darse cuenta de que estaba en su habitación.
No había escenario.
No había público.
Solo cajas de mudanza amontonadas en una esquina.
Llevaba semanas teniendo la misma pesadilla.
Y ya estaba harto de ella.
Se dejó caer sobre la almohada y se cubrió el rostro con una mano.
—Qué buena forma de empezar el día…
Tomó su teléfono para ver la hora.
Y casi se cae de la cama.
—¡No, no, no, no!
Saltó de inmediato.
—¡Voy tarde!
Los siguientes minutos fueron un desastre.
Buscó una playera limpia.
No encontraba uno de sus tenis.
Casi tiró su desayuno al suelo.
Y terminó saliendo de casa con la mochila medio abierta.
Su primer día de universidad estaba comenzando exactamente como no quería.
⸻
Las calles estaban llenas de estudiantes.
Algunos caminaban tranquilos.
Otros parecían tan perdidos como él.
Liam revisó el mapa de su celular por quinta vez.
—Creo que voy bien…
Levantó la vista.
Y entonces lo vio.
Al otro lado de la calle caminaba un chico alto con ropa deportiva.
Llevaba una mochila sobre un hombro y una expresión tan seria que parecía molesto con el mundo entero.
Por un instante sus miradas se cruzaron.
Liam no supo por qué, pero sintió algo raro.
Como si aquel desconocido fuera completamente diferente al resto de las personas que iban pasando.
Pero el momento duró apenas unos segundos.
El chico apartó la vista y siguió caminando.
—Bueno, qué amable sujeto…
Liam soltó una pequeña risa y continuó su camino.
⸻
La universidad era enorme.
Mucho más de lo que había imaginado.
Después de perderse dos veces y pedir indicaciones varias más, finalmente encontró el edificio correcto.
O al menos eso esperaba.
Miró la dirección en su teléfono.
Miró el edificio.
Volvió a mirar el teléfono.
Y decidió correr.
Mala decisión.
Al doblar una esquina chocó contra alguien.
—¡Ay!
Los documentos que llevaba en las manos salieron volando.
Liam terminó sentado en el suelo.
—Lo siento, no estaba viendo por dónde…
Se quedó callado al levantar la vista.
Era el chico de la calle.
El mismo.
La misma mirada seria.
La misma cara de pocos amigos.
El desconocido observó los papeles esparcidos por el suelo.
Luego lo miró a él.
—Deberías fijarte por dónde vas.
Liam parpadeó.
—¿Perdón?
—Podrías terminar lastimándote.
—¿Eso era una preocupación o me estabas regañando?
El otro lo observó unos segundos.
—Tómalo como quieras.
Liam se quedó viéndolo.
¿Qué clase de respuesta era esa?
El chico recogió una de las hojas que había quedado cerca de sus pies y se la entregó.
—Gracias…
—De nada.
Y comenzó a alejarse.
—¡Oye!
El desconocido se detuvo.
—¿Qué?
Liam se levantó rápidamente.
—¿Siempre eres así de pesado?
Por primera vez pareció notar una pequeña reacción en el rostro del otro.
Aunque desapareció casi al instante.
—Solo cuando la gente se me atraviesa.
—¡Tú tampoco te quitaste!
—Y aquí sigues hablando.
—¿Ves? ¡Eso! Eso es exactamente de lo que hablo.
Por un segundo pareció que el chico iba a responder.
Pero simplemente negó con la cabeza.
Y siguió caminando.
Liam lo observó alejarse.
No sabía quién era.
No sabía su nombre.
Y tampoco entendía por qué parecía tan serio todo el tiempo.
Pero algo le decía que volvería a encontrárselo.
Después de todo, estaban en la misma universidad.
Y por alguna extraña razón, esa idea le daba más curiosidad que molestia.