Masha Dusnet era una joven trabajadora de una familia de gran estatus, donde siempre recibió un buen trato y respeto. Todo transcurría en calma hasta que una enfermedad grave afectó profundamente a su madre; se necesitaba una suma enorme de dinero para salvarla, pero nadie quiso ayudarla. Fue entonces cuando descubrió la verdadera cara de quienes una vez admiró y en quienes confiaba plenamente: sus propios jefes le dieron la espalda, abandonándola precisamente en el momento más difícil de su vida. Sentía que se quedaba completamente sola, sin apoyo ni consuelo, cuando más lo necesitaba. Desesperada y sin ninguna otra salida, se vio obligada a tomar una decisión arriesgada por el bien de su madre: tuvo que dejar atrás sus raíces, su hogar y todo lo que conocía, para adentrarse en un mundo hostil que la trataría como una esclava, quien quedara luchando por sobrevivir
NovelToon tiene autorización de evely azul para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
1 ¿Quién es usted?
El año que viene me voy a París. Viajaré en barco y me emborracharé para olvidar al hombre que me robó el dinero.
«No es que esté deprimida por el dinero, porque es lo último que necesito; simplemente me duele saber que no me quería», dijo Doris con tono serio y decepcionado, dando un sorbo a su té sin mostrar preocupación alguna por el dinero robado, solo por la crisis interna de su corazón roto.
Mientras tanto, sus amigas —unas cinco señoras que a primera vista parecían pertenecer a la alta sociedad— tomaban el té en el patio de la lujosa mansión que se alzaba tras ellas.
Indignadas por lo que oyeron, la primera en reaccionar fue Bárbara, quien hizo ruido al dejar de repente su taza sobre un pequeño platillo en la mesa.
«Te metiste con un matón que te vació la cartera. Creo que vas a necesitar mucha terapia».
—Gracias, hija —dijo Inez mientras su empleada le traía unas porciones de pastel. .
Sasha esboza una leve sonrisa que dura solo unos instantes, para luego volver a su mirada inexpresiva mientras se aleja con el aire estudiado de una empleada discreta.
Este comentario cariñoso no le sentó bien a una vieja amiga, quien hizo una pausa, apenas susurrando, con expresión de asombro.
—¿Qué acabas de decir, Inez?
—No es tu hija. Es una empleada doméstica a tu servicio.
Ni siquiera deberías usar el término «hija».
Te voy a contar algo impactante que resonará en tus oídos durante mucho tiempo, hasta tu último aliento.
Te va a robar a tu marido cuando menos te lo esperes.
Aunque probablemente ya sea cercana a ti, fingiendo ser obediente, cuando ya te lo ha robado y está pensando en fugarse con él —dijo Lina con aire de superioridad, su odio evidente mientras bebía con indiferencia—. Despierta, amiga, Ronald ya te traicionó una vez. Yo no confiaría en ninguna mujer que trAbaje en casa.
Sería mejor despedirla y contratar personal masculino.
Inez guardó silencio un instante al oír esas palabras, como si la hubieran afectado profundamente.
—No tienes derecho a sacar este tema. Tuve un problema con mi marido y lo resolví. —Eso ya está zanjado. Si te importa que seamos amigas, mejor cállate o vete —dijo ella, recuperando la compostura mientras se daba la vuelta bruscamente.
Todas las mujeres que estaban en la mesa guardaron silencio por un momento, sorprendidas por las palabras de Inez.
Tras oír esas palabras, Lina se sintió incómoda y miró a suS amigas, que la observaban. Recuperó la compostura, se puso de pie con indiferencia y guardó silencio un momento.
Cuando les dio la espalda para hablar seriamente, dijo con una mueca vengativa: «No necesito tu amistad, Inez. Tengo un grupo que me acompaña».
Todas en la mesa sabían que se refería a ellas.
¿Verdad, chicas?
Tengo una gran noticia para ti, Inez.
Desde hace meses, mi madre es muy cercana a Félix Russo, el alcalde.
Está a punto de casarse con él.
¡Qué noticia tan maravillosa, ¿verdad?!
Pero mi madre tiene una condición muy importante: primero, Félix debe cumplir un requisito al pie de la letra, o no habrá boda.
Por ejemplo, tengo que dar mi aprobación. Como hija de su futura esposa, es fundamental que sepa que estoy de acuerdo.
Así que, gracias a este requisito de mi maravillosa madre, me concedió este favor.
Me han designado para presidir la reunión del consejo de mañana y también para decidir quién se encargará de los preparativos y la presentación del festiVal de la calabaza.
Por lo tanto, con este giro inesperado de los acontecimientos, tú y tu marido ya no sois bienvenidos al evento.
Tú no estarás allí como de costumbre; ni tampoco tu marido.
Solo estarán mi esposo Ramiro y mi hermana Rita, a quien le encanta cocinar.
Quizás Ronald estaba demasiado emocionado por ser el presentador con su micrófono, o tal vez tú estabas demasiado emocionada por presumir de tus deliciosos platillos.
Lo siento, probablemente deberías buscar otro festival.
Que tengas un buen día, si esto no afecta tu autoestima.
Inez, con expresión seria, se puso de pie y dijo: «Tengo una autoestima muy alta; te aseguro, Lina, que ninguna cancelación de este festival cambiará eso».
«No vuelvas a poner un pie en mi casa». Dicho esto, se giró hacia sus amigas, que permanecieron en silencio.
Esto la hizo dudar de su verdadera amistad, ya que no intervinieron en ningún momento.
¿De qué lado están? Apuesto a que estaban hablando mal de mí a mis espaldas con ella.
A partir de ahora, nuestra reunión queda cancelada. No quiero volver a verlas.
Vayanse.
Se marcharon sin decir palabra; sabían que estaba furiosa.
Inez se retira letamente dejadolas a sus espaldas.
Inez se alejó lentamente, dejándolas atrás, con un sabor amargo en la boca y el corazón apesadumbrado.
¿Acaso no comprendía cómo una sola frase podía haber provocado tanta ira en Lina, creando una situación tan delicada...? Quizás no debió haber hablado así. Ya no había vuelta atrás; solo quedaba aceptarlo.
Sabía que Lina no era su amiga, sino alguien que solo buscaba arruinarle la vida con un pequeño acto de indiferencia...
Pero probablemente su marido no lo entendería, así que decidió hablaria con él al respecto de todos modos.
Sasha los observó desde la ventana de la cocina mientras se marchaban, ajena a lo que sucedía.
Creo que no les gustó oírla usar el término "hija".
Lo vi en la cara de sus amigas en cuanto aparecí.
"Quizás no consideran esos términos apropiados para el personal doméstico", o "por mi color de piel", le dijo a romina otra empleada que estaba a su lado .
"No exageres, Sasha, tal vez haya otra razón, no todo tiene que estar Relacionado contigo", dijo Romina, tratando de no sacar conclusiones precipitadas sobre lo que estaba sucediendo con Inez, su jefa.
Cuando el teléfono de Sasha sonó en su bolsillo, se apartó un momento.
«Hola, mamá.
¿Quién es usted?
¿Dónde está mi mamá?», preguntó Sasha, confundida, ya que no era su madre quien contestaba.