En el reino de , una serie de secretos y decisiones prohibidas comienzan a sacudir los cimientos de la familia real. Lo que parece una vida perfecta dentro del palacio esconde amores imposibles, alianzas inesperadas y peligros que amenazan con cambiar el destino del reino para siempre.
Mientras las tensiones aumentan y un enemigo oculto mueve sus piezas desde las sombras, los miembros de la corona deberán enfrentarse a sus propios sentimientos, a las expectativas de la sociedad y a las consecuencias de sus elecciones.
Entre romance, intriga, traiciones, sacrificios y momentos inolvidables, Valdoria se convierte en el escenario de una historia donde el amor y el deber chocan constantemente, y donde una sola decisión puede cambiar el futuro de todos.
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El reino de las apariencias
El reino de Valdoria celebraba la llegada del Festival de Invierno. Las calles estaban llenas de comerciantes, músicos y carruajes de familias nobles que llegaban desde distintos territorios para asistir a los eventos organizados por la corona.
En el castillo real, el ambiente era muy distinto a la felicidad que mostraban ante el pueblo.
El rey Alejandro de Valdoria, de treinta y cinco años, observaba en silencio los preparativos desde el gran salón. Aunque era respetado como gobernante, dentro de su propia familia reinaba el caos.
La reina Beatriz caminó hacia él sin ocultar su fastidio.
—Invitar tantas familias nobles es una pérdida de tiempo.
—El reino necesita estabilidad —respondió Alejandro.
—Lo que necesita es un nuevo rey.
El hombre la miró seriamente, pero no respondió. Hacía años que su matrimonio estaba destruido. Beatriz nunca lo había amado y apenas soportaba vivir junto a él.
Los cinco hijos reales tampoco ayudaban a mantener la paz.
El mayor era el príncipe Esteban, de dieciocho años y heredero al trono. A pesar de su posición, era conocido por sus escándalos, apuestas y aventuras con mujeres casadas.
—¿Dónde está Esteban? —preguntó Alejandro molesto.
El consejero Arturo Belmonte bajó la mirada.
—Aún no regresa al castillo, majestad.
La reina soltó una risa irónica.
—Tu heredero seguramente está borracho en alguna taberna.
Mientras tanto, lejos del castillo, Esteban jugaba cartas en una taberna llena de humo y ruido junto a su amigo Leonardo Cervantes.
—Perdiste otra vez —dijo Leonardo riéndose.
—Voy a recuperar todo.
El príncipe lanzó más monedas sobre la mesa sin preocuparse.
En una mesa cercana, una joven observaba discretamente la conversación. Su nombre era Isabella Montenegro.
A diferencia de lo que muchos creían, Isabella no estaba allí por diversión. Había acudido a la taberna para escuchar rumores sobre la familia real y especialmente sobre el príncipe heredero.
Su familia había sido una de las más importantes del reino años atrás. Su padre, el duque Ramiro Montenegro, murió después de ser acusado injustamente de traición durante el reinado de Alejandro. Desde entonces, Isabella y su tía Emilia Montenegro perdieron gran parte de su fortuna y vivían alejadas de la corte.
Sin embargo, Emilia seguía siendo reconocida como duquesa viuda.
Días atrás, la reina Beatriz había enviado una invitación oficial a Emilia para asistir al Festival de Invierno en el castillo. Necesitaba mostrar unión entre las antiguas familias nobles para mejorar la imagen de la corona ante el pueblo.
Alejandro no estuvo de acuerdo con la invitación, pero tampoco podía rechazar públicamente a los Montenegro sin levantar sospechas.
Por esa razón Isabella viajaría al castillo junto a su tía.
Mientras observaba a Esteban en la taberna, Isabella entendió algo rápidamente: el futuro rey era irresponsable, arrogante y completamente distinto a la imagen perfecta que mostraba el reino.
De pronto, Esteban levantó la mirada y notó que la joven lo observaba.
—¿Acaso me conoces? —preguntó divertido.
Isabella sostuvo su mirada sin miedo.
—Todo el reino conoce al príncipe del escándalo.
Leonardo soltó una carcajada, pero Esteban sonrió con interés.
Sin imaginarlo, aquel encuentro cambiaría la vida de ambos y marcaría el inicio de una peligrosa historia dentro del castillo real.