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Sangre Y Garras En El Nido De Piedra

Sangre Y Garras En El Nido De Piedra

Status: Terminada
Genre:Hombre lobo / Fantasía LGBT / Completas
Popularitas:2.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Skay P.

⚠️🔞El duque Marek Kizilbash gobierna un territorio sitiado por la peste y las bestias. Dispuesto a todo para salvar a su pueblo, compra en el mercado negro a Naim, un peligroso y orgulloso licántropo de pura sangre.
Lo que el duque ignora es que el contacto carnal despertará la magia ancestral del bosque, desatando un embarazo místico tan acelerado como violento. Atado a Marek por una marca de sangre inquebrantable, el cuerpo trigueño del indomable shou se transformará para gestar al heredero de una nueva era.
Con el consejo de nobles traidores conspirando en las sombras y la Iglesia del Sur avanzando con carros de fuego para destruir la "abominación", Marek y Naim transformarán la torre del castillo en un santuario sagrado. Una historia de dominación absoluta, erotismo salvaje, masacres en las colinas y un amor que se bautizará con la sangre de sus enemigos. Esta novela es sucia y grotesca. Están advertidos.🔞⚠️

NovelToon tiene autorización de Skay P. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Se llama Naim

El invierno en el Ducado de Alva no perdonaba a los débiles. Desde lo alto de la torre del homenaje, el duque Marek Kizilbash observaba los campos cubiertos por una capa delgada de nieve gris. A lo lejos, la línea oscura del Bosque Ancestral recortaba el horizonte como una hilera de colmillos.

Marek suspiró. El aire frío salió de sus labios convertido en una nube de vapor. Tenía apenas treinta y dos años, pero cargaba con el peso de un territorio que se caía a pedazos. La Niebla, esa masa blanquecina y maldita que brotaba de los árboles sagrados, avanzaba cada noche un metro más hacia las cosechas. Los campesinos morían de hambre, y el ganado aparecía destripado en los graneros.

—Excelencia —una voz ronca interrumpió sus pensamientos.

Marek se dio la vuelta. El capitán de la guardia, un hombre robusto con armadura oxidada, dio un paso al frente y se arrodilló sobre la piedra fría.

—Habla, Gregor —ordenó el duque. Su voz era grave, firme, acostumbrada a dar órdenes que nadie osaba cuestionar.

—Los comerciantes del sur han llegado al mercado subterráneo, bajo las ruinas del viejo anfiteatro. Traen lo que solicitó. Mercancía del bosque profundo.

Marek asintió con un leve movimiento de cabeza. Sintió un pinchazo de dolor en la palma de su mano derecha. Miró su guante de cuero negro y se lo quitó con calma. En su piel blanca se dibujaba una cicatriz en forma de espiral: la runa de la sangre.

A diferencia de las leyendas exageradas de los reinos del este, donde se hablaba de magos que destruían ejércitos con un parpadeo, la magia de Marek era un oficio silencioso y costoso. Él no controlaba los elementos. Su poder radicaba en el control y el sacrificio. Para activar una runa de protección en los muros del castillo, debía cortar su propia piel y dejar que su energía vital sellara la piedra. Cada hechizo le costaba días de fiebre y debilidad física. Su magia era una herida abierta.

—Prepara los caballos y una escolta de tres hombres —dijo Marek, volviéndose a colocar el guante—. No quiero llamar la atención de los consejeros de la Iglesia. Sabes bien lo que piensan de los tratos con el mercado negro.

—Entendido, milord. Salimos al anochecer.

Gregor hizo una reverencia y se retiró, dejando a Marek a solas con el viento invernal.

El duque caminó hacia sus aposentos privados. El interior del castillo era austero. No había tapices de oro ni lujos innecesarios; todo el oro del ducado se gastaba en espadas, hierro y grano para el invierno. En su mesa de roble descansaban varios pergaminos amarillentos rellenos de mapas y anotaciones sobre el comportamiento de las bestias.

Marek se sirvió una copa de vino caliente con especias para entumecer el dolor de su mano. Se sentó en su sillón frente a la chimenea y observó el fuego. La vida de un duque no consistía en fiestas ni banquetes. Su rutina era un ciclo interminable de contar raciones de comida, firmar sentencias de muerte para criminales y patrullar las fronteras. Era una existencia solitaria. No tenía esposa, ni herederos, ni amigos en los que confiar plenamente. La corte real, situada a semanas de viaje, lo consideraba un gobernante maldito en una tierra maldita.

«Necesito una guía», pensó Marek, apretando el puño. Sus caballeros eran fuertes, pero los humanos quedaban ciegos al cruzar la Niebla. Morían despedazados por criaturas que ni siquiera lograban ver.

Los rumores decían que los licántropos, los habitantes originales del Bosque Ancestral, poseían una visión capaz de rasgar la magia mística. Podían oler la Niebla antes de que apareciera y curar heridas infectadas con solo tocar la tierra. La Iglesia los llamaba demonios salvajes y ordenaba quemarlos vivos, pero Marek no creía en la fe de los sacerdotes; creía en los resultados. Si quería salvar a su pueblo de la hambruna total, necesitaba atrapar a uno de esos monstruos y obligarlo a servir al ducado.

Las horas pasaron con la lentitud propia de los días de invierno. Marek revisó las cuentas del herrador, aprobó el gasto de madera para las murallas bajas y cenó un trozo de pan seco con carne asada en absoluto silencio. Cuando la luna llena comenzó a ascender en el cielo, tiñendo la nieve de un color azulado, el duque se levantó.

Se puso una capa pesada con cuello de piel de zorro y ajustó a su cintura una daga de pomo plateado. Era un arma puramente defensiva; la plata era el único metal que rompía la carne de las criaturas de la noche.

Descendió por las escaleras de caracol del ala este del castillo, donde Gregor y tres soldados de extrema confianza lo esperaban con antorchas apagadas. Nadie habló. Cruzaron el patio de armas en penumbra y salieron por la poterna trasera, una puerta pequeña oculta en la muralla que daba directamente a los campos.

El trayecto hacia el pueblo fue corto pero tenso. Los caballos avanzaban con dificultad por el lodo congelado. El campo estaba en silencio, un silencio sepulcral que solo se rompía por el crujido de los cascos sobre el hielo. A lo lejos, las chimeneas de las chozas de los campesinos no echaban humo; la leña escaseaba y la gente dormía apiñada para no morir congelada.

Finalmente, llegaron a las afueras de la villa, donde las ruinas de un anfiteatro de la época de los antiguos imperios se alzaban como costillas de piedra que brotaban de la tierra. Dos hombres encapuchados, armados con ballestas pesadas, custodiaban la entrada a los pasadizos subterráneos. Al ver el sello del ducado grabado en el anillo de Marek, bajaron las armas y se hicieron a un lado sin emitir palabra.

Marek desmontó y le entregó las riendas a Gregor.

—Quédense aquí —ordenó el duque—. Entraré solo.

—Pero, señor... —intentó protestar el capitán.

—Si entro con soldados, el precio de la mercancía se duplicará, y los mercaderes pensarán que es una redada. Sé cómo protegerme.

Marek encendió una pequeña antorcha de mano y se adentró en el túnel de piedra húmeda. El olor a humedad, sudor rancio, azufre y sangre seca inundó sus fosas nasales casi de inmediato. Aquel era el pozo del ducado, el lugar donde la moralidad humana desaparecía a cambio de unas cuantas monedas de oro.

A medida que descendía por los escalones gastados, el murmullo de voces bajas, risas toscas y el tintineo de monedas comenzó a resonar en las paredes. El pasadizo se abrió en una enorme galería subterránea iluminada por braseros de carbón. Había jaulas de madera, puestos con reliquias robadas de iglesias del sur y puestos de elixires prohibidos.

Marek caminó con paso firme, atrayendo miradas curiosas y temerosas. Los mercaderes reconocían su porte aristocrático, sus hombros anchos y la mirada penetrante de sus ojos oscuros. Sabían quién era el dueño de esas tierras.

Al fondo de la galería, detrás de una pesada cortina de cuero, se encontraba la sección de las mercancías exóticas. Allí el aire era más denso, casi irrespirable, impregnado de un olor salvaje, almizclado y puramente animal.

Marek se detuvo frente a un gran círculo de antorchas. En el centro, un mercader gordo y sonriente, vestido con sedas extranjeras manchadas de grasa, lo saludó con una reverencia exagerada.

—¡Ah, el gran duque Marek Kizilbash! —exclamó el hombre con una voz chillona que hizo eco en el sótano—. Sabía que vendría. Tengo exactamente lo que su ilustre señoría necesita para limpiar sus bosques. Una pieza única, capturada viva en la frontera norte del bosque profundo tras una cacería que me costó cinco hombres.

Marek no respondió. Sus ojos oscuros pasaron de largo del comerciante y se clavaron directamente en la jaula de hierro reforzado que se alzaba detrás de él.

Dentro de la estructura de metal, envuelto por densas cadenas que se conectaban a argollas pesadas en el suelo, se encontraba una silueta. No era una bestia peluda ni un lobo deforme; era el cuerpo de un hombre joven, de piel trigueña y hombros marcados, cubierto apenas por unos harapos sucios. Tenía el cabello oscuro y enredado, y respiraba con dificultad, revelando un pecho firme surcado por arañazos recientes.

Marek sintió un vuelco extraño en el pecho, un calor repentino que hizo que la cicatriz de su mano derecha comenzara a palpitar con fuerza, como si la runa de su sangre reconociera algo al otro lado de los barrotes.

—Se llama Naim —susurró el mercader, acercándose con una sonrisa lasciva—. Es un licántropo de pura sangre. Un shou de los clanes cenizos. Le aseguro, excelencia, que bajo esas cadenas se esconde la criatura más hermosa y peligrosa que jamás haya pisado este ducado.

Marek avanzó un paso, sin apartar la mirada de la jaula, sintiendo que el destino de su ducado comenzaba en ese instante.

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Sauce
nooo cómo que fin 😭
Skay P.: ¡Es que soy maldad pura! Muajaja😈😈
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pryz
Excelente trabajo belleza, omo siempre muy complacida
pryz: Te la puedo recordar, pero soy única, bien loca pero principalmente amente del talento, muchos lectores se dedican a ver donde esta el error y se pierde de una maravillosa experiencia y asi son tus historias para mi maravillosas, chao😉
total 4 replies
pryz
Me encantó demasiado
pryz
Oye naim dime el secreto tu tienes aguante para recibir tanto mai gassh
Skay P.: Jajajaja
total 1 replies
pryz
😱 Ni un día y ya hubo acción, fuerte🤩
pryz: Yo quiero ese poder místico
total 2 replies
pryz
Acaba con ellos marek protege lo tuyo!!!!!!!!
pryz
Ellos ni el vientre enorme los detuvo, son fuego🥵
pryz: Ni modo, toco😜
total 4 replies
Sauce
analizandolo bien es un poco turbio
Skay P.: Es por eso, que se aclara siempre en la portada, Chikis 😅
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Sauce
entonces lo de shou si se refería eso🤔
Skay P.: Tal cual...🫃
total 1 replies
Sauce
de dónde yo vengo shou significa otra cosa 😏
pryz
Ese viejo me cae mal todo por que el no tiene un lobito calenturiento
pryz
Salvaje, sin control este por me encantan
pryz
Nunca falta un sapo, pero un sapo es mucho para que lo comparen con esa cosa
pryz
Metanse contó menos con mi macho ese es Marek
pryz
Dios, fuego, fuego. Excelente 🤩
pryz
Lo preño🫨
pryz
Oyeeeeeeee esta pareja es fuego🥵🤩 me encanta
pryz
Calenturientos, ya querían andar en el mete y saca
pryz
Como así ahora se hecen los locos después de tanto
pryz
Aaaaaaaaaaaa, buenísimo
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