Ela una chica que era bondadosa y alegre se dará cuenta de que su familia no es lo que parece y perderá su vida . La vida o el destino le dará una oportunidad para hacer las cosas bien.
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Capítulo 4: El primer cambio en la historia
Ela pasó gran parte de la noche revisando cada recuerdo que conservaba de la novela.
Sentada junto a la ventana de su habitación, observaba la luna reflejada sobre los jardines mientras organizaba mentalmente los acontecimientos futuros.
Sabía algo muy importante.
Las tragedias no ocurrían de un día para otro.
Cada desastre comenzaba con pequeños detalles.
Pequeñas decisiones.
Pequeños errores.
Y si lograba cambiar esos detalles, podría modificar completamente el futuro.
Aquella idea le provocó una sonrisa.
Por primera vez desde su muerte sentía que tenía el control.
A la mañana siguiente, la mansión despertó con una actividad inusual.
Sirvientes corrían por los pasillos.
Jardineros arreglaban los senderos.
Cocineros preparaban enormes cantidades de comida.
Nora apareció en la habitación de Ela con expresión preocupada.
—Señorita, tenemos visitas importantes.
—¿Quiénes?
—Varias familias nobles asistirán al almuerzo organizado por el duque.
Ela recordó inmediatamente aquel evento.
En la novela era una reunión aparentemente insignificante.
Sin embargo, allí comenzaba una de las primeras trampas de Lilian.
La joven utilizaba aquella ocasión para hacer quedar a Evelina como una noble arrogante y cruel.
Todo estaba cuidadosamente planeado.
Y por desgracia para Lilian, Ela ya conocía el guion.
Horas después, el gran salón de recepciones estaba lleno de invitados.
Vestidos elegantes.
Joyas brillantes.
Uniformes militares impecables.
El sonido de las conversaciones llenaba el ambiente.
Las enormes ventanas permitían que la luz iluminara los pisos de mármol blanco.
Ela descendió por la gran escalera principal usando un vestido azul oscuro decorado con bordados plateados.
Su cabello negro estaba recogido parcialmente mediante delicadas trenzas adornadas con pequeñas perlas.
Varias personas quedaron impresionadas.
La belleza de Evelina era imposible de ignorar.
Entre los asistentes se encontraban varios jóvenes nobles.
Algunos intentaban llamar discretamente su atención.
Otros simplemente la observaban fascinados.
Sin embargo, Ela tenía asuntos más importantes en mente.
Su mirada encontró rápidamente a Lilian.
La muchacha conversaba animadamente con un grupo de damas.
Y sonreía exactamente igual que en la novela.
Como una inocente oveja.
Ela sabía perfectamente que era un lobo.
Durante el almuerzo ocurrió el primer movimiento.
Una criada tropezó accidentalmente cerca de Lilian.
Una bandeja llena de té caliente cayó hacia ella.
En la historia original, Evelina reaccionaba con indiferencia.
Aquello permitía que Lilian fingiera sentirse humillada y ganara simpatía.
Pero esta vez las cosas fueron diferentes.
Antes de que nadie reaccionara, Ela se levantó rápidamente.
Sujetó a la criada.
Ayudó a Lilian.
Y evitó que el accidente empeorara.
Todo ocurrió en apenas segundos.
El salón quedó completamente silencioso.
Lilian abrió los ojos sorprendida.
Aquello no estaba previsto.
—¿Está bien? —preguntó Ela.
—Sí...
—Eso es lo importante.
Luego se volvió hacia la criada.
La joven temblaba aterrorizada.
—Lo siento mucho, señorita.
—Fue un accidente.
—¿No me castigará?
Ela sonrió suavemente.
—Todos cometemos errores.
La criada comenzó a llorar de alivio.
Varias damas intercambiaron miradas impresionadas.
Algunos nobles asintieron con aprobación.
Y Lilian sintió por primera vez una desagradable sensación.
Porque el plan acababa de fracasar.
Más tarde, mientras los invitados disfrutaban del jardín, Lilian interceptó a Ela cerca de una fuente.
El agua cristalina reflejaba los colores de las flores cercanas.
Los pájaros cantaban entre los árboles.
A simple vista parecía una conversación amistosa.
En realidad era una batalla silenciosa.
—Has sido muy amable conmigo hoy.
—Solo hice lo correcto.
—Pensaba que no te agradaba.
Ela sonrió.
—¿Por qué pensabas eso?
Lilian tardó un instante en responder.
—No lo sé.
Mentira.
Ela conocía perfectamente la respuesta.
Porque en la novela Lilian llevaba semanas difundiendo rumores falsos sobre la supuesta hostilidad de Evelina.
Pero todavía era demasiado pronto para desenmascararla.
Por ahora prefería observar.
Aquella misma tarde llegó una noticia inesperada.
Un mensajero imperial apareció en la mansión.
Traía una invitación oficial.
Alexander leyó el documento varias veces antes de levantar la vista.
—Interesante.
—¿Qué ocurre? —preguntó Ela.
—El príncipe heredero organizará un baile dentro de dos semanas.
Ela sintió un escalofrío.
Recordaba perfectamente aquel evento.
Era uno de los más importantes de la historia.
Allí conocía oficialmente a su prometido.
Allí comenzaban muchos de sus problemas.
Y también...
Allí aparecía Cedric Ravencrest.
Por primera vez.
Aquella noche, después de cenar, Ela regresó a su habitación.
Nora la ayudaba a prepararse para dormir.
—Señorita.
—¿Sí?
—Ha cambiado mucho.
Ela sonrió.
—¿Para bien o para mal?
—Para bien.
La sirvienta pareció pensarlo unos segundos.
—Ahora parece más feliz.
Aquellas palabras hicieron que Ela permaneciera en silencio.
Porque eran ciertas.
A pesar de los peligros.
A pesar de las conspiraciones.
A pesar del futuro incierto.
Por primera vez sentía que tenía una oportunidad.
Una verdadera oportunidad.
Cuando finalmente quedó sola, abrió un cuaderno y comenzó a escribir.
Lista de enemigos.
Lista de aliados.
Eventos importantes.
Posibles peligros.
Y un nombre destacado en la parte superior.
Cedric Ravencrest.
El hombre que estaba destinado a convertirse en villano.
El hombre que moriría en la guerra.
El hombre que algún día se enamoraría de la persona equivocada.
Ela observó aquel nombre durante varios segundos.
Luego sonrió.
—Esta vez tendrás mejor suerte.
Sin saberlo, a cientos de kilómetros de distancia, el propio Cedric acababa de recibir la misma invitación al baile imperial.
Y por primera vez, los caminos de ambos estaban a punto de cruzarse.