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Todo Empezó En Navidad

Todo Empezó En Navidad

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños / Romance entre patrón y sirvienta
Popularitas:7.9k
Nilai: 5
nombre de autor: @ngel@zul

Una tarde fría de diciembre, Lucía se cruza con una niña perdida en la calle. Sin dudarlo la consuela y protege, sin imaginar que ese pequeño acto cambiará su vida para siempre. Su padre, Alejandro Ferrer, un poderoso empresario, no puede ignorar la angustia y la felicidad que Lucía despierta en su hija.
Mientras Alejandro busca desesperadamente a alguien que cuide a Emma, se da cuenta de que ninguna niñera parece estar a la altura… se da cuenta de que su hija no deja de mencionar a “la chica de la bufanda”. Y decide contratarla. Entre tensiones, celos y secretos, Lucía tendrá que marcar sus límites mientras Alejandro se debate entre lo correcto y lo que su corazón comienza a desear.
Una historia de amor, familia y segundas oportunidades, donde la Navidad no solo trae luces y regalos, sino también destinos que no pueden ignorarse.

NovelToon tiene autorización de @ngel@zul para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El inicio de la tormenta

​El jueves por la noche, el aire dentro de la mansión Ferrer parecía haberse espesado, como si la presión atmosférica hubiera caído de golpe antes de una tormenta eléctrica. La tensión que Lucía y Alejandro habían estado cultivando —ese baile de evaciones, roces accidentales y silencios cargados— alcanzó finalmente su punto de ebullición. Lucía se retiró a su cuarto mucho más temprano de lo habitual, huyendo de la cena silenciosa donde el sonido de los cubiertos contra la porcelana le parecía un estruendo y donde la mirada de Alejandro, fija en ella cada vez que creía que no lo veía, le quemaba la piel.

​Se encerró en su habitación, buscando refugio en la oscuridad, pero su mente no le dio tregua. Se quedó dormida casi por agotamiento nervioso, pero el sueño que la recibió no fue un descanso, sino una emboscada de su propio subconsciente. Fue un sueño vívido, táctil, de esos que dejan la piel sensible al roce de las sábanas y la respiración entrecortada al despertar. En el sueño, Alejandro no la sostenía con la cortesía distante del hombre que evita un accidente; la sostenía contra la pared del pasillo, con una urgencia que rozaba la desesperación. Sentía sus manos, grandes, cálidas y expertas, recorriendo su cuerpo con una propiedad que ella nunca le había otorgado, pero que su cuerpo reclamaba a gritos. En la penumbra de su sueño, el aroma de él la asfixiaba, y cuando sus labios rozaron su cuello, Lucía despertó con un gemido ahogado, el corazón galopando contra sus costillas y un calor desconocido irradiando desde su centro.

​Confundida, avergonzada y con la sensación de haber traicionado su propia integridad, se sentó en la cama, frotándose las sienes. El silencio de la casa era absoluto, pero en su cabeza aún resonaba la voz de Alejandro. Necesitaba purgar esas imágenes, borrar el rastro de un deseo que la hacía sentir vulnerable. Se levantó con movimientos erráticos y se encerró en el baño. No encendió la luz principal, solo la pequeña lámpara de cortesía, y dejó que el agua corriera. Al principio, buscó el frío para castigar la osadía de su imaginación, pero terminó cediendo al calor, dejando que el vapor nublara los espejos y que el agua golpeara sus hombros, intentando desesperadamente recuperar la cordura que parecía habérsele escapado entre los dedos.

​Mientras tanto, en el ala principal, Alejandro Ferrer se encontraba en su despacho, rodeado de informes financieros que no lograba procesar. Su mente era un campo de batalla. Intentaba convencerse de que su agitación era puramente biológica, el resultado de años de soledad y la presencia de una mujer joven, dulce y llena de vida en su entorno, pero la lógica empezaba a fallar. No era solo "una mujer". Era la forma en que ella se reía con Emma, la manera en que desafiaba su autoridad con una suavidad que lo desarmaba, y la luz que parecía llevar consigo a cada habitación.

​De pronto, un sonido rompió su trance: un llanto ronco, una llamada débil que venía de la habitación de su hija. Alejandro dejó la pluma y acudió de inmediato. Al entrar en el cuarto de Emma, la encontró agitada, con las mejillas encendidas y el cabello pegado a la frente por el sudor. Al tocarla, el pánico, ese viejo enemigo que creía haber domesticado, le atenazó el pecho. La niña estaba hirviendo; su frente era un pequeño brasero de fiebre.

​—¡Lucía! —llamó Alejandro, alzando la voz más de lo que pretendía. El silencio de la casa fue su única respuesta.

​Llamó al pediatra con manos temblorosas, recibiendo instrucciones de administrar un antitérmico y la promesa de que el médico llegaría en veinte minutos. Pero Emma, en medio de su delirio febril, no quería medicinas ni explicaciones lógicas. Sus pequeños dedos se aferraban a la sábana mientras balbuceaba el único nombre que asociaba con el consuelo absoluto.

​—Lucía... quiero a Lucía... papá, ¿dónde está ella? —lloraba la niña, hundiéndose de nuevo en un sueño inquieto.

​Preso de la angustia por el estado de su hija y sintiéndose repentinamente incapaz de manejar la situación solo, Alejandro salió de la habitación a zancadas. Corrió por el pasillo hacia el cuarto de Lucía, con el corazón martilleando contra sus sienes. Golpeó la puerta con fuerza, una, dos, tres veces.

​—¡Lucía! ¡Abre, es Emma!

​Al no recibir respuesta y ver que la puerta estaba sin el seguro echado, el instinto de protección —o quizás un impulso inconsciente que llevaba días gestándose— lo hizo girar el pomo y entrar. La habitación estaba en penumbra, bañada por el resplandor azulado de la luna que se filtraba por las cortinas entreabiertas. El sonido del agua corriendo tras la puerta del baño le indicó que ella estaba allí. Alejandro se detuvo en seco en medio de la estancia. Sabía que debía salir, que invadir su espacio privado a esas horas era cruzar una frontera peligrosa, pero la preocupación por Emma y la extraña atmósfera de la habitación lo mantuvieron anclado al suelo. Su pecho subía y bajaba con violencia, agitado por la carrera y por la súbita consciencia de estar en el santuario de la mujer que no podía sacar de sus pensamientos.

​En ese preciso instante, el sonido del agua cesó. Unos segundos de silencio pesado precedieron al crujido de la puerta del baño abriéndose. Una nube de vapor cálido y con aroma a flores escapó hacia la habitación, y tras ella, apareció Lucía.

​Ella salió envuelta únicamente en una toalla blanca que apenas cubría lo indispensable, dejando al descubierto la seda de sus hombros y la línea elegante de sus piernas todavía húmedas. Tenía el cabello empapado, pegado a su espalda, y pequeñas gotas de agua resbalaban por su cuello, brillando bajo la luz de la luna como diamantes líquidos. La visión fue mucho más que un impacto visual; fue un choque físico que le robó el aliento a Alejandro. El deseo que había estado reprimiendo, ese incendio interno que intentaba apagar con lógica y frialdad, estalló en sus venas con la fuerza de un volcán.

​Alejandro no pudo apartar la mirada. Sus ojos, oscurecidos por una pasión que ya no tenía espacio para esconderse, recorrieron la vulnerabilidad de Lucía con una intensidad salvaje. El aire en la habitación se volvió asfixiante, cargado de una electricidad tan real que parecía poder tocarse. Su corazón se desbocó, golpeando contra sus costillas con un ritmo frenético que amenazaba con romper su compostura.

​—¿Qué... qué hace aquí? —preguntó Lucía en un trance de sorpresa absoluta. Sus manos temblorosas apretaron la toalla contra su pecho, pero no retrocedió. Sus ojos se clavaron en los de él, reconociendo en la mirada de Alejandro el mismo fuego que ella había intentado apagar en la ducha.

​Alejandro dio un paso hacia ella, acortando la distancia. El magnetismo entre ambos era tan potente que el resto del mundo pareció desvanecerse. En ese momento, él no era el jefe millonario ni ella la cuidadora contratada; eran simplemente dos seres humanos consumidos por una atracción inevitable.

​—Emma... —logró decir él finalmente. Su voz no era la suya; era un sonido roto, profundo, una ronquera que delataba el estado de su alma—. Tiene fiebre. Mucha fiebre. No deja de pedir por ti, Lucía. No sabía... no sabía qué hacer.

​La mención de la niña fue como un jarro de agua helada que rompió el hechizo erótico. La realidad se filtró de nuevo en la habitación, devolviéndoles la consciencia de sus roles. Lucía parpadeó, y el miedo por la pequeña barrió instantáneamente cualquier rastro de la tensión anterior.

​—Vaya con ella, señor. Por favor —dijo ella, su voz recuperando la firmeza a pesar de que su cuerpo aún temblaba—. Me visto en un segundo y voy para allá. ¡Corra, no la deje sola!

​Alejandro asintió torpemente, como un hombre que despierta de un sueño profundo. Dio media vuelta y salió de la habitación casi tropezando con sus propios pasos. Al cerrar la puerta tras de sí, se apoyó contra la pared del pasillo, cerrando los ojos con fuerza y hundiendo la cabeza entre los hombros. Sus pulmones buscaban aire, pero el aroma de Lucía seguía allí, impregnado en sus sentidos. Sabía que esa noche, después de verla así, después de sentir la vibración de su presencia en la penumbra, el respeto profesional ya no sería suficiente para mantener el muro en pie. La imagen de Lucía, húmeda y prohibida, se había grabado en su mente como una marca de fuego, y el incendio interno amenazaba ahora con devorar todo a su paso.

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Arely Anahi Pacheco Mezo
ahora que empiezan a construir algo entre ellos va a venir la vivora d la cuñada a meterse 😡😡 ojalá y puedan salir victoriosos de las pruebas que vendrán y algo me dice k esa cuñada tuvo todoo que ver con que fallezca su hermana todo x envida y querer al cuñado
Melisuga
¡Qué lindo capítulo!
💖😍💖😍💖
Melisuga
¡Me encanta esta declaración!
💖💖💖
Carmen Palencia
excelente novela de verdad que la felicito por esta hermosa historia gracias por actualizar espero nos deleites con varios capitulos seguidos que estoy ansiosa por seguir leyendo más de esta hermosa novela
Erika Estrada
gracias por los capítulos me encanta 😍🥰💕
Melisuga
¡Qué tremenda confesión!
😍😍😍
Anabella González
uy que capitulo tan calido, me encanta
Carola Videla 😈🇦🇷
que se vayan todos al demonio
Nairobis Cardozo Portillo
❤️❤️❤️❤️❤️
Nairobis Cardozo Portillo
Buenísimo capítulo 👏👏👏👏
Nairobis Cardozo Portillo
Alejandro deja tus tontos prejuicios y disfruta del amor
Mine Romero
Creó que Falta el capítulo del beso en el despacho🙂 me encanta la novela
Carola Videla 😈🇦🇷
m3e encanta la novela, felicitaciones 👏🏾
Carola Videla 😈🇦🇷
la dueña de la casa y denlos corazones de su hija y de él
Carola Videla 😈🇦🇷
este es más terco que ella🤦‍♀️
Carola Videla 😈🇦🇷
es amor , cual es el problema, no sean tercos , los corazones no conocen status, o profesiones
Anabella González
Hay que belleza de capitulo me muero
Mine Romero
Excelente capítulo me encantó muchas gracias por actualizar 👏👏👏🙌🙌🙌
Inocencia Cruz Cruz
ay que emoción, autora por favor más capitulos🤭
Carola Videla 😈🇦🇷
cada vez les quedan menos lugares donde esconder sus sentimientos
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