Reencarnado en un mundo de magia y aventuras, Ren solo quiere una vida normal. El problema es que todo a su alrededor insiste en convertirlo en algo que no quiere ser.
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Capítulo 1: Un pensamiento diferente
El murmullo del salón llenaba el aire con una energía inquieta. Risas, bromas, conversaciones cruzadas… y el tema de siempre.
—Isekai, bro. Imagínate, llegar a otro mundo, ser el más fuerte y rodeado de chicas…
—Sí, como en In Another World with My Smartphone. Literal, vida perfecta.
—O tipo Re:ZERO - Starting Life in Another World, aunque ese está más sufrido…
—Nah, mejor algo como Solo Leveling. Ser el más roto y ya.
Las voces seguían, mezclándose entre entusiasmo y fantasía. Para muchos, aquello era un sueño compartido: escapar de la realidad hacia un mundo donde todo sería más fácil, más emocionante… más conveniente.
Pero para Ren Sato, sentado en su pupitre junto a la ventana, todo eso sonaba… vacío.
Apoyó la mejilla sobre su mano mientras observaba el cielo. Azul, tranquilo, sin nada especial.
¿Por qué todos tienen esos pensamientos tan egoístas…?
No lo decía con desprecio. Solo… no lo entendía.
Ren no odiaba el anime. De hecho, había visto algunos.
Jujutsu Kaisen, por ejemplo, le parecía interesante.
Solo Leveling tenía momentos intensos.
Y Re:ZERO - Starting Life in Another World… ese le dejó una sensación difícil de explicar.
Pero no los consumía como los demás.
No buscaba poder.
No buscaba fantasías.
No buscaba escapar.
Si veía algo, era porque… conectaba.
Porque algo en la historia, en los personajes, en sus emociones, resonaba con él.
Ren era selectivo sin saberlo.
No le interesaba ver algo solo porque todos lo hacían.
Si no sentía nada… simplemente lo dejaba.
Y eso, aunque él no lo analizara conscientemente, decía mucho de él.
Tal vez buscaba algo más que entretenimiento.
Tal vez buscaba entender emociones que no podía expresar.
Tal vez solo… quería algo que se sintiera real.
—Oye, Ren —una voz lo sacó de sus pensamientos—. ¿Tú qué harías si te mandan a otro mundo?
Ren giró ligeramente la cabeza. Su expresión era tranquila, pero sus ojos mostraban una leve incomodidad.
—Nada.
—¿Nada?
—Seguir viviendo normal.
Hubo un silencio breve… y luego risas.
—¡Qué aburrido!
—Te dan poderes y chicas y dices eso, estás loco.
Ren no respondió. Solo volvió a mirar por la ventana.
Normal…
Para él, eso no era aburrido.
Era suficiente.
No necesitaba ser especial.
No necesitaba destacar.
No necesitaba que el mundo girara a su alrededor.
Solo quería… vivir.
Sin darse cuenta, esa simple idea lo separaba completamente de los demás.
La campana sonó, marcando el final de la clase.
Los estudiantes comenzaron a levantarse, recogiendo sus cosas con prisa. El ruido aumentó de nuevo, llenando el aula de movimiento.
Ren se levantó con calma.
Tomó su mochila, la colocó sobre su hombro y salió del salón sin llamar la atención.
Como siempre.
El pasillo estaba lleno, pero no caótico. La rutina se repetía como todos los días.
Ren caminaba entre la multitud sin prisa, sin rumbo definido más allá de regresar a casa.
No hablaba mucho.
No destacaba.
No lo buscaba.
Y aun así… había algo en él.
Algo que no encajaba del todo.
Algo que, en otro lugar… no pasaría desapercibido.
Al salir del edificio, una brisa ligera le golpeó el rostro.
El cielo seguía igual de tranquilo.
Ren levantó la vista por un momento.
—…
No dijo nada.
Solo caminó.
Sin saber…
que ese sería el último día de su vida tal como la conocía.
Capítulo 1: Un pensamiento diferente (Parte 2)
El ruido de la ciudad lo envolvía mientras caminaba.
Autos pasando, conversaciones lejanas, pasos apresurados… todo era normal. Todo era igual que siempre.
Ren avanzaba sin prisa, con las manos en los bolsillos, mirando al frente sin realmente enfocarse en nada en particular.
Aaah…
Soltó un suspiro leve.
¿Por qué piensan que tener muchas mujeres te hará feliz…?
No lo entendía.
No era rechazo… simplemente no le encontraba sentido.
Para él, la felicidad no era algo que se acumulaba como si fueran objetos. No era una lista de cosas por conseguir.
Era algo más simple.
Más tranquilo.
Más… real.
Ren siguió caminando.
Un paso tras otro.
Sin darse cuenta de que ese momento cotidiano… estaba a punto de romperse.
Parpadeó.
Una vez.
Todo seguía igual.
Parpadeó de nuevo.
El sonido de la ciudad pareció disminuir… apenas perceptible.
Parpadeó por tercera vez.
—
Silencio.
—
El mundo desapareció.
No hubo transición.
No hubo luz cegadora.
No hubo explosión ni sensación extraña.
Simplemente…
Ya no estaba ahí.
Ren se quedó completamente quieto.
Frente a él no había calles.
No había edificios.
No había cielo.
Solo… blanco.
Un espacio infinito, vacío, sin sombras ni profundidad.
—…
Sus ojos se entrecerraron ligeramente.
No entró en pánico.
No gritó.
Solo observó.
Analizó.
—…¿Estoy soñando?
Su voz resonó… pero no hubo eco.
Entonces lo vio.
A unos metros de distancia…
Un anciano.
Sentado tranquilamente, como si siempre hubiera estado ahí.
Ropa simple.
Postura relajada.
Presencia… extrañamente pesada.
Ren lo miró unos segundos.
Luego habló, con calma, pero claramente confundido:
—Ehhh… ¿dónde estoy?
El anciano no respondió de inmediato.
Solo levantó la mirada lentamente.
Sus ojos se posaron en Ren.
Y por un instante…
El silencio se volvió más denso.
—…
El anciano lo observó como si ya lo conociera.
Como si lo hubiera estado esperando.
—Llegaste antes de lo previsto…
Murmuró con una voz tranquila.
Ren frunció ligeramente el ceño.
—¿Antes de lo previsto…?
No había miedo en su tono.
Solo… desconfianza.
—¿Quién es usted?
El anciano sonrió levemente.
Una sonrisa que no era amable… pero tampoco hostil.
—Eso depende… —dijo—. ¿Qué crees tú?
Ren no respondió de inmediato.
Miró alrededor una vez más.
Blanco.
Vacío.
Silencio absoluto.
Luego volvió a mirar al anciano.
—…No parece alguien normal.
Pausa.
—Y esto tampoco es un lugar normal.
El anciano soltó una pequeña risa.
—Eres más tranquilo de lo que esperaba.
Ren se encogió ligeramente de hombros.
—Entrar en pánico no va a cambiar nada.
El anciano lo observó con más interés ahora.
—Interesante…
Hubo un breve silencio.
Luego, sin previo aviso, el anciano habló:
—Estás muerto.
—
Silencio.
—
Ren lo miró fijamente.
Sin reaccionar de inmediato.
—…
Parpadeó una vez.
Luego habló, con la misma calma:
—…No recuerdo haber muerto.
El anciano inclinó ligeramente la cabeza.
—Eso es porque… no fue exactamente natural.
Ren entrecerró los ojos.
—¿Qué significa eso?
El anciano suspiró.
—Digamos… que hubo un error.
—
Silencio otra vez.
—
Ren se quedó quieto.
Procesando.
Analizando.
Luego dijo:
—…¿Me mató por error?
El anciano no respondió de inmediato.
Pero su silencio…
Fue suficiente.
Ren cerró los ojos por un momento.
No estaba enojado.
No estaba desesperado.
Solo… pensativo.
—…
Luego los abrió.
Y dijo, con total sinceridad:
—Eso es… bastante problemático.
El anciano soltó una risa más clara esta vez.
—Sí… lo es.
Y así, en medio de un vacío infinito…
comenzaba algo que Ren nunca pidió.
Ni quiso.
Ni necesitaba.