Su primer destino fue servir a la corona. murió por ello. Ahora, con su segunda oportunidad, Auren cumplirá su sueño y conocerá lo que es el amor
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Capitulo 20
Evander acomodó con calma los documentos que tenía frente a él, cerró una carpeta y dejó la pluma a un lado. Conservaba una expresión serena, pero su atención estaba completamente centrada en la joven.
—Ahora sí, señorita Auren, dígame en qué puedo ayudarla.
Ella abrió la boca para responder, pero ninguna palabra salió.
Su mirada descendió lentamente hasta sus propias manos.
Durante el viaje había repetido una y otra vez lo que pensaba decir. Sin embargo, al encontrarse frente a alguien perteneciente a una de las familias mágicas más poderosas del continente, una idea que llevaba mucho tiempo enterrada volvió a surgir.
Si contaba toda la verdad...
Si hablaba del hombre que había destruido su vida.
Si pedía ayuda...
Quizá aquella familia tendría el poder suficiente para acabar con Arian.
El recuerdo del incendio apareció con una fuerza inesperada.
Las llamas.
El humo.
Sus empleados llorando.
Las risas de Arian mientras le ofrecía convertirse en su amante.
Sus dedos se cerraron lentamente.
Durante unos instantes sintió deseos de dejar que todo aquel odio saliera al fin.
Evander no dijo nada.
Observó el cambio en su expresión sin interrumpir sus pensamientos.
Auren respiró profundamente.
Después aparecieron otros recuerdos.
Su padre reparando la mesa de la nueva casa. Su madre preparando la comida con una sonrisa.
Las noches tranquilas que habían recuperado después de abandonar el reino.
Buscar venganza significaba volver a abrir una puerta que había costado mucho cerrar.
Si Arian descubría dónde vivían...
Sus padres volverían a correr peligro.
No.
Había abandonado aquel reino precisamente para proteger lo que más amaba.
No permitiría que el pasado gobernara otra vez su vida.
Levantó lentamente la cabeza.
La decisión estaba tomada.
—Perdón.
Evander inclinó apenas el rostro.
—¿Por qué se disculpa?
—Necesitaba ordenar mis pensamientos.
Él asintió con tranquilidad.
—Tómese el tiempo que necesite.
Auren respiró una vez más.
—No he venido para pedir justicia contra nadie. He venido porque quiero recuperar algo que perdí.
Evander entrelazó las manos sobre el escritorio.
—La escucho.
—Hace un tiempo sufrí un trauma muy fuerte. Desde ese día mi magia dejó de responder. Pensé que era algo temporal, pero han pasado semanas y continúa igual. He intentado todo lo que estaba a mi alcance. Nada funciona.
Bajó lentamente la mirada hacia sus manos.
—Soy modista. Toda mi magia estaba ligada a mi trabajo. Sin ella...
Guardó unos segundos de silencio.
—Siento que ya no puedo ser quien era.
Evander permaneció callado.
Sus ojos recorrían discretamente el cabello azul de Auren y después se detenían en sus manos.
Finalmente habló.
—¿Podría extender una de sus manos?
Ella obedeció.
Evander acercó la suya sin llegar a tocarla.
Cerró los ojos durante unos segundos.
La habitación quedó completamente inmóvil.
Auren sintió una ligera corriente de aire, tan suave que apenas movió algunos mechones de su cabello.
Instantes después, Evander abrió nuevamente los ojos.
Su expresión seguía siendo tranquila, aunque ahora reflejaba un interés evidente.
—Curioso.
Auren sintió un pequeño sobresalto.
—¿Qué ocurre?
—Su magia continúa dentro de usted.
Ella parpadeó.
—¿Está seguro?
—Sí.
Retiró lentamente la mano.
—No percibo señales de que haya desaparecido. Tampoco encuentro indicios de que alguien la haya sellado. Eso hace este caso mucho más particular.
Auren sintió cómo una pequeña esperanza comenzaba a crecer.
—Entonces... ¿puede recuperarse?
Evander no respondió de inmediato.
Parecía ordenar cuidadosamente sus ideas antes de hablar.
—No acostumbro hacer promesas que no sé si podré cumplir.
La joven asintió en silencio.
Agradecía aquella sinceridad.
—Lo que sí puedo decirle es que su magia permanece inmóvil. Es una sensación extraña. Como si hubiera decidido encerrarse por voluntad propia.
Auren bajó lentamente la mirada.
El incendio volvió a cruzar por su mente.
La impotencia.
El miedo.
La desesperación.
Evander observó su reacción.
—¿La pérdida ocurrió inmediatamente después del trauma?
Ella respondió sin levantar la cabeza.
—Sí. Intenté usarla mientras mi taller se incendiaba. No respondió. Desde entonces permanece igual.
Evander guardó silencio unos instantes.
Después tomó una pequeña libreta y escribió unas cuantas líneas.
Su letra era ordenada y rápida.
Al terminar, volvió a mirarla.
—Creo que su magia no está dañada. Supongo que reaccionó al impacto emocional que sufrió. Nunca había visto un caso exactamente igual. Eso significa que necesitaré estudiarlo con calma.
Auren escuchaba cada palabra con atención.
—¿Existe alguna posibilidad de recuperarla?
Evander sostuvo su mirada.
—Sí. No puedo asegurar cuándo ni cómo. Pero considero que existe una posibilidad real.
Los hombros de Auren, tensos desde hacía semanas, parecieron relajarse apenas un poco.
Era la primera respuesta esperanzadora que recibía desde el incendio.
Evander cerró la libreta.
—Si acepta mi ayuda, necesitaré hacer varias evaluaciones durante los próximos días. También tendré que consultar algunos registros que pertenecen a mi padre. Probablemente él quiera revisar personalmente su caso cuando regrese.
Auren inclinó respetuosamente la cabeza.
—Acepto cualquier condición. Solo deseo volver a coser como antes.
Evander sonrió apenas.
No era una sonrisa amplia.
Transmitía serenidad más que entusiasmo.
—Puedo notar que habla con sinceridad.
Después añadió con un tono tranquilo.
—Y también puedo notar algo más.
Ella levantó la vista.
—Ha pasado por experiencias muy difíciles para alguien de su edad. Sin embargo, decidió venir aquí buscando una solución en lugar de pedir que resolviéramos otros asuntos. Eso habla bien de usted.
Auren comprendió inmediatamente a qué se refería.
No respondió.
Simplemente sonrió con discreción.
Había tomado la decisión correcta.
Evander se puso de pie.
—Entonces queda acordado. A partir de hoy estudiaré su caso. Cuando mi padre regrese, hablaré con él personalmente. Estoy seguro de que también querrá conocerla.
Auren hizo una reverencia.
—Muchas gracias, señor Hall.
—No tiene que agradecer antes de tiempo. Hágalo cuando recuperemos su magia.
Aquellas palabras no sonaban arrogantes ni vacías.
Eran la promesa prudente de alguien que confiaba en sus capacidades, pero que entendía que incluso la magia tenía límites.