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La Pasajera Del Asiento Trasero

La Pasajera Del Asiento Trasero

Status: En proceso
Genre:Terror / Amor prohibido / Venganza
Popularitas:186
Nilai: 5
nombre de autor: Maria Esther

Victoria Adame García regresa del más allá para cobrar venganza. Polo Hernández no comprende que está pasando, pero siente una presencia extraña dentro de su coche.

NovelToon tiene autorización de Maria Esther para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Prólogo: Todo había sido perfecto

Polo (Leopoldo) Hernández es un prominente hombre de negocios. Había heredado la empresa de su padre, al fallecer este. Su esposa Victoria Adame, lo apoyaba en todo. Esta mujer tenía un carácter de los mil demonios y no permitía error alguno. Por alguna jugarreta del destino no habían podido concebir un hijo.

Eso hacía que el carácter de Victoria se agriara más de lo que ya era.

No había un solo día en que no discutiera con su esposo. Por alguna causa o razón. Llevaban 10 años de matrimonio, y, francamente Polo ya se estaba cansando de esa situación.

Victoria tenía la costumbre de limpiar hasta el último rincón de la casa. Todos los días era lo mismo. Ese día, para no perder la costumbre, discutía acaloradamente con Polo.

Te dije que te limpiaras los pies, ¿qué no ves que está mojado el piso?, ya dejaste tus patotas pintadas.

Victoria le aventó el cubo del agua sucia, cayendo toda el agua en su cuerpo.

¿Qué haces?, mira cómo me has dejado, tengo reunión en media hora, solo venía por mi maletín que dejé olvidado.

Pues tú tienes la culpa por no limpiarte los pies en la entrada.

Polo fue a su cuarto y pronto se cambió de ropa.

Afortunadamente, él tenía muchos trajes, algunos sin estrenar, así que tomó uno al azar.

Salió presuroso, subió a su coche y enfiló rumbo a su trabajo.

Nomás llegar, algunos trabajadores lo abordaron...

Patrón, vinieron los de las pólizas de seguros, pero no supimos qué hacer.

¿Y dónde está César?, él es que se encarga de esas cosas.

Pues llamó diciendo que no vendría, tuvo una urgencia con su madre. César era el gerente general, pero avisó que su madre estaba enferma, por eso no se presentó a trabajar.

Está bien, llámalos y diles que aquí los espero, dijo Polo de lo más tranquilo. No parecía que discutió con su esposa, justo hace una hora.

Victoria estaba limpiando la cocina, no quería contratar servidumbre porque no quería que le coquetearan a su esposo. Prefería hacer ella misma las labores de la casa.

Ella intuía que algo no andaba bien, desde que se habían cambiado a esa casa, sentía como si una fuerza desconocida invadiera su espacio. Era algo de lo que no entendía nada. Sin embargo, no lo hablaba con su esposo porque no quería que la juzgara loca.

"No es real", se decía a sí misma.

En la mesa de la cocina había una jarra con agua, siempre estaba ahí, dispuesta para servirse.

Victoria siempre estaba tomando agua, pero últimamente se sentía muy agotada, como si trajera cargando su peso al doble.

Sentía un dolor profundo en sus piernas. En cuanto terminaba la limpieza de su casa se iba un rato a apoyar a su esposo con la contabilidad.

Caminaba muy lento. Se subió a su coche y enfiló hacia la empresa.

Al verla, Polo sintió una punzada en el estómago. Ya no la soportaba. Sin embargo, tenía que disimular, porque no quería discutir con ella.

Hola, amor, dame los papeles que voy a checar hoy, dijo Victoria de buen humor, al parecer, había olvidado el incidente de la mañana.

Polo se los dio no de buena manera. ¿Por qué viniste?, susurró.

Vine a checar la contabilidad, como todos los días, contestó ella.

Yo pensé que no vendrías, por lo de esta mañana.

Ash, ¿ya vas a empezar?, tú tienes la culpa, ¿para qué te atraviesas si sabes que estoy trapeando?

Bueno, no fue con intención, pero es que llevaba prisa. La junta acaba de terminar.

Es más el guato que haces, dijo ella molesta.

Si no te importa, tengo que firmar más hojas.

Eso es lo único que te importa, a mí ya me has relegado a segundo plano.

Amor, si no trabajara como lo he hecho hasta ahora, no tendrías ropa nueva, joyas, ni un taco que llevarte a la boca, deja de quejarte. Tienes todas las comodidades que otra quisiera tener.

Pero a qué precio: tu abandono.

Victoria se fue a su despacho, como esposa que era del dueño ocupaba un lugar importante en esa empresa.

Ella se encargaba de las gestiones y contratos. Y también de la contabilidad.

César, el gerente, tenía otras ocupaciones. Pero ese día había faltado.

Así las cosas, Victoria decidió irse en su auto a su casa, tan pronto dieron las seis.

Polo, en cambio, decidió quedarse un poco más.

Esperó que todos se hubieran ido, cerró todo y en lugar de encaminarse a su casa, tomó otro rumbo, el camino contrario al de su casa.

Manejó por espacio de media hora hasta llegar a una casa pequeña, pero muy bien cuidada y acogedora.

Se estacionó con la confianza de quien sabe que alguien lo espera.

Abrió la puerta con su propia llave. Catalina estaba en la cocina preparando la comida para su amado.

Hola, amor, ¿qué huele tan bien?, dijo él acercándose por atrás.

Catalina sintió los brazos fuertes de Polo y se giró, quedando, boca con boca, pecho con pecho y así.

Es tu platillo favorito, ya está listo, susurró Catalina, sus labios rozando los de él. Luego, preguntó: ¿Cómo lograste escapar de la fiera?

No hablemos de ella, lo que importa es que estoy aquí, ¿no?

Las manos de Polo recorrieron el cuerpo de Catalina, ella no opuso resistencia. Lo amaba tanto que era capaz de lo que fuera con tal de no separase jamás de él.

Polo metió la mano bajo su blusa, acariciando esos senos libres, sin sostén, solo cubiertos por la blusa ligera.

Ella gimió dejándose tocar.

Eso lo motivó a seguir. Bajó una mano hacia su vientre y la metió dentro del short acariciando toda su intimidad.

Polo tiró al suelo lo que había en la mesa de la cocina y allí mismo la hizo suya. Todo avalado por Catalina, quien no opuso resistencia alguna.

Ellos llevaban tres años de relación, se habían conocido en un evento de la empresa, donde ella era la mano derecha del socio de Polo, Baltasar. Él los había presentado, y desde entonces eran amantes.

Ella sabía muy bien que Polo tenía esposa, pero eso no le impidió amarlo.

Y allí estaba, disfrutando las mieles de ese amor que no tenía futuro. Un amor prohibido.

Polo la acariciaba toda, mientras su intimidad entraba y salía de ella. Era un cúmulo de sensaciones que alborotaban las hormonas de ella, gimiendo a cada estocada que le daba él.

Los labios de él besaban sus pechos, y ella solo se dejaba querer, complacida.

Cuando todo acabó, Polo unió sus labios a los de ella, besándolos con mucho amor y pasión.

Todo había sido perfecto.

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