bueno Esa historia se trata de costumbres transmitidas de generación en generación las costumbres serían estas
1. cuando te cases serás sumisa y hagas caso a tu marido lo que diga
2. si él te pega aguantarás porque nuestra casa ya no serás bienvenida
3. Si no encuentras marido antes de cumplas 18 años nosotros tomaremos la decisión de casarte con alguien más mayor que tú
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Capitulo 1 El chico que se perdió en el campo
Era un día muy soleado. Un chico de unos 23 años tenía planes de irse de viaje, pero sin imaginar que ese día cambiaría su vida.
Sebastián Reyes provenía de una familia muy adinerada. Era arrogante y no le gustaba nada que tuviera que ver con el campo; decía que todo eso le causaba náuseas. Siempre repetía que jamás en su vida viviría en un lugar así. Pero parecía que la suerte tenía otros planes para él.
Sin querer, terminó llegando a un pequeño pueblo al que todos llamaban Camjabamba, un pequeño pueblo de Perú. Veinte minutos después pasó por un lugar lleno de piedras, lo que hizo que las llantas de su auto se pincharan.
Como era arrogante, lo primero que dijo fue:
—¡Mierda! Lo que me faltaba.
Salió del auto decidido a llamar a alguien o pedir una grúa, pero para su mala suerte no había señal. Entonces comenzó a caminar hacia el interior del pequeño pueblo. Caminó cada vez más y más hasta que vio un árbol. Sin pensarlo dos veces, decidió subirse.
Pero cayó al suelo, rompiéndose el brazo y raspándose el brazo izquierdo. El dolor en el brazo derecho era insoportable, y no pudo evitar gritar:
—¡Ah! ¡Por favor, ayúdenme!
De entre los arbustos salió una jovencita de 17 años. Su nombre era Viviana. Era una chica hermosa, de ojos azules y cabello negro. Le gustaba trabajar desde pequeña por las costumbres del campo y los valores que le había enseñado su madre. Tenía un marcado acento campesino.
—¿Qué le pasa, pues, joven?
Sebastián, mareado por el dolor, respondió:
—Creo que estoy muerto… porque los angelitos están cayendo del cielo.
Viviana sonrió.
—Joven, yo no soy ningún angelito. Yo vivo aquí. Vamos a mi casa; mi mamá es sobadora y le puede ayudar con ese brazo que se ve muy feo.
Pocos minutos después llegaron a una pequeña casa de madera. Allí vivían Viviana, su mamá Carmela y su hermano mayor Efraín. Él tenía una mujer llamada Mariluz, una chica de 15 años que era muy sumisa a Efraín. Ella hacía todo lo que él decía para evitar problemas.
Viviana dijo:
—Mamá, encontré a este chico. Creo que se perdió y tiene el brazo fracturado.
Carmela era una señora de 52 años. Había criado sola a sus hijos, ya que su esposo había fallecido por una enfermedad grave.
—Hijo, ¿qué le pasó? ¿Por qué está así? —preguntó con preocupación.
Sebastián, tratando de hablar por el dolor, respondió:
—Me perdí… Las ruedas de mi auto se pincharon. Intenté llamar, pero no había señal. Vi un árbol, me subí sin pensar y… me caí.
Carmela lo miró con calma.
—Tranquilo, hijo. Yo me encargo. Lo que veo es que tiene un hueso torcido. Respire profundo, voy a acomodarlo.
Cuando Carmela empezó a sobar el brazo y acomodar el hueso, Sebastián gritó:
—¡Ahhh! Señora, ¿me quiere matar o qué?
Carmela respondió con tranquilidad:
—Hijo, si no hacía eso, no podía acomodar el hueso.
La noche pasó rápido. Carmela le dijo a Sebastián que se quedara a dormir allí y que al día siguiente verían cómo arreglar lo del carro.
Sebastián durmió en la sala, en un colchón. Eran las 12:30 de la noche, pero no podía dormir porque el ruido de las ranas le parecía extraño, como si alguien estuviera llorando. Finalmente, a las 4 de la mañana logró dormirse un poco.
Pero al rato lo despertó el canto del gallo.
Intentó moverse para volver a dormir, pero escuchó ruido en la cocina. Eran Carmela y Viviana preparando el desayuno. Miró la hora: eran las 5 de la mañana. Le pareció rarísimo que alguien preparara desayuno tan temprano.
Se sentó en la mesa y preguntó confundido:
—Vivi, ¿por qué tan temprano están preparando desayuno? En la ciudad yo desayuno a las 10 de la mañana.
Viviana sonrió y le explicó que estaban acostumbradas a levantarse temprano porque su hermano tenía que ir a trabajar a la finca: recoger maíz, ordeñar vacas y alimentar a los animales.
Después de ayudar a su cuñada y a su madre, Viviana le sirvió un plato a Sebastián. Él se sorprendió al ver lo que había en la mesa y preguntó:
—¿Qué es esto?
—Es verde asado con suero. Joven, le va a gustar.
Sebastián probó la comida y dijo sorprendido:
—Wow… ¡qué rico!
Ese día pasó rápido. Sin darse cuenta, mientras aprendía a ayudar en el campo, Sebastián empezó a enamorarse de Viviana… aunque aún no quería aceptarlo.