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EL REFLEJO DE EVA

EL REFLEJO DE EVA

Status: En proceso
Genre:Autosuperación / Amor prohibido
Popularitas:841
Nilai: 5
nombre de autor: Lily Benitez

Nicolas Peltz, es un detective, que se convierte en el protector de Eva II, una creación genética, del científico Elias Vance, quien la creo con el fin de que sea un banco donante de órganos viviente para su hija biológica que sufre una enfermedad degenerativa. La existencia de Eva II sale a la luz después de que el laboratorio del doctor Vance, se incendiará. El detective Peltz se convertirá en el protector y defensor de Eva II, luchará para que la vean como humana y a la vez ella se convierte en una ayuda invisible para el detective para que no pierda la custodia de su hija de cinco años Clara. ¿Pelts conseguirá que se reconozca a Eva II como humana? ¿Eva II podrá vivir lo que es tener una familia? ¿Qué pasara cuando la verdadera Eva resurja? ¿La reconocerá como su gemela o la repudiará como fenómeno?

NovelToon tiene autorización de Lily Benitez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 1 El fuego revelador

🔶️NICOLAS PELTZ

El filo de la cicatriz en mi mejilla izquierda siempre picaba cuando la temperatura bajaba, un recordatorio agudo y constante de un pasado que prefería no desenterrar.

Soy Nicolás Peltz, detective de homicidios, solía decir que era mi brújula para el invierno; mi compañero, el joven y entusiasta García, bromeaba con que era mi amuleto contra los malos modales.

Pero para mi, para Nicolás Peltz, era simplemente una parte de mi, tan intrínseca como el color de mis ojos o mi café matutino cargado. Nunca había conocido a nadie que la tocara sin curiosidad o asco, hasta ese dia.

Ese día, sin embargo, el picor era distinto. No era el frío invernal, sino una sensación de premonición, un escalofrío que se me subía por la espalda mientras las llamas lamían el cielo nocturno sobre el laboratorio de investigación del Doctor Elías Vance. Un incendio. Uno más, en una ciudad donde el fuego parecía ser el purificador de secretos. Pero este, este prometía ser diferente.

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🟣DOCTOR ELÍAS VANCE

Soy el Doctor Elías Vance, observaba la pantalla con la intensidad de un hombre al borde del abismo. Gráficos de ondas cerebrales, fluctuaciones cardíacas, niveles de oxígeno: todo danzaba en una sinfonía de números que gritaban lo mismo. Eva, mi pequeña Eva, se estaba muriendo. La enfermedad, un monstruo sin nombre ni cura, devoraba lentamente su sistema inmunitario, célula a célula, como un ejército silencioso.

—No hay donantes compatibles, doctor —la voz de la enfermera en el teléfono era un eco distante en mi mente. —Lo hemos intentado todo.

"Todo".

Esa palabra era un veneno para mi, el doctor Elías Vance.

" No, no lo había intentado todo".

" Había una línea, una fina y aterradora línea que la ética y la moral me habían prohibido cruzar".

" Hasta ahora".

En el rincón más recóndito de mi laboratorio privado, oculto incluso a mis más confiables colegas, un conjunto de incubadoras humeaba suavemente. Dentro, entre el líquido amniótico sintético y los hilos de luz, crecía la esperanza. Un ser humano, genéticamente idéntico a Eva. Un reflejo perfecto.

 Al principio, la idea había sido simple: un banco de órganos, una fuente de sangre pura y tejidos sanos que mi Eva, mi hija, pudiera aceptar sin rechazo.

"Un sacrificio justificado", -me decía-, "un mal menor para salvar un bien mayor".

Como doctor, especializado en adn humano, había estudiado el genoma de Eva hasta memorizar cada cadena, cada par de bases. Había invertido noches enteras, borrando los límites entre la genialidad y la locura, para replicarla.

"Para crear a… Eva II", como la llamaba en mis cuadernos crípticos.

Los primeros meses fueron un frenesí de investigación. Eva II crecía rápidamente, sus células se multiplicaban con una pureza asombrosa. Pero a medida que pasaba el tiempo, y Eva II empezaba a desarrollar rasgos más definidos, un rostro familiar, una pequeña mano que se agitaba en el líquido, la finalidad de su existencia comenzó a distorsionarse en mi mente.

No era solo un banco de órganos. Era una copia. Un duplicado. Una Eva que podía respirar sin dificultad, que no se desvanecería lentamente ante mis ojos.

La culpa me corroía, pero la desesperación era un ácido más potente. Mi pequeña Eva, la original, tosía con más frecuencia, sus ojos perdían brillo. Como su padre, le había prometido que nunca la dejaría, que la salvaría a cualquier costo.

Con una Eva enfermiza en casa y una Eva sana y perfecta creciendo en mi laboratorio, la obsesión se arraigó. Deje de ver a Eva II como un recurso. Empeze a verla como un lienzo en blanco, una oportunidad para corregir cada error, para crear una hija que no sufriría. La ciencia, que había sido mi salvación, se convirtió en mi prisión.

La incubadora, que antes era una cuna, se transformó en una jaula, cada vez más sofisticada, más aislante. El laboratorio, un templo de la ciencia, se volvió mi santuario secreto. Y detrás de una puerta que por fuera era un espejo impecable, escondi mi creación del mundo, y de sí mismo.

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🔶️NICOLAS

El rugido del fuego era ensordecedor. Las sirenas de los bomberos y la policía rasgaban la noche, mientras el laboratorio Vance se convertía en un esqueleto ardiente.

Estaba siendo testigo del infierno, con mi gabardina empapada y el olor a humo impregnado en cada fibra, dirigía a mi equipo a través del caos.

 Los informes preliminares hablaban de un fallo eléctrico masivo, pero la magnitud de la explosión inicial sugería algo más.

"¡Detective! "

García me llamó, su voz ronca.

"¡Hemos encontrado algo!"

Segui a mi compañero hasta lo que quedaba del ala de investigación privada del Doctor Vance. El calor aquí era insoportable, pero el fuego había sido contenido justo a tiempo, revelando una pared sorprendentemente intacta. No era una pared cualquiera. Era un espejo gigantesco, pulido y sin una sola mota de humo, que reflejaba el infierno que nos rodeaba.

-¿Qué es esto?

Pregunte, tocando la superficie fría y lisa. Mi reflejo, distorsionado por las llamas, me devolvió una imagen fantasmal.

-Los bomberos dicen que no podían atravesar esta sección (explicó García). ‐Es como si estuviera reforzada de alguna manera. Y mire esto…

García señaló un panel apenas visible en el marco del espejo. Una pequeña ranura para una tarjeta de acceso, ahora carbonizada, y un teclado numérico.

 Elías Vance no solo investigaba. Escondía algo.

La orden para forzar la entrada llegó rápidamente. Con la ayuda de un equipo de rescate, la sección central del espejo cedió con un crujido metálico, revelando no una habitación, sino un pasillo estrecho y oscuro, envuelto en una niebla fría. Un aire gélido salió del interior, chocando con el calor residual del incendio.

Avanze con cautela, mi linterna perforando la oscuridad. El pasillo terminaba en una cámara hexagonal, diseñada con una estética futurista y desolada. Cables, monitores rotos y lo que parecían ser dispositivos de soporte vital se esparcían por el suelo. Y en el centro, algo brillaba.

Era una especie de cámara frigorífica vertical, una vitrina de cristal grueso, perfectamente sellada. Dentro, suspendida en una especie de sueño criogénico, había una mujer. Joven, etérea, con el pelo extendido como un halo y la piel fina como porcelana, sin marcas visibles. Llevaba una prenda enteriza al cuerpo, que marcaba su figura y sus ojos estaban cerrados. Parecía una estatua, un maniquí de porcelana, demasiado perfecta para ser real.

Mi corazón dio un vuelco. No era la primera vez que veía algo perturbador en mi carrera, pero esto… esto era diferente. La frialdad de la cámara, el secreto, la belleza irreal de la mujer.

-¡Hay alguien aquí!

Grite, mi voz apenas un susurro de incredulidad.

El equipo se movilizó. Un técnico logró anular el mecanismo de seguridad de la cámara. Con un siseo, la puerta de cristal se abrió. El aire frío que había mantenido a la mujer en su letargo se disipó, y ella, lentamente, abrió los ojos.

Eran de un color ámbar profundo, extrañamente vacíos y a la vez infinitamente antiguos. Me miro, sin parpadear, sin una pizca de miedo o sorpresa. Solo una observación silenciosa. No habló, no hizo ningún sonido, no expresó emoción alguna. Su rostro era una máscara de perfecta inexpresividad.

Cualquiera habría retrocedido, la habría tratado como una criatura de pesadilla salida de un cuento de ciencia ficción. Pero yo, acostumbrado a las entrañas más oscuras de la humanidad, senti una punzada de compasión. Había algo frágil en su quietud.

De repente, la mujer extendió una mano temblorosa fuera de la cámara. Sus dedos, largos y delicados, se movieron lentamente hacia mi rostro. El aire se contuvo en mis pulmones. No me movi. La deje que me toque.

El roce fue apenas un toque, un leve escalofrío. Sus dedos fríos se posaron justo sobre la cicatriz en mi mejilla izquierda. No hubo asco, no hubo curiosidad. Solo un reconocimiento extrañamente íntimo.

Entonces, sus labios pálidos se abrieron por primera vez. Un susurro, apenas audible, que sin embargo resonó en el silencio helado de la cámara, directo a mi alma.

"Eres único"

Esa palabra. Tan simple, tan profunda. Despertó algo en mi, una resonancia que no había sentido en años. Una joven, atrapada en un infierno de cristal, me había visto no como un monstruo o un error, sino como algo singular, algo valioso.

Y en ese instante, supe que mi vida, y mi investigación, acababan de dar un giro irreversible.

Me apresure a cubrirla con mi gabardina, no quería que la sigan mirando. Ella siguió mis movimientos, y su atención se poso solo en mi, como si lo demás no existiera.

1
Cynthia Estefanía Galarza
si que tengan su primera vez juntos. porfa 🙏🥺🙏🥺🙏🥺🙏🥺
Cynthia Estefanía Galarza
que Nicolás encuentre a Eva. porfa 🙏🥺🙏🥺🙏🥺🙏🥺
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