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Ecos Del Destino

Ecos Del Destino

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor eterno / Reencarnación
Popularitas:1.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Thanan

Monserrat Bellini vive una vida perfecta en Italia: riqueza, prestigio y un futuro asegurado. Pero dentro de ella existe un vacío imposible de llenar… y sueños que la hacen despertar llorando por un amor que no recuerda haber vivido.

Todo cambia cuando conoce a Dorian D’Angelo, el hombre que todos le dicen debería odiar.

Entre ellos nace una conexión inexplicable, intensa y peligrosa, como si sus almas se reconocieran desde siempre.

Sin embargo, cada vez que intentan acercarse, algo —o alguien— parece empeñado en separarlos.

Mientras fragmentos de un pasado olvidado emergen, Monserrat descubrirá que algunas historias no terminan con la muerte… y que el amor verdadero puede desafiar incluso al destino.

Porque hay amores que regresan.

Y destinos que nunca dejan de perseguirnos.

NovelToon tiene autorización de Thanan para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 1: Lo que falta

El techo de la villa tenía grietas que solo se veían a las tres de la madrugada.

Monserrat las conocía todas.

La que empezaba en la moldura y se perdía hacia la izquierda como un río seco.

La que bordeaba la lámpara de cristal con la precisión de quien no quiere ser vista.

La más pequeña, casi imperceptible, que solo existía cuando la luz de la luna entraba con el ángulo exacto de febrero.

Trece años viviendo en aquella habitación. Trece años despertando a la misma hora sin razón aparente.

No había pesadilla. No había dolor. No había nada, excepto eso: estar despierta, y que estar despierta a esa hora, en ese silencio, se sintiera como la versión más honesta de sí misma.

El reloj de la plaza San Marco dio las tres y cuarto. El sonido llegaba amortiguado por los muros de piedra, por los jardines, por el peso de una casa que había pertenecido a su familia antes de que existiera la palabra familia como ella la entendía.

Monserrat movió los pies hacia el borde de la cama. El mármol estaba frío. Siempre lo estaba a esa hora, incluso en verano, incluso con la calefacción que su padre hacía revisar cada octubre con la meticulosidad de quien teme más el desorden que el frío.

Caminó descalza hasta la ventana.

Florencia dormía. Desde la altura de la villa, en la colina, la ciudad era un mapa de luces mínimas y siluetas de piedra. El Duomo, el campanile, los puentes sobre el Arno que ya no se veían pero se sabían.

Había algo en esa vista que siempre le había parecido más verdadero que la ciudad de día. La ciudad diurna era para los turistas, para los negocios, para la versión de la vida que se mostraba a quienes preguntaban.

La ciudad de noche era para los que no podían dormir.

Apoyó la frente en el vidrio. Frío también. El frío tenía la ventaja de ser real, de no requerir interpretación.

Trece años en aquella habitación. Veintiocho años en esa vida. Y todavía, a las tres de la madrugada, la misma pregunta sin forma: ¿por qué nada parecía suficiente?

No era una pregunta que se permitiera durante el día.

Durante el día había reuniones, exposiciones, llamadas de Bianca que siempre llegaban en el momento exacto en que más las necesitaba, cenas con Alessandro que eran exactamente lo que una cena debía ser. Durante el día la vida funcionaba. Tenía sentido.

Pero a las tres de la madrugada las listas no servían. Solo quedaban el frío del mármol, las grietas del techo y la certeza silenciosa de que vivía en el centro exacto de una vida que era completamente suya y, sin embargo, no le pertenecía del todo.

Se vistió sin encender la luz.

Conocía cada paso, cada crujido, cada tabla que debía evitar si no quería despertar a nadie. El pasillo hacia la escalera. La escalera hacia el vestíbulo. El vestíbulo con sus frescos del seiscientos que su padre había mandado restaurar cuando ella tenía doce años y que, desde entonces, olían ligeramente a ese producto químico que usan los restauradores y que el tiempo nunca terminaba de disipar.

La villa de noche era otro lugar.

De día, los empleados se movían con silencio eficiente, su padre trabajaba en el estudio con la puerta entreabierta, y Valentina aparecía y desaparecía con la precisión de quien mide el tiempo al minuto. De día, la villa era una máquina bien engrasada, una extensión del apellido Bellini y de todo lo que ese apellido significaba en Florencia desde hacía generaciones.

De noche, la villa respiraba.

Monserrat atravesó el salón de música. El piano estaba ahí, negro y silencioso, con la tapa cerrada. Sus dedos rozaron la superficie al pasar. Solo un segundo. La madera aún conservaba el calor de la tarde, cuando alguien había estado limpiando y había dejado las ventanas abiertas. Siguió caminando. La banqueta quedó ligeramente fuera de su lugar habitual, como esperando a alguien que ya no se sentaba.

El jardín estaba húmedo.

Siempre lo estaba a esa hora, incluso cuando no había llovido. El rocío empapaba el césped, las hojas, las piedras del camino que llevaban a la fuente. Monserrat caminó despacio, sintiendo la humedad filtrarse a través de las zapatillas, el aire fresco en la cara, y algo que se parecía peligrosamente a la paz.

La fuente estaba apagada. Su padre la encendía a las ocho, cuando se levantaba, porque le gustaba desayunar escuchando el agua. Ahora era solo piedra y silencio y el reflejo mínimo de la luna sobre el agua quieta.

Se sentó en el borde.

El frío de la piedra atravesó la ropa. Lo dejó estar.

Pensó en Alessandro. En la cena de mañana, en el restaurante al que siempre iban porque a él le gustaba y a ella no le importaba. En la forma en que la miraba cuando creía que ella no lo veía, como si todavía no pudiera creer que estuviera allí. En lo bueno que era. En lo mucho que lo quería.

El pensamiento siguiente llegó sin pedir permiso. Lo apartó antes de que terminara de formarse, como quien cierra una puerta sin hacer ruido, y se quedó mirando el agua inmóvil.

—¿Monse?

La voz llegó desde la puerta del jardín. Monserrat no se volvió. Conocía esa voz desde antes de tener memoria.

—¿Qué haces aquí? —preguntó Valentina acercándose.

Su hermana mayor llevaba una bata de seda color marfil y el pelo recogido en un moño imperfecto que delataba que tampoco había podido dormir. Se sentó a su lado sin preguntar. Las Bellini no pedían permiso para ocupar espacio.

—Podría preguntarte lo mismo —dijo Monserrat.

—Reunión a las ocho. Prefiero madrugar que llegar sin estar lista.

—Son las tres de la mañana.

—Ya lo sé. Pero tenía el cuerpo despierto.

Monserrat asintió. Eso lo entendía.

El silencio entre ellas era cómodo. Siempre lo había sido, incluso cuando no se entendían, incluso cuando Valentina tomaba decisiones que Monserrat consideraba frías y Monserrat tomaba decisiones que Valentina consideraba ingenuas. El silencio era el lugar donde las diferencias no importaban.

—¿Otra vez? —preguntó Valentina.

Monserrat no necesitó preguntar a qué se refería.

—No es algo. Es nada.

—Eso no tiene sentido, Monse.

—Lo sé.

Valentina la miró. Monserrat sintió la mirada sin necesidad de verla. Así era siempre con su hermana: una conciencia periférica de ser observada, evaluada, querida de esa manera particular que tienen los mayores de querer sin entender del todo.

—Podrías hablar con alguien —dijo Valentina.

—¿Con quién?

—No sé. ¿Un médico?

—No estoy enferma, Vale.

—No he dicho que lo estés. Solo digo que, si te despiertas todas las noches desde hace… no sé, siempre, quizá hay algo que…

—¿Qué?

Valentina tardó en responder. Cuando lo hizo, su voz tenía un tono distinto: menos estratega, más hermana.

—No lo sé. Pero si lo hubiera, ¿no te gustaría saber qué es?

Monserrat miró el agua quieta de la fuente. Su reflejo era una mancha oscura, irreconocible.

—No estoy segura —dijo—. A veces las respuestas son peores que las preguntas.

Valentina no replicó. Eso era raro en ella. Siempre tenía una respuesta, un plan, una opinión sobre lo que los demás debían hacer. Su silencio, esa madrugada, era el regalo más grande que podía darle.

Estuvieron así hasta que el cielo empezó a aclarar.

Primero fue un gris casi imperceptible en el horizonte, del lado de Fiesole. Luego un azul tenue. Después el rosa que precedía al sol. Y finalmente el sol asomando sobre las colinas, cambiando el color de todo.

Florencia despertaba.

Los primeros coches allá abajo, en el viale. Las campanas de Santa Croce. El olor a café que llegaba desde alguna cocina. Una ventana que se abría en la casa vecina con ese chirrido que Monserrat conocía desde niña.

Un pájaro salió de un árbol cercano, cruzó el jardín en línea recta y desapareció hacia la ciudad. Sus alas rompieron el silencio con un sonido seco y breve.

Monserrat lo siguió con la mirada hasta que dejó de verlo.

—Buenas noches, Vale —dijo, levantándose.

—Buenos días, querrás decir.

—Para mí todavía es noche.

Valentina sonrió sin alegría. Se levantó también, se sacudió la bata y la miró una última vez con esa mezcla de amor y frustración que Monserrat conocía tan bien.

—¿Vas a intentar dormir un poco?

—No.

—Entonces te veo en el desayuno.

—Sí.

Valentina se fue. Sus pasos sobre la piedra, la puerta cerrándose, el silencio otra vez.

Monserrat se quedó sola con el amanecer.

El olor del aire había cambiado. Ya no era solo tierra mojada y jazmín: ahora había también pan recién horneado desde algún lugar lejano, el primer tranvía, el leve aroma metálico que traía la mañana. Se quedó un momento más, respirando, sintiendo el sol en la piel, observando cómo el jardín pasaba de sombras a formas definidas.

Luego entró.

El día la esperaba, como siempre.

Y ella, como siempre, fue a su encuentro.

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Graciela Valenzuela
está muy bonita 😍😍😍 pero yo pienso que ya deben avanzar los personajes principales ya va por el 22 y nada . si son de vidas pasadas por lo menos ella debería ya sentir amor quizás de querer buscarlo.
bueno esa es mi opinión igual está muy hermosa la novela 🥰
Xoo Moon
no se.por que pero la.trama esta muy lenta y no atrapa
GALATEA CORAZÓN ❤️🇨🇴🇨🇴❤️
Ellos son novios, creo que no viven juntos, pero si duermen juntos algunas veces, o sea tienen intimidad. Entonces
por qué siempre la besa en la mejilla? 🤔🇨🇴🇨🇴🇨🇴
annix
muy lenta repite casi lo mismo en cada capítulo.
Lorena del pilar Fritz Torres
lenta lenta la historia, nada memorable hasta el capítulo 15
annix
cada cuando salen los capítulos me.enganche
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