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La Mano En La Sombra. Pimienta Rosa Y Poder

La Mano En La Sombra. Pimienta Rosa Y Poder

Status: En proceso
Genre:Mafia / Omegaverse / Reencarnación
Popularitas:9.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Hanabi Montano

Alessio De Luca compró un esposo omega para que fuera un adorno en su vida de capo, pero esa noche Renato Vieri murió de miedo. En su cuerpo despertó Dante, un alfa estratega que perdió su vida en otro mundo.

Ahora, fingiendo sumisión, Renato usará a Alessio para escalar hasta la cima del hampa. Su plan: ser la mano en la sombra que guíe cada movimiento de su alfa. Pero su verdadera naturaleza empieza a filtrarse en su aroma, lo que debería oler solo a algodón y flor de cerezo comienza a liberar pimienta rosa, un picante que Alessio no puede ignorar.

Entre la atracción de sus feromonas y la admiración por esa mente criminal, el alfa se verá obligado a replantearse todo lo que creía sobre los omegas, el poder y la lealtad. Juntos formarán una alianza letal. Pero cuando la máscara caiga y Alessio descubra que su esposo no es quien dice ser, ¿serán dueños de la ciudad o enemigos mortales?

NovelToon tiene autorización de Hanabi Montano para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 14: La jaula de cristal

La biblioteca olía a papel viejo y a cuero, Renato estaba sentado en el sillón junto a la ventana, un libro de poemas abierto sobre las rodillas. No leía, miraba por la ventana, los árboles del jardín mecidos por el viento.

El aroma llegó antes que los pasos, Ébano y pimienta negra. Intenso, demasiado intenso para una simple visita.

Alessio entró sin llamar. Cerró la puerta.

Renato sintió un vuelco en el estómago, su cuerpo reaccionó al instante.

—Buenas tardes, señor —dijo, con la voz más suave de lo que quería.

Alessio no respondió, recorrió los estantes con la punta de los dedos, sin mirarlo. El silencio se alargó, Renato no se atrevía a respirar.

—Anoche atacaron uno de nuestros almacenes —dijo Alessio, de espaldas—. Los Calabresi. Dos hombres muertos, medio cargamento quemado.

Otra vez, pensó Renato, otra vez me está probando.

—Lo siento, señor, no lo sabía.

Alessio se giró, sus ojos negros se clavaron en él.

—¿No? Qué raro. Todo el mundo en esta casa lo sabe ya.

—No salgo mucho de la biblioteca, señor, nadie me cuenta nada.

—Claro, el omega invisible.

Alessio caminó hacia él, despacio, cada paso resonaba en la tarima. Renato sintió que el aire se espesaba, el aroma de Alessio lo envolvía, denso, sofocante.

Se detuvo frente a él. Demasiado cerca.

—Tú lo viste, en la cena, a Rinaldi. ¿Qué opinas de él?

¿Qué quieres que diga? ¿Que vi lo viejo y cansado que está?

Renato levantó la vista un segundo. La bajó.

—No sé, señor. Parecía... mayor.

—¿Mayor?

—Cansado, como si quisiera estar en otro sitio.

El silencio se alargó, Alessio lo miraba fijamente. Renato sentía su mirada como un peso sobre la piel.

—Eres observador —dijo al fin.

Se giró y se fue. La puerta se cerró.

Renato se quedó inmóvil, el corazón le golpeaba las costillas, las manos le temblaban sobre el libro.

Por poco, pensó, por poco caigo.

---

Dos días después, se cruzaron en el pasillo.

Alessio venía de su despacho, un documento en la mano, iba de prisa, pero al ver a Renato, se detuvo en seco. Su expresión cambió, ya no era el hombre de negocios con prisa, era el depredador que había olido a su presa.

—¿Adónde vas?

—A la biblioteca, señor.

—Siempre a la biblioteca. ¿No te aburres?

—Me gusta leer.

Alessio dio un paso hacia él, Renato sintió que su cuerpo quería retroceder. No lo dejó.

—¿Qué lees?

—Poemas, señor.

—¿Poemas? —Alessio arqueó una ceja—. ¿Y de qué hablan los poemas?

—De amor, casi siempre.

—El amor es para los débiles.

Dio otro paso. Ahora estaban a un palmo, Renato sentía el calor de su cuerpo, el aroma de Alessio le llenaba los pulmones. Su cuerpo reaccionó con un miedo antiguo, biológico, que le atenazaba la garganta y le nublaba el pensamiento.

—¿Tú crees en el amor, Renato?

¿En serio? ¿Esa es tu pregunta?

Renato sintió que su aroma —algodón y flor de cerezo— se agriaba ligeramente, delatando su ansiedad. Alessio lo percibió, sus fosas nasales se dilataron casi imperceptiblemente. Una sombra de sonrisa curvó sus labios.

—No sé, señor —dijo, con un hilo de voz—. Nunca me enamoré.

—¿Ni siquiera antes de venir aquí?

—No tuve tiempo.

Alessio lo miró un momento. Largo. Sus ojos negros parecían querer leerle el alma, su expresión se volvió indescifrable. Luego, sin decir nada, dio media vuelta y se fue. Renato se quedó quieto. Las piernas le fallaron, tuvo que apoyarse en la pared.

Me ha olido, pensó, ha olido mi miedo.

---

Tres días después, Renato desayunaba solo cuando la puerta del comedor se abrió. Alessio entró, los sirvientes se tensaron. No era su hora. Se sentó frente a Renato sin pedir permiso, un sirviente se apresuró a servirle café. No pidió nada más.

—¿Has oído hablar de la familia Corsini? —preguntó, sin preámbulo.

Otra prueba, quiere saber cuánto sé.

Negó con la cabeza.

—No, señor.

—Son los dueños de la ciudad. O eso creen.

Bebió un sorbo de café. Sus ojos no se apartaban de Renato.

—Rinaldi les besa los pies, Rizzuto también. Todos.

—¿Y usted, señor?

Alessio dejó la taza.

—Yo no.

El silencio se volvió denso, Renato sentía el peso de la mirada de Alessio como una losa.

—¿Y usted cree que puede ganarles? —preguntó, con un hilo de voz.

¿Por qué no me callo?

Alessio no respondió de inmediato. Bebió otro sorbo, despacio, disfrutando la espera.

—¿Tú qué crees?

Quiere que me muestre, que deje de esconderme. Quiere que le dé mi opinión.

Renato bajó la mirada.

—Yo no sé nada de esas cosas, señor.

—Pero tienes opiniones, las he oído. Cuando quieres, las dices.

—No quería ofender.

—No me ofendes. —Alessio se inclinó hacia delante, su aroma se intensificó—. Me interesa.

Ya está, no puedo callarme del todo, tengo que darle algo.

—Creo que usted es más joven —dijo al final, con la voz temblorosa—, que tiene más hambre. Los viejos a veces se cansan.

Alessio se quedó muy quieto. Sus ojos negros se clavaron en Renato, su mandíbula se tensó. El silencio se alargó hasta volverse insoportable.

Luego, sin decir nada, se levantó y se fue.

Renato se quedó sentado, con el corazón desbocado, la taza de té temblaba en sus manos.

He hablado demasiado. Otra vez.

---

Una semana después en el jardín, Renato estaba sentado en un banco de piedra, mirando los árboles. El sol de la tarde calentaba su rostro, por una vez, no corría, solo estaba.

Oyó pasos sobre la grava, el aroma llegó después: Ébano y pimienta negra.

Alessio se sentó a su lado sin preguntar, no demasiado cerca, no demasiado lejos, lo justo para que Renato sintiera el calor de su cuerpo y la imposición silenciosa de su presencia.

—Mi padre solía decir que los omegas no necesitan pensar —dijo, mirando al frente—. Que para eso están los alfas.

Hizo una pausa, giró la cabeza hacia Renato.

—¿Y tú qué opinas?

Renato no respondió. Alessio insistió, con un tono más bajo, más peligroso.

—¿Tú qué crees?

—No sé, señor. Nunca conocí a su padre.

Alessio se volvió hacia él, una ceja ligeramente alzada. No dijo nada, pero su expresión lo decía todo. Esa no es una respuesta.

Renato lo notó, el alfa había captado la evasiva, pero no la persiguió. Al menos no directamente.

—Eres educado —dijo Alessio—. Incluso cuando no quieres serlo.

Renato bajó la cabeza.

—Me enseñaron que los omegas deben ser educados.

—¿Tu madre?

—Sí.

—¿Y ella pensaba? ¿O solo obedecía?

Trampa. Otra vez.

—Obedecía —dijo al final.

Alessio se giró hacia él, su rodilla rozó la de Renato, un contacto mínimo. Renato sintió una descarga eléctrica.

—¿Y tú? ¿Obedecerías siempre?

Y ahí está. La verdadera pregunta, con el acercamiento, con la feromona. Con todo.

Renato sintió el peso del cuerpo de Alessio junto al suyo, el calor, el aroma que le nublaba la mente, su cuerpo omega quería encogerse, ceder, rendirse. Llevaba días así. Días de preguntas trampa, de silencios medidos, de miradas que lo desnudaban.

Estaba cansado.

Levantó la cabeza, sus ojos avellana se encontraron con los negros de Alessio, por un instante, solo un instante, dejó que su máscara cayera. No fue desafío, fue agotamiento, la mirada de alguien que está harto de ser tratado como un idiota.

¿Crees que no me doy cuenta? ¿Crees que no sé lo que estás haciendo?

Alessio lo vio. Sus ojos se entrecerraron, su mandíbula se tensó. Esa mirada, otra vez. Esa mirada que no encajaba.

Renato bajó la cabeza, su voz, cuando habló, era de nuevo la de un omega sumiso.

—No lo sé —dijo—. Nunca me he visto en esa situación.

Alessio se quedó mirándolo un momento. Largo. Luego se levantó y se alejó sin decir palabra. Renato se quedó en el banco, las manos le temblaban sobre las rodillas.

Me ha visto y no ha dicho nada. Pero lo ha visto.

---

La última vez fue en la biblioteca, de noche.

Renato no esperaba encontrarlo allí, Alessio estaba sentado en el sillón junto a la ventana, el mismo que solía ocupar Renato. Un libro abierto sobre las rodillas, la lámpara proyectaba sombras en su rostro.

—No sabía que leía —dijo Renato, deteniéndose en la puerta.

—Hay muchas cosas que no sabes de mí.

Alessio señaló el sillón de enfrente.

—Siéntate.

Renato obedeció. Se sentó en el borde, con la espalda recta y las manos entrelazadas sobre el regazo.

¿Con qué me probará ahora?

Alessio cerró el libro, lo dejó sobre la mesa.

—He estado pensando en lo que dijiste. Sobre los viejos, sobre el hambre.

Renato no respondió.

—Y creo que tienes razón, Corsini está cansado, pero cansado no significa débil.

—No, señor.

—Un animal acorralado es más peligroso que uno en libertad.

Renato asintió.

Alessio se inclinó hacia delante, sus codos se apoyaron en las rodillas, sus ojos negros se clavaron en Renato con una intensidad que helaba.

—¿Tú qué harías? Si estuvieras en mi lugar.

Ahí está, quiere un consejo. Quiere comprobar si soy capaz de pensar como un estratega.

Renato sintió que cada segundo que pasaba sin responder era una respuesta en sí misma. Su cuerpo temblaba, su mente calculaba.

Si no respondo, sabrá que sé. Si respondo demasiado bien, sabrá que sé. Ya me ha visto una vez, no puedo esconderme.

Levantó la cabeza, sus ojos avellana se encontraron con los negros de Alessio.

—Esperaría —dijo. Su voz ya no temblaba—. A que él diera el primer paso, y entonces... le cortaría la retirada.

El silencio se volvió eléctrico.

Alessio se quedó inmóvil. Su aroma se intensificó, llenando la habitación, sus ojos negros ardían. No dijo nada.

Renato sintió que había ido demasiado lejos, su cuerpo entró en pánico. Quería huir, quería borrar lo que acababa de decir.

Ya está hecho.

Alessio se levantó, despacio. Caminó hacia la puerta, se detuvo junto a Renato.

—Buenas noches, Renato.

—Buenas noches, señor.

Alessio salió, la puerta se cerró. Renato se quedó solo.

El corazón le golpeaba las costillas, las manos le temblaban, el aroma de Alessio aún flotaba en el aire, mezclado con el suyo.

He hablado demasiado, otra vez. Ahora sabe que no soy solo un adorno, que puedo pensar como él.

Cerró los ojos, respiró hondo una vez, otra.

Primero, sobrevivir. Primero, ascender. Luego... lo que venga.

Se levantó, caminó hacia la puerta con las piernas temblorosas. Esa noche no durmió.

1
Marlucha💋
Al finnnn 🥰
Maru19 Sevilla
Dos romances en puerta🥰🥰🥰🥰
ILikeYourFather
Omg si
Nilda Ayala
ya me imaginé a Renato con su escuadrón de omegas, entrenados para todo tipo de situaciones, escalando hasta ser los primeros
Amantedelpan
Espero con ansias cuando Renato y Ale se besen apasionados sin soltarse, y Renato se de cuenta de su atracción sin remedio por Renato 😁
Gracias por el cap🫶🫂
☆Nanu☆
me encanta esta tensión!!!😏 Ya quiero que Ren lo deje sin aliento, que Ale sienta lo que quiere provocar!!! un pequeñín cambio de roles 🤪🤓
Nerezka Martinez
claro que si , interesante muy interesante 👌😉😉
Maru19 Sevilla
Se están acercando 🤭
Marlucha💋
El café que yo tomo tiene Cardamomo!, sabroso!💜
Nidia Mojica
Renato Y Alessio ahí van. Con Marco y Rocco creo es mas complicado.
☆Nanu☆
los secundarios duros se ablandan!!! 😅😏
Ale cada día me gusta más, está aprendiendo a coexistir con todo lo que es y significa Ren. Todavía falta pero va por buen camino🤓🤓🤓
ILikeYourFather
👀
Nidia Mojica
Renato sabe lo que hace y Alessio poco a poco empieza a ceder.
Amantedelpan
Ya cayooooo😝
☆Nanu☆
que se traen Rocco y Marco???🤓
ILikeYourFather: sabia q no solo yo lo habia pensado
total 3 replies
Maru19 Sevilla
Quiera o no va ha reconocer la valía de Renato
🔪Rachell Foster 💕🇲🇽
Tension~
Nidia Mojica
Leo el capituoo casi sin respirar cuando esos dos se enfrentan 😱 pero me encanta.
Nidia Mojica
Masoquistas ambos 🤔.
Hanabi Montano: Dígamos que los atrae el desafío 🤭🤭 Les gusta lo que no pueden controlar fácilmente
total 1 replies
Marlucha💋
Eso si debió contarte admitirlo y decirlo Alessio!, pero es un gran paso sigue por ahí mijo☺️
Hanabi Montano: Poco a poco va reconociendo el valor de Renato, todavía le cuesta, pero ya es algo
total 1 replies
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