Bienvenido a EL CONTRATO, una historia donde el poder, el dolor y el deseo se entrelazan en una lucha constante entre la supervivencia y el amor. Esta novela no habla solo de contratos ni de dominación, sino de heridas invisibles, decisiones imposibles y del precio que algunas personas deben pagar para proteger a quienes aman. Aquí conocerás a Monserrat Villarreal y Alexander Montenegro, dos almas marcadas por el pasado que deberán enfrentarse no solo entre sí, sino también a sus propios demonios. Prepárate para un viaje intenso, oscuro y emocional donde cada elección cambia destinos y donde el corazón siempre exige su verdad.
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EPÍLOGO
Dicen que la vida puede cambiar en un segundo.
Un instante basta para destruir todo lo que conoces, todo lo que amas y todo aquello que creías eterno. Para mí, ese segundo llegó acompañado del sonido del metal retorciéndose, del olor a humo y del grito desesperado de mi madre perdiéndose entre la oscuridad.
Recuerdo poco del accidente.
Luces cegadoras.
Vidrios rompiéndose.
El frío invadiendo el auto mientras mi hermano me abrazaba con fuerza, intentando protegerme como si sus pequeños brazos pudieran detener la muerte.
Después… silencio.
Cuando desperté, mis padres ya no estaban.
Y con ellos desapareció la vida perfecta que conocíamos.
Pasamos de ser la familia Villarreal, una de las más influyentes del país, a convertirnos en dos niños huérfanos bajo la custodia de desconocidos. Promesas vacías, abogados hablando en susurros y decisiones tomadas sin preguntarnos qué queríamos realmente.
Nos llevaron a un orfanato.
Un lugar que olía a encierro y resignación.
Intentamos escapar muchas veces. Éramos solo niños de once y siete años creyendo que el mundo aún podía devolvemos nuestro hogar. Pero las puertas siempre estaban cerradas y la vigilancia era constante.
Mi tía intentó adoptarnos.
Se lo negaron.
Dijeron negligencia. Dijeron procedimientos legales. Dijeron muchas cosas que nunca entendí del todo.
Lo único cierto fue que nadie vino por nosotros.
Con el tiempo aprendí algo cruel: en lugares así, sobrevivir significaba obedecer.
El encargado del hogar lo sabía.
Al principio fueron miradas incómodas, roces disfrazados de accidentes, palabras susurradas demasiado cerca. Yo no entendía completamente lo que ocurría, solo sabía que algo estaba mal… que el miedo comenzaba a vivir dentro de mí.
Después dejó de fingir.
Las noches se volvieron largas.
Las puertas cerradas.
Las amenazas constantes.
Me decía que nadie me creería. Que si hablaba separarían a mi hermano de mí para siempre. Que yo le pertenecía.
Y yo callé.
Porque el miedo puede convertir incluso a un niño en prisionero de su propio silencio.
Hasta que un día se llevaron a mi hermano.
Lo adoptaron.
Recuerdo gritar, pelear, llorar hasta quedarme sin voz. Me porté mal, rompí cosas, intenté impedirlo… pero nada cambió.
Ese fue el día en que algo dentro de mí murió.
A los dieciséis escapé.
Sin hogar.
Sin futuro.
Solo con la necesidad desesperada de sobrevivir.
La calle me enseñó rápido que el mundo no tiene compasión. Pasé hambre, frío y noches enteras preguntándome si algún día volvería a encontrar a mi hermano.
dos años después logré levantarme.
Encontré a mi tía nuevamente. Volví a estudiar. Conseguí trabajo en una de las inmobiliarias más poderosas del país.
Pensé que finalmente estaba reconstruyendo mi vida.
Hasta que conocí a Alexander Montenegro.
Un hombre capaz de comprar cualquier cosa.
Un hombre que no aceptaba un no como respuesta.
Un hombre que me ofreció una solución para salvar a mi familia… a cambio de algo que juré nunca volver a entregar.
Mi libertad.
Porque algunas cadenas no se ven.
Y algunas decisiones… te atan para siempre.
🖤
"Hay contratos que se firman con tinta…
y otros que se sellan con el alma."