Dieciocho años han pasado desde que un collar de luna y un león de ónix sellaron un destino en la terraza de la Torre Vane. Lo que comenzó como una conexión infantil en medio de una guerra de mafias, se ha transformado en algo mucho más oscuro y complejo.
Aria Vane ya no es la bebé que buscaba refugio en los brazos de Eithan Smirnov. Ahora es una mujer con la inteligencia gélida de su padre, Killian, y la belleza indomable de su madre, Elara. Pero para Eithan, el heredero de la Bratva italiana, ella sigue siendo su única prioridad, su "Luna". Y el León está listo para reclamar su trono.
Tercera parte de:
__Mis hijos hackearon al CEO
__Heredero del pecado
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Capítulo 6: Refugio de Lobos y Reyes
La mansión oculta en los Alpes suizos era un búnker de cristal y piedra, enterrado parcialmente en la montaña. Era el único lugar que Killian Vane consideraba "fuera del radar" absoluto. Pero meter a dos de las familias más poderosas y volátiles del mundo bajo un mismo techo era como encerrar dinamita en un horno.
El salón principal era un hervidero de actividad. Evans y Edans habían montado una estación de monitoreo improvisada en la mesa de roble del siglo XVIII.
—¡Nadia, por favor! —exclamó Evans, tratando de proteger su teclado—. ¡Si vuelves a derramar ese batido de fresa sobre el decodificador, juro que te bloqueo el acceso a tus redes sociales por el resto de la década!
—Oh, Evans, te ves tan guapo cuando amenazas con tu intelecto —respondió Nadia, apoyando su barbilla en el hombro del estratega y enredando un mechón de su cabello con el dedo—. Pero admite que sin mi "caos", tu vida sería una aburrida línea de código.
A unos metros, Vera perseguía a Edans con un par de guantes de boxeo.
—¡Edans! ¡Dijiste que me enseñarías a leer el lenguaje corporal de un mentiroso! —gritó la gemela impulsiva—. ¡Analízame ahora! ¡Dime qué estoy pensando!
Edans suspiró, cerrando su carpeta de perfiles psicológicos con una paciencia que solo un santo (o un Vane muy paciente) poseería.
—Estás pensando en cómo hacerme perder los estribos para que finalmente te preste atención, Vera. Y lamento decirte que tu técnica es demasiado ruidosa.
En la planta alta, la tensión era de un tipo muy diferente. Killian Vane bloqueaba la puerta de la suite principal del ala este con los brazos cruzados y una expresión que habría hecho que un ejército retrocediera.
Frente a él, Ethan Smirnov sostenía la maleta de Aria, con una calma desafiante que solo el León de la Bratva podía mantener ante su suegro.
—Ni lo pienses, Smirnov —sentenció Killian, su voz vibrando con una autoridad gélida—. En esta casa, mi hija duerme en su habitación. Y tú duermes en el ala oeste. Con los hombres. Donde yo pueda vigilar cada uno de tus respiros.
—Killian, con todo respeto —respondió Ethan, dando un paso al frente que acortó la distancia peligrosamente—, Aria ya no es una niña. En Nueva York dormimos bajo el mismo techo, y en Italia compartimos más que solo una casa. No voy a dejar que duerma sola cuando los Cavalli están cazando.
—¡Ella no está sola! —rugió Killian—. ¡Tiene a su padre, a sus tres hermanos y a un batallón de mercenarios! No necesita que un Smirnov con las hormonas alborotadas "la proteja" durante la noche.
—¡Papá! —la voz de Aria intervino desde el pasillo. Caminaba hacia ellos con esa elegancia heredada de Elara, pero con la firmeza de un Vane—. Deja de actuar como si estuviéramos en el siglo XIX. Ethan se queda conmigo. No es una petición, es el protocolo de seguridad que yo misma diseñé.
Killian miró a su hija, sintiendo esa punzada de orgullo y rabia al ver que Aria ya no era su pequeña protegida, sino una mujer que tomaba sus propias decisiones. Miró a Ethan, luego a Aria, y soltó un gruñido de pura frustración.
—Si escucho un solo ruido sospechoso —amenazó Killian, señalando a Ethan con el dedo—, te juro por mi linaje que tu padre tendrá que buscar un nuevo heredero.
Desde la barandilla del segundo piso, Elara y Alessandra observaban la escena con copas de vino en la mano. Ambas compartían una sonrisa de complicidad, disfrutando del espectáculo de ver a sus esposos e hijos lidiar con la nueva realidad.
—Míralos, Alessandra —susurró Elara, con los ojos brillando de orgullo—. ¿Quién hubiera dicho que aquel niño que besó mi panza en la Patagonia terminaría enfrentándose a Killian por nuestra hija?
—Eithan siempre supo lo que quería, Elara —respondió Alessandra, brindando con ella—. Desde que nació, su vida ha girado en torno a Aria. Y mira a mis gemelas... tienen a tus genios al borde de un colapso nervioso.
Ambas rieron suavemente. Para ellas, ver a la familia unida, a pesar del peligro de los Cavalli, era la mayor victoria. Habían construido un imperio de sangre, pero también un refugio de amor que ninguna otra familia de la mafia podía presumir.
—Nuestros hijos son el futuro, Ale —dijo Elara, mirando hacia abajo donde Leo (el mellizo) aparecía cargando cajas de municiones y bromeando con Dimitri—. Han crecido para ser lobos, pero lobos que cuidan de su manada.
Mientras la familia se acomodaba, el ambiente cambió. Dimitri entró en la sala, con el rostro serio, seguido de Katia.
—Killian, Damián... tenemos movimiento —dijo Dimitri, lanzando un teléfono satelital sobre la mesa—. Los Cavalli no están en Italia. Acaban de detectar una señal de su tecnología en la frontera con Suiza. No nos están buscando... nos están esperando.
Ethan, que aún estaba frente a la habitación de Aria, se puso tenso. La rivalidad con Killian desapareció en un instante, reemplazada por el instinto asesino.
—Saben dónde estamos —dijo Ethan, mirando a Aria.
—No —respondió Aria, con una sonrisa letal mientras abría su laptop—. Saben dónde queremos que crean que estamos. Evans, activa el señuelo. Es hora de que el León y la Luna empiecen a cazar de verdad.
La mansión, antes llena de gritos familiares y risas, se sumergió en un silencio táctico. La familia más peligrosa del mundo estaba lista para la guerra, y esta vez, no habría lugar para los Cavalli en el mapa.