Arthur Harington. El magnate de los negocios, dueño de 5 empresas que dominan el mercado internacional. Sabe todo, conoce a todos. Nada se le escapa. ¿Puede este hombre sentir lástima por alguien que siempre ha vivido en la calle?
Charlotte Taylor. Apenas tiene un nombre y un apellido. No sabe qué es peor ¿morir o seguir viviendo?
¿Podrá Charlotte encontrar un buen samaritano que le cambiara la vida? y si lo hace ¿ha qué costo será?
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¿Y quien soy?
En las calles de Londres se está desarrollando una persecución, un grupo de hombres persiguen con euforia a una joven indefensa. Ella corre con desesperación por las calles y no se detiene en ningún lado. Con su cabello sucio y sin ser peinado por meses, la piel quemada del sol. Corre con él poco de energía que adquirió al comerse las sobras de un plato dejado en la mesa de un restaurante al aire libre.
Charlotte no puede darse el lujo de bajar la velocidad, pero demasiado lejos ha llegado, no le podría exigir a su cuerpo que se esfuerce, no le ha dado las vitaminas, ni las proteínas que necesita. Solo intenta darle información a su cerebro que si la agarran sería el fin.
¿Pero por qué la persiguen tres hombres, como si fuera una criminal?
Charlotte vive de lo que encuentra en la calle y a veces pasa por lugares donde se mueven actos ilícitos como venta de drogas y armas. No Siempre corre con la suerte de encontrarse con personas que ya la han visto antes y saben que ella no es peligrosa. En esos casos le toca correr, creen que es una infiltrada y solo piensan en eliminarla.
Charlotte corre con desesperación y cansancio, dobla unas cuantas esquinas y logra esconderse en un bar. Se dirige al baño del bar y se encierra unos minutos, se mira en un espejo y de inmediato sus lágrimas corre por sus mejillas. Tiene tantas preguntas y ninguna respuesta. Preguntas que nadie le podrá responder y que morirían con ella.
Cuando Charlotte era una niña vivía en una granja a las afueras de la ciudad, tenía todo lo que necesitaba humildemente, sus padres trabajaban en los sembradíos y la dejaban con sus dos hermanos mayores. Todo era felicidad y paz hasta que llegó un señor muy adinerado y le ofreció buena vida a su madre, era una mujer muy hermosa y siempre mantenía su cabello bien arreglado y saludable, algo que llamaba mucho la atención de los hombres y nunca faltaba quien la enamorara sin importar qué su esposo esté cerca. La madre de Charlotte siempre hablaba de vivir en la ciudad, rodeada de lujos y encontró su oportunidad en la propuesta. Ella aceptó solo con la condición de llevar a sus dos hijos mayores con ellas, el hombre aceptó y se la llevó junto con sus dos hijos. Charlotte se quedó sola con su padre hasta que la tristeza lo terminó consumiendo y murió cuando ella solo tenía 9 años. El aquel lugar Charlotte solo tenía a su padre, no conocía a nadie, pues, él nunca la dejaba salir. Después de la muerte de su padre, ella dejó la casa por exigencias de los dueños, pues solo los dejaban vivir allí porque su padre trabajaba en la granja. Charlotte no fue acogida por nadie, ninguna persona tenía la posibilidad de agregar un miembro más a la familia.
Después de unos meses viviendo en la calle y comiendo de las sobras que encontraba, un hombre apodado señor William, la llevó con el y la dejo vivir en su casa, la inscribió en la escuela y le suplía en todo lo que ella necesitaba. Así pasaron 7 años, pero lamentablemente nada es gratis en la vida y tarde o temprano el que da espera agradecimiento. Charlotte ya era una adolescente muy hermosa y con un buen cuerpo, algo que muchos jóvenes y hombres apreciaban y le hacían cumplidos. El señor William, que la estuvo educando y cuidando todo ese tiempo, de momento cambió su actitud hacia ella y comenzó a tratarla con más intimidad. La abrazaba por largos ratos y la miraba muy extraño, no pasó mucho tiempo para que deje ver la razón de su actitud. En una noche mientras cenaban el señor William le tomó la mano y le besó los dedos, se levantó de la mesa, se colocó detrás de ella y recogió su larga cabellera para darle un beso en el cuello. Charlotte no entendía lo que estaba pasando y tuvo miedo, miedo a quedarse sola o ser acusada de mal agradecida. Se quedó sentada y solo cerró sus ojos aceptando el destino que le tocaría. La noche parecía no terminar, el aire se empezó y su respiración amenazaba con detenerse, solo quería desaparecer y que la luz de la luna deje de tocar su rostro, ya no era hermoso mirar la luna brillante, ya sería parte de un horrible recuerdo que podría durar toda una vida. El señor William quería que la luna sea testigo de un amor que solo él sentía, un amor que nunca debió sentir.
Seis meses, seis meses que parecían siglos, eso aguanto Charlotte hasta que un día después de ir a la escuela decidió no volver al lugar que parecía una casa, pero para ella era un pozo oscuro donde su única compañera era la depresión.
Charlotte: Es mejor vivir en la calle que vivir en un pozo oscuro. Adiós señor William, espero nunca volver a verlo, desgraciado.
Charlotte dió todos sus ahorros a un señor que se dirigía a la ciudad para que la lleve con él. Llegando a la cuidad se ofreció para trabajar limpiando , pero nadie la contrataba por ser adolescente, las personas entendían que ella no sabría cómo limpiar una casa. Por las que ella les suplicaba, nadie le recibía. Un día, un señor mayor le ofreció vivir en su casa para que limpie y cocine, pero con el trauma de lo vivido ya no confiaba en nadie más. Así se pasó algunos meses hasta que una señora llamada Elena, la acogió en su casa para que la ayudara con la limpieza, la señora estaba muy vieja y ya no podía manera la saca sola. Mientras estuvo con la señora Elena, Charlotte termino los estudios y logro hacer unos cuantos cursos tecnológicos, fueron los mejores tres años de su vida, pero la veía no tenía planes de dejarla ser feliz. Una noche se despertó, pero quejidos y corrió para ver a la señora Elena, lamentablemente ya no podía hacer nada por ella. Después de la muerte de la señora Elena, los hijos que muy pocas veces la visitaban sacaron a Charlotte de la casa y la amenazaron con acusarla de haber matado a su madre si decidía volver. Otra vez estaba Charlotte en la calle, sola y rodeada de personas con malas intenciones. Por ocasiones trabajaba en cafeterías y dormía en los asientos de las calles, con frío y sin ninguna manta que la calentará, con miedo y sin nadie que la protegiera. Una vida dura para una chica tan joven. Después ya nadie le quería dar trabajo porque vivía en la calle y así fue descuidando su cuerpo, su pelo y su interés por tener una mejor vida.