Después de años de dedicación a su carrera como modelos en París, Louise y Elodie Venâncio regresan a Brasil para Navidad, ansiosas por reencontrar a la familia y a sus antiguos amores: Romeo y Bernardo. Sin embargo, lo que debió ser un dulce reencuentro se convierte en un juego de miradas, provocaciones y sentimientos sin resolver: los hombres están comprometidos, pero la atracción entre ellos y las hermanas sigue siendo intensa.
Entre fiestas familiares, cuidados a los sobrinos y planes para abrir su propia agencia de modelos, Louise y Elodie descubren que el corazón no se controla. Cartas antiguas, encuentros inesperados y coqueteos peligrosos revelan deseos secretos, pasiones guardadas y conflictos entre amor, celos y madurez. Ahora tendrán que decidir hasta dónde están dispuestas a llegar para conquistar a quienes siempre amaron, mientras equilibran carrera, familia y emociones a flor de piel.
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Capítulo 1
Donde haya deseo, habrá una llama ardiente.
Donde hay una llama, alguien está destinado a quemarse, pero solo porque la llama te quema, no significa que vas a morir quemado.
Elodie y yo siempre imaginamos que la vida de modelo sería el punto culminante de nuestras vidas, hasta ahora.
Siempre pensamos que sería un momento de pura alegría y realización después de tanta lucha para entrar en este ramo. Elodie y yo siempre pasamos noches y noches, con la cara metida en los libros, tantas cosas a las que renunciamos de nuestra juventud para conciliar trabajos con estudios hasta el punto de no tener tiempo para nada más.
Aquel era para ser el momento más feliz de nuestras vidas, aunque Elodie y yo tuviéramos todo, queríamos algo nuestro. Mi padre y mi madre siempre lo desearon, pero la hora de la partida fue el momento más triste para mamá.
En el aeropuerto, la despedida por seis años fue difícil, despedirse de Betina, la hermana que era nuestro lado más maduro, que pasó por tantas cosas malas, fue triste.
Betina-prometan cuidarse.
Louise-sí, solo vamos a París, a recoger algunas cosas.
Betina-pero no las voy a ver de nuevo.
Elodie-te amamos, hermana.
Betina-también las amo a ustedes dos.
Una lágrima escapó de nuestros ojos, cayendo sobre su hombro. Pasé la mano limpiando, ella sostiene y besa.
Betina-¿de verdad necesitan ir?
Louis-sí, necesitamos ser alguien, van a ser solo seis años, volvemos en el cumpleaños de los pequeños.
Elodie-cuida de mamá.
Mamá era la persona más importante de nuestras vidas. Después de despedirnos de Betina y de nuestros padres, y de Edu, embarcamos con nuestra tía, que era nuestra agente. Fue con ella que le tomamos el gusto a la moda y las pasarelas, aprendimos a andar en tacones, desfilar y muchas otras cosas.
Compartíamos los mismos gustos en el mundo de la moda. Viajamos por muchos países y en todos ellos enviábamos postales para mamá y papá, y para nuestra hermana.
Ni siquiera creíamos que dos ya habían pasado desde que Betina tuvo a los bebés, dos niñas y dos lindos niños. Betina nos enviaba las fotos de ellos, y era extraño, en cómo el tiempo pasó rápido, pero teníamos la sensación de que nada había salido del lugar.
Era como si la vida de todo el mundo, hubiera parado en el tiempo, cuando recibimos las fotos de nuestros sobrinos con tres años.
Louise-mira, hermana, qué lindos son.
Betina estaba embarazada de nuevo, y ella nos mandó las fotos de ellos, ay gente dos lindos niños tiernos.
Tía-vamos, chicas.
Elodie-vamos.
La agencia donde empezamos a trabajar nos agendó cinco últimos desfiles. La agencia es famosa por hacer desfiles famosos, y nuestra tía ya empezó por ella, y desde entonces empezamos a ganar fama, periódicos competían para vernos en primera página.
Televisión siempre quería una exclusiva con las hermanas Venâncio, ellos siempre preguntaban cómo estaban nuestros corazones, ese que solo tuvo un amor. Ese amor que nos cree infantiles.
Elodie y yo, intentábamos mantenernos optimistas, pero era difícil ignorar a los reporteros o los paparazzi, donde íbamos había uno listo para sacar una foto comprometedora.
Las discotecas no eran para nosotras dos, cuando íbamos, los guardias de seguridad necesitaban sacarnos de allí por causa de nuestros fans, nos quedábamos siempre dentro de casa, y era un rollo.
Elodie-Lou, adivina.
Louise-día de volver a casa.
Elodie-exactamente.
Al llegar a casa todo parecía diferente, era diferente, todo había cambiado, fueron seis años fuera.
Valentina-chicas.
Mi madre y mi padre aparecen de afuera, corremos para abrazarlos.
Valentina-ustedes están tan diferentes.
Elodie Venâncio.
Louise Venâncio.
Elodie-por qué crecimos, mamá.
Louis-están muy lindas, hijas.
Entramos y nos quedamos de mimo hasta que mi padre apretó nuestras mejillas igual que antes.
Louise-extrañamos muchísimo, papá, estar sin tus consejos sabios, sin hablar de lo que estaba leyendo, y de los chismes de los vecinos fue un rollo, papá.
Louis-me llamando de chismoso, Louise.
Sonreímos.
Valentina-su hermana está muriendo de saudades, vamos a pasar la navidad allá.
Elodie-entonces vamos a comprar los regalos ¿quién va?
Mi madre cuenta quién va a estar presente, y mi corazón se aprieta, Romeo va a estar, y Louise también sintió lo mismo que yo.
Miramos por nuestra casa y subimos para nuestros cuartos, entré en el de Louise y senté en la cama sosteniendo su mano.
Elodie-¿y si ellos siguieron la vida de ellos?
Louise-¿qué vamos a hacer con nuestro amor?
Elodie-no sé, pero si ellos están solteros, podemos declararnos, ahora somos adultas.
Elodie y yo tomamos baño y nos acostamos juntas, por la mañana corremos para el shopping, y compramos los regalos que vamos a llevar para la casa de Sao Paulo.
Eran muchas bolsas, y llenó la parte de atrás de nuestro coche, volvimos e hicimos nuestras maletas, y partimos para Sao Paulo, a las diez y cuarenta desembarcamos, los coches de Carlos Eduardo ya estaban esperándonos.
Entramos y fuimos para la casa de Sao Paulo, mis padres fueron los primeros a entrar, Betina corrió para abrazarlos y después Elodie y yo.
Betina-no, ¿qué hicieron con mis hermanas?
Louise-las tragamos.
Sonreímos, abrazando a Betina, Edu nos miró de arriba abajo.
Cadu-uau, quiénes son ustedes.
Louise-hola, cuñado, mucho gusto, Louise.
Carlos Eduardo me aprieta fuerte.
Cadu-todavía va a ser la mocosa del primo.
Louise-me está aplastando, Carlos Eduardo.
Él mira para Elodie.
Cadu-todavía tiene la misma cara de traviesa.
Elodie-jaja, tonto, todavía soy brava, nada cambió, solo nos hicimos adultas.
Louise-dónde están los pequeños.
Betina-en la sala.
Los guardias de seguridad entran con nuestras bolsas, y coloca en la enorme sala con el árbol de navidad, en el camino encontramos a los pequeños perdidos corriendo, agarramos dos, ellos nos llaman de tía y fuimos siguiendo para la sala con ellos en el colo.
Mi corazón y el de Louise casi paró al ver a los niños, abrazados con dos mujeres en la sala.
Bernardo no había cambiado nada, además de estar más musculoso y más lindo que antes.
Nuestros ojos se encuentran, y en ellos veo un gran desconforto, luego él disimula, abrazando a la rubia.
Romeo, todavía estaba del modo que me recordaba, mi corazón estaba soltando fuegos, mis ojos barren su bello cuerpo musculoso, y en fracción de segundos mi brillo acaba cuando la morena lo abraza.
Romeo sonríe para mí, y yo muevo la cabeza, el amor que sentimos por ellos, estaba a punto de desaparecer, ellos siguieron la vida de ellos.