Un temible asesino a sueldo reencarna por karma en el cuerpo de una noble atrapada en una novela trágica. Su destino: casarse con el volátil Emperador de Fuego para calmar su ira, ser abandonada por la protagonista real y morir de depresión.
Dispuesto a cambiar su destino (y a costa de su hombría), decide jugar el juego: curará la inestabilidad del Emperador, pero planea exigir un divorcio millonario para recorrer este nuevo mundo mágico a su antojo. Lo que no esperaba es que al Emperador de Fuego le fascinara tanto su fría y letal esposa. Entre conspiraciones, magia y un romance que no quiere aceptar, el antiguo asesino tendrá que luchar para demostrar que ella (el)... definitivamente no es la heroína de esta historia.
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Capitulo 15: Matrimonio y coronación
El gran templo del Imperio de Fuego esta sumida en un silencio sepulcral, solo interrumpido por el crepitar de las antorchas perpetuas que bordeab las columnas de mármol. En el centro, el aire se siente cargado, como si el propio espacio estuviera conteniendo la respiración.
Kaelen Vulcane sostiene la mano de Mirelle con una firmeza que roza la posesividad. Sus dedos, callosos por la empuñadura de la espada, se cierrann sobre la piel pálida de ella con autoridad. Mirelle (o más bien, Vance, cuya alma se revuelve con una furia impotente bajo la fachada de seda y encaje) mantiene el porte recto, elegante y gélido que se espera de una futura soberana. Pero por dentro, Vance maldice el karma, la vida pasada y cualquier deidad que hubiera orquestado esta farsa. Esta atrapado. Un hombre, con su memoria y su orgullo intactos, condenado a vestir la piel de mujer y atar su destino a un hombre que lo observa con una intensidad devoradora.
Frente a ellos, Hayden, el Gran Mago del Imperio, dio un paso adelante. Sus túnicas ondean como llamas vivas.
__Los hilos del destino se mueven de maneras sinuosas y, a veces, crueles__. Comenzó Hayden, y su voz resonó en la cúpula, amplificada por un toque de magia que erizó el vello de los asistentes.
__Lo que está destinado a ser, siempre encontrará el camino, aunque tarde siglos en manifestarse__. Mirelle sintió que Kaelen se tenso a su lado. El Emperador no suele escuchar sermones, pero algo en la voz de Hayden le exige atención.
__Por el poder que me ha sido conferido como Gran Mago del Imperio de Fuego, bendigo la unión entre el Emperador Kaelen Vulcane y Mirelle Waters__. Continuó Hayden, ignorando el protocolo estándar de la nobleza.
__No solo declaro esta unión como un pilar de estabilidad y prosperidad para el imperio, sino como un fuego sagrado. Muchos consideran el amor una debilidad, una mancha en el acero de un soberano, pero les digo hoy: el amor es la única forja capaz de volver invencible a un hombre__.
El murmullo entre la nobleza fue inmediato. Es un discurso herético, una declaración de principios que eleva la unión de un simple acuerdo político a un destino cósmico. Pero Hayden no ha terminado. Sus ojos, brillantes con una sabiduría antigua, se posaron sobre la pareja.
__Los declaro unidos en sagrado matrimonio. Emperador, puede besar a su emperatriz__.
El comando de Hayden fue más que una señal; fue un salvavidas lanzado hacia Kaelen, una invitación a romper la tensión estática que emana de Mirelle.
Vance, consciente de que los ojos de todo el imperio estan puestos sobre ellos, sintió un vuelco en el estómago. El miedo a la noche de bodas, a la vulnerabilidad de este cuerpo, lo hizo tensarse. Kaelen lo notó al instante. Una sonrisa ladeada, peligrosa y depredadora, se dibujó en los labios del Emperador. Él sabe exactamente qué causa ese temblor en la mano de su esposa.
Sin esperar, en un movimiento que desafió cualquier etiqueta imperial, Kaelen la atrajo hacia sí. Su mano libre se deslizó con seguridad hasta la cintura de ella, pegándola contra su cuerpo con una posesividad que cortó la respiración de Mirelle. Con la otra mano, rodeó su cuello, obligándola a inclinar la cabeza hacia atrás, exponiendo su garganta, antes de unir sus labios.
Vance quiso retroceder, una reacción instintiva de un hombre que se siente invadido, pero la dignidad de su nuevo rango y el peso de las miradas lo obligaron a someterse. Sus labios permanecieron rígidos por un segundo, pero Kaelen no aceptó pasividad. El beso fue un estallido: el fuego destructivo del Emperador encontrando la calma, pero también la profundidad traicionera, del agua.
Para Kaelen, probar a Mirelle es probar una contradicción: sabe a la frescura de un manantial, pero al mismo tiempo presagia la destrucción que esa misma agua puede causar cuando se desborda. Para Vance, en cambio, Kaelen sabe a llamas, a una tentación magnética que se niega a reconocer. El calor del beso le quema, le recuerda que, aunque su alma sea la de un hombre, su cuerpo responde con una traicionera lealtad a la química que el Emperador le impone.
Cuando por fin se separaron, dejando a Mirelle jadeante y con el rostro encendido (no solo por el protocolo, sino por la furia interna de haber correspondido, aunque fuera un segundo, a esa ataque llamado beso), el salón estalló en aplausos, algunos genuinos, otros forzados por la envidia y el miedo.
Kaelen no soltó a Mirelle. Sus ojos naranjas, brillantes como brasas en la oscuridad, escanean el rostro de su esposa.
__Ahora, Gran Mago, proceda con la coronación__. Ordenó Kaelen.
El jadeo de sorpresa recorrió la audiencia como un incendio forestal. La coronación debe ocurrir días después, en la privacidad del palacio imperial, tras los rituales de purificación. Romper el protocolo allí mismo, frente a todos, esuna declaración de guerra contra aquellos que esperan deshacerse de Mirelle. Es una sentencia: ella es la Emperatriz, y el Emperador no permitirá que nadie la toque.
Hayden asintió, impasible, como si hubiera anticipado cada segundo. Sacó la corona, una pieza magistral que reemplaza la sencilla tiara de prometida. No es solo oro y diamantes; es una estructura de intrincado diseño que fusiona el rojo borgoña del Imperio con zafiros de un azul tan profundo que parecen abismos, representando la intensidad del agua de Mirelle. Al colocarla sobre su cabeza, el peso de la corona se sintió como un grillete y una corona a la vez.
Con la ceremonia terminada, el caos protocolario se apoderó del templo mientras los nobles se apresuran hacia el palacio para asegurar sus puestos en el banquete. Pero Kaelen no tiene prisa. En un parpadeo, el Gran Mago desapareció, y los familiares de Mirelle fueron escoltados fuera por la guardia imperial, dejando a los recién casados en la penumbra del gran templo.
Kaelen acorraló a Mirelle contra una columna de piedra, el granito frío contrastando con el calor de su cuerpo.
__La invasión del espacio personal es un hábito que deberías corregir antes de llegar a la alcoba, Majestad__. Siseó Mirelle, tratando de recuperar el control de su propia voz, que suena demasiado delicada para la frustración que siente.
Kaelen se inclinó, su aliento rozando el lóbulo de la oreja de ella.
__¿La alcoba?__. Se rio entre dientes, un sonido grave y vibrante.
__Tu cuerpo no miente, Mirelle. Ese beso no fue protocolo. Tu cuerpo sabe quién es el dueño__.
Vance, sintiendo la humillación de la derrota y la excitación inoportuna de su cuerpo femenino, decidió que ya ha tenido suficiente. Si Kaelen quiere jugar a la caza, Vance jugará a la presa que muerde.
Mirelle acortó la distancia, ofreciendo una sonrisa suave, casi angelical. Kaelen, confiado por la aparente rendición, bajó la guardia, esperando un contacto tierno. Fue su error. En un movimiento fluido, Vance utilizó la elegancia de Mirelle como distracción, pegó su cuerpo al de él para cerrar cualquier ángulo de esquiva y, con precisión, lanzó un rodillazo directo a la entrepierna del Emperador.
El impacto fue seco y efectivo. Kaelen soltó un gruñido, doblándose por la sorpresa y el dolor, perdiendo el agarre.
__No soy una muñeca de porcelana que puedes colocar en una estantería, Kaelen__. Sentenció Vance con voz fría, apartándolo de un empujón mientras ajusta la falda del vestido.
__Si quieres una Emperatriz sumisa, te equivocaste de persona__.
Dando media vuelta, Mirelle comenzó a caminar hacia la salida, manteniendo la cabeza en alto, con la corona brillando bajo la luz de las antorchas. Kaelen, recuperándose lentamente mientras maldecía por lo bajo entre risas de incredulidad, se puso en pie. Esta furioso, sí, pero también fascinado.
Caminó tras ella, acortando la distancia antes
de que llegaran a las puertas del banquete. La tomó del brazo con firmeza, obligándola a detenerse justo antes de entrar al salón donde los espera el mundo.
__Eres peligrosa, Mirelle__. Susurró él, cerca de su rostro, con los ojos brillando de una forma que promete venganza y deseo a partes iguales.
__Me gusta. Pero no olvides quién lleva la corona más pesada aquí dentro__. Vance le dedicó una mirada gélida, ocultando el caos de su corazón bajo una máscara de estoicismo.
__Entremos, Majestad. El Imperio espera a sus soberanos__. Y con el corazón martilleando contra sus costillas, cruzó el umbral, sabiendo que la verdadera batalla (la guerra por su propia identidad y su supervivencia) apenas esta comenzando.