A sus 36 años, Alessandro De Luca es el heredero del imperio de moda más importante de Italia. Dueño de una prestigiosa agencia de modelos con sedes en Milán y Colombia, vive rodeado de lujo, poder y mujeres. Es un hombre frío, arrogante y mujeriego. Ninguna mujer ha logrado conquistar su corazón.
Desde niño, su padre decidió su futuro. Lo comprometió con Bianca Conti, una reconocida modelo italiana e hija de su mejor amigo y socio de la empresa. Para Alessandro, Bianca nunca ha sido el amor de su vida, solo la mujer perfecta para mantener la imagen de la familia ante la alta sociedad.
Antes de entregarle el control absoluto del imperio familiar, su padre le impone una última condición:
—Si quieres convertirte en el único dueño del Grupo De Luca, tendrás que casarte con Bianca. De lo contrario, jamás recibirás la presidencia ni la totalidad de la herencia.
Lo que Alessandro desconoce es que Bianca nunca ha permanecido a su lado por amor. La fortuna de su familia ha desaparecido y están
NovelToon tiene autorización de liligacaño para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 10: Nuevos comienzos
El sonido del despertador me hizo abrir los ojos antes de que amaneciera.
Miré el techo durante unos segundos y una sonrisa apareció en mi rostro.
Mi primer casting había salido mucho mejor de lo que imaginaba.
Todavía no sabía si sería elegida para la campaña, pero me sentía orgullosa de mí misma.
Me levanté, me di una ducha y elegí un conjunto deportivo. Después preparé un desayuno ligero con fruta, yogur y una taza de café.

Mientras desayunaba, mi teléfono vibró.
Era un mensaje de Juliana.
Juliana: Buenos días, dormilona. ¿Lista para otro día de trabajo?
Sonreí y respondí enseguida.
Yo: Más nerviosa que lista.
Juliana: Los nervios son normales. En veinte minutos paso por ti.
Yo: Aquí te espero.
Guardé el teléfono y terminé de arreglarme.
Puntualmente, Juliana llegó al edificio.
—¡Buenos días! —saludó apenas subí al auto.
—Buenos días.
—¿Dormiste bien?
—Sí... aunque soñé toda la noche con la sesión de fotos.
Juliana soltó una risa.
—Eso significa que este mundo ya empezó a gustarte.
Miré por la ventana mientras recorríamos las calles de Milán.
—Sí... creo que sí.
Después la miré con curiosidad.
—Y tú, Juli, ¿con quién pasaste la noche? Ayer no me quisiste contar nada.
Ella comenzó a reír.
—¡Ay, Val! Es un modelo guapísimo. Llevamos saliendo un tiempo, pero nada serio. Tú sabes cómo soy.
Sonreí divertida.
—Solo cuídate, ¿sí?
—Tranquila, mamá.
Las dos soltamos una carcajada y continuamos el camino hacia la agencia.
Al llegar, el movimiento era tan intenso como el día anterior.
Las modelos iban y venían entre los estudios, maquillaje, vestuario y las pasarelas de práctica.
Apenas entramos, una coordinadora se acercó.
—Buenos días, chicas. En diez minutos comenzará la clase de pasarela.
—Perfecto —respondió Juliana.
Nos dirigimos al salón principal.
Había un enorme espejo que cubría toda una pared y una larga pasarela instalada en el centro.
Varias modelos ya estaban practicando.
Pocos minutos después entró la instructora.
—Buenos días. Hoy trabajaremos postura, equilibrio y expresión corporal. Una modelo no solo debe verse bien; también debe transmitir seguridad, elegancia y actitud en cada paso.
Todas escuchamos con atención.
Durante casi dos horas practicamos una y otra vez.
Caminar.
Girar.
Posar.
Sonreír.
Corregir errores.
Al principio me costó mantener el equilibrio con los tacones, pero poco a poco fui sintiéndome más segura.
Al terminar el ejercicio, la instructora se acercó a mí.
—Valentina.
La miré atentamente.
—Tienes buena actitud y aprendes muy rápido. Solo necesitas confiar un poco más en ti misma.
Sonreí agradecida.
—Gracias. Lo haré.
Mientras tanto...
Entré en la oficina de Marco con una taza de café en la mano.
Él revisaba varios expedientes.
—Ya llegaron los resultados preliminares de la campaña —comentó.
—¿Tan rápido?
—La marca quedó muy satisfecha con varias modelos.
Me entregó una carpeta.
Comencé a revisar cada fotografía.
Había muy buen material.
Sin embargo, una imagen volvió a detener mi atención.
La de Valentina.
Marco sonrió al darse cuenta.
—Otra vez esa foto.
Le lancé una mirada seria.
—Estoy evaluando el trabajo.
—Claro... el trabajo.
Negué con la cabeza.
—Eres imposible.
En ese momento alguien llamó a la puerta.
—Adelante.
La secretaria asomó la cabeza.
—Señor Alessandro, la señora Bianca está al teléfono. Dice que es importante.
Marco levantó una ceja con una sonrisa divertida.
—Creo que te buscan.
Suspiré con resignación.
—Pásame la llamada.
Unos segundos después escuché la voz de Bianca.
—Hola, mi amor. ¿Cómo estás?
—Buenos días, Bianca. ¿A qué se debe la llamada?
—¿Interrumpo algo?
—Sabes que estoy trabajando.
Ella guardó silencio unos segundos.
—Te he sentido muy distante estos días.
Respiré hondo antes de responder.
—Solo he tenido mucho trabajo.
Ella suspiró.
—Espero que sea solo eso.
No respondí.
—¿Cuándo piensas regresar a Milán?
—Todavía no lo sé. Aquí aún hay mucho trabajo.
—Pero la empresa de Milán también te necesita.
—Mi padre está al frente de todo. Además, apenas llevo tres días en Colombia.
Hubo un breve silencio antes de que volviera a hablar.
—¿Y los preparativos de la boda?
Cerré los ojos y respiré profundamente.
—Bianca, tú, tu mamá y mi madre se están encargando de todo. Organicen la boda como crean conveniente.
—Está bien...
—Ahora debo colgar. Estoy ocupado.
Sin esperar respuesta, terminé la llamada.
Marco me observó con una sonrisa discreta.
—¿Problemas con tu prometida?
Suspiré mientras dejaba el teléfono sobre el escritorio.
—No sé cómo logré comprometerme con Bianca.
—Pero le cumples como hombre.
Asentí lentamente.
—Sí... de vez en cuando. Pero no es algo que realmente desee. No me parece una mala mujer, simplemente nunca he sentido por ella algo más que costumbre. Si pudiera aplazar esa boda, lo haría sin pensarlo.
Marco apoyó los brazos sobre el escritorio.
—¿Y cuando te cases? ¿Piensas cambiar tu forma de vivir?
Lo miré con una sonrisa de medio lado.
—Claro que no. Tú sabes que me encantan las mujeres, y eso no va a cambiar de la noche a la mañana.
Marco soltó una carcajada mientras negaba con la cabeza.
—No vas a cambiar nunca, ¿verdad?
Me encogí de hombros.
—Hay cosas que simplemente forman parte de mí.
Marco sonrió con resignación.
—Ven. Dejemos ese tema. Acaban de llegar los resultados oficiales de la campaña.
Nos dirigimos a la sala donde el equipo creativo revisaba las fotografías.
Sobre la pantalla comenzaron a aparecer las imágenes seleccionadas.
Los directivos comentaban una por una.
—Esta modelo funciona muy bien para la campaña.
—Ella tiene buena presencia.
—Esta otra no transmite lo que buscamos.
La revisión continuó durante varios minutos.
Finalmente apareció la fotografía de Valentina.
La sala quedó en silencio.
Uno de los representantes de la marca habló primero.
—Esta chica tiene una imagen muy fresca.
Otro directivo asintió.
—Su expresión es natural. No parece estar posando; transmite confianza y cercanía.
Marco me miró de reojo.
—¿Qué opinas, Alessandro?
Observé nuevamente la fotografía antes de responder.
—Estoy de acuerdo. Tiene potencial y representa perfectamente el concepto de la campaña.
Los demás asintieron.
El director creativo cerró la carpeta.
—Entonces queda decidido. La modelo seleccionada para la campaña será Valentina Benítez.
Marco sonrió satisfecho.
—Excelente decisión.
Mientras tanto...
Nos encontrábamos practicando sobre la pasarela cuando la coordinadora entró al salón.
—Valentina Benítez.
Sentí un pequeño sobresalto.
—¿Sí?
—Acompáñame, por favor.
Miré a Juliana con nerviosismo.
—¿Habré hecho algo mal?
Ella sonrió.
—Ve tranquila. Seguro son buenas noticias.
Seguí a la coordinadora hasta una sala de reuniones donde estaban Marco y varios miembros del equipo.
Marco fue el primero en hablar.
—Siéntate, Valentina.
Obedecí sin dejar de preguntarme qué estaba ocurriendo.
Él sonrió.
—Antes que nada, quiero felicitarte.
Lo miré confundida.
—¿Por qué?
—Porque acabas de ser elegida para protagonizar la nueva campaña de otoño de una importante marca colombiana.
Por un instante pensé que había escuchado mal.
—¿Yo?
—Sí, tú. Tu desempeño convenció tanto a la agencia como al cliente.
Sentí que los ojos se me humedecían de emoción.
—Muchísimas gracias. Les prometo que no los voy a decepcionar.
Marco sonrió.
—Estamos seguros de que harás un excelente trabajo.
Regresé al salón casi corriendo.
Apenas Juliana me vio, comprendió que algo importante había ocurrido.
—¿Qué pasó?
La abracé con fuerza.
—¡Me eligieron!
—¿Qué?
—¡La campaña es mía!
Juliana dio un pequeño grito de emoción y me abrazó.
—¡Sabía que lo lograrías!
Las demás modelos también se acercaron para felicitarme.
Todavía me costaba creer que todo aquello fuera real.
Mientras tanto...
Marco y yo caminábamos por uno de los pasillos de la agencia.
Al pasar frente al salón de pasarela, escuché la voz de la instructora.
—¡Una vez más desde el principio!
Sin pensarlo demasiado, me detuve frente al enorme ventanal.
Las modelos ensayaban con disciplina.
Mi mirada, casi por instinto, encontró a Valentina.
Había cambiado desde su primer día.
Ahora caminaba con mayor seguridad.
Su postura era elegante y firme.
Su expresión transmitía confianza.
La instructora corregía pequeños detalles y ella repetía cada movimiento sin perder la concentración.
Marco siguió la dirección de mi mirada.
—Parece que la elección fue la correcta.
No respondí.
Continué observándola durante unos segundos.
No sabía exactamente qué era.
Tal vez su naturalidad.
Tal vez su perseverancia.
O quizá el hecho de que nunca intentaba llamar mi atención.
—Está mejorando muy rápido —comenté finalmente.
Marco sonrió con discreción.
—Eso pensé que dirías.
En ese momento, Valentina levantó la vista por casualidad.
Nuestros ojos volvieron a encontrarse.
Solo fue un instante.
Ella apartó la mirada de inmediato y continuó con el ensayo como si nada hubiera pasado.
Yo seguí caminando.
Pero, sin darme cuenta, una leve sonrisa apareció en mi rostro.
Marco no dejó pasar aquel detalle.
—Alessandro...
Lo miré de reojo.
—¿Qué?
—Creo que esa chica está despertando algo que hace mucho tiempo no veía en ti.
Solté una pequeña risa.
—No digas tonterías.
Marco no respondió.
Solo sonrió para sí mismo.
En el fondo, estaba convencido de que, aunque Alessandro todavía no quisiera aceptarlo, aquella historia apenas comenzaba.