NovelToon NovelToon
Gemelos genios y un CEO implacable

Gemelos genios y un CEO implacable

Status: Terminada
Genre:CEO / Hijo/a genio / Completas
Popularitas:4k
Nilai: 5
nombre de autor: Eli Priwanti

Una noche que no debía ocurrir. Un secreto que dura siete años. Y dos niños dispuestos a cambiarlo todo.

Ariana lo había perdido casi todo: el cariño de su padre, su lugar en casa, su sueño de estudiar. Lo único que le quedaba era su tenacidad. Hasta que una trampa cruel la arroja a los brazos de Edgar Alcázar, el presidente del imperio empresarial más poderoso del país, un hombre tan atractivo como glacial. Al amanecer, ella huye con un secreto que jamás imaginó llevar.

Siete años después, Ariana ha rehecho su vida lejos de todo, convertida en madre de unos gemelos que no son niños comunes: Rayan y Zayan son dos pequeños genios capaces de hackear cualquier sistema... y de trazar el plan maestro para encontrar al padre que nunca conocieron.

Cuando el destino vuelve a cruzar sus caminos, Edgar no piensa dejarla ir por segunda vez. Pero entre ellos se interponen viejas heridas, un comisario que la protegió en silencio durante años y una familia dispuesta a todo con tal de arrebatarle la herencia al heredero.

¿Podrá el amor sobrevivir a siete años de mentiras y a los secretos que aún no han salido a la luz?

NovelToon tiene autorización de Eli Priwanti para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 3

A la mañana siguiente, la luz difusa del sol se colaba ya entre las lujosas cortinas de la suite. Ariana despertó despacio, pero la primera sensación que le golpeó la conciencia fue un mareo brutal.

—¡Aaay, mi cabeza...! —gimió, apretándose la sien palpitante, como si se la atravesaran cientos de agujas.

Cerró los ojos un momento, tratando de calmar el vértigo. Pero, cuando la vista se le aclaró y enfocó, los abrió de par en par. Recorrió el lugar con la mirada. Aquel techo tallado, la lámpara de cristal, las paredes revestidas de madera cara... nada de eso era su cuartito estrecho.

El pánico empezó a trepar por ella. Giró los ojos hacia un lado y el corazón se le detuvo en seco.

Junto a ella, un desconocido dormía profundamente. Estaba con el torso desnudo y su cuerpo quedaba bajo la misma sábana gruesa que la cubría a ella.

—¡Aah...! —Ariana estuvo a punto de gritar, presa de la histeria, pero por puro reflejo se tapó la boca con ambas manos. Los ojos se le llenaron de lágrimas de puro terror.

—¿Qué... qué fue lo que pasó? —susurró, temblando.

Con las manos sacudidas por el temblor, bajó la vista y, muy despacio, retiró la sábana que le cubría el pecho. El llanto se le rompió sin un solo sonido al descubrir que no llevaba nada encima. Las marcas rojizas en su piel y un dolor desconocido eran la prueba irrefutable de lo que había ocurrido.

El pánico la desbordaba. Se apretó la cabeza con fuerza, exprimiendo la memoria en busca de lo que había pasado esa noche. Pero cuanto más se esforzaba por recordar, más sentía que el cráneo le iba a estallar. Su último recuerdo era un sueño irresistible después de beber el agua que le había dado Desi.

Sin querer perder un segundo más en el miedo, Ariana se levantó a toda prisa. Al poner los pies en el suelo, una punzada aguda en su zona íntima la hizo tambalearse. Cojeando, se agachó a recoger el uniforme color vino y su ropa, desparramada de forma lastimosa sobre la alfombra.

Cubriéndose con esa ropa sucia, corrió al baño. Adentro, se vistió con los dedos temblándole sin parar. Las lágrimas le empapaban las mejillas sin tregua.

Ya vestida, salió del baño sin atreverse a echar ni una mirada hacia la cama, donde seguía dormido el hombre que le había arrebatado la pureza.

Con la vista nublada por el llanto y el paso vacilante, Ariana corrió hacia la salida. De lo apurada que iba, estuvo a punto de estrellarse contra la gran puerta de madera antes de lograr abrirla y huir al frío pasillo del hotel.

Salió de la habitación 808 sin que el llanto le cediera. Los pasos le flaqueaban, pero se empeñaba en alejarse todo lo posible de aquel lugar sombrío.

Justo al fondo del pasillo, Bruno, el asistente personal de Edgar, acababa de bajar del ascensor. Había pasado la noche entera consumido por la angustia, buscando a su jefe, que se había desvanecido como si se lo hubiera tragado la tierra. De nada le había servido revisar la sala de control: la red de cámaras del hotel había sufrido una avería total, saboteada, al parecer, por alguien que quería tenderle una trampa a Edgar.

Al caminar por el pasillo del octavo piso, Bruno alcanzó a ver a una mujer de uniforme que se alejaba deprisa por el corredor. Solo le vio la espalda antes de que la figura desapareciera tras la puerta de emergencia.

Se detuvo al notar que una de las puertas de las suites estaba entreabierta. Sin pensarlo, entró. Y vaya susto se llevó al encontrar a su jefe tendido en la cama, cubierto apenas por una sábana gruesa, en medio de una habitación hecha un desastre.

—Señor... ¡Señor Edgar! —lo llamó, alarmado, dándole unas palmaditas suaves en el hombro.

Edgar soltó un gemido ronco. Abrió los ojos poco a poco, exhausto tras la noche que le había consumido las fuerzas junto a aquella desconocida.

—Bruno... agh... ¡Por qué me duele tanto la cabeza! —se quejó, con una mueca, masajeándose la sien, que le latía con violencia.

—Señor, ¿pasó usted toda la noche en esta habitación? Recién vi a una mujer salir de aquí corriendo —dijo Bruno, preocupado.

Al oír aquello, la memoria de Edgar giró de golpe. Los recuerdos del deseo desbordado y del calor de aquella mujer le asaltaron la conciencia. Pero, por culpa de la droga que le había nublado la razón, el rostro de ella seguía siendo una imagen borrosa.

—¡¿Por qué no la detuviste, Bruno?! ¡Qué torpe eres! —lo reprendió, con los ojos muy abiertos, ardiendo de rabia y de arrepentimiento.

—¡Perdón, señor! La mujer se fue muy rápido, y a mí me preocupaba mucho más su estado al ver la puerta abierta —susurró Bruno, agachando la cabeza, asustado.

Edgar cerró los puños con fuerza sobre el colchón.

—Yo... yo deshonré a esa mujer —murmuró, con la voz quebrada, conteniendo la tormenta que le bullía por dentro—. ¡Todo por esa maldita bebida! Sí, estoy seguro: alguien le echó algo a mi copa anoche. ¿Habrá sido cosa de mi padre... o de mi enemigo?

Un aura helada emanó de golpe de su cuerpo. Como presidente ejecutivo del Grupo Alcázar, en los últimos tiempos enfrentaba una amenaza seria de un rival de negocios que se movía entre las sombras, dispuesto a recurrir a cualquier bajeza con tal de destruir su carrera y su reputación.

*

Al llegar a casa, Ariana entró con el cuerpo tembloroso, medio corriendo hacia su cuarto, ubicado al fondo: una habitación estrecha que antes había sido una bodega. Su antiguo cuarto, amplio y en la segunda planta, se lo había apropiado Dana por insistencia de Nova. Con tal de ver feliz a su padre y evitar peleas en la casa, Ariana había optado por ceder y tragarse toda aquella injusticia sin una sola protesta.

Desde un rincón de la cocina, nana Meche, la empleada doméstica que llevaba décadas sirviendo allí, observó el andar vacilante de Ariana con los ojos llenos de lágrimas. Se le partía el alma. La quería como a una hija y más de una vez había llorado a escondidas al ver cómo trataban a su niña como a una extraña en su propia casa.

La puerta del cuarto se cerró con suavidad. Ariana le echó llave por dentro y se metió al baño. Abrió la regadera y dejó que el agua fría le cayera encima, todavía envuelta en el uniforme de mesera.

Bajo el chorro, su entereza se derrumbó por completo. Se dejó caer, sin fuerzas, en el piso del baño, apretándose el pecho, aplastado por un peso insoportable. Las lágrimas y el agua de la regadera se fundían sobre su rostro.

—¿Por qué el destino es tan cruel conmigo...? Desde que mamá no está, toda la felicidad se esfumó... —sollozaba, con la voz rota, ahogada por el dolor—. Mamá... te extraño tanto, mamá...

Se frotó la piel de los brazos y el cuello con rudeza, hasta enrojecerla, tratando de borrar el rastro de las caricias de esa noche. El asco y un arrepentimiento profundo se apoderaban de su mente. El futuro que había construido con tanto cuidado alrededor de su sueño de estudiar en la Universidad Nacional se le venía abajo en un instante.

Mientras tanto, en la habitación 808 del Hotel Gran Palmera, un silencio espeso lo cubría todo. Edgar, que acababa de recorrer con la vista los alrededores de la cama, se quedó de pronto petrificado.

Su mirada se clavó en una mancha de un rojo intenso, nítida sobre la sábana blanca e impecable donde había pasado la noche.

Edgar se quedó sin aliento. Aquella prueba muda confirmaba un hecho que le golpeó la conciencia de lleno.

Esa mujer... era virgen..., pensó, estremecido.

Apretó los puños hasta que los nudillos se le pusieron blancos; la rabia contra sí mismo le incendiaba el pecho. La mandíbula se le tensó cuando una culpa inmensa se le clavó en el corazón.

¡Maldición! ¡De verdad enloquecí al arrebatarle la pureza! No soy un animal... Sea quien sea, tengo que encontrarla y responder por lo que hice, se juró por dentro, con el rostro cargado de determinación.

Continuará...

1
Graciela Saiz
no entiendo porque ellos sabiendo que Edgar es el padre de los gemelos, no o le dijeron nada, muy mal 😡,
Graciela Saiz
y porqué ese policía hermano de Renata la esconde de Édgar, si el no es culpable 🤔😡
Tere Jimenez
gracias increíble novela hermosa un abrazo gracias
Tere Jimenez
muy bueno el libro muchas felicidades increíble familia espero nos regales más éxitos tuyos bendiciones y felicidades
Noemi Fernandez
makdutos ambiciosos pero haci les va ir
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play