Arabella murió quemando el manicomio donde la tenían encerrada y despertó en el cuerpo de una damisela que intentó envenenarse para no casarse con el temible Duque de Eisen.
Ahora, entre un matrimonio explosivo, una guerra en puerta y su obsesión con el fuego, Arabella demostrará que con ella nadie juega... o terminará ardiendo.
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Capitulo:21
ARABELLA:
Bajo la mirada de mi dragón, termino de asearme en la tina y me visto con ropa limpia que los sirvientes dejaron preparada: un pantalón táctico cómodo, una camisa de lino y un abrigo de cuero muy hermoso, ligera y oscuro.
Salgo del agua sintiéndome renovada y con la mente más afilada que nunca.
Kaelan me observa desde la cama mientras me ajusto las botas. Aunque su herida está sanando a una velocidad sobrehumana gracias a su sangre de dragón, puedo ver la frustración en sus ojos por tener que guardar reposo mientras sus tropas se preparan para la caza final.
—No te quedes ahí viéndome con esa cara de perro rabioso, querido.
Le digo con una sonrisa burlona mientras recojo mis dagas.
—Si quieres exterminar al comandante enemigo antes de que escape a la capital de su reino, necesitas a alguien que rastree y prepare el terreno mientras tú terminas de cerrar esa herida.
—Ni se te ocurra pensar que vas a ir sola a cazar a la cabecilla invasora, Arabella.
Gruñe Kaelan, intentando ponerse de pie, aunque un leve gesto de dolor en su rostro lo traiciona.
—No iré sola.
Lo detengo apoyando una mano firme sobre su hombro no herido, obligándolo a sentarse de nuevo.
—Iré con Valerius, Garth y un contingente de reconocimiento... Además...
Me inclino y le susurro al oído.
—El príncipe Aldo debe de estar a punto de abandonar el campamento... Quiero ir a despedirlo personalmente para asegurarme de que se marche con pesadillas.
Kaelan deja escapar un resoplo entre divertido y resignado, sujetándome la nuca para darme un beso posesivo y firme que me deja con ganas de hacer más cosas cochinas... Pero él está herido así que debo respetar el reposo por ahora.
—Ve, pero si ese bastardo rubio intenta algo, le cortas la mano sin dudarlo.... No solo eso, tienes mi permiso para quemarlo si así lo deseas... Y sobre la cabecilla enemiga... Valerius sabe dónde se están escondiendo en el paso del norte... No cometas locuras sin la vanguardia detrás de ti.
—Prometo ser una chica muy buena... O al menos muy destructiva.
Guiño un ojo y me encamino hacia la salida de la tienda.
Al salir al campamento, el ambiente es de intensa actividad, el sol brilla sobre la polvareda que levanta la comitiva real del príncipe Aldo Rigolf, quienes ya tienen los caballos ensillados y los carruajes listos para marchar de regreso a la capital imperial.
Camino con paso firme y una sonrisa radiante.
A mi paso, los soldados de la Casa Eisen se alinean y hacen inclinaciones de profundo respeto; la noticia de la explosión en la montaña ya se extendió por todo el ejército, y ahora me miran como a una leyenda viviente... Qué emocionante se siente eso.
Me detengo justo frente al corcel blanco del príncipe. Está impecable en su armadura dorada, pero con una mirada cargada de resentimiento y veneno, me observa de arriba abajo al verme llegar.
—Vaya, vaya... ¿Ya se va, Su Alteza?
Pregunto con un tono de voz dulzón que roza la burla descarada.
—Qué lástima... Pensé que el heredero al trono querría quedarse a ver cómo exterminamos a la cabecilla enemiga.
Aldo aprieta las riendas con tanta fuerza que sus nudillos se ponen blancos.
—Arabella... No sé qué clase de juego estás jugando con ese monstruo de Eisen, pero esto no se quedará así, espero que reflexiones sobre lo que estás haciendo.
Masculla en voz baja para que sus guardias no escuchen.
—Volverás a la capital a rendir cuentas ante el Emperador... Tu comportamiento ha sido una afrenta directa a la corona y a mí que seré pronto tu esposo.
—Ja, cuidado con cómo me hablas, principito.
Respondo dando un paso hacia él y bajando el tono a un susurro helado que lo hace estremecer.
—¿Esposo? Eso jamás va a pasar y la próxima vez que intentes ponerme una mano encima o enviar venenos al campamento de mi esposo... No voy a usar pólvora en una montaña. La usaré debajo de tu cama para que explotes en mil pedazos y tus extremidades se esparsan por toda tu habitación pintandola de un lindo tono rojo... Buen viaje de regreso a la capital.
Aldo palidece de golpe, clava los talones en su caballo y sale al galope sin decir una sola palabra más, seguido por su comitiva a toda prisa.
Suelto una carcajada limpia al verlos huir y me giro para encontrar a Valerius y a Garth esperándome a unos metros.
—El príncipe parecía bastante apresurado por irse, Duquesa.
Comenta Valerius con una compostura impecable, aunque hay un brillo de satisfacción en sus ojos grises.
—Solo le di unos cálidos deseos de buen viaje, Capitán Vance.
Sonrío descaradamente.
—Ahora, hablemos de negocios. ¿Dónde se esconde el comandante enemigo que atravesó a mi esposo?
eso Lyra pon en práctica las técnicas que te dice la duquesa🤭
pero si Lyra esos consejos te servirán