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EL ANGEL DE LA MAFIA

EL ANGEL DE LA MAFIA

Status: En proceso
Genre:Mafia
Popularitas:992
Nilai: 5
nombre de autor: Paula Mariana Jurado Ramirez

SIN ESPOILER

NovelToon tiene autorización de Paula Mariana Jurado Ramirez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

UNA NUEVA DESTINACIÓN

Rusia…

La noche había caído sobre la mansión.

Afuera, la nieve cubría lentamente los jardines.

Todo parecía tranquilo.

Pero dentro de la casa, Kiran llevaba varios minutos caminando de un lado a otro de su despacho.

Había tomado una decisión.

Una decisión que sabía que Lia no recibiría fácilmente.

Sobre el escritorio había varios documentos.

Kiran los observó durante unos segundos antes de tomar el teléfono.

—Preparen todo.

Hizo una pausa.

—Mañana.

Después de colgar, permaneció en silencio.

Sabía que tendría que explicárselo.

---

Al día siguiente…

Lia estaba desayunando tranquilamente cuando escuchó unos pasos acercándose.

Levantó la mirada.

Kiran entró en el comedor.

—Buenos días.

—Buenos días.

Kiran tomó asiento frente a ella.

Lia notó inmediatamente que algo ocurría.

—¿Qué pasa?

—Tenemos que hablar.

Lia dejó lentamente los cubiertos.

—Eso nunca suena bien.

Kiran sonrió ligeramente.

—No es algo malo.

—¿Seguro?

—Seguro.

Lia lo observó con desconfianza.

—Entonces dime.

Kiran respiró profundamente.

—Voy a enviarte a Alemania.

Lia abrió los ojos.

—¿Qué?

—Alemania.

—¡Ya sé dónde está Alemania!

Kiran soltó una pequeña risa.

—Entonces estamos avanzando.

Lia lo miró seria.

—No estoy bromeando.

—Yo tampoco.

—¿Por qué quieres enviarme tan lejos?

Kiran apoyó los brazos sobre la mesa.

—Porque aquí todavía existe demasiado riesgo.

Lia bajó la mirada.

—¿Por mi tío?

—Entre otras cosas.

—Pero tú dijiste que estarías conmigo.

—Y lo estaré.

Lia levantó la mirada, confundida.

—Entonces ¿por qué me mandas lejos?

Kiran guardó silencio unos segundos.

—Porque protegerte no significa mantenerte encerrada en un lugar donde todos los problemas pueden encontrarte.

Lia permaneció callada.

Kiran continuó:

—Necesitas un lugar tranquilo.

—¿Y Alemania es ese lugar?

—Para ti, sí.

—¿Con quién voy a estar?

Kiran tomó uno de los documentos que había llevado consigo.

—Con mi hermana menor.

Lia parpadeó.

—¿Tienes una hermana?

—Sí.

—Nunca me hablaste de ella.

—No había surgido la oportunidad.

—¿Cómo se llama?

Kiran sonrió.

—Astrid.

Lia repitió el nombre lentamente.

—Astrid…

—Astrid es mi hermana menor.

—¿Y ella sabe de mí?

—Sí.

Lia pareció ponerse nerviosa.

—¿Le contaste todo?

—Lo necesario.

—¿Y no le molesta que vaya?

—No.

Kiran hizo una pequeña pausa.

—De hecho, está esperando conocerte.

Lia se quedó sorprendida.

—¿De verdad?

—Sí.

—¿Por qué?

—Porque le dije que necesitabas un lugar donde pudieras recuperarte sin sentirte vigilada constantemente.

Lia sonrió débilmente.

—Eso suena bien.

Kiran asintió.

—Astrid vive en Alemania desde hace algunos años.

—¿Sola?

—Tiene su propia vida allí.

—¿Y tú confías en ella?

Kiran respondió inmediatamente.

—Completamente.

Aquella respuesta tranquilizó a Lia.

Pero todavía había algo que le preocupaba.

—¿Y tú?

Kiran levantó la mirada.

—¿Qué pasa conmigo?

—¿No vas a ir?

Kiran negó.

—Tengo asuntos que resolver aquí.

Lia entendió.

Su tío.

—Entonces vas a quedarte para enfrentarlo.

—Voy a ocuparme de la situación.

Lia suspiró.

—No me gusta.

—Lo sé.

—Preferiría que vinieras conmigo.

Kiran se quedó unos segundos en silencio.

—A mí también me gustaría.

Lia lo miró sorprendida.

—¿Entonces?

—Precisamente por eso quiero que te vayas.

—No entiendo.

Kiran se levantó y caminó hasta una de las ventanas.

—Mientras yo esté aquí, tendrás personas buscando respuestas, intentando descubrir dónde estás y tratando de averiguar qué relación tienes conmigo.

Lia sintió un pequeño escalofrío.

—No quiero volver a vivir así.

—Por eso quiero darte distancia.

Kiran se giró hacia ella.

—En Alemania podrás empezar de nuevo.

Lia bajó la mirada.

—¿Empezar de nuevo?

—Sí.

—No sé si puedo.

—No tienes que hacerlo todo de golpe.

Kiran regresó a la mesa.

—Solo necesitas comenzar.

Lia permaneció callada.

Después de unos segundos preguntó:

—¿Cuándo me voy?

—Mañana.

Lia abrió los ojos.

—¿¡Mañana!?

—Sí.

—¡Kiran!

—Lo siento.

—¡Ni siquiera he preparado mis cosas!

—Ya están preparándolas.

Lia lo miró incrédula.

—¿Tú ya habías decidido todo?

Kiran sonrió ligeramente.

—Sí.

—Eres imposible.

—Eso también me lo han dicho.

Lia soltó una pequeña risa.

Después volvió a ponerse seria.

—¿Y Astrid cómo es?

Kiran pensó unos segundos.

—Diferente a mí.

—Eso no me dice mucho.

—Es más tranquila.

—¿Más tranquila que tú?

—Mucho.

—¿Y es amable?

—Sí.

—¿Estricto también?

—No.

Lia sonrió.

—Entonces probablemente me caerá mejor que tú.

Kiran levantó una ceja.

—Eso dolió.

—Te lo mereces.

Ambos rieron suavemente.

Por unos instantes, la tensión desapareció.

Pero Lia volvió a ponerse seria.

—Kiran.

—¿Sí?

—Gracias.

Él la observó.

—¿Por qué?

—Por todo.

Kiran no respondió.

—No tenías ninguna obligación de ayudarme.

—Lo sé.

—Podrías haberme dejado donde me encontraste.

—También lo sé.

—Pero no lo hiciste.

Kiran negó lentamente.

—No iba a hacerlo.

Lia sonrió.

—Entonces… conoceré a Astrid.

—Sí.

—¿Y podré volver?

Kiran sostuvo su mirada.

—Cuando tú quieras.

Aquella respuesta significó mucho para Lia.

No era una orden.

No era una obligación.

Era una elección.

—Está bien.

Kiran asintió.

—Entonces mañana partirás hacia Alemania.

Lia respiró profundamente.

Por primera vez desde que había llegado a Rusia, sintió que estaba a punto de comenzar una etapa completamente diferente de su vida.

No sabía cómo sería.

No sabía si conseguiría adaptarse.

No sabía cómo sería conocer a Astrid.

Pero había algo que sí sabía.

No estaría sola.

---

Horas después…

Lia comenzó a preparar algunas cosas.

Mientras guardaba ropa en una maleta, encontró una pequeña fotografía entre sus pertenencias.

La sostuvo durante unos segundos.

Su pasado.

Una vida que todavía le dolía recordar.

Después la guardó nuevamente.

No quería olvidar quién había sido.

Pero tampoco quería seguir viviendo como si su pasado fuera su única historia.

---

En otra parte de Alemania…

Una joven estaba sentada junto a una ventana.

Tenía una taza caliente entre las manos mientras observaba caer la nieve.

Su teléfono vibró.

Astrid lo tomó.

Había recibido un mensaje de Kiran.

Lo leyó.

Y sonrió.

—Así que finalmente viene…

Astrid dejó el teléfono sobre la mesa.

Sabía que su hermano no solía pedirle favores.

Y mucho menos cuando se trataba de alguien a quien consideraba importante.

Astrid volvió a mirar por la ventana.

—Espero poder hacerla sentir como en casa.

Mientras tanto, a miles de kilómetros…

Lia cerró su maleta.

No sabía que aquella decisión cambiaría muchas cosas.

Porque Alemania no sería solamente un lugar donde recuperarse.

Sería el comienzo de una nueva etapa.

Una etapa en la que conocería a alguien que, sin saberlo todavía, terminaría convirtiéndose en una persona muy importante para ella.

Astrid.

La hermana menor de Kiran.

Y la primera persona de su familia que Lia conocería.

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