Ella aprendió que el poder no evita las traiciones ni el dolor. Con el corazón roto y el alma marcada por un pasado que juró olvidar, se convirtió en una CEO temida e inalcanzable. Él, un hombre humilde de corazón noble, apareció cuando ella había dejado de creer en el amor.
Entre secretos, heridas y un destino imposible de evitar, ambos descubrirán que solo el amor más sincero puede curar un corazón.
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PRIMER DIA DE TRABAJO
El lunes amaneció con un cielo limpio y la promesa implícita de nuevos comienzos.
Rodrigo se contempló frente al espejo de su habitación, acomodándose el nudo de una corbata un tanto rígida.
Llevaba puesto un traje formal oscuro que le entallaba a la perfección; en los melodramas televisivos que su abuela sintonizaba por las tardes, los choferes de las grandes familias siempre lucían impecables, con una elegancia protocolar.
Aunque se sentía extrañamente encorsetado fuera de sus habituales jeans y camisetas de trabajo, la dignidad de su nuevo empleo exigía pulcritud.
Al otro lado de la ciudad, la mansión Acuña era un hervidero de emociones.
Julieta andaba de un lado a otro como un torbellino; era su primer día en la universidad y los nervios le tenían el pulso a mil por hora. Daba vueltas en círculos por la sala de estar, revisando su bolso una y otra vez.
Pisándole los talones estaba el pequeño Luca, quien había pasado todo el fin de semana contando las horas. Las videollamadas nocturnas con Rodrigo apenas habían sido un paliativo para su ausencia; el niño necesitaba ver a su papá en persona.
“¿Quieren parar ya con esa marcha de patos? Es un empleado como cualquier otro” rezongó Renato Acuña desde su sillón, doblando el periódico con evidente fastidio.
Al patriarca le perturbaba profundamente la situación: ahora no solo su nieto parecía obsesionado con el nuevo chofer, sino que su hija menor también actuaba como si fuera a recibir a una celebridad.
Para Julieta, ajena a los prejuicios de su padre, Rodrigo era simplemente la persona más cool y auténtica que había conocido en mucho tiempo.
El sonido agudo del timbre interrumpió las quejas de Renato. La ama de llaves se apresuró a abrir y Rodrigo cruzó el umbral, ingresando a la imponente sala.
“¡Papá!” chilló Luca. El niño salió disparado con los brazos abiertos.
Rodrigo no lo dudó; se agachó de inmediato, amortiguando el impacto y elevándolo en vilo con una facilidad asombrosa.
“Campeón, yo también te extrañé muchísimo” le susurró con una sonrisa genuina, acomodándolo en su costado. Luego, mirándolo con seriedad afectuosa, propuso “Oye, ¿por qué no me dices Rodrigo? O Rodri, si te acomoda más. ¿Qué te parece?”
“No” rechazó el niño de inmediato, cruzándose de brazos con una terquedad adorable “Tú eres mi papá”
“Bueno, yo sí te puedo decir Rodri” intervino Julieta, plantándose frente a él.
Sin embargo, al detallar su vestimenta, arrugó la nariz y formó un marcado puchero de desagrado “Pero, ¿qué haces vestido como un pingüino? Te veías muchísimo más cool cuando andabas con ropa casual”
Rodrigo sintió que el calor se le subía a las mejillas. Miró su propio saco, visiblemente avergonzado.
“¿Cómo que pingüino?” protestó en voz baja “Se supone que así es como se viste un chofer profesional, ¿no?”
“Sí, así es como se visten. Déjense de tonterías” interrumpió la voz grave de Renato, quien se puso de pie con paso firme “Rodrigo, ven conmigo a mi despacho. Necesitamos revisar y firmar tu contrato”
Desde el amparo de la esquina del pasillo, Lesly observaba la interacción en silencio. Un nudo denso y molesto de inconformidad comenzó a formarse en su pecho.
Sintió una punzada de irritación inexplicable al ver la complicidad con la que Julieta le hablaba a Rodrigo, y le pareció sencillamente ridículo que su hermana menor se tomara la atribución de llamarlo "Rodri" con tanta confianza.
“Está guapo, ¿verdad?” susurró Estela al oído de su hija, apareciendo de la nada y haciéndola dar un respingo de sorpresa.
La matriarca contempló a Rodrigo a la distancia y añadió con suavidad “Además, me atrevo a decir que ese muchacho ya ama a Luca. Se le nota en los ojos”
“¿De qué estás hablando, mamá? No digas tonterías” replicó Lesly a la defensiva, acomodándose el saco de su traje ejecutivo “Iré por mis cosas a la habitación, se nos hace tarde para ir a la corporación”
Lesly huyó escaleras arriba, queriendo escapar de las agudas observaciones de su madre. Sin embargo, mientras avanzaba por el pasillo, su corazón latía a un ritmo inusual.
En su fuero interno sabía que Estela tenía razón: la presencia de Rodrigo García estaba derribando sus defensas, llamando su atención de una forma que la aterraba. Tras la traición del pasado, se había jurado a sí misma no volver a enamorarse jamás.
En la solemnidad del estudio, Renato y Rodrigo discutieron los términos del documento legal. El empresario fue estricto, detallando las funciones, las jornadas, el salario acordado y los correspondientes días de descanso.
Tras estampar las firmas, Renato le extendió las llaves del vehículo con un gesto seco.
Salieron del despacho justo cuando Lesly bajaba las escaleras; el plan del día estaba trazado: Renato e hija mayor se dirigirían a la empresa familiar en su propio transporte, mientras que Rodrigo se estrenaría al volante llevando a Julieta a su campus universitario.
Luca, que aún no había sido matriculado en el kínder, se quedaría bajo el cuidado de la casa... o eso pensaban.
Fue así como Rodrigo inició formalmente sus labores con los Acuña. Sin embargo, la realidad distó mucho de las funciones de un chofer convencional.
El pequeño Luca prácticamente se convirtió en su sombra; se rehusaba a despegarse de él, exigiendo acompañarlo en cada trayecto y esperándolo pacientemente en el asiento trasero.
cárcel sus atacantes también. sus compañeros son cómplices no hicieron nada por Yuli Rodrigo la salvó
Renato se va a arrepentir cuando vea lo que paso
😡😡😡😡