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JOHAN EL AMANTE OMEGA

JOHAN EL AMANTE OMEGA

Status: Terminada
Genre:Mundo de fantasía / Fantasía LGBT / Completas
Popularitas:3.8k
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

Él dijo que era la peor novela que había leído.
El universo decidió convertirlo en protagonista.
Johan Libert tenía una misión sencilla: entrar en una novela, demostrar que la historia era absurda y salir victorioso.
Pero el destino tenía otros planes.
Después de criticar públicamente una historia por ser “incoherente”, Johan despierta en un mundo donde existen alfas, betas y omegas.
Y descubre algo todavía peor.
Él es un omega.
Para regresar a su mundo deberá cumplir una condición completamente ridícula: conquistar al hombre que el sistema ha elegido como su pareja destinada.
Un alfa frío. Poderoso. Terriblemente atractivo.
Y, para desgracia de Johan…
completamente obsesionado con él.
—¡Esto no tiene sentido! —grita Johan.
El sistema responde:
[Corrección detectada.]
[El protagonista acaba de enamorarse.]
—¡YO NO ME ESTOY ENAMORANDO!
[Negación registrada.]
[Nivel de enamoramiento: 87 %.]
Ahora Johan tendrá que sobrevivir a un romance que jamás pidió.

NovelToon tiene autorización de EspirituCreativo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

No eres moneda de cambio

El sol caía sobre los jardines de la mansión. Johan caminaba despacio, sin rumbo, sintiendo el peso de la marca en su cuello, el lazo del vínculo que lo unía a Adrián, constante, frío, sin nada de calor. No era amor. Era solo el sistema, el lazo biológico que lo ataba a él, y nada más.

De pronto, unos pasos rápidos y duros se acercaron. Antes de que pudiera reaccionar, unas manos lo sujetaron con fuerza bruta por el brazo, arrastrándolo sin miramientos. Era Valeria. Su rostro no tenía ni un rastro de calma habitual; estaba rígida, furiosa, como si él fuera una mancha que debía limpiar.

—¡Suélteme! —intentó zafarse Johan, tropezando con el empedrado—. ¿Qué hace?

—Te llevo donde te corresponde —escupió ella, sin detenerse, sin mirarlo—. Ya se acabó el capricho. Un alfa viejo y poderoso te quiere. Te vio en ese bar de mala muerte hace meses y pagó una suma generosa por ti. Tienes suerte: no te vas a morir de hambre, al menos.

Johan se detuvo en seco, clavando los pies en el suelo, horrorizado.

—No… no puedo irme. Ya pertenezco al alfa Adrián. Soy suyo. Tengo el vínculo. No puedo ir con otro.

Valeria soltó una risa seca, cruel, y lo soltó de golpe para empujarlo con fuerza contra una columna. Lo miró de arriba abajo con asco absoluto.

—¿Suyo? ¿Crees que a mí me importa eso? Tú no eres de nadie mientras yo no lo diga. Tú me perteneces a mí, a esta familia, y te irás con quien yo diga. Cállate y camina. No me hagas perder el tiempo con tonterías.

Lo volvió a agarrar del brazo con tanta fuerza que los dedos se le clavaron en la carne, y siguió arrastrándolo hacia la puerta principal. Johan luchaba, tiraba, pero era inútil. Ella era más fuerte, y su agarre era de hierro. El vínculo en su pecho latía rápido, desesperado, como si algo dentro de él gritara.

—¡No! ¡Déjeme! —gritó Johan, pero su voz se ahogó en el aire—. ¡Adrián!

—No esperes que venga a salvarte —escupió Valeria, sin mirar atrás—. Él sabe lo que hay. No va a arriesgar todo por un juguete barato.

Estaban a unos pasos de la puerta cuando una voz resonó en el vestíbulo, baja, contenida, pero cargada de una furia helada que hizo que ambos se detuvieran en seco.

—Ah, sí. Mujer. ¿Desde cuándo una loba miserable y muerta de hambre decide sobre mis cosas?

Valeria se quedó rígida. Soltó el brazo de Johan lentamente y se giró despacio. Adrián estaba allí, de pie en el umbral, inmóvil, sin avanzar. Su rostro no mostraba ninguna emoción, pero sus ojos oscuros ardían con una furia tan terrible que el aire pareció enfriarse. No había en él palabras de cariño, ni de necesidad, ni de vínculo. Solo había propiedad. Posesión absoluta.

—Adrián… —empezó ella, intentando recuperar la autoridad—. Es un trato necesario. El dinero…

—No me hables de dinero —la cortó él, sin levantar la voz, pero cada palabra era un golpe—. Y no me hables de lo que es necesario. Tú no decides lo que es mío. No decides lo que hago con lo que es mío. ¿Quedó claro?

—Es un omega —replicó ella, recuperando la voz—. Un recurso. Se puede vender. Se puede intercambiar. Es lo que hacemos.

Adrián dio un paso hacia ella, y ella retrocedió instintivamente.

—Este omega lleva mi marca. Eso significa que es mío. No tuyo. No de la familia. Mío. Y lo que es mío no se vende. No se entrega. No se toca sin mi permiso. Así que te sugiero que vayas a ese viejo alfa, le devuelvas cada centavo y le digas que no está a la venta. Y si vuelves a ponerle una mano encima… —se inclinó levemente hacia ella, y su voz bajó a un susurro aterrador—… te aseguro que lo lamentarás el resto de tu vida. ¿Entendido?

Valeria lo miró, con la boca apretada, los ojos llenos de rabia contenida, pero no se atrevió a replicar. Sabía que no podía contra él. No cuando él estaba decidido.

—Esto no termina aquí —dijo, al fin, entre dientes—. Me estás costando mucho.

—Pues paga el precio —respondió él, indiferente—. Pero no vuelvas a acercarte a él.

Ella se giró y se marchó con paso rápido, furiosa, dejándolos solos. El silencio volvió a caer, pesado y denso. Adrián se giró lentamente hacia Johan. No lo miró con ternura. No lo miró con amor. Lo miró como se mira algo que le pertenece y que casi le han robado.

—¿Estás herido? —preguntó, seco, señalando con la mirada la marca roja en su brazo donde ella lo había sujetado.

—No… no —murmuró Johan, frotándose el brazo—. Gracias. Pensé que… pensé que no vendrías.

Adrián se acercó un paso más, lo tomó por la barbilla con firmeza, sin suavidad, sin cariño, solo posesión clara y fría.

—No vengo porque te necesite. No vengo porque te quiera. Vengo porque eres mío. Y nadie toma lo que es mío sin mi permiso. Ni ella. Ni nadie. No confundas mi propiedad con afecto. Esto no es amor. Esto es lo que es.

Lo soltó de golpe, como si tocarlo le molestara, y le dio la espalda para caminar hacia la mansión.

—Vamos. No te quedes ahí parado. No tengo todo el día.

Johan se quedó un instante donde estaba, mirándolo irse. El vínculo en su pecho latía fuerte, tranquilo ahora, sabiendo que estaba a salvo. Pero no había calor. No había dulzura. Solo había una verdad fría y clara: lo había salvado, sí. Pero no porque lo amara. Sino porque no soportaba que nadie más tuviera lo que él consideraba suyo.

[⚠️ VÍNCULO: 100% — ESTABLE.]

[No hay declaración de afecto detectada. La protección se basa enteramente en posesión y reclamo de propiedad. No confundas el hecho de que te defienda con sentimientos románticos. Eres suyo, no su amado.]

Johan se frotó la marca del brazo, suspiró, y lo siguió. No era amor. No era ternura. Pero era suyo. Y por ahora… era suficiente para seguir vivo.

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