Isabella necesita salvar a su familia y Alexander necesita una esposa. La solución parece sencilla: un matrimonio por contrato durante un año.
Solo hay una regla que no pueden romper: no enamorarse.
Pero vivir juntos, compartir secretos y enfrentar enemigos hará que aquello que comenzó como un acuerdo se convierta en algo mucho más real.
¿Podrán cumplir el contrato sin perder el corazón en el intento? 💗
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Capítulo 21 — La verdad de mi padre
El silencio que quedó después de la llamada de Adrian fue insoportable.
Isabella seguía mirando el teléfono de Lucas.
“La persona que buscas ha estado cerca de ustedes todo este tiempo.”
Aquellas palabras no dejaban de repetirse en su cabeza.
Alexander caminó hasta la ventana.
—Tenemos que hablar con tu padre.
Isabella asintió.
—Sí.
Lucas guardó su teléfono.
—Voy con ustedes.
Alexander lo miró.
—No.
—Alexander…
—Si alguien está vigilando nuestros movimientos, no podemos aparecer los tres juntos.
Isabella intervino.
—Entonces iremos nosotros.
Lucas asintió.
—Tengan cuidado.
Una hora después, Isabella y Alexander llegaron a la casa de los Valenti.
Robert abrió la puerta.
Al verlos juntos, supo inmediatamente que algo había ocurrido.
—¿Qué pasó?
Isabella entró.
—Necesito que me digas la verdad.
Robert se quedó inmóvil.
—¿Sobre qué?
Alexander colocó la fotografía sobre la mesa.
Robert la miró.
Su expresión cambió.
—¿Dónde encontraron esto?
—En la mansión —respondió Alexander.
Robert tomó la fotografía con manos temblorosas.
—No debieron encontrarla.
Isabella sintió un nudo en el estómago.
—¿Qué significa eso?
Robert se sentó.
Parecía agotado.
—Hace años cometí un error.
—¿Qué error?
—Confié en la persona equivocada.
Alexander se acercó.
—¿Samuel?
Robert negó.
—Samuel solamente seguía órdenes.
Isabella abrió los ojos.
—Entonces, ¿quién daba las órdenes?
Robert guardó silencio.
—Papá.
Finalmente levantó la mirada.
—Daniel Blackwood.
Alexander retrocedió.
—¿Mi padre?
—No exactamente.
—¿Qué significa eso?
Robert respiró profundamente.
—Daniel descubrió que alguien estaba robando dinero de la empresa. Pensó que yo era responsable. Pero ambos estábamos equivocados.
—¿Quién era? —preguntó Isabella.
Robert miró hacia la ventana.
—El hermano de Daniel.
Alexander se quedó inmóvil.
—¿Mi tío?
—Sí.
—Pero murió hace seis años.
—Eso es lo que todos creen.
Isabella sintió un escalofrío.
—¿Qué quieres decir?
Robert se levantó.
—Tu tío fingió su muerte.
Alexander no podía apartar la mirada de él.
—¿Por qué?
—Porque Adrian descubrió que él estaba detrás de las transferencias.
Isabella comenzó a unir las piezas.
—Entonces Adrian desapareció porque sabía demasiado.
Robert asintió.
—Intentó reunir pruebas.
—¿Y qué ocurrió?
Robert bajó la voz.
—Lo ayudé a escapar.
Alexander abrió los ojos.
—¿Tú?
—Sí.
—¿Por qué nunca me lo dijiste?
—Porque me amenazaron. Si hablaba, Adrian estaría en peligro.
Isabella sintió que las piernas le temblaban.
—¿Y mi familia?
Robert la miró.
—Tu madre también sabía.
—¿Mamá?
—Ella ayudó a ocultar algunos documentos.
Isabella se quedó en silencio.
Toda su vida había pensado que sus padres simplemente habían sido víctimas de una vieja disputa empresarial.
Ahora descubría que habían estado involucrados en algo mucho más grande.
Alexander tomó aire.
—¿Dónde está Adrian?
Robert negó.
—No lo sé.
—¡Papá!
—La última vez que hablé con él fue hace ocho años.
Isabella lo miró.
—Entonces, ¿quién está enviándonos mensajes?
Robert palideció.
—No lo sé.
En ese momento, escucharon un ruido afuera.
Alexander se acercó a la ventana.
Un automóvil negro estaba estacionado frente a la casa.
—¿Conoces ese auto? —preguntó Isabella.
Robert lo miró.
Su rostro cambió.
—Sí.
—¿De quién es?
Robert no respondió.
Alexander insistió.
—¿De quién?
Finalmente, Robert susurró:
—De mi antiguo socio.
Isabella sintió un escalofrío.
—¿Quién?
Robert cerró los ojos.
—El hombre que todos creían muerto.
Alexander miró hacia la calle.
—Mi tío.
El automóvil arrancó y desapareció.
Alexander tomó a Isabella de la mano.
—Tenemos que irnos.
—¿Por qué?
—Porque si él sabe que tu padre habló, ya no estamos seguros aquí.
Salieron rápidamente.
Pero antes de subir al automóvil, Isabella miró hacia la casa.
Robert permanecía en la puerta.
Y entonces vio algo que la dejó paralizada.
En una de las ventanas había una silueta.
Alguien los estaba observando desde dentro.
Isabella señaló.
—Alexander…
Él se giró.
La silueta desapareció.
Alexander abrió inmediatamente la puerta del automóvil.
—Sube.
Isabella obedeció.
Mientras se alejaban, una nueva pregunta apareció en su mente.
Si el tío de Alexander estaba vivo…
¿quién había muerto realmente seis años atrás?
Y, por primera vez, Isabella comprendió que el matrimonio que había comenzado como un simple contrato podía estar conectado con un secreto que llevaba décadas esperando ser descubierto.