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La Diosa Del Veneno: Madrastra Fatal.

La Diosa Del Veneno: Madrastra Fatal.

Status: En proceso
Genre:Romance / Mujer poderosa / Época
Popularitas:3.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Lewis Alexandro Delgado

La Diosa del Veneno : Madrastra Fatal.

Una asesina letal del siglo XXV, Expertas en venenos y curaciones, muere perseguida y despierta en la época antigua, en un mundo antiguo lleno de prejuicios y abusos. Decidida a sobrevivir, rehacerse y proteger a los cuatro hijos que la otra vida dejó a su cargo, rompe todas las reglas: castiga la crueldad con su propia medicina, se gana el respeto con hechos y construye su propio destino. Una historia de fuerza, justicia y transformación, donde la "mujer débil" se convierte en la ley que nadie se atreve a desafiar.



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Capitulo 14: ALIANZA, SECRETOS Y EL RESCATE DEL TEMPLO

—Ya que tú y yo somos socios, te mostraré algo —le dije—. Dile a tus hombres que no entren.

Él asintió y se giró hacia la puerta con voz firme:

—Estaré a solas con mi esposa. Que nadie entre.

Me volvió a mirar con seriedad, y una determinación brillaba en sus ojos:

—Hoy sacaremos a esos niños del Templo, cueste lo que cueste.

—¿Y cómo piensas hacerlo? —murmuró él, escéptico ante la magnitud de la tarea—. El recinto está rodeado de guardias y vigilado en cada esquina. No hay forma de entrar sin ser vistos.

Lo tomé de las manos, cerré los ojos y concentré toda mi voluntad. El mundo a nuestro alrededor se desvaneció lentamente, como si la realidad se disolviera bajo mis pies.

Cuando abrí los ojos de nuevo, estábamos dentro de mi espacio dimensional: un lugar infinito, bañado por una luz blanca y suave que no tenía origen ni sombra. A lo lejos, estantes interminables se perdían en la distancia, llenos de cajones etiquetados con precisión militar. Las paredes estaban cubiertas de filas y filas de agujas de plata esterlina, cajas de medicamentos selladas, instrumental quirúrgico de acero pulido, vendajes, antídotos… todo lo que llevé conmigo en cada misión, intacto y eterno aquí. Él se detuvo en seco, recorriendo todo con la mirada, sin aliento, como si temiera que el lugar pudiera desaparecer.

—¿Qué… qué es este lugar? —susurró, acercando la mano a un frasco de polvo blanco sin atreverse a tocarlo—. No siento frío, ni calor… ni el paso del tiempo.

—Es mi refugio —le expliqué con calma—. Todo lo que ves está a nuestra disposición: agujas anestésicas, venenos que paralizan sin matar, antídotos, vendajes que detienen hemorragias en segundos, ropa, armas… y todo mi conocimiento médico. Aquí no hay hambre, no hay frío, no hay tiempo. Solo recursos.

—Dios mío… esto es una locura —murmuró él, asombrado—. Todo esto es increíble… no parece real. Parece magia.

—Te lo dije —respondí con firmeza—. Vengo de otro mundo. Soy del siglo XXV. Todo es moderno, con tecnología avanzada. Soy médica militar de élite y una asesina experta en venenos.

Lo guié hacia una sección de armarios oscuros. Al abrirlos, revelé ropas hechas con tecnología robótica, a prueba de balas y de armas, diseñadas para ajustarse al cuerpo con total libertad de movimiento.

—Son ropas de asesinos de élite —expliqué, tomando un conjunto para mí—. Diseñadas para moverse sin ser vistos, para luchar con libertad, para llegar donde nadie espera. El tejido amortigua el sonido y se funde con la oscuridad.

Oliver:

Nos disfrazamos en silencio. Él se ciñó el cinturón, probó el peso del látigo que le di y asintió satisfecho; la tela se adaptó a su figura, ocultando su porte noble y revelando solo la silueta de un guerrero letal. Llené mis mangas y mis bolsillos con agujas de plata, frascos de polvos dormideros y vendajes de aplicación rápida, lista para curar o para combatir según lo exigiera el momento.

Isabella:

—Esto ha sido increíble —dijo él, sin dejar de mirar su nuevo equipo—. Aún no lo asimilo… con esas armas y esa tecnología somos imparables.

—Esto es un secreto —le advertí, mirándolo a los ojos—. Te conté el mío, así que espero que hagas lo mismo. Sin reservas.

—Está bien —suspiró él, tomando una decisión que pesaba en cada palabra—. Soy el Príncipe Regente, Víctor. Lucas, Lucía, Esteban y Álex no son mis hijos: son hijos de mi hermano, el difunto Príncipe Heredero. El actual emperador es el segundo príncipe, que usurpó el trono. Y Lucas, al ser el mayor, es el verdadero heredero al trono… por eso huí con los niños, para protegerlos. Si lo encuentran, lo matarán antes de que pueda reclamar lo suyo.

—Ya anocheció —dije mirando por la ventana, donde la luna se alzaba pesada sobre el pueblo—. Es nuestra oportunidad. La oscuridad nos favorece.

Salimos de la casa. Los hombres de Oliver esperaban afuera y se quedaron atónitos al vernos vestidos con esas ropas extrañas y oscuras, pero ninguno se atrevió a preguntar. Sabían que no debían.

 Oliver me cargó en sus brazos con facilidad. Su kung fu era perfecto y usaba una técnica especial que le permitía saltar a una velocidad sobrehumana; el viento silbaba en nuestros oídos mientras nos desplazábamos a toda prisa hacia el Templo, que se alzaba en la colina como una sombra petrificada.

Al llegar a los muros del recinto, no dudé ni un instante. Corrí, salté, me aferré a las cornisas y trepé con la agilidad que mi cuerpo nuevo me permitía y mi entrenamiento militar perfeccionaba. Las tejas viejas crujían levemente bajo mis pies, pero la tela de mi calzado amortiguaba el sonido. Él me siguió, igual de rápido, su fuerza y equilibrio impresionantes. Uno tras otro, alcanzamos la cima del techo de tejas curvas, donde las sombras eran profundas y el viento silbaba entre los aleros, frío y cortante.

Nos agazapamos allí, arrodillados, pegados a la cumbrera. La capucha nos cubría el rostro; la ropa negra nos fundía con la oscuridad. Desde arriba, vi el patio interior, las puertas vigiladas por guardias armados que paseaban con antorchas en mano, y en el ala más alejada, una habitación pequeña con una luz tenue que parpadeaba… y formas pequeñas, encogidas, temblando junto a la pared. Los niños.

En ese momento, en una estancia del Templo, frente a Eva, apareció de la nada una pantalla luminosa que flotaba en el aire:

«Anfitriona, dos intrusos han entrado en el recinto. Derrota a los dos asesinos que hay en el techo. Si lo logras, ganarás 10 000 puntos.»

Bajamos con extremo cuidado hasta llegar a los sótanos. El aire se volvió pesado, frío y con olor a humedad y cera quemada. Allí estaban. Los niños. Todos juntos, asustados, abrazados unos a otros, temblando.

Me volví hacia él, y en un susurro apenas audible le dije:

—Allí. Están vivos, pero temblando de miedo. Nos movemos ahora. Sin ruido. Sin piedad si nos atacan. Pero los niños deben salir de aquí vivos. Sin excepción.

 Oliver asintió, con la mano sobre el pomo de su espada oculta bajo la ropa:

—Como digas —respondió con voz firme—. Lidera tú. Yo te cubro.

Mientras tanto, en la entrada del Templo, un hombre misterioso acababa de llegar. Tenía un porte imponente y una cicatriz profunda que le cruzaba un ojo, dándole un aspecto temible. Nadie se atrevía a detenerlo.

Eva, alerta, corrió a avisar al Sumo Sacerdote:

—Señor… hay intrusos dentro del Templo. Siento su presencia.

Nos detuvimos en seco. Escuchamos murmullos y pasos acercándose, cada vez más numerosos. Al darnos cuenta, estábamos rodeados.

—Isabella, estamos rodeados —susurró él, apretando la empuñadura de su espada—. Mis hombres no pueden intervenir; de lo contrario, nos descubrirán a todos y la alarma se extenderá por todo el imperio.

Sin perder un segundo, saqué un polvo especial de mi bolsillo, lo esparcí suavemente en el aire y todos los niños cayeron en un sueño profundo y tranquilo, sin dolor, sin miedo. Los fui introduciendo uno a uno en mi espacio dimensional, donde estarían a salvo.

—¡Lograste meterlos a todos! —exclamó él, asombrado—. Eres increíble. Ningún hechizo ni magia podría hacer algo así.

Tomé un explosivo compacto de mi bolsillo y lo lancé con fuerza contra una pared de piedra lejos de los niños. Una explosión resonó en todo el recinto, dejando a todos los presentes impactados y confundidos, el humo llenando el pasillo. Eva, arriba en el pasillo, se puso nerviosa al instante:

—¡Esos son explosivos! —murmuró aterrorizada—. Esa mujer enmascarada… también viene del siglo XXV, también viajó en el tiempo. No soy la única.

La voz del Sistema volvió a sonar frente a ella, fría y metálica:

«Anfitriona, toma esta píldora: te dará súper fuerza durante varias horas. Tu misión es derrotar a la mujer enmascarada. Si cumples la misión, obtendrás 20 000 puntos. Si fallas, serás castigada y perderás todas tus fuerzas durante tres días.»

—Está bien —respondió ella, apretando los puños hasta que los nudillos se le pusieron blancos—. Aunque sea una experta de élite, yo te tengo a ti. Aunque es extraño… ella tiene objetos del futuro.

—No te preocupes, anfitriona —respondió la voz del Sistema—. Ella no tiene un Sistema. Es débil ante mí.

En lo más alto del Templo, observando desde una galería secreta, el enmascarado que estaba detrás de todo observaba todo lo que ocurría. Al ver a Oliver sonrió con malicia, como si hubiera encontrado exactamente lo que buscaba:

—Vaya, vaya… así que el Príncipe Regente sigue vivo. Esto sí que es interesante. La pieza que faltaba en el tablero. —Sacó una espada de doble filo, de acero negro que no reflejaba la luz, y gritó con voz que retumbó en todo el recinto—. ¡Gran Príncipe Regente Víctor! ¡Ven y pelea conmigo! ¡Hace mucho que te espero!

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Afrodita Hada♥️
🫶🫶🫶🫶♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️
inuyasha/ Tomoe🦊
aliado y trasmigrado
Aleida Delgado Santana: Puede ser.
total 1 replies
Elizabeth Yepez
esa emperatriz viuda ya es hora que pague
Elizabeth Yepez
lo tenía bien merecido
Elizabeth Yepez
y esos hijos son de quien entonces
Aleida Delgado Santana: Sobrinos de Oliver.
total 1 replies
Elizabeth Yepez
así es nada de sumisa
Elizabeth Yepez
también viene del futuro
Elizabeth Yepez
que busca la vieja inmunda
Aleida Delgado Santana: Solo busca, joder.
total 1 replies
Elizabeth Yepez
así,se habla esas escorias no merecen perdón
Elizabeth Yepez
vino a poner orden,carajo
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