Valérie era una bibliotecaria tranquila que encontró un final trágico a manos de un hombre obsesionado con ella. Sin embargo, la muerte no fue el final, sino el comienzo de una pesadilla aún más compleja. Ha reencarnado en el cuerpo de Maeve Cipriano, la recién nacida hija del Primer Ministro del poderoso Reino de las Rosas.
Su nueva vida es un paraíso de opulencia: rodeada de cunas de oro, sirvientas guerreras entrenadas de élite y una catadora de alimentos personal, Maeve vive en el pináculo del poder. Pero su padre, Santiago Cipriano, un hombre marcado por un pasado de pobreza, guerra y una terrible traición familiar que lo llevó a encarcelar a su propio padre, la adora con una intensidad que roza lo asfixiante.
El verdadero horror llega cuando los recuerdos de su vida pasada se aclaran y Valérie comprende dónde está: ha renacido dentro de la trama del segundo libro de una trilogía de fantasía oscura que leyó anteriormente. Y el papel que le corresponde no es el de una heroína salva
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Capítulo 24: La cena familiar y el peso de una confesión
Ya era la hora de la cena y el ambiente en el comedor se sentía extrañamente cargado. Mis padres ya estaban sentados a la mesa, esperándome en silencio mientras los cubiertos descansaban junto a los platos de porcelana. Me senté en mi lugar habitual, intentando mantener una fachada de absoluta normalidad, aunque la cabeza me daba vueltas recordando todo lo que había conversado con Orion momentos antes en el salón.
Antes de que pudiera probar bocado, mi madre dejó el tenedor sobre la mesa y me miró con una mezcla de curiosidad y picardía.
—Te vi muy entretenida hace rato —comentó mi madre, arqueando una ceja con suavidad—. ¿Qué hacías pasando tanto tiempo hablando con Tyron en el salón?
Sentí que el rostro me ardía levemente, pero obligué a mi voz a sonar calmada mientras preparaba la coartada que llevaba puliendo en mi mente.
—Estábamos hablando de cuando éramos niños —respondí, encogiéndome de hombros con fingida indiferencia—. Tenía tanto tiempo sin verlo que al principio ni siquiera lo había reconocido.
Ella me observó detenidamente, buscando algún rastro de mentira en mis facciones, antes de lanzar la pregunta directa que tanto temía:
—Dime la verdad, Maeva... ¿Estás enamorada de él?
—No, mamá —negué de inmediato, sacudiendo la cabeza con firmeza—. Solo ha pasado muchísimo tiempo desde la última vez que nos vimos, y estábamos poniéndonos al día. Solamente eso.
Creí que con esa respuesta el tema quedaría zanjado, pero en ese momento mi padre se metió en la conversación. Dejó su copa de vino a un lado y me miró con una seriedad absoluta, aunque sus ojos brillaban con una inusual calidez.
—Maeva—dijo mi padre con voz pausada y firme—, si tú sientes algo por él, y estamos seguros de que él siente lo mismo por ti, quiero que sepas algo. Tu madre y yo no nos opondremos a nada. Apoyaremos lo que sea necesario para que estén juntos. No nos importa en lo más mínimo que él esté comprometido con la realeza; lo único que nos importa es tu felicidad.
Las palabras de mi padre me cayeron como un balde de agua fría, llenándome el pecho de una mezcla de profunda gratitud y un terror sutil. Ellos estaban dispuestos a desafiar a la mismísima corte por mí, sin saber el abismo de conspiraciones, cartas interceptadas y peligros mortales en el que realmente me estaba metiendo.
Tras la cena, con la cabeza hecha un lío por el apoyo inesperado de mis padres y la urgencia de lo que estaba por venir, la noche avanzó inexorablemente. El reloj de la pared marcó la medianoche. Era el momento.
Me deslizó con sigilo por los pasillos oscuros hasta llegar al encuentro clandestino en mi habitación. Apenas abrí la puerta, Orion se deslizó al interior con la agilidad de una sombra, vistiendo ropas oscuras que se fundían con la penumbra. En cuanto cerró tras de sí, la tensión en el aire se hizo tangible.
—Estás aquí —susurré, apenas moviendo los labios.
—Te dije que vendría —respondió él en voz baja, con los ojos fijos en los míos, buscando en mi rostro alguna señal de peligro—. Aunque sigo pensando que esto es una locura. Si alguien nos descubre...
—Nadie nos descubrirá si mantenemos la voz baja —lo interrumpí, retrocediendo hacia el centro de la habitación—. Aquí estamos seguros. Ahora dime, Orion, ¿a qué le temes más? ¿A que la corte descubra que estás aquí a medianoche, o a lo que realmente está pasando en el reino?
Orion exhaló un suspiro pesado, pasando una mano por su cabello con frustración. La máscara de elegancia que solía llevar en público se había desmoronado, dejando ver al hombre acorralado que luchaba contra un sistema invisible.
—Le temo a las dos cosas, Maeva —admitió, dando un paso hacia mí con total sinceridad—. Pero lo que más me consume es la impotencia. Sé que el compromiso con la princesa es una cadena para mantenerme atado y controlado. He intentado buscar fallas en los decretos, he intentado seguir el rastro del dinero de la guardia real, pero cada pista se esfuma. Es como luchar contra un fantasma.
Lo miré fijamente, recordando el rostro de mis padres en la mesa y su promesa de protegerme. En ese momento, la coraza de desconfianza comenzó a agrietarse del todo. Había una autenticidad en su voz que ninguna mentira podía replicar.
—No estás luchando solo contra un fantasma —le revelé, decidiendo que ya no podía ocultarle todo—. Lo que viste de la princesa y los príncipes no es una coincidencia. Están tejiendo una red, Orion. Y hay cosas mucho más oscuras detrás de esta fachada de realeza y riqueza.
Él se quedó inmóvil, con la mirada brillante de atención, absorbiendo cada palabra.
—¿Qué sabes, Maeva? Dime todo lo que has descubierto.
Tragué saliva, sintiendo el peso frío del secreto que estaba a punto de confesar. Había cosas de las que Elena sabía una parte, pero había otras que pertenecían a un rincón de mi memoria que nadie más podía alcanzar: el eco de mi otra vida, la sombra del panadero y el trauma que me había perseguido hasta este mundo.
—Si te cuento lo que sé —susurré, acercándome lo suficiente para que solo él pudiera escucharme—, tendrás que prometer que no darás un solo paso en falso. Porque esto que te voy a decir cambiará las reglas del juego para siempre.