NovelToon NovelToon
Mi Primer Amor

Mi Primer Amor

Status: En proceso
Genre:Fanfic / Romance / Amor a primera vista
Popularitas:79
Nilai: 5
nombre de autor: Llona

Bajo una lluvia torrencial, la desafortunada Kim Suki tropieza con Jeon Jungkook, un elegante y reservado empresario. Para saldar la deuda médica que él pagó por ella, Suki acepta ser la niñera de su rebelde sobrino de ocho años, llenando de calidez y divertido caos la fría mansión. Entre bromas, miradas robadas y roces inesperados, el amor florece entre dos mundos opuestos. Superando prejuicios y barreras sociales, descubrirán juntos que la mala suerte, a veces, es solo el disfraz del destino perfecto.

NovelToon tiene autorización de Llona para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 10

La luz matutina que entraba por el estudio de la mansión iluminaba una escena atípica: Jeon Jungkook, el impasible y elegante arquitecto, llevaba cuarenta y cinco minutos parado frente al espejo del vestidor probándose su quinta camisa del día.

—Señor Jeon... —suspiró el secretario Park Ho-jin, quien sostenía tres corbatas de seda sobre el brazo—. Es solo una cita. No va a presentar una propuesta de diseño ante el gobierno municipal.

—No es 'solo una cita', Ho-jin. Es mi primera cita oficial con Suki —corrigió Jungkook con gravedad absoluta, ajustándose el cuello de un suéter de lana en tono azul medianoche—. Reservé la mesa principal en el restaurante francés del hotel *Grand Hyatt*. Tienen una vista de trescientos sesenta grados de Seúl y un menú de siete tiempos.

En ese momento, la puerta del estudio se abrió suavemente. Suki asomó la cabeza, luciendo un lindo vestido casual de color amarillo claro, una chaqueta de mezclilla y sus infaltables tenis deportivos.

—¿Jungkook? ¿Estás listo? —preguntó Suki con una sonrisa resplandeciente.

Jungkook se giró y se quedó mirándola con los ojos llenos de fascinación.

—Suki... estás hermosa. El auto está esperando abajo. Nos llevará directamente al restaurante del hotel *Grand...*

—Cancela la reserva —lo interrumpió Suki, cruzándose de brazos con una miradita juguetona.

—¿Qué? —Jungkook parpadeó confundido—. Pero tardé dos días en conseguir esa mesa. Tienen caviar importado de...

—No quiero caviar importado —dijo Suki, acercándose a él con paso decidido. Le arregló el doblez del cuello del suéter con delicadeza—. Ya me compraste ropa hermosa y pagaste mi cuenta del hospital. Hoy es mi turno de invitarte. Y tú, Jeon Jungkook, vas a venir a *mi* terreno.

Jungkook miró al secretario Ho-jin, quien simplemente se limitó a encogerse de hombros con una sonrisa divertida.

Treinta minutos después, el elegante sedán negro de Jungkook estaba estacionado cerca de la entrada del abarrotado Mercado Nocturno de Mangwon. El aire estaba impregnado de un delicioso aroma a brochetas marinadas, pasteles de arroz fritos (*떡볶이 - tteokbokki*), hotteok dulce y mariscos a la parrilla.

Jungkook bajó del auto y miró a su alrededor con los ojos muy abiertos. Cientos de personas caminaban entre los puestos iluminados por bombillas amarillas, los vendedores gritaban sus ofertas a viva voz y la música pop resonaba en los altavoces de las tiendas.

Para un hombre que solo frecuentaba clubes privados, galerías de arte y restaurantes con estrellas Michelin, esto era un planeta completamente diferente.

—Bienvenido al paraíso de la comida, Sr. Director —dijo Suki con entusiasmo, tomándolo firmemente de la mano—. Regla número uno de nuestra cita: nada de cubiertos de plata ni servilletas de lino. Aquí se come con palillos de madera y las manos.

Jungkook sintió el calor de la mano de Suki entrelazada con la suya y su nerviosismo se disipó al instante.

—Enséñame, niñera —respondió él con una sonrisa devota.

La primera parada fue un puesto famoso de *tteokbokki* extremadamente picante y brochetas de pollo. Suki pidió dos porciones grandes y le entregó un vaso de papel con el caldo humeante a Jungkook.

—Pruébalo. Pero ten cuidado, pica un poco —advirtió Suki.

Jungkook, queriendo lucir maduro e invulnerable, tomó una brochada entera bañada en salsa roja brillante y se la llevó a la boca con elegancia.

—No está tan pican... —empezó a decir, pero las palabras se le congelaron en la garganta.

En cuestión de tres segundos, el rostro de Jeon Jungkook pasó de su tono habitual a un rojo carmesí intenso. Sus ojos oscuros se llenaron de lágrimas instantáneas y comenzó a abanicarse la boca desesperadamente con la mano.

—¡Agua! ¡Ho-jin! No... Ho-jin no está... ¡Suki, agua! —balbuceó el imponente ejecutivo, tosiendo dramáticamente.

—¡Ay, no! ¡Te dije que picaba! —exclamó Suki riendo a mares mientras corría al puesto de al lado a comprar un helado de leche de plátano.

Le entregó el helado y Jungkook le dio un bocado gigantesco, aliviando el fuego en su lengua. Con la cara aún roja y un poco de helado en la comisura de los labios, Jungkook miró a Suki, quien se ahogaba de la risa.

—Te estás burlando de mí —murmuró Jungkook, entornando los ojos de forma adorable.

—Un poco... bueno, mucho —admitió Suki, acercándose con una servilleta de papel para limpiarle el helado de la boca con infinita dulzura—. Pero te ves ridículamente tierno cuando se te salen las lágrimas, Jeon Jungkook.

Jungkook la miró a los ojos, sintiendo que el picante valía la pena solo por ver el brillo de felicidad pura en el rostro de ella.

Tras probar pasteles de pescado, papas en espiral y *hotteok* relleno de azúcar morena, Suki llevó a Jungkook a la zona de juegos mecánicos y puestos de feria del mercado.

Allí, en el centro de la plaza, se erigía el puesto de tiras al blanco con rifles de aire comprimido. En la repisa superior del puesto descansaba el premio gordo: un oso de peluche gigante de color marrón que medía casi un metro y medio, luciendo un pequeño moño rojo.

—¡Mira ese oso! —exclamó Suki con los ojos brillando como estrellas—. Es enorme... se parece un poco a ti cuando pones cara de serio.

Jungkook miró al peluche y luego miró a Suki. Su orgullo de hombre y su vena competitiva de arquitecto de precisión se encendieron de golpe.

—¿Lo quieres? —preguntó Jungkook.

—Ah, no, solo decía. Esos juegos están trucados, nadie gana nunca el premio mayor...

—Suki —la interrumpió Jungkook, sacando su billetera de cuero de diseñador con una determinación férrea—. Voy a ganarte ese oso.

Jungkook pagó diez tiros al dueño del puesto, un anciano con visera que lo miró con escepticismo al ver su ropa costosa.

Jungkook tomó el rifle de juguete. Se cuadró de hombros, ajustó la mirada y apuntó con la precisión de un francotirador profesional.

*¡PUM!*

Primer tiro: la lata cayó.

*¡PUM! ¡PUM! ¡PUM!*

Las latas iban cayendo una tras otra. La multitud del mercado comenzó a agruparse alrededor del puesto, admirando la postura impecable y la concentración de tipo "película de acción" del apuesto hombre de suéter azul.

Suki contenía la respiración, junta las manos a la altura del pecho.

—¡Solo falta una lata, muchacho! —gritó el dueño del puesto, impresionado.

Jungkook acomodó la última bala. Se giró un segundo para mirar a Suki, quien le regaló una sonrisa de ánimo radiante. Con la confianza por las nubes, Jungkook volvió a apuntar y apretó el gatillo.

*¡PUM!*

Pero la mala suerte contagiosa de Kim Suki, que siempre flotaba en el aire, decidió hacer su trabajo: una pequeña ráfaga de viento desvió el ligero balín de plástico por un milímetro, haciendo que rebotara en el borde de la lata sin tirarla.

—¡Ah! —ahogó la multitud un jadeo de decepción.

—¡Tiempo agotado! ¡Casi, joven! —dijo el vendedor.

Jungkook se quedó congelado mirando el rifle. Su rostro mostraba una incredulidad cómica. ¡Él, que había diseñado edificios de cincuenta pisos sin un solo error de cálculo, había fallado en un tiro a una lata de refresco!

—No puede ser... el ángulo de refracción del viento debió ser de... —murmuraba Jungkook analizando la trayectoria como si fuera un problema de ingeniería.

Suki soltó una carcajada limpia y sonora. Se acercó a él, le quitó el rifle de plástico de las manos y le rodeó la cintura con los brazos, apoyando la cabeza en su pecho.

—Está bien, arquitecto —susurró Suki riendo contra su tela—. Para mí ya ganaste.

Jungkook la miró hacia abajo, envolviéndola en sus brazos con calidez. Aunque no había ganado el peluche gigante, el dueño del puesto, movido por la ternura de la pareja, le entregó a Suki un pequeño llavero de peluche con forma de conejito con gafas.

—Tenga, señorita. Premio de consolación para su novio —dijo el hombre sonriendo.

Jungkook tomó el pequeño conejito de peluche y se lo enganchó a Suki en la cremallera de su bolso.

—Prometo que la próxima vez te ganaré el oso gigante —murmuró Jungkook cerca de su oreja.

—No necesito el oso gigante —respondió Suki mirándolo a los ojos con amor sincero—. Te tengo a ti.

Caminaron de regreso hacia el auto bajo las luces del mercado, compartiendo un algodón de azúcar rosa. Jungkook llevaba la chaqueta de mezclilla de Suki sobre su hombro y Suki caminaba abrazada a su brazo.

Al llegar al vehículo, Jungkook la detuvo suavemente contra la puerta del copiloto. La penumbra de la calle y las luces lejanas del mercado creaban una atmósfera íntima.

—Gracias por hoy, Suki —dijo Jungkook con voz suave y profunda, acariciándole la mejilla con los nudillos—. En toda mi vida, jamás había tenido un día tan divertido y lleno de vida. Me enseñaste que no necesito lugares caros para ser feliz. Solo te necesito a ti.

Suki sintió que el corazón se le llenaba de una emoción tan dulce que se le humedecieron los ojos. Se puso de puntillas y le dio un beso tierno en los labios.

Jungkook sonrió contra sus labios, la tomó por la cintura y profundizó el beso con una lentitud apasionada que hizo que Suki soltara su algodón de azúcar (el cual cayó al suelo, cumpliendo la cuota diaria de mala suerte). Pero a ninguno de los dos les importó. En medio de la noche de Seúl, rodeados de comida callejera y risas, su amor se consolidó como la bendición más perfecta de sus vidas.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play