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UNA DAMISELA EN APUROS, EL REGRESO DE CASSIDY

UNA DAMISELA EN APUROS, EL REGRESO DE CASSIDY

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Batalla por el trono / Reencarnación / Mundo de fantasía / Completas
Popularitas:68.8k
Nilai: 5
nombre de autor: CINTHIA VANESSA BARROS

Cassidy Boone ya murió dos veces. La primera, de una bala por la espalda en el Viejo Oeste. La segunda, de vieja y en paz, después de una vida que le costó sangre construir. Y justo cuando creía que por fin iba a descansar, un dios la agarra del cuello del alma y le encaja una tercera: *"Tengo una misión para ti."*

Despierta en el cuerpo de Aurora, princesa heredera e hija del ministro de guerra. Gorda, humillada y recién asesinada por su propio prometido y su hermanastra en una "caída del caballo" que de accidente no tuvo nada. Ahora carga con dos vidas de recuerdos, un cuerpo que odia, una madrastra que la quiere muerta y un castillo donde nadie se baña, todos apestan y el veneno se sirve con una sonrisa.

Aquí no hay revólveres ni abogados. Solo su cabeza, un libro de hierbas y unas ganas feroces de no morirse una tercera vez.

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CAPÍTULO 9: Al enemigo se le tiene cerca. Sobre todo, si uno piensa decapitarlo.

—Reina —repitió Cassidy por dentro, mientras por fuera mantenía la cabeza gacha.

El rey no había dicho la palabra. Ese era el veneno del asunto: no la había dicho. Un hombre menos astuto habría soltado una propuesta, y una propuesta se puede rechazar, se puede negociar, se puede convertir en una ofensa que dé pie a defenderse. El rey no propuso nada. Solo dejó la idea colgando en el aire del salón, madura, evidente, para que todos la vieran sin que él tuviera que comprometerse a una sola sílaba.

Era la jugada de alguien que llevaba treinta años ganando.

El duque dio un paso al frente. Cassidy conocía ya ese paso: era el del hombre que se obliga a hablar con calma cuando por dentro quiere sacar el acero.

—Su Majestad me honra al fijarse en mi hija —dijo, y cada palabra le salió medida, tallada, conteniendo un río—. Pero estas son cosas graves, no se deciden en el calor de un mal día ni sobre el escándalo de otro. Tenemos, usted y yo, una conversación pendiente. —Hizo una pausa—. Mañana se reúne el consejo. La trataremos allí, como corresponde a hombres de estado. Con la cabeza fría.

El rey lo miró un instante largo. Y sonrió, porque reconoció la maniobra: el duque le acababa de comprar tiempo con la única llave que un súbdito puede usar contra su rey sin perder la cabeza, la del protocolo.

—Mañana, entonces —concedió, poniéndose de pie—. Me gusta un hombre que piensa antes de hablar. —Recogió los guantes—. Pero piensa rápido, mi buen ministro. La paciencia es la única virtud que a mí se me agota antes que las demás.

Y se fue, como había llegado, sin despedirse de nadie, dueño del aire que dejaba atrás. El príncipe salió detrás de su padre, sin atreverse a mirar a nadie, pequeño de pronto, empujado por una corriente que ya no controlaba.

En cuanto los cascos de la escolta real se perdieron camino abajo, el salón entero soltó el aire que llevaba conteniendo.

Y el duque, que había tragado su furia entera delante del rey, se volvió hacia el único blanco que sí podía castigar.

—Ágata.

La madrastra levantó la barbilla, todavía aferrada a los últimos jirones de su dignidad.

—Duque, sé que la noche ha sido difícil para todos, pero seguramente podemos hablar de la reparación que mi hija merece…

—Vas a hacer las maletas. —La voz del duque cayó como un hacha—. Tú y esa hija tuya. Esta misma noche.

El salón se quedó mudo.

—¿Perdón? —Ágata palideció.

—Me oíste perfectamente. —El duque avanzó hacia ella, y no levantó la voz, y por eso dio más miedo—. Bajo mi techo no se aloja una mujer de mala reputación. Tu hija se acostó con el prometido de mi hija, en mi casa, y arrastró el nombre de esta familia por el lodo delante del rey. No la quiero un día más entre estas paredes.

—¡No puedes echarnos! —chilló Ágata, y toda la dama se le cayó de golpe—. ¡Soy tu esposa!

—Eres mi esposa de nombre, y bien poco más. —El duque hizo un gesto seco—. Les tengo dispuesta una casa en la ciudad. Ahí van a vivir. Ahí vas a preparar a tu hija para el único destino que le queda: entrar de concubina a la casa del príncipe, ya que tanto lo quiso. Te encargas de ella. Yo me encargo de la mía. Cada oveja con su rebaño.

Leonor rompió a llorar otra vez, con el pómulo morado brillándole a la luz de las velas. Ágata se volvió hacia ella, hacia el duque, buscando un aliado, una grieta, cualquier cosa, y no encontró más que rostros de piedra.

Entonces se le quebró el barniz por completo.

—¡Malagradecido! —escupió—. ¡Años cuidando esta casa mientras tú jugabas a la guerra! ¡Y así me pagas, por culpa de esta! —Giró de golpe hacia Cassidy, con el dedo tembloroso apuntándola, los ojos inyectados de odio—. ¡Tú! ¡Esto es cosa tuya, no sé cómo, pero es tuya! ¡La mosquita muerta! ¡Algo hiciste, gorda del demonio, algo…!

—Una palabra más contra mi hija —dijo el duque, muy bajo, poniéndose entre las dos— y no vas a una casa en la ciudad. Vas a un convento en la frontera. Elige.

Ágata cerró la boca. La mandíbula le temblaba de rabia. Miró a Cassidy con una promesa muda de guerra eterna, agarró a su hija del brazo y la arrastró fuera del salón, soltando por lo bajo maldiciones que ninguna dama debería conocer, camino de empacar la vida que acababa de perder.

Y por fin, después de semanas, padre e hija se quedaron solos.

El duque se dejó caer en una silla, y de pronto ya no parecía un ministro de guerra, sino un hombre cansado que ha peleado en dos frentes en un solo día y ha perdido en el que más le importaba.

—Ven aquí, hija. —Le tendió la mano.

Cassidy se acercó, se sentó a su lado, y dejó que el hombre le tomara las dos manos entre las suyas, ásperas, grandes.

—Escúchame bien —dijo el duque, y la voz le salió ronca, cargada—. Sé lo que ese hombre insinuó hoy en mi salón. Lo oí igual que lo oíste tú. Y quiero que te grabes una cosa. —Le apretó las manos—. Yo he inclinado la cabeza ante ese rey toda mi vida. Le he entregado mis años, mi espada, mi sangre en el frente. Pero hay una línea que no le voy a dejar cruzar, aunque me cueste la cabeza. Ese viejo libidinoso no te va a poner un dedo encima. Antes prefiero enterrarnos a los dos que verte en su cama. ¿Me oyes? Bajo ninguna circunstancia.

Y en ese momento pasó algo que a Cassidy la agarró desprevenida, porque no lo había planeado.

Se le apretó la garganta. De verdad. No de teatro.

Porque en dos vidas de peleas, de traiciones, de aprender que el cariño es una debilidad que se paga con la piel, nadie —ni en el Oeste, ni en la mansión— le había tomado nunca las manos para decirle que preferían morir antes que dejar que la lastimaran. El cariño de Aurora seguía vivo dentro de ella, sí, pero esto no era solo de Aurora. Esto le llegó a ella, a Boone, a la que creía tener el corazón blindado.

Se lo tragó rápido, porque no había venido a este mundo a ablandarse.

—Gracias, padre —dijo, y la emoción de la voz esta vez no la fingió.

Pero mientras el hombre la abrazaba, la otra parte de ella, la fría, la que no descansaba nunca, ya había empezado a hacer cuentas. Porque así era ella, y ni el cariño le apagaba la calculadora.

A ver, Boone. Piénsalo despacio, sin sentimentalismos. Papá quiere protegerme del rey, y lo agradezco. Pero mi objetivo, el que me trajo hasta acá, es acabar con ese rey desde adentro. Y para acabar con un hombre, hay que estar cerca de él. Muy cerca. ¿Y qué lugar más cerca del rey que a su lado, en su cama, con su corona en la cabeza?

Se apartó despacio del abrazo, y miró a su padre.

—Padre… no te enojes con lo que voy a decir.

—¿Qué cosa?

—Que quizá… —eligió las palabras como quien camina sobre hielo— quizá ser reina no sería lo peor que me pudiera pasar.

El duque la miró como si le hubiera crecido otra cabeza.

—Aurora…

—Escúchame. —Cassidy bajó la voz—. Una mujer en este mundo no tiene poder. Ninguno. Nace para que la casen, la usen y la manden. Yo lo aprendí a golpes. Pero una reina… una reina sí tiene poder. Una reina se sienta en la mesa donde se deciden las cosas. Una reina puede proteger a los que quiere. Puede proteger a su padre. —Le sostuvo la mirada—. No digo que el rey me guste. Me da escalofríos. Pero si el destino me va a empujar hacia una corona, prefiero pensar en lo que puedo hacer con ella, y no solo en el hombre que viene atado a ella.

El duque la miró largo, entre el orgullo y la preocupación, sin saber que su hija dócil acababa de enseñarle, sin que él lo entendiera del todo, la primera esquina de una carta mucho más oscura.

Eso es, viejo. Cree que tu hija es ambiciosa. Es más fácil de tragar que la verdad. La verdad es que no quiero la corona. Quiero la cabeza del que la lleva. Y a veces, para cortar una cabeza, primero hay que dejar que te acerquen a ella.

—Eres más lista que yo a tu edad —murmuró el duque al fin, meneando la cabeza—. Demasiado lista. Me asusta un poco. —Le acarició la mejilla—. Pero mañana hablo yo con el rey. Y ganamos tiempo. Nada se decide todavía. Descansa.

Cassidy asintió, mansa. Pero no descansó.

Porque había una parte del plan que su padre no podía manejar. Una que necesitaba manos que no le debieran lealtad a ningún rey.

Esa misma tarde, con una excusa de aire y de nervios, salió a montar. Y en cuanto perdió de vista al castillo, giró la yegua hacia el sur.

Hacia el bosque del que no vuelve la gente.

La cabaña la recibió con el fuego encendido y tres pares de ojos que se clavaron en ella apenas empujó la puerta.

—Miren quién se acordó de sus primos guapos —dijo Damián, medio en broma, pero se enderezó al verle la cara—. ¿Y esa cara? Traes cara de traer problemas.

—Traigo cara de traer noticias. —Cassidy se dejó caer en un banco, sin ceremonias—. Ya no soy la prometida del príncipe. Se rompió el compromiso anoche.

—Ya lo sabíamos —dijo Adriano desde el rincón, cruzado de brazos—. En este reino el chisme corre más rápido que un caballo. Media región sabe ya que el principito se revolcaba con la hermanastra y que el duque los agarró.

—Bien. Me ahorran la mitad del cuento. —Cassidy respiró hondo—. Pero hay una parte que el chisme todavía no sabe, y es la que me trae. El rey vino en persona esta mañana. Y no vino solo a humillar a su hijo. —Los miró uno a uno—. Vino a fijarse en mí. Quiere hacerme su reina.

El silencio de la cabaña se volvió pesado.

Tobías dejó de afilar. Damián borró la sonrisa. Y Adriano se despegó de la pared, muy despacio.

—¿Su reina —dijo, con una voz que se había puesto peligrosamente baja? Y viniste a contárnoslo así, tan tranquila.

—Vine a contarles que se me acaba de abrir la puerta que llevan quince años sin poder cruzar. —Cassidy se levantó, porque esto no se dice sentada—. ¿No lo ven? Ustedes llevan una vida entera dando vueltas por este bosque, golpeando patrullas, esperando una grieta para llegar al rey. Y esa grieta acabo de convertirme en ella yo. Reina. A su lado. En su cama. En su mesa. Con acceso a cada pasillo, a cada puerta, a cada guardia de ese palacio.

—O a cada moneda del rey y a cada privilegio de una corona —cortó Adriano, y dio un paso hacia ella—. Escúchate. "Reina a su lado." ¿De verdad crees que voy a tragarme que la mujer que va a dormir con el asesino de mis padres sigue de nuestro lado? Nos usaste para salir viva del bosque, y ahora que tienes un trono a la vista, te vas a acomodar en él y a olvidarte de que existimos. Eso es lo que veo. Una traidora tomando impulso.

—¡No! —Cassidy le sostuvo el paso sin retroceder ni un dedo, y por primera vez la voz le salió con filo—. Escúchame tú a mí, terco de mierda. Yo no quiero al rey. Ese hombre me da más asco que a ti. Yo no quiero su corona por la corona. La quiero por lo que abre. —Bajó la voz, y la volvió acero—. Te voy a decir exactamente cuál es el trato, Adriano, y después decides si me matas o me crees. Yo me acerco al rey. Me convierto en lo que él quiere, la reina, la que duerme a su lado y le baja la guardia. Y el día que lo tenga confiado, ciego, con las murallas dormidas, yo misma te abro las puertas del palacio. Con mis propias manos. Para que entres tú y le cortes la cabeza. Tú. No yo. La venganza es tuya. Yo solo te pongo el cuello a tiro.

El fuego crujió en el silencio. Damián miraba a uno y a otro sin atreverse a hablar. Tobías tenía el cuchillo quieto en la mano, atento.

—Palabras —dijo Adriano, pero algo se le había movido detrás de los ojos—. Bonitas palabras. ¿Y qué me garantiza que, una vez dentro, con la corona puesta, no decidas que la vida de reina es más cómoda que la venganza de tres forajidos?

—Nada —dijo Cassidy, y lo desarmó con la honestidad—. Nada te lo garantiza. Por eso te voy a dar algo mejor que una promesa. —Se acercó a él, y le sostuvo la mirada de cerca—. Te voy a dar un hombre adentro. Uno de ustedes tres. A mi lado, todos los días, vigilándome.

—¿De qué hablas? —frunció el ceño Adriano.

—De esto. —Cassidy empezó a caminar, armando el plan en voz alta como quien lo ve por primera vez, aunque llevaba horas cocinándolo—. Volviendo yo del bosque, "perdida", asustada, aparece un desconocido y me salva. Me rescata de los peligros del camino, me devuelve sana y salva al castillo. Mi padre, que me quiere más que a su vida y que anda desesperado por protegerme del rey, ¿qué hace con el hombre que salvó a su hija? Le da un puesto. Lo pone en mi guardia personal. Le confía mi vida. —Se detuvo, y miró a Adriano directo—. Uno de ustedes se convierte en mi guardia. Legal. A la vista de todos. Pegado a mí día y noche, dentro del castillo primero y del palacio después. Y así ustedes tienen ojos en mí a toda hora. Si los traiciono, lo van a saber al segundo, porque van a estar respirándome en la nuca. Y si no los traiciono, tienen a un hombre suyo justo donde necesitan, listo para el día del golpe.

El silencio que siguió fue distinto. Ya no era de rabia. Era de cálculo.

Damián soltó un silbido bajo.

—Tengo que reconocerlo —murmuró—. La gorda piensa como general.

—Piensa como zorra vieja —gruñó Adriano, pero ya sin el filo de antes. La miraba distinto. La estaba, por fin, tomando en serio—. Y el que entra soy yo.

—¿Tú? —Damián arqueó una ceja—. El jefe metido de guardia. Qué humilde.

—Yo. —Adriano no le quitó los ojos de encima a Cassidy—. Si alguien va a estar pegado a ella día y noche para asegurarse de que no nos venda, voy a ser yo. A ustedes dos los enreda en una tarde con esa lengua. A mí no.

Cassidy le sostuvo la mirada, y por un instante —solo un instante— algo chispeó entre los dos que no tenía nada que ver con reyes ni con venganzas, y los dos lo notaron, y los dos lo enterraron rápido.

—Trato hecho, entonces —dijo ella, tendiéndole la mano—. Tú me cuidas. Yo abro la puerta. Y entre los dos le bajamos la corona al rey. De su cabeza. Con todo y cabeza.

Adriano miró la mano. La miró a ella. Y por fin, despacio, la estrechó.

—Si me traicionas —dijo, sin soltarla—, no va a hacer falta que el bosque te esconda. Yo mismo me encargo.

—Ya somos dos que amenazan bonito —dijo Cassidy, sin soltarlo tampoco—. Nos vamos a llevar de maravilla, guapo.

Afuera, el sol terminaba de meterse detrás de los árboles, y en la cabaña acababa de sellarse una alianza que iba a hacer temblar un imperio.

1
Guadalupe Flores
Listisima para la siguiente cassidy. Solo me falta mi soda que ya viene en camino. Y listoooo. Comenzamos
Guadalupe Flores
Solo tengo una duda se va quedar con las concubina las va dejar en el castillo o. Les va resarcir. Y falta saber quien la quiso matar en el castillo
Guadalupe Flores
😭 Fuerte capitulo. Cassidy y las hierbas que leíste tanto. Piensa mujer. Tienes el conocimiento y con la ayuda del Dios que te trajo va vivir.
Sandra Chana
Me encantó. Felicitaciones autora.
Guadalupe Flores
Otra vez error. Muerto el perro se acabó la Rabia.dale cuello
Guadalupe Flores
Y la prueba en la sabana?
Guadalupe Flores
Maldicion es de madrugada y no puedo dejar de leer. Mañana voy a parecer mapache
Guadalupe Flores
De México y sin duda Cassidi se gana toda la novela. He leído un centenar de novelas donde muchas veces gusta más el personaje antagonico secundario etc. Pero a cassidi no la tumba nadie
Guadalupe Flores
Esto está de infartooo
Guadalupe Flores
Inguesuuu. Este misterio está buenísimo. Y si le das lo mismo al Rey para que se vaya apagando 🤣🤣
Guadalupe Flores
Ese. Rey se cree listo pero Cassidi es más que se case y en la noche de bodas le de matarili. Y ella queda como la reina viuda he que tal. Luego después del luto se case con el guapo mayor🤣🤣
Guadalupe Flores
Y el Óscar a la mejor actuación es paraaaa. Cassidyyyy😂😂
Guadalupe Flores
Siii me encanta que hagas una zaga con cassidi. 😂
eljardindeadri
escritora una novela muy bonita de principio a fin. pero al,principio según con Daniel tuvo tres hijos y al final sali que no, y ella se llamaba Aurora por que los hermanos le decían cassydy. me hubiera gustado una historia por casa hermano, pero bueno vamos por la siguiente historia
Luz Angela Castillo Ramirez
😭😭
Sandra Chana
👏👏👏 chapeaux!
Margarita Acuña Cerda
Lo peor es el poder el rey hace lo que quiera ,ahítame este tiempo quien tenga poder hace lo mismo simi miremos al demonio de trump o los narcos 😔😔😔😔😔
Margarita Acuña Cerda
Y por favor hecha a las putizorras también 🤭🤭🤭3
Roxana Gardilcic
eres genial!! un nivela alucinante!!
Margarita Acuña Cerda
Oye autora es muy entretenida la novela me encanta🤣🤣🤣🤣🥰🥰🥰
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