Ella es Antonieta, quien después de morir se convirtió en Alexandra, una mujer destinada a morir, para salvarse de ese cruel destino que le espera, ella hará lo que sea para sobrevivir. Así tenga que usar métodos pocos convencionales.
Cuando creyó que por fin iba a ser libre, aparece alguien que pone su mundo de cabeza.
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Escena del asco
Todo estaba bien, pero cuando Alexandra estaba llena terminar de cenar, finge que se siente mal y que le duele el estómago.
Ella pidió permiso para retirarse, el duque no le negó el permiso y la dejó ir. Ella se fue del comedor, pero justo cuando iba por las escaleras, las dos brujas se empezaron a quejar del dolor.
Las dos no tuvieron tiempo para decir algo, cuando sus estómagos lanzaron por todos los canales la cena y hasta la comida del día. Sus ropas estaban hechas un asco, pues se defecaron encima.
El duque al ver la repugnante escena, también se fue en vómito y enseguida mandó a llamar a los sirvientes para que limpiaran el lugar.
Pero estos al ingresar al lugar se fueron en vómito también, pues allí había un olor a caca terrible.
Las dos mujeres aún descompuestas siguieron lanzando fuera de sus cuerpos los alimentos comidos ese día, hasta que sus cuerpos se descompusieron y se desmayaron.
El duque se asustó y a pesar del mal olor que había allí, arrastró a las dos mujeres lejos del comedor y mandó a llamar al médico familiar.
También mandó a los sirvientes a que lleven a esas dos mujeres a la habitación de la concubina y allí las limpiaron, eso sí, los sirvientes casi lanzan hasta la primera leche materna que se tomaron al nacer.
El médico familiar llegó enseguida, ya que vivía cerca del ducado.
Rápidamente el doctor fue a atender a las dos mujeres, quienes estaban desmayadas aún.
Alexandra no se había incorporado, puesto que, necesitaba mantener la fachada de que estaba mal del estómago.
Ella para hacer más creíble el asunto, comenzó a quejarse en voz alta y el duque dejó a esas dos al cuidado del doctor y los sirvientes y fue a ver a su hija mayor.
Al llegar la encontró en el suelo llorando de dolor.
La pobre Alexandra gritaba fuerte y se sostenía el estómago con dolor.
Él sintió pena y la levantó del piso y la llevó a qué el doctor la revisará.
Cuando llegó las dos mujeres estaban ya despiertas y se quejaban de dolor.
Sus rostros estaban pálidos como una sábana.
El doctor sacó de su maletín una poción para aliviar el dolor de las dos víboras y al darle la poción ellas se durmieron.
Después pide que pongan a la joven en unos de los sofás de la habitación y fue a revisar.
Al parecer la joven no tenía nada y su malestar ha de ser por lo que consumió en el día.
Él también le dio una poción a la joven, y al terminar dejó una receta para las tres enfermas.
Al finalizar su trabajo se fue de allí en paz.
El duque se quedó ahí en la habitación y cuidaba de las tres mujeres, las cuales estaban dormidas.
Los sirvientes hicieron dos camas y el duque puso en una de ella a su hija Alexandra quien se había dormido por la poción.
Mejor dicho, fingía, puesto que, aquella poción no era nada para ella, quien ha probado todo tipo de tónicos y pociones.
Su cuerpo estaba preparado y cosas como esas le harían quedarse inconsciente, claro, si ella había ingerido esos alimentos con aquella poción, lo más seguro es, que hubiera caído en la trampa de aquella dos víboras, pero, ella siempre va a un paso delante de sus enemigos.
***
Para el día siguiente la mansión del duque Zalazar se puso en movimiento y los sirvientes ya habían limpiado hasta dejar impecable los lugares afectados por el suceso de anoche.
Las tres mujeres ya habían despertado y dos de las cuales estaban sin doloridas.
Por su parte, Alexandra pide permiso al duque para irse a su habitación y le pide también el día libre para recuperarse bien.
El duque se quedó en la habitación en dónde estaban las dos mujeres y mandó a que los sirvientes le preparen la medicina y algo de comer ligero.
Después, se fue a su propia habitación a lavar su cuerpo y a cambiarse de ropa, puesto que, tenía trabajo que hacer.
Las dos mujeres al estar solas comenzaron a quejarse entre ellas.
—¿No se supone que quien salga perjudicada sea aquella chica? ¿Será que la inútil de aquella sirvienta se equivocó y nos dio lo que mandé a comprar a nosotros?— cuestiona la concubina y en esos momentos le pasó un dolor de estómago que le hizo quejarse de dolor.
—No sé qué habrá pasado, pero esto no fue lo que planeamos, casi muero, no sé con qué cara vete a los sirvientes a partir de hoy— se queja Lorena muy enojada.
—Esto no salió como tenía que salir, lo tomaremos como un error sin sentido, será mejor que entre las dos le demos una lección a esa maldita mujer, pero tiene de otra forma— termina de decir la concubina, para luego quejarse nuevamente de dolor.
Su estómago estaba terrible, lo mismo le sucede a Lorena.
No pasó mucho tiempo cuando llegaron los sirvientes a servirle, ellos tenían listo los alimentos y la medicina.
Las dos después de lavar sus cuerpos comieron algo y se tomaron la medicina, y después decidieron dormir un poco.
***
Esa fue la rutina de esas mujeres y de Alexandra, puesto que, ella seguía manteniendo su fachada de que también estaba mal del estómago, no puede hacer que la sirvienta sea descubierta.
Las serpientes se mantuvieron haciendo esa rutina por cinco días y al quinto día, las dos volvieron a ser las mismas de antes, y tenían planes de destruir a Alexandra.
Dispuesta a hacer eso, nuevamente la concubina le ordenó a la misma sirvienta ir a buscar un delincuente capaz de eliminar a alguien, ese delincuente haría el trabajo sucio por ellas.
Alexandra fue informada de lo que iba a pasar y, por lo tanto, no se inmutó en impedir que esas dos mujeres hagan lo que tenían pensado hacer.
Claro, la única diferencia sería, que la que iba a morir sería una de ellas.