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La Dama Doctora

La Dama Doctora

Status: En proceso
Genre:Época / Reencarnación / Edad media
Popularitas:33.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Juna C

Una brillante Doctora reencarna en el cuerpo de una delicada aristócrata. Para evitar un matrimonio forzado y seguir su pasión, decide estudiar medicina, desatando el escándalo.
Su padre la envía a prueba al Hospital Central bajo las órdenes del doctor más estricto del imperio. Él cree que es una noble caprichosa y la manda al peor pabellón para que renuncie.
Pero ella no le teme a la sangre, domina técnicas del futuro y está lista para demostrar que nadie maneja el bisturí mejor que ella.

NovelToon tiene autorización de Juna C para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 10

Los días siguientes transcurrieron en un ritmo constante de trabajo y aprendizaje. Elara se levantaba antes del amanecer, llegaba al hospital cuando el sol apenas comenzaba a asomar, y no se detenía hasta que la noche cubría por completo las ventanas de la sala.

Atendió a los pacientes de aquella ala olvidada con la misma dedicación que si estuviera en un quirófano de primer nivel. Limpió heridas, cambió vendajes, escuchó historias de vida, y en más de una ocasión, sostuvo manos temblorosas mientras sus dueños lloraban por miedo o por gratitud.

Las cuidadoras ya no la miraban con desconfianza. Ahora la buscaban con la misma naturalidad con la que buscaban los instrumentos médicos. Los pacientes la llamaban "doctora Elara" sin titubear, y ella, aunque aún se sonrojaba un poco con el título, no lo corregía.

Se había ganado un lugar.

Y eso, para ella, valía más que cualquier título nobiliario.

Estaba revisando la herida de un anciano cuando escuchó pasos firmes acercarse. No necesitó levantar la vista para saber quién era. Ya conocía ese ritmo: seguro, medido, sin prisas pero sin dudas.

—Elara.

Levantó la cabeza. Emilian estaba frente a ella, con la bata blanca ligeramente arrugada y el cabello negro tan despeinado como siempre. Pero su expresión no era la habitual. No había ese ceño fruncido de evaluación constante. Había algo distinto, algo que Elara no lograba descifrar.

—Doctor Hawthorne —respondió, soltando suavemente la mano del paciente—. ¿Algún problema?

—Acompáñame.

No era una orden, pero tampoco una sugerencia. Elara parpadeó, pero asintió.

—Si señor.

Dejó los instrumentos sobre la mesa, se secó las manos con un paño limpio y siguió a Emilian. Caminaron a través de los pasillos del hospital, pasaron junto a enfermeras y médicos que los saludaban con breves inclinaciones de cabeza, y finalmente salieron por una puerta lateral que daba a un pequeño jardín interior.

Elara se detuvo al sentir el aire fresco en su rostro. Era un espacio pequeño, casi olvidado, con unos pocos arbustos y un banco de piedra desgastado por el tiempo. Pero estaba en silencio. Y después de horas de ruido y movimiento, aquello era un lujo.

Emilian se detuvo junto al banco y se quedó mirando el horizonte, sin decir nada.

Elara esperó. Un minuto. Dos.

—¿Hice algo mal? —preguntó finalmente, con una mezcla de confusión y precaución—. Porque si es así, prefiero saberlo ahora.

Emilian soltó un suspiro, pero no era de exasperación. Era... diferente. Más suave.

—No —dijo sin volverse—. No es eso.

Elara lo observó. Algo en su postura había cambiado. Los hombros, que siempre se mantenían erguidos y tensos, parecían haber bajado una fracción.

—Lo siento —dijo entonces.

Elara abrió los ojos.

—¿Qué?

Emilian se giró lentamente. Y cuando sus ojos se encontraron con los de ella, la frialdad que siempre los acompañaba se había suavizado, como un hielo que comienza a derretirse bajo el sol.

—Mis prejuicios me hicieron considerarte un estorbo —admitió, con una honestidad que casi dolía—. Te juzgué por tu apariencia, por tu vestido, por tu forma de hablar. Pensé que eras otra noble aburrida que venía a jugar a ser médico para sentirse interesante.

Elara abrió la boca para responder, pero él continuó.

—Y estaba equivocado.

El silencio se instaló entre ellos. El viento movió ligeramente el cabello de Elara, y por un instante, el jardín pareció más tranquilo.

Emilian sonrió. Era una sonrisa pequeña, apenas un gesto, pero lo suficiente para transformar por completo su rostro.

—Solo te juzgué por tu apariencia —repitió, más suave aún—. Y no debería haberlo hecho. Lo siento.

Elara parpadeó varias veces, procesando lo que acababa de escuchar. Emilian Hawthorne, el médico frío e inaccesible, se estaba disculpando. Con ella.

—Ah —dijo finalmente, y no pudo evitar que una pequeña sonrisa asomara en sus labios—. No tiene que disculparse, doctor. En realidad, esperaba que me odiara unos días más. Ya estaba preparando un discurso para defenderme.

Emilian la miró extrañado, y luego, para su propia sorpresa, soltó una risa baja. No era la risa seca y cortante de antes. Era genuina, casi cálida.

—¿Un discurso?

—Sí —dijo Elara, encogiéndose de hombros—. Algo así como: "No juzgue un libro por su portada, doctor Hawthorne. Aunque la portada sea muy bonita." —Hizo una pausa y luego añadió con una mueca divertida—. Pero luego pensé que tal vez sonaría arrogante y mejor me callé.

Emilian negó con la cabeza, pero su sonrisa se mantuvo.

—Me alegra que te callaras.

—Yo también —admitió Elara—. Porque si hubiera soltado esa frase, ahora estaría buscando otro hospital donde trabajar.

Él rió de nuevo, y Elara se dio cuenta de que era la primera vez que lo veía reír. La primera vez que su rostro se relajaba por completo. Y en ese momento, con el viento moviendo su cabello oscuro y la luz del atardecer iluminando sus facciones, se veía... diferente. Atractivo, incluso. Mucho más de lo que ya era.

Elara apartó la mirada rápidamente, sintiendo un ligero calor en las mejillas.

Concéntrate, se dijo a sí misma. Es tu jefe. Tu profesor. Y probablemente un hombre insoportable cuando quiere.

Emilian extendió la mano hacia ella. Un gesto simple, pero cargado de significado.

—Bueno —dijo, aclarándose la garganta—. Con este apretón empezamos de nuevo. Sellamos el juramento de profesor y alumna.

Elara lo miró. La mano de él era grande, con dedos largos y delgados. Las manos de alguien que había pasado años sujetando instrumentos quirúrgicos. Sin dudarlo, puso la suya sobre la de él.

—Espero trabajar contigo —dijo Emilian, y esta vez su voz sonó más suave, casi íntima.

Elara sintió el calor de su mano contra la suya. Era cálida, firme. No se apresuró a soltarla.

—Igualmente —respondió, con una sonrisa genuina—. Espero que hagamos muchas cosas en el futuro, doctor Hawthorne. O bueno... profesor.

Emilian la miró. Y por un instante, ninguno de los dos soltó la mano.

El viento sopló de nuevo, moviendo las hojas de los arbustos y llevándose el silencio que se había instalado entre ellos.

—Profesor —repitió él, como si probara la palabra—. Suena bien.

—Me alegra que le guste —dijo Elara, y su sonrisa se hizo más amplia—. Porque no pienso llamarlo de otra manera.

Emilian soltó una risa baja, y finalmente, con una lentitud que parecía deliberada, retiró su mano.

—Será mejor que regreses —dijo, con un tono que intentaba recuperar su seriedad habitual, aunque la sonrisa aún bailaba en sus labios—. Los pacientes te esperan.

Elara asintió y se giró para irse. Pero antes de dar el primer paso, se detuvo y lo miró por encima del hombro.

—Solo una cosa, profesor.

—¿Qué?

—La próxima vez que quiera disculparse, puede ahorrarse el jardín y llevarme algo de comer. Porque el trabajo quita el hambre, y yo no he comido nada desde el desayuno.

Emilian parpadeó, sorprendido por el comentario. Y luego, para su propio asombro, rió de verdad.

—Me lo apunto.

Elara sonrió y se fue, dejando a Emilian Hawthorne solo en el jardín, mirándola alejarse con una expresión que no lograba comprender del todo.

Cuando ella desapareció por la puerta, él soltó un suspiro y se pasó una mano por el rostro.

—Interesante —murmuró para sí mismo, con una sonrisa que no se borraba.

Definitivamente, aquella chica era algo más que una prodigio.

Y por primera vez en mucho tiempo, Emilian Hawthorne sentía curiosidad por saber hasta dónde podía llegar.

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1
Sara Manzanilla
Maravillosa. me encanta la historia de una mujer fuerte, que se abre su propio camino.
Akame Gk
Tanto drama para decir la verdad 🙄
Ana Parra
ya Elara no le des tantas vueltas al asunto y dile todo a Emilian
Ana Parra
así es Elara, cuentas claras conservan amistades.
Viviana Maldonado
creo q debería hablar con emilian
Mitsuki G
Sigo sin entender ya que me acuerdo que solo los necesarios lo sabían y este Emilian al principio la subestimó por ser noble o me equivoco pero por lo menos no se dejó chantajear y a ver si con eso Kael se rinden
Mitsuki G
Por lo menos están curando a las personas y pueden ver más vidas a salvos aunque Emilian contó lo que pasó en esa guerra no entendí como se iría habrá sido el mismo ataque pero el vivió y su amada murió?
Mitsuki G
Pero el sabe que es una noble al inicio lo digiero aunque no de que familia pero lo era por la ropa que usaba y que subestimó verdad? pero debería ser sincera con el y más si quiere que su madre lo acepte y no vea el interés por ser nobles de mejor estatus
Ana Parra: cierto, no 🤷‍♀️ el miedo de Elara en contarle a Emiliano todo sobre su vida, que es una resucita, que era medico en un mundo mucho mas avanzado y que en este en una noble de cuna.
total 1 replies
Mitsuki G
Si tendrá que ser sincera con el más adelante más que ya reviso esa información que al verla debió dejarla no revisar toda por lo menos Emilia dió un paso con ella a ver qué pasa con su venta que su madre está negociando
Mitsuki G
Por lo menos fue sincera con Kael sobre que no tiene los mismos sentimientos para no ilusionarlo de nuevo pero ahora su madre no entendió que ella escoja quiere otra vez que sea una muñeca decorativo a ver si logra evitarlo
Estrella Reyes Reyes
que paso autora,ella,no esta en su casa,vive en el hospital,o fue a visitar a su familia?no me quedo claro
Magnolia
cómo se lanzan miradas asesinas por debajo de la mesa????🤔🤔🤔
que alguien me explique 🤔🤔🤔
Ana Parra
Elara, como de lo único que estas bien clara y segura es que no sientes y no quieres nada con Kael, tienes que decirle con toda honestidad y sinceridad que no insista porque no hay nada que te haga quererlo y desearlo como hombre .
Elizabeth Yepez
la próxima vez se dan un beso
Elizabeth Yepez
simplemente está celoso
Ana Parra
Elara debería confiar en Emiliam y contarle que ella tubo otra vida donde era medico y que murió por posponer su salud ante s7 vocación de servicio
Elizabeth Yepez
elara viene de un mundo moderno actualizado
Mitsuki G
Se notan los celos de Emilian por lo menos se disculpo por ese momento pero también confesó que ese que tiene no le importa que pase va muy bien la verdad
Mitsuki G
Tengo una duda no se supone que tiene su dormitorio cerca del consultorio y como está su madre o solo fue a verla pero se nota que su hermano si sabe y los celos se huelen
Mitsuki G
Si como dije son un buen equipo y ambos ya están reconociendo que algo está empezando a crecer ahí y dejará que todo sea natural
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