Me habría encantado renacer, como les ocurre a las protagonistas de esas novelas románticas que tanto me gusta leer. Despertar años atrás, evitar mis errores y no entregar mi corazón al hombre que terminaría destruyéndolo.
Pero la vida real no concede segundas oportunidades de esa forma.
Yo tuve que abrir los ojos por mí misma, enfrentar la verdad y comprender que marcharme no era perder... era salvarme.
Lucan Rivas creyó que sin él no era nadie, se equivocó. Porque no necesité volver al pasado para cambiar mi destino; solo necesité el valor de dejar atrás a quien nunca supo valorarme. Y mientras él descubría todo lo que había perdido, yo aprendía que la mejor versión de mí jamás había dependido de un esposo, sino de la mujer que siempre fui.
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Capitulo 24
Después del desayuno, regresé a mi habitación para terminar de arreglarme. Todavía tenía en la cabeza la conversación que había mantenido con Eiden y, aunque intentaba convencerme de que sus palabras no habían significado demasiado, una pequeña sonrisa aparecía en mis labios cada vez que recordaba la forma tranquila en que me había dicho que dejara de esconderme de él. Era extraño. Hacía apenas unas semanas, jamás habría imaginado que alguien pudiera convertirse tan rápidamente en una presencia importante dentro de mi vida sin que yo sintiera que estaba perdiendo el control. Eiden no había llegado intentando ocupar ningún espacio que Lucan hubiera dejado vacío. No había intentado convertirse en una solución para mi pasado ni había aparecido con promesas imposibles. Simplemente había estado allí. Primero como alguien con quien podía hablar, después como una persona en quien comenzaba a confiar y, poco a poco, como alguien cuya compañía había empezado a esperar con una ilusión que todavía me costaba reconocer. No necesitaba hacer nada extraordinario. Bastaba con escuchar su voz al otro lado de una habitación, cruzar una mirada con él o compartir uno de aquellos silencios que antes habrían resultado incómodos para que algo dentro de mí se sintiera extrañamente tranquilo. Tal vez eso era precisamente lo que más me sorprendía. Después de todo lo que había ocurrido con Lucan, había pensado que volver a confiar en alguien sería prácticamente imposible. Había creído que necesitaría mucho tiempo antes de permitir que otra persona se acercara lo suficiente como para conocer una parte de mí que todavía estaba intentando reconstruir. Sin embargo, con Eiden no sentía que tuviera que esforzarme. No sentía que estuviera intentando reemplazar nada. Era algo distinto, algo que estaba naciendo por sí solo y que, precisamente por eso, me daba tanto miedo como curiosidad.
Cuando terminé de arreglarme, bajé nuevamente a la sala. Papá estaba sentado junto a una de las ventanas, con la tableta frente a él y varios documentos abiertos sobre la mesa. Al parecer, sus vacaciones no habían conseguido cambiar demasiado sus hábitos. Había prometido que durante aquellos días intentaría olvidarse de la empresa, pero llevaba buena parte de la mañana revisando informes y respondiendo mensajes. Al otro lado de la habitación, Eiden permanecía de pie frente al enorme ventanal, hablando por teléfono. Al escuchar mis pasos, ambos levantaron la mirada casi al mismo tiempo.
—Ahí está mi hija —dijo papá, dejando la tableta sobre la mesa—. ¿Lista?
Fruncí ligeramente el ceño.
—¿Lista para qué?
Papá intercambió una mirada divertida con Eiden.
—¿No te dijo?
Miré hacia Eiden. Él acababa de terminar la llamada y guardó el teléfono en el bolsillo.
—Quería llevarte a conocer algunos lugares de la isla.
—¿A mí?
—A ti.
Una sonrisa apareció en mis labios.
—¿Y papá?
—Tu padre tiene una reunión dentro de unas horas —respondió Eiden.
Papá levantó una mano inmediatamente.
—Confirmo. Y, además, ustedes dos pueden aprovechar para conocer la isla sin tener a este viejo siguiéndolos a todas partes.
Lo miré con incredulidad, ¿se acaba de llamar él mismo viejo?
—No eres tan viejo.
—Eso díselo a mis rodillas.
Eiden soltó una risa baja.
—Tu padre tiene razón. Después de la reunión probablemente estará demasiado cansado para acompañarnos.
—¿Demasiado cansado? —pregunté.
Papá me miró con absoluta seriedad.
—Hija, tengo cincuenta años. A estas alturas debo administrar mis energías.
—Hace cinco minutos estabas revisando documentos.
—Eso es diferente. Mis rodillas no necesitan caminar para revisar documentos.
No pude evitar reírme. Eiden negó lentamente con la cabeza.
—Creo que tu padre tiene una explicación para todo.
—Porque soy un hombre preparado.
—Eso dices tú.
Papá hizo un gesto con la mano, como si quisiera terminar la discusión.
—En fin. Váyanse. Disfruten. Yo tengo que resolver algunos asuntos y luego descansaré un poco.
Miré a Eiden.
—¿Y qué vamos a hacer?
—Depende de ti.
—Eso no responde mi pregunta.
Una sonrisa apareció en su rostro.
—Podemos visitar un pueblo cercano, conocer algunos lugares tradicionales, recorrer parte de la costa y terminar en un mirador antes del atardecer.
Mis ojos se iluminaron.
—Quiero verlo todo.
Papá soltó una carcajada.
—Entonces buena suerte, Eiden.
—La necesitaré.
—¡Los escucho!
Ambos comenzaron a reír y terminé uniéndome a ellos. No sabía exactamente cuánto tiempo llevaba sin sentirme así de ligera. Quizá por eso aquella simple conversación me resultaba tan agradable. No había discusiones, reproches ni recuerdos que tuviera que defender. Solo estábamos allí, hablando de qué hacer durante el día como si fuéramos una familia que había decidido improvisar unas vacaciones y, por unas horas, olvidarse del resto del mundo.
Unas horas después, salimos de la villa. La isla era todavía más hermosa de lo que había imaginado. Recorrimos pequeños caminos rodeados de vegetación, pasamos por zonas donde los habitantes locales ofrecían artesanías y nos detuvimos en distintos lugares donde Eiden parecía conocer hasta el detalle más pequeño de cada rincón. No podía evitar mirarlo con cierta curiosidad. Parecía haber preparado aquel recorrido con bastante más cuidado del que quería admitir, aunque nunca intentaba presumir de ello. Simplemente caminaba a mi lado, señalándome algún lugar, contándome una historia o esperando pacientemente mientras yo me detenía a observar algo que llamaba mi atención.
En determinado momento, mientras caminábamos por una calle tranquila, lo miré de reojo.
—¿Cómo sabes tanto de este sitio?
—Investigué antes de venir.
Levanté una ceja.
—¿Investigaste?
—Sí.
—¿Por qué?
Eiden me miró como si la respuesta fuera evidente.
—Quería asegurarme de no llevarte a lugares aburridos.
Sonreí.
—Podríamos habernos quedado en la playa y habría estado feliz.
—Lo sé.
—Entonces, ¿por qué preparaste todo esto?
Eiden guardó silencio durante unos segundos, como si estuviera pensando cuidadosamente en qué responder.
—Porque quería que disfrutaras el viaje.
La respuesta fue sencilla, pero consiguió quedarse conmigo. No había ninguna declaración exagerada detrás de ella. No había intención de impresionarme. Simplemente quería que disfrutara. Y quizá eso era precisamente lo que hacía que sus pequeños gestos comenzaran a significar tanto para mí.
Continuamos caminando durante varias horas. Visitamos un pequeño mercado donde probé una fruta que jamás había visto, recorrimos una zona llena de construcciones tradicionales y terminamos frente a un pequeño templo cuya arquitectura me dejó fascinada. Eiden nunca intentó decidir por mí qué debía mirar o qué debía hacer. Cuando yo quería detenerme, él esperaba. Cuando preguntaba algo, respondía. Cuando encontraba alguna cosa que pensaba que podía gustarme, simplemente me la señalaba. En uno de los puestos terminé comprando un pequeño recuerdo para papá y lo guardé cuidadosamente dentro de mi bolso.
—Le va a encantar —dije.
—¿Y tú?
Lo miré confundida.
—¿Yo qué?
—¿No vas a comprar nada para ti?
Negué con la cabeza.
—No necesito nada.
Eiden permaneció unos segundos observándome.
—No estoy preguntando por cosas materiales.
La sonrisa que tenía desapareció ligeramente.
—¿Entonces?
—¿Estás disfrutando?
Lo miré durante unos segundos antes de sonreír.
—Muchísimo.
Su expresión se suavizó.
—Entonces es suficiente.
Aquellas palabras me hicieron bajar la mirada. No sabía por qué, pero había momentos en los que Eiden conseguía decir algo tan sencillo que terminaba pensando en ello durante horas.
Por la tarde llegamos al mirador. Desde allí podía verse gran parte de la isla y el océano extendiéndose hasta perderse en el horizonte. El sol comenzaba a descender lentamente y el cielo adquiría tonalidades doradas que se reflejaban sobre el agua. Me apoyé sobre la baranda y permanecí en silencio durante unos segundos, simplemente observando aquel paisaje. Había visto fotografías de lugares parecidos, pero ninguna había conseguido prepararme para la sensación de estar allí. Por un momento sentí que todo lo que había dejado atrás se encontraba demasiado lejos como para alcanzarme.
—Es precioso —murmuré.
Eiden se colocó a mi lado.
—Sí.
Esta vez no tuve que preguntarle qué estaba mirando. Ya había aprendido a reconocer algunas de sus pausas.
Sonreí ligeramente.
—Estás empezando a decir demasiado esa palabra.
—¿Cuál?
—Precioso.
Eiden me miró.
—Quizá es porque estoy rodeado de cosas que lo son.
Lo observé de reojo.
—¿Siempre eres así?
—¿Así cómo?
—Tan tranquilo.
Pensó unos segundos antes de responder.
—No con todo el mundo.
Aquella respuesta consiguió que mi sonrisa desapareciera lentamente. Volví el rostro hacia él.
—¿Y conmigo?
Eiden sostuvo mi mirada durante unos segundos antes de responder.
—Contigo intento serlo.
No supe qué decir. Sentí una extraña sensación en el pecho y desvié la mirada hacia el horizonte. Permanecimos unos minutos contemplando el paisaje sin necesidad de llenar el silencio. Y, por primera vez, comprendí que quizá esa era una de las cosas que más me gustaban de estar con él. No tenía que fingir. No tenía que mantener una conversación constantemente para evitar pensar. Podía simplemente estar allí.
Cuando finalmente emprendimos el camino de regreso, el sol ya comenzaba a desaparecer. El trayecto de vuelta fue mucho más tranquilo. Hablamos de cosas sencillas, de lo que queríamos hacer al día siguiente y de cómo papá probablemente terminaría trabajando incluso durante las vacaciones. Cuando llegamos a la villa caminamos unos minutos más por el jardín antes de detenernos cerca del columpio que había.
Lo observé durante unos segundos antes de sentarme. Eiden permaneció de pie frente a mí, con las manos en los bolsillos.
—¿Pasa algo? —pregunté.
—Sí.
Mi corazón se aceleró ligeramente.
—¿Qué?
Eiden respiró profundamente antes de responder.
—He estado pensando en algo durante varios días.
Lo observé en silencio.
—No quiero apresurarte.
Aquellas palabras hicieron que mi expresión cambiara.
—¿Apresurarme?
Asintió.
—Sé que has pasado por mucho. Sé que tu matrimonio terminó hace relativamente poco y que todavía estás aprendiendo a vivir sin todo aquello. No quiero que sientas que tienes que tomar una decisión solo porque estamos aquí, porque nos besamos o porque las cosas entre nosotros han empezado a cambiar.
Sentí un extraño nudo en la garganta. Eiden continuó hablando con tranquilidad.
—Quiero hacer las cosas bien contigo.
No supe qué responder inmediatamente. Él se acercó apenas un paso, pero mantuvo cierta distancia.
—Lo que tenemos comenzó de una manera inesperada. Primero fuimos vecinos. Después amigos. Luego empezamos a compartir conversaciones, paseos, momentos que ninguno de los dos había planeado. Y, poco a poco, empezaste a convertirte en alguien importante para mí.—Una pequeña sonrisa apareció en sus labios.—Y después nos besamos.
No pude evitar sonreír.
—Eso también fue inesperado.
—Para ti, quizá.
Levanté ligeramente las cejas.
—¿Para ti no?
Negó con suavidad.
—No del todo.
La curiosidad apareció inmediatamente en mi rostro, pero antes de que pudiera preguntar, Eiden continuó.
—Me gustas, Naelia.
Sentí que mi corazón comenzaba a latir con fuerza.
No porque aquellas palabras fueran completamente inesperadas. En el fondo, ya lo sabía. Pero escucharlo decirlo en voz alta hacía que todo pareciera mucho más real.
—Ya lo sé.. Y tú me gustas a mi—respondí finalmente.
Eiden soltó una pequeña risa.
—Quiero que sepas algo más.—Su expresión se volvió seria.—No quiero ser una etapa entre tu pasado y tu futuro. No quiero que algún día mires hacia atrás y pienses que estuviste conmigo porque necesitabas olvidar a alguien.
Me quedé completamente quieta.
—No eres eso.
—Quiero que estés segura.
Lo miré directamente.
—Lo estoy.
—Entonces quiero preguntarte algo.
Extendió lentamente una mano hacia mí.
—Quiero saber si estás dispuesta a intentar esto conmigo.
Miré su mano antes de volver a encontrar sus ojos.
—¿Intentar qué?
—Nosotros.—Sentí que mi respiración se volvía más lenta.—No quiero que tengas que prometerme nada. No quiero que pienses en el futuro ni que sientas que tienes que saber exactamente qué va a pasar. Solo quiero que, si tú también sientes que esto es diferente, nos permitamos descubrirlo.
Tragué saliva.
—Tengo miedo.
Eiden asintió.
—Lo sé.
—No sé si estoy preparada para algo serio.
—No tienes que estarlo.
—¿Entonces qué quieres?
Su sonrisa fue pequeña, pero sincera.
—Quiero que seas mi novia.
Las palabras quedaron suspendidas entre nosotros. No supe qué decir inmediatamente. Durante mucho tiempo había imaginado que, después de mi matrimonio, volver a confiar en alguien sería un proceso largo y doloroso. Había pensado que necesitaría años para dejar de comparar, años para sentirme segura y años para permitir que alguien volviera a acercarse a mi corazón sin que apareciera el miedo. Pero allí estaba Eiden, frente a mí, sin exigirme respuestas perfectas, sin pedirme que olvidara lo ocurrido y sin intentar convencerme de que él podía reparar aquello que otro hombre había roto.
Simplemente me estaba dando la opción de elegir y eso lo cambiaba todo.
—Tengo una condición —dije finalmente.
Eiden arqueó una ceja.
—¿Cuál?
—Quiero hacerlo a mi ritmo.
Una sonrisa apareció en su rostro.
—Me parece perfecto.
—No quiero promesas apresuradas. No quiero que todo cambie de un día para otro.
—De acuerdo.
—Y si algún día siento que necesito detenerme, quiero poder decírtelo.
Eiden asintió sin dudar.
—Siempre podrás hacerlo.
Lo observé durante unos segundos. Había algo en la seguridad de su respuesta que consiguió tranquilizarme.
Entonces tomé su mano.
—Sí.
Él permaneció inmóvil.
—¿Sí?
Solté una pequeña risa.
—Sí, Eiden.
Su sonrisa apareció lentamente.
—Entonces... ¿quieres ser mi novia?
Negué entre risas.
—Creo que ya respondí eso.
—Quiero escucharlo otra vez.
Lo miré directamente a los ojos.
—Sí. Quiero ser tu novia.
Eiden entrelazó lentamente sus dedos con los míos y permanecimos así durante unos segundos. No hubo grandes declaraciones ni promesas de amor eterno. Solo aquella pequeña certeza de que ambos estábamos eligiendo dar un paso hacia adelante, aunque ninguno pudiera saber todavía dónde terminaría aquel camino.
Entonces él se acercó completamente y me besó. Sentí sus brazos rodearme con calma y cerré los ojos. Por primera vez, no tuve la sensación de estar intentando llenar un vacío. No estaba huyendo de Lucan. No estaba buscando demostrarme que podía reemplazarlo. Tampoco estaba intentando convencerme de que había dejado de doler. Simplemente estaba abrazando a alguien que había llegado a mi vida de una manera inesperada y con quien quería descubrir qué podía suceder.
No sabía qué nos esperaba, no sabía cuánto duraría, no sabía si algún día volvería a tener miedo, pero ya no necesitaba conocer todas las respuestas.
Había aprendido que avanzar no significaba correr. A veces avanzar consistía simplemente en permitirte dar un paso sin saber exactamente dónde terminarías y aquella tarde, bajo el cielo de una isla que jamás había imaginado visitar, decidí darme una oportunidad.
Una oportunidad con Eiden, pero, sobre todo, una oportunidad conmigo misma.
Una oportunidad para descubrir que quizá todavía podía volver a querer sin tener que olvidar quién había sido antes.
no quiero desconfiar de ti...
pero esto es acoso...
no sé...
obsesión...
debe haber una buena explicación...
y qué tal...
llegué al final sin sentirlo...
a esperar nuevos capitulos...
excelente trama, bien contada...
adelante, escritora, saludos 🙋🏼♀️
el personaje de Joaquín, qué ternura me da...
todos muy bien...
me pregunto con quién se comunicaría el detective cuando Naelia solicitó sus servicios...
excelente, escritora...
la protagonista muy bien...
me ha atrapado...