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PRÉSTAME TÚ NOMBRE

PRÉSTAME TÚ NOMBRE

Status: En proceso
Genre:Matrimonio arreglado / Traiciones y engaños / Romance
Popularitas:2.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Lily Benitez

Elena sin memoria acepta fingir ser la novia de Nahuel que tiene un matrimonio arreglado y no quiere casarse con esa a la que eligió su familia, quien le promete averiguar sobre su identidad.

NovelToon tiene autorización de Lily Benitez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

12- La verdad de esa noche

🟡OCTAVIO

Me llamo Octavio Ibarra, tengo 78 años, y fui yo.

No mi nieto. Yo.

La noche del 14 de enero yo manejaba mi camioneta negra por la ruta de Formosa, con Nahuel de acompañante, discutiendo a los gritos porque el muy estúpido me acababa de decir, por quinta vez esa semana, que no se iba a casar con Silvina Montenegro.

"¡No la quiero, abuelo! ¡No me voy a vender por un puerto!".

Me gritó, con 22 años y con esa rabia de los Ibarra cuando nos quieren obligar a algo.

"¡Te vas a casar con quien yo diga! ¡Los Montenegro nos ponen en el mapa o nos hundimos!".

Le grité yo de vuelta.

"¡Esa Duarte no te conviene! ¡Es la hija ilegítima de Jerardo, no tiene nada!"

Porque sí, Nahuel ya la conocía. A Elena Duarte. 19 años, piel dorada, ojos color miel, el pelo castaño con ondas grandes suelto. La había visto en una fiesta en la finca de los Duarte, hacía meses. Volvió loco.

"Abuelo, se llama Elena".

Me dijo esa noche. Como si un nombre cambiara un apellido.

Esa noche del 14 íbamos discutiendo por eso. Por Silvina. Por la fusión Montenegro-Ibarra que yo necesitaba para no quebrar contra los Duarte. Millones en juego. Mi imperio entero.

Llovía a mares. La ruta era un espejo negro. Nahuel seguía gritando que no, que él quería a la hija de Jerardo, que si hacía falta se iba con ella sin un peso.

Yo le grité que si se iba, se iba sin apellido.

Y en ese segundo, con los limpiaparabrisas a tope y sin ver nada, sentí un golpe seco en el lateral derecho. Fuerte. Como llevarse puesto un animal grande. Un ciervo. Un tronco.

Nahuel se calló de golpe.

—¿Qué fue eso? —preguntó.

Miré por el espejo. Oscuridad. Lluvia. Nada. Ni luces, ni gente gritando. Nada.

—No sé —dije—. Un animal. Un pozo.

—¿Frenamos?

Miré el reloj. Miré la ruta vacía. Pensé en la reunión con los Montenegro a las ocho de la mañana. Pensé en lo que pasaría si Nahuel Ibarra aparecía en la policía a las tres de la mañana por atropellar algo en la ruta de Formosa, justo cuando estábamos cerrando la fusión. Los Montenegro son católicos. Son limpios. Un escándalo así los espanta.

Y pensé, egoístamente, que si frenábamos y era algo grave, mi nieto se hundía conmigo.

—No vimos nada —dije—. Seguí.

Y seguimos.

Al otro día, a las siete de la mañana, Héctor entró a mi despacho blanco como un papel.

"Señor, hubo un accidente en la ruta 11 anoche. Un auto de los Duarte. El chofer muerto. La hija de Jerardo Duarte desaparecida. La esposa y la hijastra ilesas, dicen que la chica salió despedida al río".

Elena Duarte. 19 años. La chica por la que mi nieto me estaba gritando cuando la atropellé sin querer.

No fue un ciervo. Fue ella.

Llamé a la madrastra de la chica antes que a la ambulancia. No por maldad. Por pánico. Por codicia. Porque si salía que la camioneta de Octavio Ibarra chocó el auto de Jerardo Duarte la misma noche que mi nieto se negaba a casarse con Silvina Montenegro, la fusión se caía, los Duarte me demandaban hasta dejarme en la calle, y Nahuel terminaba preso.

La madrastra me entendió rápido. Esa mujer siempre fue lista.

"Mi marido está en coma", me dijo. "Mi hijastra está muerta, para todos los efectos. Yo me voy con mi hija y con lo que pueda sacar de las cuentas. Usted se encarga de que el cuerpo no aparezca nunca. Trato hecho".

No sé qué hizo con la chica. Si la tiró al río, si la vendió, si la dejó tirada. Solo sé que cinco meses después apareció viva en las noticias, colgada del brazo de mi nieto, con 20 años y sin memoria, diciendo que se llamaba Elena y que no sabía quién era.

Nahuel no se acuerda de esa noche. El golpe contra el tablero le borró diez minutos. Cree que discutimos, que llegamos a casa, nada más. Yo dejé que lo creyera. Era más fácil que cargara con la culpa de no querer casarse con Silvina, que con la culpa de haber matado a la chica que amaba, aunque fuera yo el que manejaba.

Porque sí, mi nieto amaba a Elena Duarte antes del accidente. Y se volvió a enamorar de ella después, sin saber que era la misma. Con 22 años y con el corazón roto dos veces por la misma chica de ojos color miel.

Yo sabía que fue un accidente. Supe desde el primer segundo que habíamos chocado contra algo, contra alguien. Pero no quise que perjudicara la fusión con los Montenegro. Preferí taparlo. Preferí pagarle a la madrastra. Preferí dejar que Jerardo Duarte se pudriera en coma creyendo que su hija estaba muerta.

La codicia me hizo perderlo todo igual. A mi esposa Isabel, que se murió dos años después sin perdonarme lo frío que me volví. A mi nieto, que ahora me mira como si fuera un monstruo. Y a mí mismo.

Nahuel no manejaba esa noche. Manejaba yo. Discutíamos por Silvina. Por el matrimonio arreglado que él no quería. Nos llevamos puesto el auto de los Duarte sin verlo bien, con la lluvia. Y seguimos de largo.

Si van a odiar a alguien, odienme a mí. El pibe es inocente. Siempre lo fue. Lo único que hizo mal fue enamorarse de la hija equivocada, en el momento equivocado, con el abuelo equivocado al volante.

Soy Octavio Ibarra con 78 años de edad y soy Culpable de lo sucedido. Pero nada me ablandá. Valoro más mi imperio que cualquier sentimentalismo.

—Señor...

Apareció Héctor con los ojos sobresaliendo de su cara.

—Suelta ya.

Le señalé.

—Despertó... El señor Ibarra despertó del coma... La presencia de su hija hizo el milagro.

Me quede paralizado, pero al segundo una sonrisa se me dibujo. Si mi enemigo desperto eso quiere decir que no permitira que mi nieto este con su hija. Además con el despierto este juego de lucha de poder es mas interesante. Un cosquilleo de triunfo me recorre, me rejuvenece. Sabia que ahora Nahuel regresaria a mi lado.

1
Cynthia Estefanía Galarza
que Elena se acuerde de quien las choco y iba manejando era octavio y no Nahuel. porfa 🙏🥺🙏🥺🙏🥺🙏🥺
Maya
Tantp que mencionan la edad
Maya
Ese chico es un cobarde y pendejo
Cynthia Estefanía Galarza
espero que en la casa a Elena le den algo de lo que es alergica y sepa que es su hija, y que Nahuel y Elena se casen en secreto. porfa 🙏🥺🙏🥺🙏🥺🙏🥺
Claudia Patricia Cruz Saa
No entiendo sí no es su hija entonces quien es
Maria Carmen Rodriguez Mensia
!!! OHHHHH ,QUE BUENA HISTORIA ...GRACIAS ESCRITORA ...🌹
Maria Carmen Rodriguez Mensia
.!!De impacto!! buena buenísima!!...
Maria Carmen Rodriguez Mensia
!! Me encanta ,buenísima ,no la dejaré de leer hasta terminarla ...🌹👏👏
Cynthia Estefanía Galarza
que Elena recuerde quien es. porfa 🙏🥺🙏🥺🙏🥺🙏🥺
Cynthia Estefanía Galarza
que le pida ayuda al doctor Daniel y a Nahuel que le diga que ellos no son su familia y la ayude a escapar. 🙏🥺🙏🥺🙏🥺🙏🥺
Fran Sánchez
Cómo ese tipo ,dio con ellos tan pronto 😅
Maya
Tenían que poner imágenes de su nuevo look
Cynthia Estefanía Galarza
que Elena le pida a Nahuel que la acompañe. porfa 🙏🥺🙏🥺🙏🥺🙏🥺
mariela
El viejo como que es un hueso duro de roer y cree que todo se tiene que hacer a su voluntad pero esta vez como que se va a equivocar porque Nahuel y "Elena" no se lo permitirán quiero leer ese enfrentamiento.
mariela
Son bellos los protagonistas quien es realmente ella para secuestrarla tenerla encerrada, drogada y borracha del sistema de desaparecidos porque quien ese hombre que lo hizo y quien le pago 🤔🤔🤔🤔❓❓❓❓❓
mariela
Que paso realmente con Elena quien era el degenerado que la tenia encerrada 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Como la secuestro y desde cuando lo hizo 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Veremos que pasa si la ayuda Nahuel ella se decidirá aceptar la propuesta
🤔🤔🤔❓❓❓❓
Elizabeth Sánchez Herrera
más ➕ capítulos
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