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¿Te Amo O Te Odio?

¿Te Amo O Te Odio?

Status: Terminada
Genre:Amor-odio / Matrimonio arreglado / Completas
Popularitas:1.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Lisi A. A

Mauricio y Celine no tuvieron el mejor comienzo, así que les tocará a ellos vencer los obstáculos que el destino les ha puesto para determinar que final quieren para su matrimonio. intrigas, secretos, envidias y más

NovelToon tiene autorización de Lisi A. A para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 14: La niña que no existía

El nombre seguía dando vueltas en la mente de Mauricio como una herida recién abierta.

Isabela Montenegro.

No lo había dicho en voz alta.

Ni siquiera lo había compartido con Inés.

Lo encontró en la parte trasera de una fotografía vieja, escondida en el despacho de su abuelo, como si alguien hubiera querido asegurarse de que jamás fuera olvidado… o jamás fuera encontrado.

Y ahora, ese nombre parecía pesar más que cualquier documento, cualquier secreto, cualquier carta.

Mauricio caminaba por el pasillo de la mansión con el teléfono en la mano.

Llamó una vez.

No contestó.

Llamó otra.

Nada.

Celina.

Desde la llamada con su padre no había vuelto a responderle.

El silencio era lo único que recibía a cambio.

Y eso lo inquietaba más que cualquier revelación.

Porque el silencio, en esta historia, nunca significaba paz.

Significaba peligro.

En otra parte de la ciudad, Celina estaba sentada en el suelo de su habitación.

La luz apagada.

Solo la pantalla del teléfono iluminando su rostro.

La llamada con su padre seguía repitiéndose en su mente.

“Hay cosas que nunca debiste descubrir.”

Esa frase no era una respuesta.

Era una advertencia.

Y su padre nunca hablaba así.

Nunca.

Celina apretó la fotografía contra su pecho.

Lucía.

Su madre.

La mujer que todos describían como “extraordinaria” pero de la que nadie quería hablar.

Y ahora empezaba a entender por qué.

Alguien tocó la puerta.

—Celina —la voz de Mauricio sonó del otro lado—. Sé que estás ahí.

Ella no respondió.

—Por favor.

Silencio.

Mauricio apoyó la frente contra la puerta.

—No me ignores ahora.

Una pausa.

—Encontré algo.

Eso sí la hizo moverse.

Se levantó lentamente.

Abrió la puerta apenas unos centímetros.

Sus ojos se encontraron.

—¿Qué encontraste? —preguntó ella sin abrir del todo.

Mauricio dudó.

Por primera vez parecía inseguro.

—Un nombre.

Celina frunció el ceño.

—¿Qué nombre?

Mauricio bajó la voz.

—Isabela Montenegro.

El aire pareció cambiar.

Celina abrió un poco más la puerta.

—Nunca escuché ese nombre.

—Yo tampoco… hasta ayer.

Ella lo observó con atención.

—¿Qué tiene que ver conmigo?

Mauricio tragó saliva.

—No lo sé todavía.

Esa respuesta no le gustó.

—Entonces, ¿por qué vienes a mí con eso?

—Porque todo está conectado contigo.

Celina soltó una risa amarga.

—Eso es lo único que todo el mundo repite.

Mauricio dio un paso hacia ella.

—No es casualidad.

—Nada de esto lo es.

El silencio entre ambos se volvió pesado.

Finalmente, Celina abrió la puerta por completo.

—Entra.

El interior de la habitación estaba en penumbra.

Mauricio entró lentamente.

Celina se sentó en la cama sin invitarlo a hacerlo.

La fotografía seguía en sus manos.

—Mi padre cortó la llamada —dijo ella sin mirarlo—. Cuando le pregunté por mi madre.

Mauricio se quedó quieto.

—Eso no es normal.

—No —respondió ella—. No lo es.

Celina levantó la vista.

—¿Qué te dijo Inés?

Mauricio apretó la mandíbula.

—Que esto es más grande de lo que pensamos.

—Eso ya lo sabemos.

—Y que hay personas moviendo todo desde las sombras.

Celina lo miró fijamente.

—¿Inés es una de ellas?

Mauricio dudó.

—No lo sé.

Esa duda fue suficiente respuesta.

Celina suspiró.

—Ya no sé en quién confiar.

Mauricio se sentó finalmente en una silla cerca de la ventana.

—Yo tampoco.

La confesión fue simple.

Pero sincera.

Y eso, de alguna manera, suavizó el aire entre ellos.

Celina bajó la mirada hacia la fotografía.

—Mi madre está en todas partes de esta historia… pero nadie me dice quién fue realmente.

Mauricio la observó.

—Encontré cartas de Don Augusto.

Celina levantó la cabeza.

—¿Qué decían?

Mauricio respiró hondo.

—Que te protegía.

Celina soltó una risa incrédula.

—¿Protegerme de qué?

—No lo sé.

Otra vez esa respuesta incompleta.

Pero esta vez, Celina no se enfadó.

Solo se cansó.

—Estoy harta de esto.

Mauricio asintió.

—Yo también.

Hubo un silencio.

Más humano.

Menos hostil.

—Encontré algo más —añadió él.

Celina lo miró.

—¿Qué?

Mauricio dudó.

Luego habló.

—Una fotografía antigua.

—¿De quién?

—De Don Augusto… Lucía… y una niña.

Celina frunció el ceño.

—¿Qué niña?

Mauricio sostuvo su mirada.

—No lo sé.

Pausa.

—Pero creo que era importante.

Celina sintió un escalofrío.

—¿Por qué?

Mauricio sacó una copia de la imagen del bolsillo.

Se la entregó.

Celina la tomó con cuidado.

Sus ojos se movieron lentamente sobre la fotografía.

Primero Don Augusto.

Luego Lucía.

Y finalmente… la niña.

Su expresión cambió.

—Esa niña… —susurró.

Mauricio se inclinó hacia adelante.

—¿La reconoces?

Celina negó lentamente.

—No.

Pero su voz no era segura.

Era confusa.

Inquieta.

Como si algo en su memoria intentara moverse… pero no lograra salir.

—Nunca la vi antes —dijo ella.

Pero sus dedos apretaban la foto con demasiada fuerza.

Mauricio lo notó.

—Celina…

—No —interrumpió ella—. No empieces.

Se levantó de golpe.

—Esto es ridículo.

Mauricio también se puso de pie.

—¿Qué pasa?

Celina respiraba más rápido.

—No sé por qué… pero siento que ya he visto esa cara.

Silencio.

Mauricio la observó con atención.

—¿Dónde?

Celina cerró los ojos.

Intentó recordar.

Pero solo había fragmentos.

Luces.

Una voz de mujer.

Una mano acariciando su cabello.

Una puerta cerrándose.

Y una promesa.

—No lo sé —susurró finalmente.

Y esa incertidumbre la asustó más que cualquier verdad.

Mientras tanto, en la mansión Montenegro, Inés revisaba documentos en su escritorio.

Pero esta vez no estaba sola.

La puerta se abrió sin tocar.

Mauricio entró.

Sin esperar invitación.

Sin paciencia.

—Necesito respuestas —dijo directamente.

Inés no levantó la vista.

—Siempre las necesitas.

—¿Quién es Isabela Montenegro?

Eso sí la hizo detenerse.

Inés cerró el expediente lentamente.

Levantó la mirada.

Y por primera vez desde que la conocía… no sonrió.

—No deberías haber encontrado ese nombre.

Mauricio dio un paso más.

—Pero lo hice.

Inés se levantó.

—Eso complica todo.

—Ya está complicado.

Ella lo observó con cuidado.

—No entiendes lo que acabas de abrir.

Mauricio apretó los puños.

—Explícamelo.

Inés respiró hondo.

—Isabela no es solo un nombre.

Pausa.

—Es una prueba.

El silencio cayó con fuerza.

—¿Prueba de qué? —preguntó Mauricio.

Inés lo miró directamente.

—De lo que realmente le hicieron a Lucía.

El mundo volvió a detenerse.

Pero esta vez no había retorno.

Solo una verdad acercándose.

Lenta.

Inevitable.

Y peligrosa.

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