Hombres lobos y Vampiros se han odiado desde siempre. ¿Qué va a pasar luego de que el Alfa Andrew y la princesa de los vampiros Leonor compartan una noche de pasión?
NovelToon tiene autorización de Camila Rocha Mota para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Mía.
...Capítulo 9....
...Parte 2....
...Mía....
...╭══════ .✧. ══════╮...
Andrew.
Lo reconozco al instante por las descripciones que he escuchado desde niño. Alto, imponente, de cabello negro como la noche y rasgos duros, cincelados por siglos de crueldad. Es antiguo, uno de los vampiros más viejos y poderosos que existen, la mano derecha de Juls, su espada más afilada. Su presencia es pesada, helada, una sombra que lo cubre todo. Caminar a su lado no es un honor, es una sentencia.
Desde mi escondite, aprieto los puños hasta que mis uñas se clavan en la palma de mis manos, luchando con todas mis fuerzas por no saltar allí mismo. Lo veo hablarle. Su voz no llega hasta mí, pero veo el movimiento de sus labios, la autoridad con la que se expresa. Veo cómo le pone la mano en el brazo, apretando con una posesividad que me hace rugir por dentro. Luego desliza esa misma mano hasta su espalda baja, guiándola, marcando territorio, como si ella fuera un objeto, una propiedad, y no la mujer que es dueña de mi corazón.
Y lo que me mata, lo que me enciende la furia hasta límites insospechados, es ver la reacción de Leonor. Ella asiente. Ella sonríe. Ella mantiene esa máscara de princesa de hielo, altiva y distante, tal como lo hizo en el puente. Pero yo la conozco. La conozco mejor que nadie. Y veo lo que nadie más ve: cómo su cuerpo se tensa al contacto de él, cómo aparta sutilmente su peso, cómo sus ojos oscuros miran al frente sin ver nada, llenos de un aburrimiento y una tristeza profundos.
—«No lo quiere. Lo rechaza. Es nuestra. Solo nuestra» —gruñe mi lobo, y esta vez no discuto con él. Por primera vez desde que la vi, estamos totalmente de acuerdo.
Entonces ocurre lo que rompe el último hilo de cordura que me quedaba.
Se detienen justo debajo de donde estoy, al alcance de mi vista y de mi oído, gracias a mi oído agudo de hombre lobo. Talius se gira hacia ella, serio, solemne, y saca algo de debajo de su capa oscura. Es una joya. Un collar de oro macizo, pesado, con eslabones gruesos y en el centro una piedra grande, redonda, de un rojo tan oscuro que parece sangre coagulada.
Leonor baja la mirada hacia el objeto, y veo cómo se le acelera la respiración.
—El símbolo definitivo, Leonor —dice Talius, y su voz llega a mí, clara, fría, definitiva—. Una tradición antigua en nuestro linaje. Solo la esposa, la reina, puede llevarlo. Nadie más que yo podrá quitarlo de tu cuello una vez cerrado. Es la marca de la propiedad absoluta.
Levanta el collar y, lentamente, lo desliza alrededor de su cuello pálido y delicado. Veo cómo el oro resalta sobre su piel, pesado, oprimente. Oigo el clic metálico del cierre, un sonido que para mí suena como el fin del mundo.
—Ahora eres mía ante la ley, ante tu padre y ante todos —continúa él, mientras ajusta la pieza con dedos que me dan ganas de arrancarle uno a uno—. Nada ni nadie podrá separarnos. Pronto llegará la luna nueva, nos uniremos en el ritual de sangre, y seremos la pareja más poderosa que este reino haya conocido. Tú serás mi reina. Y juntos, destruiremos a cada uno de esos perros sarnosos que se atreven a vivir al otro lado de la frontera.
Siento como si me hubieran clavado una lanza de hielo en el pecho.
Mía.
Esposa.
Destruir a los lobos.
El dolor es inmenso, pero lo que predomina, lo que hace que mi sangre hierva y mis huesos crujan con el deseo de transformarme ya mismo, es una rabia feroz, salvaje, que nunca antes había sentido. Quiero saltar. Quiero bajar de un salto esa colina, quiero destrozar las piedras, quiero matarlo, matarlo por tocarla, por ponerle ese peso, por decirle que es suya.
—¡Es mía! —grita todo mi ser—. ¡Lleva mi marca! ¡La marqué yo aquella noche! ¡La reclamó la Diosa Luna para mí! ¡Ella no es de nadie más!
Tengo que morderme la lengua con tanta fuerza que pruebo mi propia sangre para mantenerme quieto. Mis músculos tiemblan por el esfuerzo sobrehumano de contenerme. Sé que si me revelo, si aparezco ahora, muero. Y lo que es peor: ella morirá conmigo, ejecutada por traidora ante los ojos de su padre y de ese monstruo que la llama suya.
Leonor se toca el collar con dedos ligeros. Baja la cabeza en un gesto que parece sumisión. Pero yo veo sus ojos. Y en sus ojos leo todo lo que ella no dice: asfixia, rechazo, miedo... y rabia.
Se alejan lentamente, continuando su paseo, desapareciendo bajo los arcos de piedra que dan acceso al castillo. Ella no mira atrás. Pero yo sé, estoy seguro, que ella sintió mi presencia. Que ella sabía que yo estaba aquí, viendo todo.
Me quedo allí mucho tiempo después de que se hayan ido, mirando el vacío que dejaron. El viento frío me azota la cara, pero no lo siento. Solo siento el fuego de la determinación creciendo en mi interior.
Bajo de la colina y regreso a mi caballo, pero ya no soy el mismo hombre que subió allí. El Alfa que respetaba las leyes, que creía en los tratados, que ponía el deber por encima de todo... murió hace unos minutos, en ese jardín maldito.
De regreso a mis aposentos en la fortaleza, cierro la puerta y saco del bolsillo interior la pequeña medalla de plata que ella me dio. El lobo grabado brilla a la luz de la vela. La acaricio con el dedo, pensando en ese collar de oro pesado, en esa piedra roja que le puso Talius.
Creen que con metal y palabras pueden cambiar lo que la sangre ha sellado. Creen que pueden encadenar un alma que ya tiene dueño.
—Te crees suya porque te han puesto una joya al cuello, Leonor —susurro a la oscuridad, con una voz que no reconozco, oscura, peligrosa, absoluta—. Te creen de él porque lo dice tu padre, porque lo dice la ley de los muertos. Pero ellos no saben lo que sé yo. Ellos no saben que tú llevas mi marca grabada en la piel, en la sangre, en el alma. Ellos no saben que tú me perteneces desde antes de conocernos.
Aprieto la medalla contra mi pecho, sobre mi propio corazón que late solo por ella.
—El oro se funde. Las cadenas se rompen. Las leyes se queman. Y antes de que llegue esa luna nueva... antes de que te conviertas en su esposa... iré a buscarte. Aunque tenga que cruzar el infierno. Aunque tenga que incendiar todo este reino de oscuridad.
Ya no es solo una guerra entre clanes.
Ahora es personal.
Y voy a ganar. Porque ella es mía. Y lo que es mío... no se lo entrego a nadie.
...╰══════ .✧. ══════╯...