✅️🦋Bruno Koch es un brillante sonidista que trabaja en las sombras del backstage, atrapado en un doloroso dilema: lleva años enamorado en secreto de Nash Wright, un exitoso cantante pop. Bruno ha sido el testigo silencioso de cómo una relación destructiva y los excesos arrastran a Nash hacia el abismo, ocultando sus sentimientos. Tras un colapso público en el escenario, Nash toca fondo y es diagnosticado con trastorno afectivo bipolar. Junto a Harper, una ruda y leal compañera técnica, Bruno se convierte en la red de seguridad de Nash mientras este inicia su camino hacia la rehabilitación.🦋✅️
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Canción nueva
El bar que Harper eligió estaba en un rincón olvidado del barrio antiguo. Era un subsuelo pequeño, iluminado apenas por un par de lámparas de filamento colgadas sobre una barra de madera gastada. No había pantallas transmitiendo partidos de fútbol, ni luces de neón parpadeantes, ni rastro de la música pop comercial que Bruno y ella pasaban horas editando en el estudio. De fondo, un viejo parlante reproducía una melodía de jazz instrumental a un volumen tan bajo que apenas lograba tapar el murmullo de las pocas mesas ocupadas. Era un lugar sin pretensiones, un espacio fuera del mapa.
Harper regresó de la barra cargando dos vasos de vidrio grueso con whisky y hielo. Dejó uno frente a Bruno y se sentó en la banqueta de madera opuesta, quitándose la gorra para dejar caer su cabello oscuro y corto.
Bruno no había tocado su trago. Tenía las manos entrelazadas alrededor del vidrio, sintiendo el frío de los cubos de hielo traspasarle la piel. Mantenía la mirada fija en la mesa, con los hombros hundidos y la mandíbula tan apretada que los músculos de la cara le dolían. Desde que habían salido de la clínica, tres horas atrás, no había pronunciado una sola palabra. El eco de la voz de Nash llamándolo "hermano" seguía dando vueltas en sus oídos, destrozándole el estómago.
—Toma un trago. Te va a hacer bien —dijo Harper con suavidad, dándole un pequeño empujón al vaso de Bruno.
Bruno parpadeó, regresando a la realidad de la penumbra del bar. Soltó un suspiro largo, un sonido tembloroso que delató la fragilidad de sus defensas.
—No sé qué estoy haciendo aquí —murmuró Bruno, y su voz sonó tan ronca y gastada que parecía la de un extraño—. Debería estar en mi casa. O en la clínica. O en cualquier lugar que no sea este.
—Estás aquí porque te estás muriendo por dentro y necesitas aire —respondió Harper de forma directa, tomando un sorbo largo de su vaso—. En el estudio te dije que te estabas ahogando por salvar a Nash, y hoy vi cómo te terminabas de hundir. Ya no puedes seguir tragándote el veneno, Bruno. Te va a terminar matando a ti también.
Bruno cerró los ojos con fuerza. Una línea de sudor frío le corrió por la nuca. El recuerdo del abrazo de Nash, de su olor y de su sonrisa agradecida se le clavó en la mente como una aguja ardiente.
—Él me llamó hermano... —susurró Bruno, y la primera lágrima traicionera se deslizó por su mejilla, brillando bajo la luz tenue del bar—. Me abrazó y me dijo que las parejas van y vienen, pero que un hermano de la vida como yo es para siempre. Me metió en una caja de la que nunca voy a poder salir.
Harper dejó su vaso sobre la mesa con un golpe seco. Miró a su compañero con una mezcla de tristeza profunda y una madurez que superaba sus veintiocho años.
—Yo sé perfectamente lo que sientes por él. Te lo dije el otro día. No soy estúpida. He visto cómo se te ilumina la cara cada vez que Nash logra afinar una nota difícil, y he visto cómo se te rompe el alma cada vez que él cancelaba una sesión para irse a encerrar con Grace. Sé que Nash es tu mundo entero. Pero escucharte hablar así...
—¡No, Harper, no lo sabes! —el grito de Bruno salió de forma abrupta, interrumpiendo a su compañera y llamando la atención del mozo del bar. Bruno se cubrió el rostro con ambas manos, apoyando los codos en la mesa de madera—. No tienes idea de lo que es esto. No es un capricho. No es una simple admiración de trabajo. Llevo seis años... seis malditos años muriéndome por él en silencio.
Harper se quedó completamente muda. Aunque sus sospechas eran reales, escuchar la confirmación directa de la boca de Bruno, con ese tono de absoluta desesperación, la golpeó con una fuerza que no esperaba. La fachada ruda de la sonidista se desmoronó por completo, dejando ver una empatía dolorosa en sus ojos verdes.
Bruno apartó las manos de su rostro. Tenía los ojos completamente rojos, brillantes por las lágrimas que ya no podía contener. El llanto comenzó a salir de su pecho de forma desordenada, un hipido violento que le sacudía los hombros y le quitaba el aire.
—Estoy enamorado de él —confesó Bruno, y la verdad finalmente flotó en el aire del bar, cruda, desnuda y sangrante—. Lo amo con toda mi alma desde el primer día que lo vi subirse a un escenario improvisado en ese bar. Amo la forma en que frunce el ceño cuando no le sale un acorde, amo su voz limpia cuando está feliz, amo todo de él. Me he pasado la juventud entera cuidándolo de sus adicciones, limpiando su vómito, sacándolo de bañeras congeladas y mintiéndole al mundo para proteger su carrera... ¿y todo para qué? Para que me mire a los ojos y me diga que soy su mejor amigo.
Las lágrimas caían sin control, empapándole las mejillas y el cuello de su remera negra. Bruno se abrazó a sí mismo, encogiéndose en la banqueta del bar como si intentara protegerse de un dolor físico insoportable.
—Lo peor de todo... lo que de verdad me está matando... es saber que jamás voy a poder decírselo —continuó Bruno entre sollozos desgarradores, con la voz rota por completo—. Nash es hetero. Lo sé. Lo he visto amar a Grace hasta la locura. He visto cómo se desvivía por una mujer que lo destruía. Aunque él no tiene nada en contra de la homosexualidad, sé que jamás me miraría a mí de esa manera. Si yo le abro mi corazón ahora, si le digo que me muero de celos cada vez que menciona a su ex, voy a destruir el único puente que lo mantiene a salvo. Él se va a sentir incómodo, se va a sentir traicionado por su "mejor amigo" y se va a quedar solo en esa clínica. Y no puedo hacerle eso. Prefiero morirme de dolor en silencio antes que dejarlo desamparado.
Harper sintió que se le hacía un nudo enorme en la garganta. Ver a Bruno —el hombre que siempre mantenía la calma en la cabina, el técnico impecable que solucionaba cualquier desastre con un movimiento de dedos— completamente destruido y llorando como un animal herido en la mesa de un bar, le partió el corazón en mil pedazos.
Se levantó de su banqueta, caminó rodando la mesa pequeña y se sentó al lado de Bruno. Sin decir una sola palabra, lo rodeó con sus brazos fuertes, atrayendo la cabeza del sonidista hacia su hombro. Bruno no opuso resistencia; escondió el rostro en el cuello de la campera de Harper, aferrándose a su espalda con los dedos entumecidos, descargando en ese abrazo los seis años de tortura, silencio y renuncias que llevaba acumulados en el sótano de su alma.
En el silencio, solo se escuchaba el llanto sofocado de Bruno y el roce constante de la mano de Harper acariciándole el cabello con una ternura fraternal infinita.
—Llora todo lo que necesites, Koch. Sácalo todo —le susurró Harper al oído, con los ojos empañados—. Ya aguantaste demasiado peso tú solo. Ya es hora de que dejes caer la carga.
Pasaron muchos minutos hasta que el llanto de Bruno empezó a disminuir, transformándose en una respiración pesada y espaciada. Se apartó lentamente del hombro de Harper, sintiéndose extrañamente vacío, como si la confesión se hubiera llevado consigo las últimas fuerzas que le quedaban en el cuerpo. Tomó una servilleta de papel de la mesa y se limpió el rostro, con la mirada perdida en los cubos de hielos que ya se habían derretido por completo dentro de su vaso de whisky.
Harper lo miró con fijeza, colocándole una mano reconfortante en la nuca.
—Eres el hombre más valiente y más estúpido que conozco, Bruno Koch —dijo Harper con una sonrisa sutil y triste, intentando aliviar la tensión—. Tu amor por Nash es hermoso, pero también es una condena. Nash está a salvo ahora en esa clínica, recuperándose con la medicación. Pero tú necesitas empezar a salvarte a ti mismo. No puedes pasarte el resto de la vida siendo el guardián de un fantasma.
—No sé cómo hacer otra cosa —admitió Bruno con la voz apagada—. Mi vida entera está sintonizada en su frecuencia. Si me apago de él, siento que me quedo en un canal vacío, sin sonido.
—Entonces tendremos que buscar una canción nueva para ti, amigo —sentenció Harper, tomando su vaso de whisky y brindando en el aire contra el vaso intacto de Bruno—. Una canción donde tú seas el protagonista y no el sonidista que trabaja en las sombras. No va a ser fácil, y te va a doler el pecho un buen tiempo, pero no estás solo en esto. Yo me quedo contigo en la cabina.
Bruno miró a su compañera, sintiendo que una pequeña chispa de calidez regresaba a su estómago en medio de tanta devastación. Tomó por fin su vaso de vidrio, chocándolo suavemente contra el de Harper antes de darle un sorbo largo al alcohol amargo. La noche seguía siendo oscura y el futuro con Nash seguía siendo un callejón sin salida, pero mientras el jazz instrumental continuaba sonando en la penumbra del bar, Bruno supo que al menos ya no tendría que cargar con el peso del secreto en una total y absoluta soledad.
caer y tocar fondo también te muestra que podes levantarte (siempre y cuando quieras, aunque sea en un rincón de tu corazón) y después los que te apoyan y acompañas son vitales!!!
sería mucho pedir más capítulos?? 😅 🥰
Diferente, pero completamente realista y repleta de amor!!