Sangre y Cenizas
"Te mataría si pudiera dejar de amarte"
Maya es cazadora de vampiros. Lucien es el vampiro que debería haber
muerto hace años.
Entre encuentros clandestinos y besos prohibidos, descubren que existe
un amor más peligroso que cualquier arma: uno que te envenena desde
adentro, que te hace traicionar todo lo que eres, y que solo termina
de una manera.
En la oscuridad, donde el bien y el mal se desdibujan, dos almas
rotas aprenderán que algunos fuegos nunca deberían encenderse.
Pero algunos ya arden.
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CAPÍTULO 16: El Precio de la Victoria
Los días siguientes fueron un torbellino de caos y confusión.
La destrucción de la catedral fue reportada en las noticias como un "colapso estructural". Nadie sabía la verdad. Nadie sabía que había sido una batalla entre cazadores, vampiros y un ser antiguo que había caminado la tierra durante tres mil años.
Maya estaba en su apartamento cuando Thomas llegó. Su padre estaba herido, con vendajes en el brazo y la cara, pero su expresión era seria.
—Necesitamos hablar sobre Catherine —dijo, sentándose en el sofá.
—¿Qué hay con ella? —preguntó Maya, aunque ya sabía la respuesta.
—La hemos encontrado —respondió Thomas—. Estaba en la iglesia. Cuando intentamos arrestarla, intentó escapar. Hubo una pelea. Ella... ella está muerta.
Maya sintió que algo en su pecho se comprimía.
—¿Muerta?
—Sí. Se lanzó desde el campanario de la iglesia. —Thomas hizo una pausa—. Dejó una nota. Decía que no podía vivir con lo que había hecho. Que prefería morir a enfrentar el juicio.
Maya no supo qué sentir. Catherine había sido una traidora, había trabajado para Seraphine durante diez años, había traicionado a toda su familia. Pero seguía siendo su tía. Seguía siendo alguien a quien había amado.
—¿Hay algo más? —preguntó Maya.
Thomas se levantó y caminó hacia la ventana.
—Sí. La llamada que recibió Catherine antes de morir. Hemos rastreado su origen. Viene de fuera del país. De alguien que está coordinando algo. Algo grande.
—¿Qué? —preguntó Maya.
—No lo sabemos aún —respondió Thomas—. Pero sabemos que no estamos seguros. Sabemos que hay más amenazas. Y sabemos que necesitamos prepararnos.
Se giró hacia Maya.
—Quiero que vuelvas a la universidad. Quiero que vuelvas a tu vida normal. Quiero que finjas que nada de esto sucedió.
—¿Por qué? —preguntó Maya.
—Porque si alguien está buscando a los que derrotaron a Seraphine, vamos a ser objetivos. Y si eres un objetivo, quiero que estés donde pueda verte. Donde pueda protegerte.
Esa noche, Maya fue a ver a Lucien.
Estaba en un apartamento seguro en el barrio norte, un lugar que Viktor le había proporcionado. Era un espacio pequeño pero cómodo, con cortinas gruesas que bloqueaban el sol durante el día.
Lucien estaba de pie frente a la ventana, mirando la ciudad nocturna.
—¿Cómo te sientes? —preguntó Maya.
—Vacío —respondió Lucien, sin girarse—. Seraphine hizo algo en mi mente durante esos tres días. Algo que no puedo explicar. Es como si una parte de mí hubiera sido removida. Como si una parte de mí estuviera esperando órdenes que nunca llegaron.
Se giró hacia ella.
—¿Sabes lo que es lo peor? Que parte de mí... parte de mí quería obedecerle. Parte de mí quería componer esa sinfonía. Parte de mí quería ver el mundo bajo su control.
Maya se acercó y lo abrazó.
—Esa no era tú —dijo—. Eso era lo que ella te estaba haciendo.
—¿Estás segura? —preguntó Lucien—. ¿Cómo puedes estar segura? ¿Cómo sabes que no es parte de lo que realmente soy?
—Porque te conozco —respondió Maya—. Porque he visto lo que eres cuando eres libre. Y no eres eso.
Lucien la besó, y fue un beso que fue suave y desesperado al mismo tiempo.
—¿Qué va a pasar ahora? —preguntó.
—No lo sé —respondió Maya honestamente—. Mi padre dice que hay más amenazas. Dice que la llamada que recibió Catherine vino de alguien más. Alguien que podría ser tan poderoso como Seraphine.
—Entonces nunca estaremos seguros —dijo Lucien—. Nunca podremos simplemente vivir. Siempre habrá alguien más. Siempre habrá otra guerra.
—Tal vez —dijo Maya—. Pero al menos estaremos juntos.
Lucien la abrazó, y durante un momento, ambos fingieron que el mundo no era un lugar lleno de peligro. Fingieron que podían tener un futuro. Fingieron que el precio de la victoria no sería tan alto.
Dos semanas después, Maya estaba en la universidad, intentando concentrarse en sus clases.
Era extraño volver a la normalidad. Era extraño estar en una sala de conferencias, escuchando a un profesor hablar sobre historia medieval, cuando sabía que vampiros reales caminaban por las noches. Era extraño fingir que era una estudiante normal cuando había matado a un ser antiguo de tres mil años.
Estaba saliendo de su clase de Literatura cuando vio a una chica que no había visto antes.
Era hermosa, con cabello rubio y ojos azules. Llevaba ropa cara, y había algo en su forma de moverse que sugería poder. Algo que sugería que no era completamente humana.
La chica se acercó a Maya.
—¿Eres Maya Blackwood? —preguntó.
—¿Quién eres? —respondió Maya, su mano moviéndose hacia el cuchillo que llevaba bajo su chaqueta.
—Mi nombre es Sophia —respondió la chica—. Soy una cazadora de vampiros, como tú. Pero trabajo para una organización diferente. Una organización que está muy interesada en lo que sucedió en la catedral.
—¿Qué organización? —preguntó Maya.
—Una que existe desde hace más tiempo que los Blackwood —respondió Sophia—. Una que ha estado observando a Seraphine durante siglos. Una que sabe cosas sobre el mundo vampírico que tu familia nunca sabrá.
Se acercó más.
—Queremos que trabajes con nosotros, Maya. Queremos que nos ayudes a entender el poder de Lucien. Queremos que nos ayudes a prepararnos para lo que viene.
—¿Y si me niego? —preguntó Maya.
Sophia sonrió.
—Entonces tendré que informar a mis superiores que eres una amenaza. Y tendrán que tomar medidas apropiadas.
—¿Es eso una amenaza? —preguntó Maya.
—Es una realidad —respondió Sophia—. Tienes una semana para decidir. Después de eso, las cosas se pondrán... complicadas.
Se fue, desapareciendo entre la multitud de estudiantes.
Maya sintió que el pánico la invadía. ¿Otra organización? ¿Otra amenaza? ¿Cuántos enemigos tenían?
Esa noche, Maya reunió a Thomas, Viktor y Lucien en un lugar seguro.
Les contó sobre Sophia, sobre la organización misteriosa, sobre la amenaza velada.
—Esto es malo —dijo Viktor, caminando de un lado a otro—. Si hay otra organización de cazadores, si están interesados en Lucien, entonces significa que hay facciones. Significa que no todos los cazadores están de acuerdo con la tregua que hemos establecido.
—¿Qué hacemos? —preguntó Thomas.
—Investigamos —respondió Viktor—. Descubrimos quiénes son. Descubrimos qué quieren. Y luego, decidimos si podemos trabajar con ellos o si son enemigos.
—¿Y si son enemigos? —preguntó Maya.
—Entonces habrá otra guerra —respondió Viktor—. Y esta vez, no estoy seguro de que podamos ganar.
Lucien se acercó a Maya y la tomó de la mano.
—Esto nunca termina, ¿verdad? —susurró.
—No —respondió Maya—. Creo que nunca termina.
La siguiente semana fue una semana de investigación.
Viktor usó sus contactos vampíricos para buscar información sobre la organización de Sophia. Thomas usó sus contactos de cazadores. Maya buscó en internet, en registros públicos, en cualquier lugar que pudiera.
Y lo que encontraron fue inquietante.
La organización se llamaba "La Orden del Amanecer". Había existido durante más de mil años. Tenía cazadores en cada país del mundo. Y según los registros que encontraron, tenían un objetivo específico: eliminar a todos los vampiros antiguos.
No solo a Seraphine. A todos ellos.
—¿Todos los dieciocho? —preguntó Lucien, leyendo los documentos.
—Todos los dieciocho —confirmó Viktor—. Según esto, La Orden del Amanecer ha estado cazando a los vampiros antiguos durante siglos. Han matado a tres de ellos. Pero los otros quince siguen vivos.
—¿Y qué quieren con Lucien? —preguntó Thomas.
—Quieren usarlo —respondió Maya, señalando un párrafo específico—. Dicen aquí que Lucien es la clave para localizar a los otros vampiros antiguos. Que su poder puede ser usado como un rastreador. Que si lo controlan, pueden encontrar a todos los dieciocho y matarlos a todos.
—Básicamente, quieren lo mismo que Seraphine —dijo Lucien—. Solo que con un objetivo diferente.
—Exactamente —respondió Viktor—. La diferencia es que Seraphine quería controlarlos. La Orden del Amanecer quiere destruirlos.
—¿Y cuál es peor? —preguntó Maya.
Nadie respondió. Porque la verdad era que ambas opciones eran igualmente aterradoras.
A la mañana siguiente, Maya fue a encontrarse con Sophia en un café.
Sophia estaba esperándola, tomando un café, como si fuera una reunión de negocios ordinaria.
—Has decidido —dijo Sophia, observando a Maya—. Puedo verlo en tus ojos.
—Sí —respondió Maya—. He decidido que no voy a trabajar contigo.
Sophia sonrió.
—¿Estás segura? Porque si rechazas esta oportunidad, las cosas se pondrán muy difíciles.
—Entiendo —dijo Maya—. Pero no voy a traicionar a Lucien. No voy a ayudar a tu organización a cazarlo.
—¿Incluso si eso significa que morirás? —preguntó Sophia.
—Incluso entonces —respondió Maya.
Sophia se levantó.
—Entonces que comience la guerra —dijo simplemente.
Se fue, dejando a Maya sola con su café frío y la certeza de que todo estaba a punto de cambiar de nuevo.