Valeria escapa estando embarazada, en plena noche.
con el siguiente pensamiento
“Si el me encuentra, jamás volveré a ser libre.”
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#9
...El beso que lo cambió todo...
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El silencio dentro del ascensor se volvió insoportablemente denso.
La respiración de Valeria estaba completamente desordenada.
Y Adrián seguía demasiado cerca.
Sus dedos permanecían sobre el cuello de ella, cálidos, firmes, peligrosamente suaves para un hombre como él.
Valeria podía sentir cómo el corazón le golpeaba con fuerza dentro del pecho.
Porque entendía perfectamente lo que estaba pasando.
Y aun así no se apartaba.
Eso era lo peor.
Adrián observó lentamente sus labios antes de volver a mirarla a los ojos.
Como si estuviera esperando permiso.
Como si estuviera intentando controlarse.
Pero había algo oscuro en la forma en que la miraba.
Algo que hacía imposible pensar con claridad.
—Deberías alejarte de mí —susurró Valeria otra vez.
La voz apenas le salió.
Adrián inclinó apenas el rostro hacia ella.
—Y tú deberías dejar de decir cosas que no deseas de verdad.
El aire desapareció completamente de sus pulmones.
Valeria sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo entero.
Porque él tenía razón.
Y ambos lo sabían.
El ascensor seguía detenido.
Las luces blancas iluminaban el rostro de Adrián de una manera casi irreal.
Tan perfecto.
Tan peligroso.
Ella tragó saliva lentamente.
—Esto está mal.
—Probablemente.
La respuesta salió tranquila.
Sin culpa.
Sin intención de detenerse.
Adrián deslizó lentamente los dedos por la mandíbula de Valeria.
El roce fue suficiente para erizarle la piel.
Después su mirada descendió otra vez hacia sus labios.
Y esta vez no intentó ocultarlo.
El corazón de Valeria latía tan fuerte que dolía.
Porque nadie la había mirado jamás de esa manera.
Como si fuera lo único importante dentro del mundo entero.
Adrián acercó aún más el rostro.
Ahora sus respiraciones chocaban.
Y Valeria entendió que todavía podía detener aquello.
Todavía podía apartarse.
Pero no lo hizo.
Porque una parte de ella llevaba días deseándolo.
Aunque no quisiera admitirlo.
Los ojos oscuros de Adrián recorrieron lentamente su rostro una última vez.
Como si estuviera memorizando cada reacción.
Después habló con voz baja.
—Dime que me detenga.
Valeria abrió ligeramente los labios.
Pero ninguna palabra salió.
Y eso fue suficiente.
Adrián la besó lentamente.
El mundo desapareció de inmediato.
No fue un beso brusco.
Ni desesperado.
Fue peor.
Fue lento.
Intenso.
Peligrosamente cuidadoso.
Como si hubiera imaginado ese momento demasiadas veces.
Valeria sintió la mano de Adrián deslizarse lentamente hacia su cintura mientras profundizaba el beso apenas lo suficiente para hacerla perder completamente el equilibrio.
Su cuerpo reaccionó antes que su mente.
Sus dedos terminaron aferrándose suavemente al saco oscuro de Adrián.
Y eso pareció destruir la poca calma que le quedaba a él.
El beso cambió inmediatamente.
Más intenso.
Más hambriento.
Como si finalmente estuviera perdiendo el control.
El corazón de Valeria latía tan rápido que apenas podía respirar.
Porque besar a Adrián De Luca se sentía exactamente igual que cruzar una línea peligrosa.
Una de la que probablemente ya no habría regreso.
Cuando finalmente se separaron, ambos seguían demasiado cerca.
La respiración de Adrián estaba ligeramente agitada.
Y eso sorprendió a Valeria más de lo que debería.
Porque era la primera vez que lo veía perder aunque fuera un poco la compostura.
Sus ojos permanecían fijos sobre ella.
Oscuros.
Intensos.
Casi obsesivos.
El silencio entre ambos se volvió pesado otra vez.
Valeria todavía seguía intentando recuperar el aire.
—Esto… no debió pasar.
La frase salió débil.
Poco convincente.
Porque incluso ella sabía que estaba mintiendo.
Adrián levantó lentamente una mano y acarició apenas su mejilla.
El gesto fue peligrosamente íntimo.
—Sí debió pasar.
El pecho de Valeria se tensó de inmediato.
Porque la manera en que lo dijo…
sonó exactamente igual que una promesa.