Beatriz reencarna en la villana de su novela favorita. La cual tiene un destino de muerte.
Beatriz, ahora Vania Lankaster, decide escapar a otra región para no morir.
¿Podrá Vania escapar de su destino?
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Capítulo 10: El Contrato
En el carruaje se podía sentir la atmósfera tensa. El Archiduque estaba sentado delante de nosotros con los pies y brazos cruzados, mientras nos miraba con expresión fría.
Alan estaba concentrado en el paisaje desde la ventana. Evitaba todo contacto con su padre.
— ¡Mamá, mira! — me señala unas flores a lo lejos — ¿No son hermosas?
— Sí Alan. Son muy hermosas. — le sonrío.
El carruaje se detiene después de unas horas en una mansión muy grande y lujosa que demostraba con cada detalle como era au dueño.
El Archiduque baja primero del carruaje y me tiende la mano para ayudarme a mí con Alan en brazos.
— Muchas gracias.
El no dice nada y se dedica a caminar al frente para guiarnos. Dentro de la mansión, nos recibe un hombre mayor y con canas.
— Majestad — hace una reverencia— Ya todo está listo como pidió.
— Bien. Lleva al niño a su habitación.
— Como usted diga.
El hombre, que es el mayordomo trata de tomar a Alan en brazos, pero él se aferra muy fuerte a mí.
— ¡Mamá no quiero ir!
El mayordomo mira asombrado a su amo por la forma en la que el niño la llama.
— Alan, desde ahora viviremos aquí y debes portarte bien.
— Pero no quiero que mamá se vaya.
— Oh pequeño. No me iré a ningún lugar. Solo conversaré con tu padre. Debes ser obediente y portarte bien. Más tarde te iré a ver.
Veo como Alan agacha su cabeza y asiente. El mayordomo carga a Alan y él ya no se resiste más. Puedo ver como se pierden por un pasillo largo.
— Ven conmigo. — su orden hace que mi cabeza gire y lo vea caminando hacia una dirección. El Archiduque, un hombre tan imponente. De solo pensarlo se me eriza la piel.
Mis pasos resuenan el marmol pulido mientras lo sigo. Puedo notar su espalda ancha. Su altura y piernas largas y fuerte. Instintivamente muerdo mi labio inferior.
[¿Cómo será tenerlo en la cama?]
Rápidamente me deshago de esos pensamientos impuros.
[No seas pervertida]
El Archiduque entra a su oficina y se sienta en su escritorio. Yo solo me quedo parada frente a él.
— Toma asiento.
— No hace falta. Estoy bien.
[Si solo vas a estar dándome órdenes, mejor te llevo la contraria]
Su rostro me analiza y luego hace como si nada.
— Tengo el documento para nuestro contrato matrimonial preparado. Se lo dejé encargado a Julio, mi secretario.
No le respondo. Solo espero a que continúe.
— Te daré todos los derechos de la Archiduquesa. Tendrás riquezas, joyas...Todo lo que quieras. A cambio cuidarás a Alan hasta que cumpla la mayoría de edad. Lo instruirás. Le enseñarás modalidades y todo lo que haga falta. Cuando todo esto se cumpla, terminará el contrato matrimonial y te dejaré una gran suma de dinero y una casa para que vivas tranquila.
Él me mira por primera vez. Pero su mirada sigue siendo fría.
— ¿Algo más que quieras añadir al contrato? — pregunta.
— No. De hecho, quiero quitar algunas cosas.
El levanta una ceja espectante.
— No quiero nada de su dinero. Solo quiero que Alan esté bien y sea amado.
— ¿De verdad crees que puedes engañarme? — pregunta — Todos los que se acercan a mi familia quieren dinero.
— ¡Pues yo no! — hasta aquí mi paciencia— ¡No me trate como una persona a la que solo le importa el dinero, porque no es así!
Él se queda en silencio sin decir nada. Sé que no debí gritarle porque podría perder la cabeza por ello. El es un Archiduque y aquí solo soy una simple plebeya. Pero solo él puede quitarme el poco tiempo de paciencia y sacar lo peor de mi con sus estúpidos comentarios.
— Bien. Como quieras.
— Una cosa más. Sí quiero agregar algo algo al contrato.
El sonríe victorioso, como si fuera a pedirle dinero.
[Si no fuera que estoy enojada ahora, me gustaría apreciar su sonrisa]
— No le pido que se comporte como una ladre para Alan, sino que lo sea.
Su sonrisa desaparece y solo queda su mirada fría, dándome un escalofrío.
— Firma aquí — me señala el documento.
Yo procedo y firmo rápidamente.
— Ya puedes marcharte.
[¡Como odio que solo me dé órdenes! ¡Idiota!]
Me voy rápidamente antes de que pierda mi dignidad.
[ ¿A dónde voy ahora? Ni siquiera sé donde será mi habitación ]
— Señora — me llama el hombre de antes.
— Señora suena muy feo ¿no crees?
— Me disculpo. ¿De qué otra forma la puedo llamar?
— Por mi nombre claro. Me llamo Vania. ¿Y usted?
— Carlos. Soy el mayordomo. Vengo a llevarla a su habitación.
— Muchas gracias. Ya estaba medio perdida.— río nerviosa.
— No se preocupe. Si le hace falta algo, siempre puede llamarme.
Carlos inicia su marcha y me va mostrando la mansión para que no me pierda. También me muestra la habitación de Alan y la mía. A nuestras espaldas una voz mos habla.
— ¿Quién es ella, Carlos?
Nuestra atención es puesta en ellos. Tres niños. La que había preguntado era la niña.
— Majestades — Carlos hace una reverencia.
[Así que estos lindos niños son los otros hijos del Archiduque]
— Ella es la nueva Archiduquesa. —me presenta Carlos.
— Mucho gusto. Mi nombre es Vania
Les sonrió emocionada. Al contrario de ellos que solo me analizan fríamente al igual que su padre.
— No quiero una nueva mamá — dice el mayor.
[Supongo que ese es Eduard]
Los otros niños asienten apoyando su respuesta.
— Tal vez no pueda ser su mamá pero me gustaría mucho ser su amiga. — les sonrío y me agacho a su altura.
Eduard hace puño su mano izquierda mientras que con la derecha sujeta la mano de la niña y el otro niño se mantiene escondido detrás de Eduard.
— ¡Tampoco queremos ser tus amigos!
— Está bien. Pero aún así mi oferta sigue en pie.
— Majestades — interrumpe Carlos — Es hora de que vuelvan a sus clases.
Los niños se marchan pero veo a la niña que me mira mientras camino. Yo le sonrió y le digo adiós con la mano y ella sonríe.
— Parece que no va a ser fácil ganarme a esos niños.
— Ellos son muy buenos niños Señora Vania — dice Carlos. — Solo que..
— Si lo sé. Soy la intrusa. Y ellos piensan que quiero remplazar a su difunta madre.
— Exacto.
Una sirvienta llega corriendo a donde estábamos muy preocupada.
— Señor Carlos, el pequeño Alan no deja que se le acerquen y está llorando. Solo queríamos bañarlo pero empezó a gritar que quería a su madre.
— Lléveme con él. — digo rápidamente.
La sirvienta me lleva hasta la habitación de Alan apresuradamente y me encuentro que está fuera de control y las cortinas se estaban incendiando.
— Oh cielos...¡Alan!
— ¡Mamá! — se acerca corriendo y llorando.
— Ya estoy aquí mi bebé.
— ¡¿Qué sucede?! — pregunta el Archiduque llegando agitado al lugar.
— Bebé, tienes que controlarte ovas a incendiar la mansión. — le digo a Alan, ignorando completamente la presencia del Archiduque.
Alan cierra los ojos y en cuestión de segundos el fuego se apaga.
— Alana, ¿por qué no te quieres bañar?
— Sí quiero. Pero quiero que me bañes tú.
[Cielos, que tierno es mi niño]
— De acuerdo.
Miro a los demás y me detengo en la mirada del Archiduque.
— A partir de ahora, me encargaré de bañar a Alan.
Todos quedan en silencio y nadie se opone esperando una respuesta del Archiduque.
— Bien.
Dice eso solamente y se da la vuelta.
[Y sigues siendo un idiota]
— Vamos a bañarte Alan.
— Sí mamita.
— Señora, el baño está listo para utilizarse.
— Muchas gracias — respondo amablemente.
Bañé a Alan con mucho cuidado y cariño como siempre mientras el jugaba con la espuma.....Y me preguntaba, como sería mi vida a partir de ese momento en que firmó el contrato.
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