En el mundo de Avatar: La Leyenda de Aang, donde la paz parecía finalmente establecida, una amenaza resurge desde las sombras: el temido Loto Rojo. Mientras tanto, en la era moderna, una joven fanática revive por milésima vez la historia del Avatar en su tableta, completamente enamorada del príncipe Zuko. Lo que no imagina es que su destino cambiará para siempre cuando una misteriosa luz azul la transporta a ese mismo universo… pero no como espectadora, sino como una poderosa maestra agua.
Ahora, atrapada en Ciudad República, en un cuerpo que no es el suyo y con una nueva vida rodeada de secretos, descubre una conspiración que amenaza con destruir al Avatar Aang y romper el equilibrio del mundo. Al advertir al Equipo Avatar, se ve envuelta en una batalla peligrosa contra enemigos implacables, donde el honor, la lealtad y el amor serán puestos a prueba.
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El secuestro
El choque de agua y fuego iluminaba la noche como relámpagos.
El estanque del Templo del Aire, que antes reflejaba la luna con calma, ahora estaba agitado, salpicado por corrientes violentas y vapor que se elevaba en espirales. Las sombras se movían con rapidez alrededor de Sereya y Zuko, quienes luchaban espalda con espalda contra los bloqueadores de chi.
—¡Son más de los que vi antes! —exclamó Sereya, desviando un ataque con una barrera de agua.
Zuko lanzó una llamarada, obligando a dos atacantes a retroceder.
—Entonces no vinieron solo por ti —respondió con el ceño fruncido—. Vinieron preparados.
Sereya apretó los dientes.
—Eso es peor.
Otro enemigo se lanzó desde arriba, intentando caer directamente sobre Zuko. Él se giró, pero no lo suficiente.
Era demasiado rápido.
—¡Zuko!
Sereya reaccionó por instinto.
El agua del estanque se elevó violentamente, solidificándose en una lanza de hielo que salió disparada. Impactó al atacante en el costado, desviando su trayectoria lo suficiente para evitar el golpe mortal.
Zuko apenas tuvo tiempo de reaccionar.
Sus ojos se abrieron un instante, sorprendido.
Sereya respiraba con dificultad.
—Te cubrí.
Zuko no respondió de inmediato, pero algo en su mirada cambió.
—Gracias.
No había tiempo para más.
El combate continuó.
Pero ahora… el ritmo había cambiado.
Los bloqueadores ya no atacaban al azar.
Se movían con estrategia.
Y el objetivo…
Era claro.
Sereya.
—¡Van por mí! —gritó, esquivando otro ataque.
Zuko se interpuso, lanzando fuego para mantenerlos a distancia.
—No te alejes.
Pero uno de ellos logró acercarse.
Demasiado.
Su mano rozó el brazo de Sereya.
Un golpe preciso.
Un punto exacto.
Y de pronto…
El mundo se detuvo.
—…¿qué…?
El agua cayó.
Sin respuesta.
Sin movimiento.
Sereya abrió los ojos con pánico.
—No… no… no…
Intentó levantar el agua otra vez.
Nada.
—¡Zuko! ¡No puedo—!
Otro ataque la interrumpió.
Fue golpeada.
Cayó de rodillas.
—¡Sereya!
Zuko reaccionó de inmediato, lanzando una llamarada para apartarlos.
Pero eso era lo que querían.
Una distracción.
Dos atacantes aparecieron detrás de él.
Demasiado rápido.
Uno golpeó su espalda.
El otro atacó sus costillas.
Zuko gruñó, cayendo de rodillas.
—¡…malditos!
Intentó levantarse.
Pero otro golpe lo detuvo.
Sereya alzó la mirada, desesperada.
—¡Zuko!
Intentó moverse.
Pero su cuerpo no respondía como antes.
Su chi estaba bloqueado.
—¡Déjenlo! —gritó.
Los atacantes no respondieron.
Uno de ellos la tomó del brazo.
—¡No!
Sereya forcejeó.
—¡Suéltame!
Zuko levantó la cabeza, con esfuerzo.
—¡Sereya…!
Intentó levantarse.
Pero otro golpe lo detuvo.
Más fuerte.
Cayó al suelo.
El aire abandonó sus pulmones.
—…no…
Sereya sintió que el mundo se rompía.
—¡ZUKO!
Pero ya era tarde.
Los bloqueadores se movieron con rapidez.
La levantaron.
La sujetaron.
—¡Suéltenme!
Intentó golpear.
Intentó resistirse.
Pero sin su control…
No era suficiente.
Zuko alzó la mano, intentando alcanzarla.
—…no te…
Pero su voz se perdió.
Su visión se nublaba.
—…vayas…
Sereya lo miró.
Sus ojos reflejaban algo más que miedo.
—…lo siento…
Fue lo último que dijo antes de que uno de los atacantes la golpeara en la nuca.
Tiempo después.
Había Pasos.
Rápidos.
Voces.
—¡Zuko!
Katara llegó primero.
Se arrodilló junto a él.
—¡Zuko, mírame!
Zuko abrió los ojos con dificultad.
—…Katara…
Detrás de ella, Aang y Iroh llegaron al lugar.
Aang miró alrededor.
El estanque.
El daño.
Las marcas de combate.
—¿Qué pasó aquí?
Katara ya estaba trabajando.
El agua rodeó sus manos, brillando suavemente mientras comenzaba a curar las heridas de Zuko.
—Respira —le dijo—. Estás a salvo.
Zuko apretó los dientes.
—…no… ella…
Aang se acercó.
—¿Quién?
Zuko forzó las palabras.
—Sereya… la… capturaron…
El silencio cayó como un golpe.
Katara detuvo un segundo su movimiento.
—¿Qué?
Zuko respiró con dificultad.
—Los bloqueadores… vinieron por ella…
Iroh cerró los ojos un instante.
—Entonces… es cierto.
Aang apretó los puños.
—El Loto Rojo…
Katara continuó curando, más rápido.
—¿Hacia dónde fueron?
Zuko negó ligeramente.
—No… lo sé…
Aang miró hacia la oscuridad.
Su expresión cambió por determinación.
—Entonces los encontraremos.
Katara asintió.
—No podemos perder tiempo.
Iroh puso una mano sobre el hombro de Zuko.
—Yo me quedaré con él.
Aang lo miró.
—¿Estás seguro?
Iroh sonrió levemente.
—Si, ustedes vayan por ella.
Katara terminó de curar lo más grave.
—No te muevas —le dijo a Zuko.
Zuko la miró.
—Encuéntrenla.
Katara sostuvo su mirada.
—Lo haremos.
Aang ya estaba en movimiento.
—Vamos.
Y sin dudarlo…
Partieron.
Mientras tanto...
Sereya despertó con un dolor punzante en la cabeza.
—…ugh…
Intentó moverse.
No pudo.
Sus manos estaban atadas.
Sus piernas también.
El aire era frío.
Húmedo.
Pesado.
Abrió los ojos lentamente.
Vio que solo algunas antorchas iluminaban el lugar.
Piedra.
Paredes húmedas.
Y figuras.
Vestidas de negro.
Su respiración se aceleró.
—…no…
—Finalmente despiertas.
La voz fue tranquila.
Pero peligrosa.
Sereya levantó la mirada.
Y lo vio.
Un hombre mayor.
De postura firme.
Ojos fríos.
—Xai Bau.
El hombre sonrió levemente.
—Así que sabes quién soy.
Sereya apretó los dientes.
—Sé lo suficiente.
Xai Bau caminó lentamente frente a ella.
—Eso te hace… interesante.
Sereya no respondió.
—Y útil.
Su estómago se tensó.
—No soy nada para ustedes.
Xai Bau negó con calma.
—Eres mucho más de lo que crees.
Hizo un gesto.
Y entonces…
Aparecieron.
Uno a uno.
Las sombras tomaron forma.
Un hombre de mirada intensa y calma absoluta.
—Zaheer.
Una mujer con un tercer ojo en la frente, irradiando poder.
—P’Li.
Una figura femenina, de la tribu agua.
—Ming-Hua.
Y un hombre robusto, con mirada firme y tierra bajo sus pies.
—Ghazan.
Sereya sintió que su pulso se detenía.
—…ellos…
Xai Bau extendió una mano.
—La nueva generación del Loto Rojo.
—Con ellos… —continuó—. El mundo cambiará.
Sereya levantó la mirada.
—El mundo no necesita esto.
Xai Bau la observó.
—El mundo necesita liberarse.
—¿De qué?
—Del Avatar.
El aire se volvió más frío.
—Ese ciclo… —añadió—. Ese falso equilibrio… debe terminar.
Sereya negó con la cabeza.
—Están equivocados.
Zaheer dio un paso adelante.
—El orden es una ilusión.
P’Li sonrió levemente.
—Y nosotros… somos la verdad.
Sereya apretó las manos.
—No los dejaré.
Ghazan soltó una risa baja.
—No estás en posición de detenernos.
Ming-Hua solo la observó en silencio.
Xai Bau se inclinó ligeramente hacia ella.
—No… pero nos ayudarás.
Sereya sintió un escalofrío.
—¿Qué?
Xai Bau sonrió.
—Eres el comodín para atraer al Avatar.
El miedo se mezcló con determinación.
—Están locos.
Xai Bau se enderezó.
—Tal vez.
Hizo un gesto.
Dos miembros se acercaron.
—Pero eso no cambia nada.
Sereya cerró los ojos un segundo.
—Aang…