Han pasado muchos años desde que las almas gemelas salvaron Arturias y devolvieron la paz al reino. El rey Carlos y la reina Miranda disfrutan de ver a sus hijos, Edward, Laura, Patrik y Fernanda, convertidos en grandes líderes y formando familias unidas. Mientras tanto, sus hijos han crecido y se han preparado para seguir el legado de sus padres.
Pero la tranquilidad llega a su fin cuando una poderosa amenaza resurge para intentar destruir Arturias. Ante el peligro, toda la familia real volverá a unirse en una misma batalla. Padres e hijos lucharán hombro a hombro, demostrando que la fuerza de su unión es mayor que cualquier enemigo.
Los nuevos herederos no solo deberán enfrentarse a un destino incierto, sino también aprender a dominar el extraordinario don que distingue a su linaje: la capacidad de comunicarse y luchar junto a los animales. Con ellos como sus más fieles aliados, descubrirán que el verdadero poder nace de la confianza, el valor y el amor por la familia.
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Un encuentro inesperado
La mañana era tranquila en el Norte de Arturias. Mientras Patrik, Lorena, Fernanda, Gerardo y Rocafox continuaban vigilando los alrededores del Bosque de Pachamama, Alejandro recibió una nueva misión.
—Necesitamos llevar un mensaje al castillo de los marques del Norte —explicó Patrik—. Han ofrecido apoyo con provisiones y más guardabosques.
—Partiré de inmediato —respondió Alejandro.
Acompañado por dos soldados, recorrió los caminos montañosos del Norte. Todo parecía tranquilo hasta que un fuerte grito rompió el silencio.
—¡Auxilio!
Alejandro espoleó su caballo y siguió la voz.
Al llegar encontró un carruaje detenido al borde de un barranco. Uno de los caballos se había desbocado y una joven intentaba sujetar las riendas mientras los sirvientes corrían sin saber qué hacer.
—¡Detengan al caballo! —gritaba ella con evidente enfado.
En ese momento el animal dio un tirón y la joven perdió el equilibrio, resbalando hacia el borde del precipicio.
Sin dudarlo, Alejandro corrió y la sujetó por la cintura antes de que cayera. Ambos rodaron por el suelo hasta quedar a salvo.
La muchacha abrió los ojos y, al ver a un desconocido sosteniéndola, reaccionó por impulso.
—¡Atrevido!
¡Paf!
Una fuerte bofetada resonó en todo el camino.
Alejandro quedó completamente inmóvil.
—¿Pero qué...?
Ella se levantó rápidamente, todavía alterada.
—¡Pensé que intentabas atacarme!
Uno de los sirvientes llegó corriendo.
—¡Milady! Él le salvó la vida. Si no hubiera intervenido, habría caído al barranco.
La joven guardó silencio durante unos segundos.
Miró el precipicio y luego a Alejandro, cuya mejilla seguía completamente roja.
—Bueno... —dijo con orgullo—. Podrías haber avisado antes de sujetarme.
Alejandro soltó una pequeña risa.
—La próxima vez intentaré pedir permiso mientras la salvo.
La joven frunció el ceño.
—Eres muy insolente.
Otro de los acompañantes hizo una respetuosa reverencia.
—Perdone, señor. Ella es Lady Valeria de Montclair, marquesa del Norte.
Alejandro respondió con la misma cortesía.
—Soy el principe Alejandro, hijo de Fernanda y Gerardo.
Los ojos de Valeria se abrieron con sorpresa.
—¿Eres hijo de Lady Fernanda?
—Así es.
Durante un instante pareció querer disculparse, pero su orgullo fue más fuerte.
—Gracias... por ayudarme.
Aunque no esperes que vuelva a necesitar tu ayuda.
Subió al carruaje con la cabeza en alto.
Antes de que partiera, volvió a mirar a Alejandro.
—Y procura no volver a aparecer de esa manera.
El carruaje se alejó por el camino.
Los soldados que acompañaban a Alejandro no pudieron contener la risa.
—Mi señor, nunca habíamos visto que alguien golpeara a quien acababa de salvarle la vida.
Alejandro sonrió mientras montaba nuevamente en su caballo.
—Yo tampoco.
Sin saberlo, aquel extraño encuentro sería apenas el comienzo de una relación llena de discusiones, orgullo y situaciones inesperadas entre Alejandro y la temperamental marquesa del Norte.
Mientras el carruaje desaparecía entre los árboles, Valeria llevó una mano a su mejilla, avergonzada por haber golpeado a quien la había salvado. Sin embargo, su orgullo le impidió regresar. Alejandro continuó su camino sin imaginar que volverían a encontrarse muy pronto.
Ambos ignoraban que aquel encuentro cambiaría sus destinos para siempre.
Continuará...