Novela +18
Dante, un poderoso Alfa y líder de la mafia, entrega su vida para salvar a su amado omega, Kael, durante una sangrienta guerra entre organizaciones criminales.
Sin embargo, la muerte no fue el final.
Al abrir los ojos, descubre que ha reencarnado en el cuerpo de Elizabeth, una joven Alfa universitaria que murió durante el despertar de su poder. Ahora, atrapado en el cuerpo de una mujer, Dante solo tiene un objetivo: recuperar al omega que juró proteger y amar.
Pero todo ha cambiado.
Kael ya no es el omega indefenso del pasado. Ahora es un frío y brillante CEO, marcado por un accidente que lo dejó paralítico. Y, para empeorar las cosas, rechaza rotundamente a Elizabeth, pues asegura que jamás podría enamorarse de una mujer.
Dante no piensa rendirse.
No importa si ahora posee un cuerpo diferente, si el mundo entero está en su contra o si Kael lo odia. Para él, Kael sigue siendo su omega... y jamás permitirá que otro Alfa lo reclame.
Porque, aunque haya renacido como...
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CAPÍTULO 7 — CONTRATADA
Elizabeth cruzó los brazos.
—Ni siquiera me han entrevistado.
Lo miró directamente a los ojos.
—No pienso irme.
La paciencia de Kael comenzaba a agotarse.
Justo cuando iba a responder...
Una pequeña voz interrumpió la tensión.
—¡Señorita!
Dael había levantado la vista de la tableta.
Sus ojos rojos se iluminaron inmediatamente al reconocer a Elizabeth.
Sin pensarlo dos veces dejó la tableta sobre el sofá y corrió hacia ella.
Elizabeth sonrió con calidez.
Se agachó justo a tiempo para recibirlo.
Lo levantó entre sus brazos con facilidad.
Dael rodeó su cuello con ambos brazos y, casi por instinto, apoyó la cabeza sobre su pecho.
Era cálido.
Cómodo.
Extrañamente tranquilizador.
El pequeño cerró los ojos durante unos segundos mientras sonreía.
No sabía por qué.
Pero junto a aquella señorita sentía una paz que no podía explicar.
Como si ese abrazo fuera un lugar al que siempre hubiera pertenecido.
Kael observó la escena completamente desconcertado.
Dael nunca había sido un niño especialmente sociable.
Desde pequeño evitaba el contacto físico con cualquier persona que no fuera él.
Ni siquiera permitía que las anteriores niñeras lo cargaran.
Y, sin embargo...
Ahora abrazaba a aquella desconocida con absoluta naturalidad nuevamente.
Era como si la conociera de toda la vida.
Aquello hizo que Kael frunciera el ceño.
Dael levantó la cabeza y miró ilusionado a su padre.
—Papá...
Sonrió ampliamente.
—Quiero que la señorita sea mi niñera.
Kael permaneció en silencio.
No quería aceptar.
Aquella mujer seguía pareciéndole peligrosa.
Además...
Era una Alfa.
Siempre se habían mantenido alejados de los Alfas.
Pero entonces Dael infló las mejillas haciendo un pequeño puchero.
—Por favor...
Sus ojos comenzaron a brillar con súplica.
—Solo ella.
Kael cerró lentamente los ojos.
Conocía demasiado bien esa expresión.
Cuando Dael ponía esa cara...
Era prácticamente imposible negarle algo.
Tras un largo silencio, dejó escapar un suspiro resignado.
—...Está bien.
Dael sonrió con tanta felicidad que prácticamente brilló.
Elizabeth sintió cómo su corazón se llenaba de alegría.
Abrazó un poco más fuerte al pequeño y depositó un suave beso sobre su frente.
—Gracias, Dael.
El niño soltó una risita.
Desde el escritorio, Kael observó la escena en completo silencio.
Su mandíbula se tensó.
Por algún motivo...
Ver aquella cercanía le resultaba irritante.
Muy irritante.
—...
Si las miradas pudieran matar...
Aquella mujer ya habría recibido cientos de disparos.
Pero por el bien de Dael...
Se obligó a contenerse.
......................
La entrevista terminó poco después.
Aunque Kael seguía sin estar convencido de contratar a Elizabeth, la insistencia de Dael terminó inclinando la balanza.
El mayordomo la condujo fuera del despacho para explicarle las condiciones de su trabajo.
—Señorita Elizabeth —dijo con la formalidad que lo caracterizaba—, debido a las circunstancias, el amo ha decidido contratarla.
Elizabeth sonrió con discreción.
—Lo imaginaba.
El anciano carraspeó.
—Sin embargo, hay ciertas normas que deberá respetar.
Elizabeth asintió.
—Escucho.
—Su horario será de siete de la mañana a siete de la noche. Terminada su jornada deberá abandonar la mansión.
Elizabeth no respondió de inmediato.
Aquello significaba estar lejos de Dael todas las noches.
Y también de Kael.
No le agradaba en absoluto.
Pero antes de que pudiera decir algo...
—¡No!
La voz infantil resonó por el pasillo.
Dael salió corriendo del despacho y se abrazó con fuerza a una de las piernas de Elizabeth.
—¡No quiero!
El mayordomo parpadeó confundido.
—¿Joven señorito?
Dael levantó la cabeza.
—¡Quiero que la señorita viva aquí!
El anciano sonrió con paciencia.
—Eso no es posible...
—¡Sí es posible!
Dael hizo un puchero.
Luego corrió nuevamente hasta el despacho.
Elizabeth y el mayordomo intercambiaron una mirada antes de seguirlo.
Dentro de la oficina, Kael ya comenzaba a masajearse la sien.
Presentía exactamente lo que estaba a punto de ocurrir.
Y no se equivocó.
Dael llegó hasta él y apoyó ambas manos sobre los reposabrazos de la silla de ruedas.
—Papá.
Kael suspiró.
—¿Qué sucede?
—Quiero que la señorita viva con nosotros.
Kael cerró lentamente los ojos.
—No.
La respuesta fue inmediata.
Dael infló las mejillas.
—¿Por qué?
—Porque no es necesario.
—¡Sí lo es!
—No.
—¡Pero la anterior niñera si vivía aquí!
Kael respiró profundamente.
Debo tener paciencia...
—Dael.
Su voz conservaba la calma.
—La señorita vendrá todos los días.
—Pero en la noche se va.
—Así debe ser.
El pequeño bajó la cabeza.
Durante unos segundos reinó el silencio.
Entonces...
Sus labios comenzaron a temblar.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Pero...
Kael abrió los ojos de golpe.
—...
Conocía demasiado bien esa expresión.
Era el inicio de un berrinche.
Y, efectivamente...
—¡No quieroooo!
Dael comenzó a llorar mientras abrazaba uno de los brazos de la silla de ruedas.
—¡Quiero que viva aquí!
Kael dejó caer la cabeza hacia atrás.
Otra vez no...
El mayordomo desvió discretamente la mirada.
Elizabeth observaba la escena intentando contener la risa.
Cinco minutos después...
Kael ya había perdido por completo aquella batalla.
Con un profundo suspiro abrió nuevamente los ojos.
—Está bien.
Dael dejó de llorar al instante.
—¿De verdad?
—Sí.
El pequeño sonrió con tanta fuerza que prácticamente iluminó la habitación.
Kael señaló a Elizabeth sin mirarla.
—Recibirá la misma habitación y las mismas condiciones que tenía la niñera anterior.
El mayordomo hizo una reverencia.
—Entendido, amo.
Elizabeth sonrió satisfechamente.
Gracias, hijo.
Definitivamente papá te lo recompensará.
......................
Aquella misma tarde, Elizabeth regresó al pequeño apartamento para recoger sus pertenencias.
No tardó demasiado.
Su vida como estudiante era sencilla y no poseía demasiadas cosas. Unas cuantas mudas de ropa, algunos libros de la universidad, artículos de higiene personal y poco más.
Cuando terminó de guardar todo en un par de maletas, observó por última vez el reducido apartamento.
Allí había despertado por primera vez como Elizabeth.
Allí había aceptado que Dante había muerto.
Y también había decidido recuperar a su familia.
Sin decir una palabra, cerró la puerta y se marchó.
......................
Unos 10 minutos después, el automóvil de la mansión cruzó la enorme reja de hierro.
Los empleados se encargaron de subir sus pertenencias hasta la habitación que anteriormente había ocupado la antigua niñera.
Elizabeth les agradeció y comenzó a acomodar sus cosas.
Mientras colocaba su ropa dentro del armario, sintió una pequeña presencia detrás de ella.
No necesitó girarse para saber quién era.
Sonrió.
—Puedes entrar, Dael. No hace falta que te escondas detrás de la puerta.
El pequeño asomó lentamente la cabeza.
Sonrió al descubrir que lo habían descubierto.
—¿Cómo supiste que era yo?
Elizabeth soltó una leve risa.
—Porque eres muy malo escondiéndote.
Dael rio avergonzado y entró en la habitación.
tampoco así, debe haber una forma de que le diga que es dante sin que no se vuelva loco