Me enamoré de una Youtuber que quiere seguir en el anonimato.
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QUERÍA CONOCERTE
Carolina se quedó mirando el mensaje de Alejandro durante un largo rato. Sus dedos temblaban ligeramente sobre la pantalla.
Respiró hondo.
Decidió contestar con un mensaje largo, aunque le costaba mucho expresar lo que sentía.
Escribió y reescribió varias veces hasta que finalmente lo envió:
“Hola Alejandro. Primero que nada, quiero pedirte una disculpa enorme por lo de anoche. No suelo beber tanto y terminé diciendo muchas cosas que no debía. Me puse muy nerviosa con todo lo que pasó y solté todo lo que traía guardado sin filtro.
De verdad estoy muy apenada. No quería arruinar la noche ni hacerte sentir incómodo. Gracias por ser tan amable a pesar de todo.”
Suspiró largo y profundo, como si estuviera soltando todo el peso que llevaba encima. Puso el teléfono boca abajo sobre la mesa, activó el modo silencio y se levantó. Necesitaba tranquilizarse antes de leer cualquier respuesta.
La ansiedad la golpeó fuerte. Abrió la alacena de la cocina y, sin pensarlo demasiado, sacó una bolsa grande de papitas. Se las acabó en cuestión de minutos, comiendo casi mecánicamente mientras caminaba de un lado a otro del departamento.
El apartamento, que normalmente le parecía acogedor, de repente se sentía pequeño y asfixiante.
Daba vueltas por la sala, el pasillo y la cocina, con la mente como si fuera un mar encrespado. Los recuerdos de la noche anterior llegaban en fragmentos: el momento en que Alejandro le pasó el menú en la mesa de tacos y sus dedos se rozaron por un segundo… ella, sorprendida por el contacto, prácticamente le arrebató el menú de las manos. Recordaba su propia reacción torpe, el calor subiendo a sus mejillas, el corazón acelerado.
Su mente empezó a atacarla sin piedad:
“Eres tonta… descuidada… ilusa… torpe... estúpida…”
Se tragó las lágrimas con fuerza, negándose a llorar otra vez. Cuando ya se cansó de dar vueltas, tomó el teléfono con manos temblorosas y lo desbloqueó.
Tenía tres mensajes nuevos. El primero era de Sofía:
“¿Cómo sigues, hermosa? ¿Necesitas algo? Avísame por favor.”
Carolina le contestó rápido:
“Estoy mejor, gracias. Si necesito algo te aviso. Te quiero.”
Luego abrió los dos siguientes, eran mensajes de Alejandro.
El primero decía:
“Todos tenemos malos días, no le des vueltas.”
Y el segundo, un poco más largo:
“Para mí también es duro tratar con otras personas, sé que parezco muy confiado, pero en realidad rara vez tengo el valor para iniciar una plática con alguien que no conozco.
Pero cuando te vi en el bar, algo dentro de mí me impulsó a hacerlo. No era el morbo, ni la admiración que yo sentía por lo que veía en tus videos… quería conocerte más allá de eso. Quisiera que más adelante nos volviéramos a ver.”
Carolina leyó el mensaje dos veces. Su corazón latió más fuerte. Se sentó en el sillón, abrazando un cojín contra su pecho, y se quedó mirando la pantalla con una mezcla de vergüenza, alivio y algo cálido que no sabía nombrar.
Quería responder, pero no sabía cómo. Las inseguridades seguían allí, susurrándole que alguien como Alejandro no podía estar interesado de verdad en alguien como ella.
Sin embargo, por primera vez en mucho tiempo, una pequeña parte de ella quería creerle.